domingo, 4 de septiembre de 2016

Los años que nos quedan

Admiro profundamente a las personas que pasan el día cuidando de enfermos. Claro, que el otro día hablaba con una amiga que es enfermera en un geriátrico y me decía... pues es lo que estás haciendo tú. Y en menor medida, pero es verdad.

El caso es que termino la semana bastante agotada; física y sobre todo emocionalmente. Llega el fin de semana y me dedico a dormir 10 o 12 horas, algo a lo que no estoy acostumbrada. Pero está claro que me lo pide el cuerpo.

Las relaciones sociales esta temporada son jodidas, porque evidentemente mi prioridad ahora mismo es mi madre y después mis necesidades corporales. Si quedo con alguien y he pasado con mi madre una de esas tardes malas, mi ánimo suele quedar por el subsuelo y no me apetece ver a nadie.

Pero me afano por vivir situaciones que me aten al suelo de la rutina de los demás, salir de la burbuja de la enfermedad y hacer cosas de las normales. Soy consciente de que alguien atado a una enfermedad no es una buena compañía y hablar constantemente de cosas relacionadas con una enfermedad es cansino a más no poder. Así que si alguien me pregunta, lo comento pero intento desahogarme por aquí principalmente. Gracias a las que me leéis.

En ese intento por seguir adelante con las cosas de la vida, ayer tuve un cumpleaños y viví un momento mágico que no me esperaba y me llenó de ilusión.

Con 19 años viví mi primera historia de amor con una mujer. Mi primera novia. La primera mujer de la que me enamoré perdidamente. La primera con la que supe lo que era realmente el sexo entre mujeres, las primeras pellas, las tardes interminables buscando rincones en Madrid donde poder pasear de la mano... Esa primera historia de amor estuvo marcada por una canción de un grupo español que sonaba en la radio.
En aquella época en la que todavía tirábamos de casettes, yo tenía siempre una cinta virgen en el aparato y cuando sonaba alguna canción en la radio que me gustaba, la grababa y luego me pasaba las horas muertas reproduciéndola. Bueno, pues esta ERA la canción. A mí me recordaba a ella y no dejaba de escucharla. Supongo que en casa de mis padres terminarían bastante hartos de la cancioncita.

El caso es que en el cumpleaños, apareció el cantante de este grupo, que es amigo de la que cumplía... y en un momento determinado agarró la guitarra y se puso a cantar canciones de su grupo. Le pedí por favor que cantara la que me emocionaba tanto a mí y aunque le costó un poco terminó accediendo. Allí le tenía, a dos metros de distancia cantando mientras me miraba a los ojos. Terminé con los míos llenos de lágrimas. Sé que era el momentazo friki pero quién se resiste a vivir algo así?

Una amiga me preguntó si pensaba tirarle las bragas. El caso es que el pantalón se me había rajado desde el muslo hasta el culo y podría haber sacado las bragas por el "hueco de ventilación" pero dado que la mujer del cantante estaba presente y que en realidad él a mí no me atrae fisicamente, me parecía pasarme un poco.

Se me hizo curioso. Este hombre lleva 20 años alejado  de la música. Tiene un trabajo que está en las antípodas de su carrera musical. No sé si con nostalgia, mMe estuvo contando cómo compusieron la canción, un poco de la historia del grupo... supongo que me veía emocionada. Me hubiera gustado poder leer sus pensamientos. Será consciente de que esa canción forma parte de la banda sonora de mi vida, de mi educación sentimental? Supongo que en aquella época se le tirarían encima adolescentes suficientes como para que le de igual lo que significa para mí. Pero desde luego me hizo levitar durante un rato y olvidar por completo mi realidad diaria.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Pensé que se detendría


Fui tan tonta que pensé que el verano detendría el tiempo. Contemplé la marea y la luna, salté la fogata y me bañé sobre el reflejo de la luna llena. Pensé que me merecía el descanso después del duro invierno y primavera que pasamos.
Volví a Madrid relajada y al poco la ilusión pintó mi rostro. Pude al fin quedar con Manuela y empezar a conocerla mejor. Brotaron sonrisas y miradas limpias, surgieron palabras y sentimientos y ella se convirtió en el sueño de mis noches.

Hice trampas a las madrugadas buscando su otra vida. Me empapé de la corta historia que conocía y naufragué en la imposibilidad del momento. Pero todo era tan cierto...

... que ahora cuando he vuelto a la realidad, cuando el médico ha sentenciado, he sentido la onda expansiva de la bomba que no vi caer. No. El tiempo no se ha detenido. Ha seguido avanzando y hoy nos han tirado a todos del tobillo para que pongamos los pies en el suelo. Hemos caído arrodillados y no nos atrevemos a movernos.

Mi hermano me ha recordado el poema de Dylan Thomas; "No entres suavemente en esa noche quieta". Somos una montaña rusa emocional, con mi sobrino a punto de nacer y presenciando el ocaso de mi madre sin que podamos hacer nada más que acompañarla.

Y no puedo dejar de sentirme profundamente agradecida a la Vida por haberme dado la oportunidad de pasar estos meses con ella. Por tener la oportunidad de acercarnos, de cuidarla, de poder hablar con ella como nunca hice, de haber podido encontrar ese lenguaje común.


Ingenua de mí, pensé que la Vida se detendría, se suspendería el tiempo en una tarde de verano. Y descubro una vez más que está muy por encima de mis deseos, que es mucho más grande que mi necesidad de que mi madre se quede con nosotros. Así que cierro los ojos, le agradezco una vez más este tiempo que nos está concediendo y me dejo... me dejo ser, me dejo llevar...

Buenas noches.

jueves, 18 de agosto de 2016

Al norte del viento del este


Hoy he descubierto que hay un faro junto al mar de esa tierra que nunca quisiste. De repente he sentido la necesidad de llegar hasta él. De que su luz me descubra tus huellas. O alumbre el camino que me pueda llevar hasta ti.

Me he apresurado a escribir a una amiga y me ha prometido que iremos.
Hace un otoño, estuvimos sin que yo lo supiera, a 3 kilómetros al sur del faro. Buscábamos cruzar las rocas donde las olas se resquebrajaban y llegar hasta la playa. Aspiré el olor a salitre y dejé que la espuma me empapara. No pudimos pasar hacia el otro lado. Corríamos el riesgo de caer sobre ese mar poco tranquilo.

Mi vida parece la historia de los faros que no pude tocar. Quizá si hubiera podido llegar hasta ellos no necesitaría cruzar tantos puentes. Quién sabe.

Cuando subí a visitarlo el acceso estaba cerrado por la obra de la remodelación que le hicieron


Paseando con la activista coqueta por el puerto de Santoña, se nos hizo tarde y no pude llegar a tocarlo.
























La carretera cortada. El acceso cerrado.... Pero pude bajar hasta la playa y encontrar un paraje tan hermoso que me dejó sin palabras.










Me encaramé a su muro Pude ver que allí vivía una familia. Me dio miedo saltar la pared encalada por si me veían los niños que jugaban a la pelota.

Volveré este otoño a esa playa donde sopla el viento del este. Acariciaré la marisma y contemplaré el vuelo de los charranes y las gaviotas. Vadearé las dunas y te soñaré con el pelo revuelto teñido de nubes.

