viernes, 14 de abril de 2017

...Y hace un año


Estaba releyendo ahora mis post de hace un año. Uf! qué mal cuerpo me pone releerme, qué angustia me asalta de nuevo.

Hace un año, más o menos... tuvimos que ingresar en Urgencias a mi madre. No podía andar 3 pasos sin ahogarse. Y en ella, que siempre fue muy bruta, toda fuerza de voluntad, era algo que suponíamos grave. Llevaba años arrastrando una enfermedad degenerativa pulmonar y todo nos hacía pensar que había llegado la etapa final.

El neumólogo no nos daba muchas explicaciones más allá de lo que nosotros veíamos. De repente se convirtió en una persona absolutamente dependiente. No podía ni siquiera andar por casa. Teníamos que hacerle todo.

Recuerdo el bajonazo anímico que di, acostumbrada como estaba a verla siempre tirando del carro. Me mataba verla tan frágil, tan necesitada, tan asustada, tan poco ella. Nos preparamos para lo peor. Y yo, anticipando el duelo, intentaba negociar con un Dios en el que no creo, que la dejara llegar al verano.Cuando pasó, pedí que llegara a octubre para poder conocer a mi sobrino. Mi sobrino nació y aunque ella había mejorado algo con el oxígeno que llevaba las 24 horas todavía era incapaz de valerse por si misma.

Dio un nuevo bajón y las Navidades fueron horribles. Mi padre que se había mantenido medio sereno hasta entonces, nos habló con mucha tristeza y pesimismo. Para entonces mis ánimos y mis fuerzas estaban por los suelos.

No creo en los milagros. Pero lo cierto es que a día de hoy, mi madre ha superado una complicación asociada a su enfermedad y aunque no tiene muchas fuerzas puede valerse por si misma en casa, sale un poco a la calle y hasta es capaz de coger (de momento) a mi sobrino en brazos. No sabemos cuánto durará así, si volverán las complicaciones o si la enfermedad se la llevará el día menos pensado, pero me aferro a este presente que nos ha concedido una tregua.

He querido contaros esto para explicaros el motivo por el que dejé de escribir. Dejé todo lo mío de lado y me he dedicado durante todo el año pasado y principios de este a cuidar de mi madre y ocuparme sólo de lo más básico para mí... el trabajo y la asociación. Mi angustia de esos meses, todo mi miedo, mi profunda tristeza, me hicieron desconectar del blog y de mucha gente que se acercaba a través de aquí o del mail, o de mensajes para preguntar o hablar.

Quiero pediros disculpas a las que os dejé sin respuesta. A Tuki, a una tal MRosa, con sus mails, a Laura que quedé en llamarla después del puente de diciembre...  He necesitado casi tres meses para reconectar conmigo, para dejar de llorar y temblar, para empezar de nuevo a ocuparme de mí. Me miro en el espejo y me asusto porque veo en mi cuerpo las señales de todo lo que ha sucedido este tiempo.

Quiero agradeceros a las que de algún modo habéis estado acompañando. A Siempre Suya y Laquetecuén, tan acogedoras, a Rizos, Ol y Ozé por llenarme de risas, a RosaM por las charlas del Instagram, a mis heteras, incondicionales y tan humanas, a mis compañeras de vida, mis peluditas... a mis ex (y a las que en este tiempo han salido corriendo en dirección contraria...) con todas he pasado algún buen momento. En definitiva, a las que mantienen el contacto más allá de las paredes de este blog y con delicadeza y respeto han permanecido cerca. Qué bueno poder contar con personas así que me mantenían atada a la tierra y me apoyaban tanto. La vida sigue.


miércoles, 22 de marzo de 2017

Cuando la Historia sale a tu encuentro


¿Os ha ocurrido alguna vez que al terminar un libro queréis saber qué fue de los protagonistas? ¿Os habéis empapado tanto de un relato que os han contado, que querríais saber qué sucedió al día siguiente?

 Hace unos 30 años, me contaron la historia de un muchacho que quería ser marino. No sé si fue por la persona que me la contó,  porque la historia desbordaba Atlántico, porque me sentí identificada con el protagonista… no sé, pero el caso es que Iñaki quedó anclado en mi memoria.

Hace unos días me acordé de él y sentí la necesidad de ahondar. De saber qué había sido de él. Si se trataba de una ficción más de las que se inventan algunas personas, o qué parte de verdad había en aquello.  Me sorprendió descubrir que Iñaki había existido en realidad, que desplegó sus velas tan cerca de Santiago y que tras orzar, arribó demasiado pronto a puerto. Pude ver fotos de los lugares donde transcurrió su Historia, documentos que confirmaban el viaje que emprendió,  saber de otros protagonistas del relato, de los hijos que tuvo…

Así se han fundido pasado y presente. La tradición oral, la escrita y las nuevas tecnologías que me han permitido seguir su pista.


Nunca se sabe. Tal vez algún día pueda volver a pasear por aquellas calles de mi infancia que él pisó antes, disfrutar con las aguas azoradas del puerto, la vista sobre la ría  los balandros orientados a barlovento, los mismos lugares donde se forjaron sus sueños. Entonces el círculo se habrá cerrado.







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