El faro me espera. Y yo a ti.


Y  contemplar el atardecer desde el faro...


* todas las fotos han salido de Internet

lunes, 15 de agosto de 2016

El momento que no fue

video 
Fragmento de una película. 
"¿Qué probabilidades teníamos de conocernos? ¿Una entre un millón? Una entre dos millones? En el mismo sitio y momento. Puede que nunca me hubieras visto. Nunca nos habríamos conocido. Es una señal. Creo en las señales"




Yo también creo en las señales. Pero por encima de todo creo en los momentos. En esas intersecciones espaciotemporales donde te encuentras o no, donde algo sucede o no, donde todas las circunstancias confluyen o se evaporan para no coincidir nunca.

Creo en el momento, mierda. 5 meses. O tal vez 2 años. Desde febrero intentando encontrarnos. Aunque he descubierto que hace 2 años ya te había mirado. Da igual. Da igual que aquel viernes de febrero le hablara de ti a Alondra mientras esperábamos un tren que se retrasaba por la nieve. O que guarde en mi casa desde hace más de un año unos huesos que te pertenecen. Llevan tu nombre.

Estos días juntas han sido muy lindos. Poder conocerte un poco más, saber qué hay más allá de la piel. Descubrir tus despistes, tu mirada sorprendida, tu acento de todos los lugares. Y las nubes sobre ti. Siento que nuestras miradas reposaban en la otra. Yo sonreía mientras encontraba tu bondad. Tú... quién sabe lo que pensabas.

Sigo esperando que las líneas confluyan aún cuando te has ido lejos. Cada día me levanto con las ganas de saberte feliz y tranquila y con el deseo de que en algún momento pase por tu memoria. Ha desaparecido esa sensación que tengo a veces, de que es imposible que no terminemos juntas. No es que tenga dudas, es simplemente que esa sensación tan física ya no está, como tú. Sé que los caminos corren paralelos, que ahora es tu momento de mirarte por dentro, de estar contigo misma, de relajarte bajo el sol y llenarte de energía. Y mientras haces todo esto, quiero estar cerca, posarme sobre ti sin rozarte apenas. Quiero darte sombra y paz, quiero ser simplemente compañía y sonrisas. Hasta que llegue el momento.


martes, 9 de agosto de 2016

Un día cualquiera

Tenía planeado levantarme hoy tarde... bueno, sobre las 10:00 que para mí eso es tarde. Desperezarme tranquilamente, sentarme a desayunar mi zanahoria cruda de cada día y mirar en el ordenador el periódico. Pasar a ver a los gatos de mi vecina que está de vacaciones. Después, escribir algún post con mis últimas ideas o batallitas... pero lo he tenido que adelantar un poco porque, después de dos meses esperando, el obrero me llamó ayer para decirme que hoy, al fin me cambian la ventana de la cocina.
Y como todo se junta, después de tres meses sin aparecer, la regla se estuvo anunciando ayer, con lo que intuyo que hoy será su día grande.

También había pensado ir a cenar con unos amigos a un sitio que me han recomendado. Pero al llamar ayer, la dueña me dijo que con las fiestas y que se van de vacaciones, no tienen toda la carta. Puso tanto énfasis que le tuve que preguntar si realmente no quería que fuéramos a cenar... miedo me da. A saber cómo sale.

La vida empieza un día cualquiera. Puede ser un martes, como hoy, o un miércoles como hace taitantos años.... cuando el cuerpo de mi madre decidió ponerse de parto de un vez, con unos 15-18 días de retraso. Y llegué menuda, con falta de peso. Tan frágil que me tuvieron que sacar de Madrid a toda leche, para evitar que con el calor corriera riesgo de morir. Me llevaron a Galicia, con la familia materna. Y estoy convencida de que mi acento gallego, ese que aparece de vez en cuando, viene de ahí, de lo que aprendí con siete días escasos.Mi acento, mi gusto por lo celta, mi necesidad de ver verde, ese "soy de agua" que siento dentro...

La vida empieza cada día. Ya veis, comienza hoy estrenando ventan. Empieza hoy mismo, con esa cena en la que faltarás tú, si no venzo el miedo a llamarte y decirte... "Ven. Te echo de menos".

Llego hasta aquí con el bagaje de todo lo aprendido, de todos los errores que he cometido y con cada experiencia y sentimiento. Llego mucho más tranquila, muy en paz con algunos aspectos que siempre me habían ensombrecido. Con ganas, con ilusiones y sonrisas. Y con el firma propósito de no olvidar que la vida empieza un día cualquiera.



domingo, 7 de agosto de 2016

Cerca de mis orillas

Son días tranquilos. Intento terminar proyectos para redecorar el Rincón del Arco Iris, para mejorar este espacio que es tan mío como de las peluditas con las que lo comparto. Y habrá mejoras para ellas y para mí.

Días tranquilos de paseos, charlas, exposiciones, cañas (quién me iba a decir) y muchas sonrisas. Me descubro sonriendo a cada momento. Y aunque no hay motivos muy concretos me dejo... me dejo sonreír porque sé que me hace bien.



Tal vez sonría tanto porque mirarte me obliga a contemplar las nubes. Quizá porque la tranquilidad es un sustantivo que estreno. O simplemente porque de repente soy yo, sin necesidad de impostar, de fingir, de recrear... soy yo sin miedos... no tengo nada que perder.

Te siento cercana a mis orillas. Te voy abriendo hueco, dejo que te poses y que contemples mis puntos cardinales. Esta vez no hay huracanes, tan sólo una suave brisa que desvela cicatrices. Marcas en la piel que aún no sé si te asustan.  Y mientras llegas, mientras coges mi mano en esos gestos casuales, se acrecenta dentro de mí esta sensación de que es imposible que no terminemos juntas. Como si todo el Universo desembocara en una única dirección y cualquier calle confluyera al oeste de mi sueño.

No quiero perderme en la quimera. Simplemente es que hay una parte de mí que adivina ya tu bondad y otra, mira tu ausencia desde lejos, siempre a través de algún cristal. Silencios y palabras se alternan y adornan mis sonrisas mientras le apuesto a la vida a que nuestro plural no puede ser sino hermoso.




lunes, 18 de julio de 2016

Me diste media noche

Hace ya algún tiempo, durante mi año de baja por ansiedad, una mujer se enamoró de mí. Yo estaba en el peor momento de mi vida y ella, en cierto modo en el mejor... al fin se permitía abrirse a las mujeres, después de una vida en el armario. Dio conmigo y a lo largo de las muchas horas que hablamos esos meses fue enamorándose de mí.
Yo no podía corresponderla de ninguna manera. No sentía lo mismo. Intenté no herirla. Siempre fui muy sincera con ella porque yo estaba enamorada aún de la activista coqueta, aunque para entonces, nuestra historia estaba acabada.
Hace poco me reencontré con esta mujer y parafraseando a Vanesa Martín, de modo tranquilo la dije... "Pasaste por mi lado y no te supe ver". En realidad, todo se resume en eso...

Llevo días pensando en que se tienen que dar muchas circunstancias para que conozcas a alguien que te atrae de verdad. Pero lo más importante es que coincidas en el momento.

Puedo estar a tu lado en el cine, que se despierte mi olfato y aspire tu perfume, tu olor personal, esa mezcla de colonia y piel. Puedo escuchar tus suspiros y que tú oigas los míos, que nuestras respiraciones profundas se acompasen cuando vemos caricias, o leemos cartas. Puedo sentir tus lágrimas de emoción y tristeza cuando vemos un andén vacío, cuando percibimos que nuestra lucha como mujeres libres se rinde ante el egoísmo de una madre. Podemos morir de rabia, al escuchar que una mujer no es capaz de coger un tren que cambiará su vida, que la llenará de besos y abrazos, de ternura y pasión, que la hará feliz.
Podemos sentarnos frente a frente, en un bar cualquiera y hablar durante horas. Puedo sonreir al sentir la diferencia de acentos, los dos con tendencia marina. Mediterránea tú y Atlántica yo.
Podemos apropiarnos de las calles, sentir que Madrid es nuestro, descubrir las piedras con las que la construyeron. Y hacer planes, puedo proponerte fotografas americanas o artistas japoneses. Habrá tiempo.
Puedo ponerte ante los ojos toda la felicidad tranquila del mundo porque existe, es real, creo en ella.
Pero tal vez no sea tu momento. Tal vez no coincidamos. Tal vez llorabas en el cine recordando el dolor de una ruptura y suspirabas porque aún resonaban los últimos reproches. Tal vez te gustó la carta porque era un medio de ponerse en paz con quien no podía ser. Tal vez me mirabas a los ojos porque en ese momento no habia nada más que mirar. Tal vez... En realidad, no sé qué es lo que pasaba por tu cabeza mientras me sentías a tu lado en el cine, mientras oías mi respiración profunda o mis lágrimas sin disimular. No sé si hubieras querido prolongar el paseo, si me hubieras mostrado la historia de Madrid. No sé si te hubiese gustado que te guiara con mi mejor orientación, no sé si me dejarás algún día que te enseñe mi oeste, mis orillas...

Sólo sé que me diste media noche. Lo único que tal vez puedas darme en este momento. Y en esas horas fui feliz.

jueves, 14 de julio de 2016

Auditivamente kinestésica

Llevo toda la semana absolutamente descentrada, pensando en lo que pasará en los próximos días. Visualizando, que me han dicho que da resultado...

Así, el martes me tenía que ir a Tres Cantos, a un curso que me iba a dar mi empresa. Pero por aquello de que se me va la olla muymucho, a las 8 estaba sentada en mi puesto de trabajo en Alcobendas. La cara de mi jefe al verme allí sentada fue un poema. La mía cuando me di cuenta del error, mejor no la describo.
Total, fui al día siguiente. En el curso explicaron que hay tres tipos de personas basándose en teorías psicológicas. Visuales, auditivas y kinestésicas. Y por lo que estuvieron comentando, yo tengo gran parte de la tercera, aunque también presento rasgos de la segunda. Por si no conocéis el tema, os diré que las personas kinestesicas tendemos a captar la realidad y a relacionarnos con nuestro alrededor, a través de las sensaciones corporales y las emociones.

Me gusto lo que nos estuvieron comentando, el saberme reconocida y el poder ponerle nombre a cosas que siento. No me atreví a preguntarlo, pero me huelo ademas que mi sinestesia tiene que ver con que sea kinestésica.

Y una vez que le pones nombre a algo, echas la mirada atrás y te das cuenta de que ahí ha estado siempre. Declararme a menudo yonki de sentimientos, mi gusto por los abrazos, por los masajes sensitivos y esa necesidad de vivir momentos especiales como forma de ser feliz.

Hay momentos en mi vida que guardo en esa cajita especial de la memoria. Momentos que aunque desprovistos de importancia objetiva, se han quedados anclados en mi alma como los mejores que he vivido. En muchos de ellos reconozco un rasgo común. Para mí han sido hermosos, han tenido una particular belleza que me ha traspasado la piel y me han llenado de sensaciones físicas y espirituales.

Para San Juan, me fui con mis heteras a casa de una, que se ha mudado a El Campello. Tenia muchas ganas de playita, de sentir el sol y sobre todo el agua. Tuvimos la suerte de que había luna llena para la noche de San Juan y la ocasión propició que cumpliera uno de mis sueños.
De madrugada y tras quemar el papel con lo que quería alejar de mí, decidimos bañarnos. La temperatura del agua era perfecta y junto a nuestra hoguera, se extendía sobre el Mediterráneo, el reflejo de la luna llena. Siempre había pensado que el reflejo de la luz en el agua era ficticio, de los que al acercarte tú, se va alejando... pero no.

Me desnude y me fui adentrando en el agua. Sentí que ese mar me acogía al tiempo que mis ojos apresaban la belleza del momento. Rodeada de amigas, era casi incapaz de articular las palabras que necesitaba. Fue pura belleza, plenitud, comunión con el agua y la luna, elevada justo encima de nosotras. Fue calidez y amor por este planeta y esta vida que me ha sido regalada. Fue magia y marea. Fue murmullo de olas y latidos. Fueron lágrimas ligeras de emoción.

Fui piel.




martes, 12 de julio de 2016

La espera nunca es dulce

Hace unos días escribía en el facebook esa cita tan conocida.... Cuando yo me muevo, el Universo se mueve conmigo... y añadía, aunque ninguno de los dos sepamos dónde vamos a ir a parar.

Y es cierto, en las dos últimas semanas se han movido muchas cosas en mi vida, para lo estable que suele ser todo. Temas laborales, temas personales.... No sé si sera un simple "remover" para que quede como estaba o si de verdad habrá cosas que cambien.
El caso es que he movido ficha en varios temas y ahora estoy a la espera de que sucedan cosas. Y no, la espera no es dulce. Ni siquiera es una espera calmada.

En estos días que hemos tenido de tormentas en Madrid me he descubierto con ganas de bajar a la calle y empaparme, de dejar que la lluvia descargara sobre mí, simplemente por tener la sensación de que ya me estaba ocurriendo algo. No soporto estar al otro lado. Esperar una llamada, un mensaje, una reacción... nunca se me dio bien esperar cuando actúo.
Me puede la ansiedad, los nervios me terminan pasando factura y suelo terminar cagándola de un modo u otro. Así he conseguido casi dominar el arte de perder.

Ayer, una amiga me afeó un comentario tonto que hice sobre ella. Le dolio lo que dije, pero para hacérmelo ver, utilizó un argumento manipulador que me dolió a mí. La contesté lo mejor que pude y aquí estoy, esperando que diga lo que sea... jodida por estar en el otro lado.

Por que nos cuesta tanto tener una comunicación asertiva? Expresar lo que sentimos.... decir tan sólo... tengo muchas ganas de verte, de ir al cine contigo, de charlar y conocernos mejor....

A veces, supongo que por miedo.... bueno, casi siempre por miedo, sólo esbozamos nuestros deseos... los dejamos caer, disfrazados de comentario jocoso, o de verdad a medias.... si, tengo ganas de volver a ver la película.... tenemos tanto miedo a vivir.... y no nos damos cuenta de que el verdadero miedo que tendríamos que tener es a no haber vivido, a no habernos dado a nosotras mismas la oportunidad de intentar ser felices....

Venga Chris! Lánzate valiente!





miércoles, 1 de junio de 2016

2 copas de vino blanco después...



Contemplo tu rostro, marcado por esas ojeras profundas. Recorro con la mirada la curva de tus párpados, el delicado perfil de tu pómulo y como siempre me detengo en tu boca. Trazo la misma línea cada vez, de tus ojos a tu boca. Imposible llegar de tu corazón a tus caderas. Tal vez por eso me ciño al rostro. A ese rostro que permanece en mi retina y que llega tras muchas lunas o en algunas olas que he vadeado en todo este tiempo. Mira que han pasado años. Ya no duele. Todo lo más un pellizquito cuando hablamos de las relaciones de nuestras amigas. Porque adivino que tras esa conversación hay aún un muro que nos impide hablar de la nuestra. Desde aquella tarde en el tinao. Cuando descubrí que tu versión y la mía diferían tanto que no merecía la pena siquiera comentar mis pensamientos. Saliste a buscarme junto a la cerca. Allí me había apoyado yo, entre las rocas y el atardecer, para llorar muda por esa maravillosa historia que caía en el olvido. Por esos momentos que al parecer viví sólo yo. Qué distintas son las vivencias, verdad? Por eso quizá, ahora respetamos el muro que construimos aquella tarde y no hablamos de nosotras. O quizá porque ya no tiene sentido. Aunque siempre me quedo con las ganas de decirte muchas cosas. Y más aún cuando me bebo dos copas de vino como hoy y me relajo.Entonces, mi diablillo interior trepa por tu cuello con el firme propósito de llegar a tu boca. Y yo me cruzo de brazos a esperar que se caiga al abismo, mientras mi razón conversa amigablemente contigo. Pienso en esta vida nueva que llevamos cada una, en las pocas veces que coincidimos y en lo que disfruto de los preciosos momentos que compartimos. Y creo que esta vez, las vivencias si que coinciden.

Un beso dulce y rápido en los labios como despedida. Hasta la próxima.

domingo, 29 de mayo de 2016

La vida de los otros


Los domingos, las vidas de los otros siempre parecen más interesantes. Como si las maravillosas fotos que la gente cuelga en Instagram fueran sus calcos y no estuvieran llenas de postureos. Todo es luz, sonrisas, colores vivos, naturaleza y flores o rincones y amigos.

Y hay quien se empeña en pensar que lo suyo es mejor que lo de al lado. Quizá es que necesiten esa excusa para seguir soportando las propias miserias. Los domingos, supongo, hay gente que no se mira en el espejo.

Por eso, cuando mi vecina, la alcohólica, me ha encontrado en la tienda de comidas caseras pidiendo una pechuga de pollo y unas patatas, ella ha pedido lo mismo y me ha dicho eso de... claro, como tú y yo estamos solas, pedimos media ración de patatas. Le he aclarado que yo había pedido una ración entera y ahí se ha entusiasmado contándome que ella sólo pide media ración porque se controla mucho. Toda su charla venía acompañada de un olor a cerveza que se me estaba haciendo insoportable. Me han dado ganas de contestarle que a ver si también se controlaba para luego no tener que subir las escaleras hasta el 3º a gatas, como la he visto alguna vez. Pero da igual. He entendido que la pobre necesita sentir que su vida es mejor que la mía y la he dejado allí toda despeluchá con su media ración.

En otra época la habría contestado, seguro. Pero supongo que en esta época centro muchas energías en intentar ayudar a mi madre. Y en soportar el dolor de espalda que tengo desde que me caí haciendo el puto "humor amarillo" del curro. Ya ves. Intentando desconectar un poco me propuse hacer lo mismo que el resto de mis compañeros. Subirme al toro mecánico, el futbolín humano, los gladiadores y todo eso con unos 15 años más y las lorzas que me adornan. El resultado fue una caída de cabeza desde 2 metros. Y doy gracias de que no ocurrió nada más.

En realidad siempre he pensado que mis dolores físicos más fuertes suelen aparecer para mitigar el dolor del alma. Como cuando me atropelló el coche. Y aquí estoy, dos semanas después, a base de drogas legales.

Hoy domingo, me he mirado en el espejo y he pensado... "Es mi vida y es lo que hay". Sinceramente, no me apetece cambiarla por otra. Ni pedir media ración de patatas.




miércoles, 11 de mayo de 2016

Escuchando a las ballenas

Estoy agotada.

Este fin de semana ha sido la primera vez en unos dos meses largos que he tenido un día libre. Lo habitual es que trabaje, que esté con mi madre o que tenga la jornada completa con las dos actividades.

Mi cuerpo pide tumbarse panza arriba y no hacer nada. A ser posible al solecito. Quería irme el puente de San Isidro a casa de una amiga que vive a pie de playa pero al final me quedo. Echaré una mano a mi padre y estaré con las gatinas que muchos días cuando llego a casa me miran con cara de... tú quién eres? Ah si! eres esa humana que solía vivir aquí y que ahora sólo viene a ponernos de comer y dormir.

Al fin los médicos nos dieron una buena noticia. Lo que parecía ser terminal quedó descartado. No sabemos si en algún momento podrá volver a estar como los días previos a la caída en picado. No sabemos si podrá abandonar el oxígeno o si podrá volver a salir a la calle para algo que no sea ir al hospital. Quiero apostar a que si. Siempre ha sido una mujer muy dura y hasta terca. Si algo se le ponía en la cabeza tenía que ser así. De momento parece que podrá conocer a mi sobrino. Y tendremos que ir viendo cómo evoluciona día a día.

Ahora que se encuentra algo mejor cuesta estar con ella. A ratos no quiere hablar con nadie, exige mucha compañía de mi padre y mía, luego dice que me vaya, al rato que vuelva para ayudarle a respirar. Nunca me hubiera imaginado que respiraríamos juntas, o que hiciese algo parecido a la meditación. Tampoco había imaginado nunca que la volvería a tocar y hasta la ducho.

Cuando vuelvo a casa por la noche y al fin me meto en la cama, me quedo pensando en que todo este viaje está siendo no sólo suyo sino también mío. Una montaña rusa emocional. En este tiempo es como si se hubiese concentrado una vida nueva, completamente distinta de nuestra Historia anterior. También yo necesito respirar e integrar toda esta experiencia. Así que pongo en el móvil la aplicación que tengo para dormir y comienzan a sonar los cantos de ballenas.

Lúa se asusta y no vuelve hasta que cesa el canto, al cabo de unos 10 minutos, pero Zoe se acurruca junto a mi hombro. Cierro los ojos y acaricio a la peludita. Al cabo de pocos segundos me dejo mecer por el sonido de las ballenas y caigo en un sueño profundo, que anoche por primera vez en mucho tiempo, se llenó con imágenes dulces.



jueves, 21 de abril de 2016

Casi a oscuras


Hoy tengo una corona nueva y 400 pavos menos. En la cocina, un fluorescente fundido y otro que parpadea. Un aplique en el pasillo que no luce, una bombilla en el baño que no ilumina. Tengo una casa que se está quedando a oscuras, como yo.

Hoy tengo dolor en el ojo derecho. Más bien desde hace días. Será de aguantar las ganas de llorar.

Tengo 43 años y la inmensa suerte de haber llegado hasta aquí con mi libro de familia intacto. Mis padres y mi hermano biológico. Tengo un sobri, que está en camino y muchas ganas de ver su cara, aunque falten meses para eso.

Tengo rabia, tengo tristeza, tengo ira por no poder solucionar las cosas que querría arreglar. Tengo frustración por cómo funcionan los seguros, los de hogar y los médicos. Tengo mucha ansiedad estos días y sueños extraños.

Tengo la profunda necesidad de estar junto a ella ahora. De escribirla cartas. De decirla que la quiero, aunque nunca he sido capaz de decirlo. De abrazarla y hasta acunarla. De no dejar que se vaya, sin conocer a su nietx.

Tengo el corazón encogido después de haber leído algo que ha compartido Farala acerca del dolor de perder

Tengo la suerte de contar con amigos que me apoyan, la certeza de que están ahí y me escriben o me llaman tan sólo para escucharme. Tengo las manos llenas de agradecimiento hacia esas mujeres que conforman mi familia afectiva. Y a las que de cerca o lejos, me seguís por aquí.


domingo, 17 de abril de 2016

Breathless


Ultimamente parece que sólo escribo una vez a la semana, pero es que no doy para más. Necesito tranquilidad para concentrarme y llegar a verbalizar lo que quiero transmitir. Mira qué hora es. Aprovecho la madrugada porque mañana tampoco tendré ese rato libre.

Ha sido una semana horrible. Empezó con rollos en el trabajo y las malas noticias se han ido sucediendo. A cada cual peor. Laborales, de amigas, de gente conocida que aprecio, familiares... Y yo que soy muy dada a enumerar, esta vez soy incapaz, porque tengo claro lo que encabeza la lista, aunque no quiera. Los absolutos no admiten competencia.

Ayer en el Cine Fórum que coordino proyecté Truman y aproveché para echar las lágrimas que necesitaba para aliviar la tensión acumulada. Fuera del local oía la lluvia intensa golpear la gravilla. Cuando terminé el coloquio abrí la puerta del local y me quedé contemplando el agua caer. Agradecí el frescor del aire que me ayudó en un principio a serenarme. Al poco me descubrí respirando profundamente. Siempre me ha gustado el olor a tierra húmeda.

Con la cabeza alzada olisqueaba el aire de la noche y dejaba que la humedad llegase dentro. Y entonces descubrí que puedo hacer muchas cosas. Puedo coordinar el cine fórum para mostrar otros modelos de relación o los laberintos que atravesamos en la vida. Puedo pertenecer a asociaciones feministas, o acudir como voluntaria a asociaciones de animales para echar una mano. Hasta puedo apadrinar chimpancés o gatos. Si... puedo invertir muchas horas de mi tiempo en ayudar a los demás, pero hay algo que no puedo hacer. Nunca lo voy a lograr. A pesar de desearlo más que nada. No puedo respirar por otra persona. No puedo hinchar mis pulmones y que el aire le llegue. No puedo dejarle mis músculos hipertónicos para que tenga fuerzas para andar. No puedo cederle mi energía y que incremente su saturación. Me invade la impotencia.

Volví a casa triste, con la certeza rebotando entre mis sienes. Hoy, con la tristeza aún pegada a mi sombra, me he dejado llevar por Ludovico Einaudi y sus notas, que habitan mi piel desde hace unos años. Es curioso que tuviera las entradas desde hace tanto tiempo y que justo el concierto haya sido esta semana.
Como si la vida nos diera muchas de cal y para compensar, alguna de arena.



domingo, 3 de abril de 2016

Highlights


Lunes

Tras actualizar el software del teléfono y un par de aplicaciones, mi móvil decide que le ha llegado su hora y se apaga solo. No hay manera de que se encienda y tampoco carga la batería. Me acerco a la tienda donde lo compré y se lo quedan para repararlo. Por suerte todavía estaba en garantía. A cambio, me dejan un zapatófono de sustitución. Comento que es una patata de móvil y Rizos dice que hay smartphone Apple y smartphone Potatoe
La mala noticia es que he perdido todos los archivos, notas, documentos, wassaps que contenía. Las fotos no, que las tenía metidas en la tarjeta de memoria. Pero en realidad es lo que menos me importaba. Se han ido al garete los coloquios del Cine Forum que coordino, las canciones grabadas con las amigas, las notas que voy escribiendo sobre cosas que se me ocurren... Me resigno.


Martes

Quedo con la amiga a la que le estuve cuidando los gatos en Semana Santa para devolverle las llaves. Tras pedirme el favor me hizo un bizcocho casero de zanahoria de casi 1 kilo. Ahora me lo vuelve a agradecer con un bizcocho casero de naranja y una caja de chocolatinas a la naranja que me trae de París. Otro kilo más. Le pregunto sutilmente si nuestro grupo de amigas me está cebando con el propósito de que les sirva de alimento de aquí a su vejez.

Me cuenta su viaje a Francia. Le cuento mi Semana Santa madrileña y cuando vamos a volver a casa, Madrid nos regala esta estampa preciosa de su atardecer desde el Lago de la Casa de Campo.


La foto es una mierda pero mi smartphone Potatoe no da más de si.


Miércoles

Comienzo a leer La teoría King Kong de Virginie Despentes para un taller de Literatura en Entredós.  Me encanta. La autora declara que escribe para las feas, las gordas, las lesbianas, las bajas, las no follables (entre otras)... me siento tan tristemente reconocida que hasta me da la risa...
Cada vez soy más consciente de la cantidad de buenos libros que no he llegado a leer y de la poca vida que me queda para poder dar con ellos.


Jueves

Hago una entrevista telefónica de trabajo con Recursos Humanos para una vacante en mi empresa. Somos 50 personas para un puesto. Veo compañeros con el cuchillo en la boca mientras buscan un lugar tranquilo para hacer su entrevista. Yo me pongo muy nerviosa cuando suena mi teléfonosmartphonepotatoe, pero al menos las bragas no me aprietan!! Creo que he pasado esta primera entrevista. Para la siguiente que ya será presencial, calculo que me dará un parrús de los nervios.


Viernes

Amanezco con migraña y vomito. Cuando logro levantarme es casi mediodía. Llevo toda la semana durmiendo mal y mi cuerpo acusa las noches de insomnio. Veo en facebook que una antigua amiga que lleva sin hablar conmigo meses, me ha puesto un comentario en una foto. Otra con la que antes tocaba en la batucada, me escribe a propósito de un comentario en el facebook de las narices. Mi ex que cuando está fuera de Madrid no da señales de vida, me manda un mensaje preguntándome qué tal estoy.
No me sale contarles cosas a personas con las que no comparto un cierto cotidiano. Personas que se van y vuelven como si no hubiera pasado el tiempo. No me sale, no soy capaz de forzarlo. Siempre he dicho que soy de piel, que necesito cercanía. Me enfado por no ser capaz de responder a los comentarios y preguntas de un modo más locuaz. Pero luego pienso que no tengo por qué aceptar la manera en que otras personas quieren relacionarse conmigo si no me siento a gusto. Y de nuevo me enfado porque aún me tengo que recordar estas cosas. Termino el día con diarrea. Vaya mierda de día.


Sábado

A pesar de que los vecinos guiris han estado de juerga nocturna me levanto de buen humor para trabajar. Mi tripa ha recobrado su estado normal. Por la tarde les propongo a mis padres invitarles a cenar en un sitio que nos gusta. Reservo pero a última hora mi madre no está bien y no le apetece salir. Me llega un mensaje al móvil proponiendo un cine para cuatro. Salgo volando de casa a tiempo para contemplar la luz del atardecer sobre la Catedral.


Veo Brooklyn y se me quita la manía que sentía hacia Saoirse Ronan. La peli se deja ver. A la salida nos vamos a una cervecería donde me tomo la primera cerveza del año. Me apetece probar una Brooklyn Lager en honor a la peli pero sabiendo que no tomo casi nunca alcohol, el camarero me recomienda algo más suave ¿¿Más?? Me termino tomando una Coronita.


Domingo

Como he recuperado mi móvil ayer por la tarde, me paso el día descargando wassap, instagram, wallapop, twitter, shazam y aplicaciones varias que me hagan saber que lo mejor, sigue siendo juntarse con la gente para charlar delante de una coca cola. Para lxs que no pueden juntarse conmigo, siempre nos quedará el blog. Buenas noches, mundo.

martes, 22 de marzo de 2016

La realidad y la ficción de la mano


Hoy iba en el metro leyendo un libro que hay que abrir con cuidado y he comenzado a pensar en una discusión que tuve hace unos días con un colega del twitter. Salió el tema de Carol y él decía que la peli no valía la pena. No fui capaz de ahondar mucho porque 160 caracteres no me bastan ni de lejos. Cómo explicarte... se me ocurrió decir que si hubiera sido una historia heterosexual me hubiera pasado más desapercibida y entendiste que era por falta de calidad pero no, en absoluto. Sigo pensando que es una historia preciosa. Un proceso de seducción al que no estamos nada acostumbrados. En la heteronormatividad suele darse procesos mucho más rápidos, una seducción mínima desde donde se lanzan a la genitalidad. Pero Carol no, Carol (la historia) surge de la nada y avanza lentamente entre las protagonistas. El proceso de seducción va avanzando, va conformando un espacio de complicidad entre ellas mientras la mujer joven va creciendo lentamente, va aprendiendo lo que no quiere hasta finalmente descubrir cual es el objeto de su deseo. Mientras, la mujer mayor, experimentada, respeta completamente el tiempo que necesita Therese para aclararse y le da espacio suficiente para que pueda vivir su cotidiano. Se acercan pero sin presión, se respetan, se preguntan y se aceptan... y cuando al fin llega el momento de vivir el deseo, es Therese quien le dice a Carol, llévame a la cama, sin que Carol quiera forzar nada. Y si, al fin la historia de dos mujeres enamoradas termina bien

Eso es lo sublime para mí. Ese respeto entre ambas, esa complicidad, ese cuidado que se dan entre mujeres, tan diferente insisto del chicoencuentrachica, chicoseponeplastaconchica hasta que consigue una cita, chicolemetemanoachica... 

Que Nepo no quiera verlo, o no sea capaz de hacerlo para mí es lo de menos. El cine acepta muchas miradas, muchos puntos de vista. No hay absolutos. Habrá quien siga defendiendo que Tarantino es un genio y a mí tanta violencia me parece horrible. Aunque sea en ficción. 

Y sigo pensando que estamos necesitadas de visibilidad, de referentes positivos. Por eso la película es especial para mí. Porque le muestra a todos los que quieran verla cómo puede darse una historia de amor entre dos mujeres con "final feliz".

Así que hoy, en el metro, he abierto con cuidado el libro  y me he bebido tu relato, Yoya, lo he sorbido casi sin respirar... lo he sentido en mi piel. Y me he alegrado, me he enternecido, me he emocionado, mucho... y después me he enfadado y entristecido. Porque tu relato en cierto modo, no acaba bien. 
Me he acordado de cuando leía los libros de la colección Egales, ansiosa por llegar a un final feliz. Eran historias tontas, ñoñas, pero cumplían su función. Me contaban que entre dos mujeres puede darse una vida placentera, sin miedos ni culpas. una vida normal. Porque hasta hace muy poco tiempo, ni la literatura, ni el cine, nos contaban que pudieran existir relaciones entre mujeres y que estas pudieran ser tan longevas y felices como lo puedan ser las demás.

Qué tontería, no? Esa necesidad de pensar que todo irá bien. Ese querer vivir medio en la fantasía mientras llega alguna realidad. Como si no pudiéramos seguir adelante cada día simplemente con nuestras sonrisas, nuestras rutinas y que precisamente eso nos permitiera saber que todo irá bien. 
Y si al acabar el día, siento tanta añoranza como hoy, descubrir que el echar de menos forma parte de esa realidad que a veces ficcionamos, de esos relatos que estamos escribiendo a cada momento. Sean publicados o no.


domingo, 13 de marzo de 2016

Ya se ha acabado la noche

Sucedió hace dos meses. Y aunque no me pareció importante, supongo que mi inconsciente lo guardó y lo ha estado trabajando en silencio.

Volvíamos Alondra y yo en el coche a Madrid. Hablábamos sobre niños transexuales, acoso escolar, lo que cuesta encontrar un lugar en el mundo cuando sientes que tu identidad de género y tu orientación sexual son diferentes a la mayoría,.. la mierda de siempre de las etiquetas...

Me resulta muy fácil hablar con ella. Siempre me escucha con el corazón abierto y nunca me juzga. Sólo te mira desde su profundo azul y después en cinco segundos logra poner en orden todos mis demonios internos...

Así que tras escuchar las consecuencias que conllevan una niñez y adolescencia tan complicada como la mía y lo que aún hoy arrastro, me dijo... "bueno, ya se ha acabado la noche"... Me quedé en silencio asimilando sus palabras. Y desde entonces...

He terminado de leer un libro de más de 700 páginas. No había conseguido volver a leer nada tan largo desde que estuve con la crisis fuerte de ansiedad. Me cuesta mantener la atención mucho rato. He llenado un mini ipod con canciones. Hacía tanto que no escuchaba música... He recuperado canciones que llevaba años sin escuchar y aún hoy soy capaz de cantar parte de ellas!
Y lo más importante, aunque parezca lo más absurdo... ayer, para salir me calcé mis Converse favoritas. Si, esas con las que me pateé por primera vez Nueva York y que no pude volver a utilizar por el dolor de mi pierna atropellada y las puñeteras plantillas que tuve que empezar a usar...






Ya se ha acabado la noche, Alondra. Y aunque el trabajo lo haya hecho mi inconsciente, siento que puedo recuperar parte de quien fui. Ya no necesito alejarla, alejarme de mí. Me puedo incorporar, integrar, puedo recoger esas partes que me gustaban. Como mi "yo con Converse". Me encantaba calzarme las zapas. Tengo unos 6 pares sin poder utilizar por el problema de la pierna, pero recuerdo perfectamente lo feliz que era cuando iba con los vaqueros y las zapas. Me sentía yo. Si. Exacto. Eso es.... ayer, de nuevo me sentí yo. Porque ya se ha acabado la noche. Gracias, Alondra.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Annie


No sé si ya os he contado la historia. Sé que la he llegado a mencionar pero no tengo muchas ganas de bucear en el histórico del blog para buscar en profundidad, así que os la cuento, tal vez de nuevo.

Hace muchos años, encontré en Berkana (creo recordar que fue allí) un libro de fotos que me atrajo de inmediato. Eran fotos de mujeres. Retratos impresionantes de mujeres más o menos conocidas, todas con una fuerza increíble en sus rostros, en los gestos de sus cuerpos... Tenían una Historia escrita en cada arruga, cada pliegue... Estuve hojeando y ojeando el libro durante un buen rato. Me lo hubiera llevado debajo del brazo pero el precio era prohibitivo para mí. Me apunté el nombre de la autora que hasta ese momento ni me sonaba,

Gracias a que en mi trabajo disponía de una buena conexión constante a Internet averigué que el libro Women era de Annie Leibovitz. Estuve viendo muchas fotografías suyas y me di cuenta de que algunas ya las conocía. Al mes siguiente, convencida de querer el libro me acerqué a la Librería y descubrí con horror que ya no lo tenían ni pensaban traerlo de nuevo. Por años estuve buscándolo en España hasta que santoamazon me dio la oportunidad de conseguirlo y aun precio muy asequible. No dejé pasar la oportunidad.

Ahora Annie Leibovitz estrena una exposición donde mostrará más retratos hechos a mujeres. Ni siquiera sé si llegará a España pero me encantaría irme a Londres, por ejemplo para disfrutar con sus fotos. Hoy he visto un documental en el que comentaba que la encanta viajar en coche y la imaginación se me ha desbocado.

Por unos instantes he pensado en la peli de Los puentes de Madison y he soñado con que Annie podría ser una fotógrafa que llega a un lugar perdido en medio de la nada donde habito yo con mis gatas. Y me pide que la lleve hasta algún puente que necesita fotografiar donde aprovecha para sacarme fotos a hurtadillas... y decido que la invito a cenar para que se familiarice con el lugar.... en fin... qué pena que nadie haya escrito una historia así de bonita...

Os dejo. Buenas noches. Voy a seguir soñando con los ojos abiertos.



martes, 1 de marzo de 2016

La vida cuando era mía

Aquí sigo, a trompicones desde hace meses. Aparezco y desaparezco cual Guadiana. Será mi sangre andaluza que a veces logra imponerse a ese Atlántico que vive dentro de mí.

Ni sé dónde lo dejé. Sólo sé que las movidas laborales se amontonan. Me restan muchas energías tratar de aunar criterios y mostrar lo que a veces veo sin esfuerzo. Al final me entran ganas de mandar a la mierda a la gente. Si algo estoy aprendiendo cada día es que la generación que va por detrás de la mía está llena de niñatos egoístas que son incapaces de pensar en lo común. Se mueven al grito de sálvesequiénpueda y mariquitaelúltimo. Para ellos la unión no hace la fuerza. La unión sólo hace el montón.

Para desengrasar de tanto mal rollo, me fugué la semana pasada al Mediterráneo.

En esta playa pasé hace años, uno de los mejores días de mi vida



Ella siempre me regala el mar. Esta vez no fue menos. Y como no pudimos arribar en el espigón (el lugar donde comencé a despedirme de Pena Mexicana y al que siempre siento la necesidad de volver), me llevó a una playa hermosa.
Quizá porque en mi interior sopla el vierto del noroeste, prefiero las playas en invierno. Casi desiertas. Escasamente habitadas por almas vestidas y peluditos juguetones.



Allí dejas que la marea juegue con tu acento y vuele tu alma. Contemplas el atardecer mientras la paz se posa en los rayos de sol que te alcanzan. Y te detienes a pensar en cuándo podrás volver. Inmejorables anfitrionas, estupenda presencia Juliganera y el mar...siempre el mar.

Lo bueno de esta compañera fiel es que a pesar de su balanceo, siempre hace que me ancle a la tierra y pueda dejarme anegar por los sentimientos o incluso las razones. Y al fin puedo poner palabras a esa sensación indeterminada que viene y va desde hace meses. Añoro la vida, cuando era mía. Y anhelo recuperarla.


sábado, 13 de febrero de 2016

Memento mori


Habíamos planeado vernos hoy, pero no ha podido ser. Una muerte nos ha separado.

Hubiera sido un buen "regalo de San Valentín". Así que en lugar de verte, me he venido para casa y he comenzado a recordar las otras dos veces que te he visto. Me costó cogerte el punto. Al principio me pareciste algo fría.

Pero cuando te vi por segunda vez, más calmada, sin tanta interrupción, comencé a fijarme en tus detalles. Me fijé en la delicadeza que destilabas, en la fuerza que yacía bajo tu sobriedad... y en esos momentos en que se adivinaba tu emoción... fue entonces cuando noté que mi vello se erizaba al mirarte y pensé en el tiempo que llevaba esperándote.

Si, la segunda vez conseguiste emocionarme. Tal vez ese piano que sonaba de fondo, o tu pausada elegancia, la forma que tienes de mostrar tu sentimiento... de recordarme que soy humana y el tiempo huye, que lo importante es lo que dice el corazón...

Tengo ganas de acercarme a ti de nuevo, de quedarme a solas contigo, a oscuras, de escuchar tus susurros y convertirlos en deseos. Tengo ganas de que cada centímetro de mi piel se arrebole. De sentir. De sentir todo contigo. Tengo ganas de ti. Inmensas ganas de ti... Carol





viernes, 5 de febrero de 2016

Cafunéeeeeeeee


Os decía en mi anterior post que... abro los ojos y después viene la Vida... así llevo varias semanas... sin parar. Curro por la mañana y cada tarde ocupada en asuntos varios. Alguno con agobio y preocupación incluido.

Casi tienen que operar a Zoe. Viene arrastrando problemas en una de sus glándulas anales y hace unos meses tuvo una fístula. Le ha aparecido varias veces. El otro día, cuando le volvió a salir, el veterinario ayudante me dijo... mejor que operemos porque va a estar con estos problemas ya toda la vida. Me agobié mucho pensando en la logística... dejarla sin cenar una noche (de propina a Lúa también), pedir el día siguiente a la operación libre para quedarme cuidando de ella, llevarla a revisión sin quitarle el collar isabelino para que no se chupe la herida... y por supuesto, que todo saliera bien y le pudiéramos solucionar ese problema.
Volví a la clínica para que el veterinario principal la viera y este me dijo que había cicatrizado muy bien la fístula con la pomada que la echo y que no había necesidad de operar. Me quitó un gran peso de encima.

He estado en IKEA comprando algunas cosas para casa. Redecorando mi vida... en realidad lo que tendría que hacer es cambiar la tarima (quiero ponerla gris) que se me ha estropeado bastante el último año, pintar, arreglar el suelo de la cocina... ojalá fuera más manitas para hacer arreglos yo sola y ojalá tuviera pelas para hacer la reforma que me gustaría.

Después de redecorar la casa con una vajilla nueva, lisa y gris, que irá a juego con esa futura tarima, decidí que ya era hora de cortarme el pelo. Casi tres meses desde la última vez. Y aquí estoy, con los pelos de punta y esa sensación que me encanta de llevar el pelo recién cortado. La nuca rapada, por supuesto. Y ganas, muchas ganas de cafuné... si alguna quiere presentarse voluntaria para hacerlo, ofrezco masaje sensitivo a cambio...

... lo que me recuerda, que debo tener la suerte de mi lado. La semana pasada me enteraba de que viene en abril a tocar a Madrid... al Teatro Real!!! Ludovico Einaudi, el pianista que pone banda sonora a mis masajes sensitivos... Las entradas por supuesto agotadísimas... pero el otro día me dice Alondra... tengo dos entradas para ver a Einaudi... quieres una?... me faltó tiempo para abrazarla... no se puede ser más linda!! Tengo que escribir más sobre Alondra, le dedico mucho pensamiento y pocas líneas... Sus ojos azules y sobre todo su forma de ser conmigo merecen varios post. Llegarán.

domingo, 24 de enero de 2016

Simplemente silencio


Hay noches en que sueño tan dulce que no quiero despertar.  Luego abro los ojos y viene la Vida...

Hice la foto con el móvil


Recuerdo una tarde de enero de 2009. Nevaba en Madrid de forma intensa. Estaba en casa preparando una tortilla de patatas y esperaba a la activista coqueta. Había quedado con unas amigas y después vendría a mi casa a cenar y a dormir. Miraba por el balcón y veía la calle toda cubierta de nieve. La Catedral tenía un aspecto fantasmal bajo el cielo blanquecino. 


Cuando me avisó de que ya venía, bajé a la calle a esperarla. Quería tirarle una bola de nieve. Pero nada más salir del portal me asombró el silencio que había. Un silencio quedo, únicamente roto por algún coche que pasaba despacio. Subí hasta la esquina de casa para no tener el abrigo de los balcones. Allí levanté mi cara al cielo y extendí los brazos. Dejé que la nieve se posara sobre mí. Los copos descendían raudos y me alcanzaban dejando pequeñas huellas blancas a lo largo de mi cuerpo. Sola en la calle, envuelta en el silencio más hermoso que haya escuchado nunca, tuve la sensación de que el tiempo se detenía. Los árboles del parque y yo éramos testigos de aquel instante perfecto.

Esta mañana he visto unas fotos de Nueva York nevado. Por un momento, me he sentido allí, como si me hubiera trasladado de manera mágica y estuviera junto a la fuente de Bethesda o cruzando el Bow Bridge. He podido sentir de nuevo ese silencio perfecto que a veces logro substraer de la realidad y depositarlo en mí. Porque tras un sueño dulce, viene la Vida. Y entonces necesito quedarme en silencio.


Ambas fotos son de la Agencia AP



martes, 12 de enero de 2016

La vuelta tranquila


Salgo tranquila de la oficina. Sin las prisas de los últimos meses y el temor a perder la ruta. Ahora tengo la parada de metro a 70 pasos. Mientras desciendo por las escaleras mecánicas sacó el ebook de la mochila y miro la pantalla al encenderse.

Oigo que se aproxima un tren al andén. Sigo leyendo imbuida ya en la historia que dejé esperándome por la mañana... Aunque no logro sentarme no me preocupa, me agarro a la barra y me zambullo entre letras.

Al cabo de 15 minutos tengo que hacer un transbordo. Noto el nerviosismo de la gente al ver que el tren que debemos coger ya está esperando en el andén de enfrente. Se atropellan en la puerta de salida y emprenden una carrera por alcanzar el torno los primeros. Me sonrío. Dejo que me adelanten y hasta que se cuelen. No tengo prisa. He decidido que voy a esperar tranquilamente al siguiente tren.

Si, no me importa llegar 10 minutos más tarde a casa. Después de meses, he recuperado el ritmo de mi vida. Me he hecho consciente de que esos momentos, la hora siguiente a salir del trabajo es mi tiempo de lectura. Y saboreo dulcemente cada línea deseando que no acabe la vuelta a casa.

Pienso en los libros que me he leído ya desde que he vuelto a utilizar el transporte público para llegar al trabajo. Y no sé de qué manera, enlazo con las películas que he visto en el último mes.... la mayoría han sido basadas en personas reales... Steve Jobs, El Desafío, Joy, Sufragistas, La chica danesa... las primeras me han aburrido. Mucho. Las últimas han conseguido emocionarme, arrancarme lágrimas o sonrisas... en definitiva sentimientos.

Y de repente, como en un flash me vienen a la cabeza unas imágenes de dos mujeres en un cuarto de baño. Mientras una se desmaquilla, la otra la observa. La retira el pelo y la acaricia suavemente el cuello. Entre susurros se quedan frente a frente y recorren sus pieles sonriendo. Al fin ese primer beso. Mi cuerpo se llena de escalofríos. Son sólo ficciones, pienso. Los libros, las películas, estas imágenes que has recordado. Pero de pronto tengo la certeza de que soy yo la que está infundiendo el ritmo a mi vida y que en algún momento esas ficciones me alcanzarán y se harán realidad.

El vagón se detiene. Miro por el cristal y descubro que he llegado a mi destino.

miércoles, 6 de enero de 2016

Regalar ilusiones


No disfruto con las Navidades. Nunca cojo vacaciones y procuro no moverme mucho por el centro durante esos días para no agobiarme con el gentío.

Sin embargo ayer cortaron la Gran Vía y Madrid se convirtió en ese oasis que es cuando puedes pasear por la calzada desierta. Estaba cerca de Cibeles y al ver el Ayuntamiento iluminado y la musica que sonaba en el inicio de la Cabalgata si que sentí deseos, por primera vez desde niña, de acercarme a contemplar. #NoteloperdonaréjamásCarmena.



Estoy segura que también tiene mucho que ver con unas amigas que me contagian toda su ilusión. Unas amigas, que viven la Navidad y sobre todo los Reyes. Que llenan su casa de calidez y te acogen siempre con lo que lleves, con lo que tengas y sobre todo con quien eres.

Desde fuera puedes ver las lucecitas, los faroles, las figuras mágicas... todo eso que por sí sólo no representa nada. Pero te hace entrar en el lugar donde habitan las ilusiones.

Bajo el árbol encuentras una carta que te han escrito las Reinas Magas y que ellas te entregan junto con un presente cuidadosamente recogido en una bolsa de gatitos. Y eso es magia. Sentir que han pensado en ti, que te han invitado a su hogar y que te han regalado sus ilusiones.
Eso es magia, de verdad. Que te contagien vida. Que percibas que lo hacen porque quieren, porque disfrutan buscando un detalle para ti y porque anhelan tu compañía. Es magia sentirse niña de nuevo y descubrirte llena de sonrisas

Después llegan las canciones desnudas, la guitarra, las voces dulces y la carne de gallina. Los sentimientos en clave de sol y las notas que habrían acompañado perfectamente a mi anterior post.

Vuelvo a casa de madrugada y entro de puntillas. Aquí tengo a mis propias Reinas, las gatinas.


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