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domingo, 15 de marzo de 2015

Latidos


Me quedo extasiada viendo como Ana y Sara tocan la txalaparta juntas. Tiene algo mágico el movimiento de los brazos golpeando con los palos la madera. El improvisado ritmo, la fuerza y energía, el sonido cambiante... Veo a Sara girar la cabeza en ese gesto que repite cuando toca. Se abstrae de lo circundante y se concentra en la suma de sonidos.

Cada golpe suyo contra la madera me ancla a la tierra. Mi cuerpo recibe el sonido y junto con él, la energía y vibración que desprende la txalaparta. Y cada nota me evoca el motivo por el que me gusta la percusión.

Primero fueron las manifestaciones donde perseguía a los grandes tambores, después llegó la temporada de los cuencos tibetanos y al final de todo ese proceso encontré la batucada.

Aunque la clave la descifré en el colegio, no la había vuelto a recordar hasta ahora. Allí, en la clase de música había un pandero de sonido grave. Me entretenía golpeándolo al ritmo de mis latidos simulando que aquel instrumento era un corazón enorme lleno de vida.

Si, cuando ensayo con la batucada siento que el sonido del repique que toco es el propio sonido de mi corazón. Sara me lo recordó en la fiesta y sé que nos une ese sentimiento. Nos lo trasmitimos cuando nos abrazamos. Mis compañeras me dicen que toco muy alto, lo que traducido a un lenguaje coloquial significa que le doy bien fuerte. Tal vez sea porque necesito escuchar mi corazón entre tanto bullicio, necesito saberme viva por encima de todo.



martes, 10 de marzo de 2015

El abrazo que desata


Acudiste a mí y sin mediar palabra me diste un beso tierno en los labios. Tal vez habría echado de menos que las bocas permanecieran unidas. Pero sólo porque nada me hacía presagiar lo que ocurrió a tu lado.

Nos abrazamos y el tiempo se detuvo. Cesó el sonido de la batukada. Se apagaron las voces de las mujeres que nos rodeaban y perdí la conciencia de dónde estaba. Tan sólo éramos tú y yo en un nuevo espacio construído.

Quedémonos a vivir en ese abrazo. Más allá de mis demandas y tus sentencias. Más acá de dudas o pasados.

Por un momento olvidé tantos temores. Sentí que en tus brazos se deshacía el nudo que me apretaba y mis pensamientos de nuevo llegaban reposados. No hubo más que sentimiento. No hubo menos que ese abrazo.

martes, 24 de febrero de 2015

Abandono

Qué abandonado te tengo, blog... y qué abandonada me tienen a mí las palabras... Apenas llegan, ya no siento aquel cosquilleo, cuando pugnaban por fluir hacia los dedos y terminar desparramadas por el teclado, buscando un determinado orden. No el habitual de sujeto y predicado, sino el orden preciso de mis pensamientos y sentimientos.

No están. No llegan. Las espero paciente cada día y no acuden a su cita. Y me siento afónica. Sin voz. Sin capacidad para expresar. Sin inspiración. La duda es si esas palabras no llegan debido a la rutina o a la desidia, o tal vez a una falta de esperanza e ilusiones que me supera desde principios de año.

 Paso los momentos muertos repitiendo rudimentos de percusión. Me descubro tatareando ritmos y cortes de la batucada. Las notas han sustituido a las palabras pero no puedo entablar un diálogo con ellas. Diálogo.... diálogos...

Vuelvo mi vista a los proyectos que quedaron aparcados hace un par de años por falta de energías mías e implicación ajena. Tengo ganas de sacar adelante al fin esos proyectos tan asociados a la visibilidad de mi propia vida y del colectivo. Tengo claro que la cercanía de Alondra tiene que ver con esa necesidad y esas ganas.

Ella propone, dialoga, acuerda, apoya, actúa. Si, Alondra siempre está y acompaña con su voz y sus actos. Ahora más que nunca.


lunes, 19 de mayo de 2014

Difícil equilibrio


Hay días que nacen con sonrisas y se despiden con dudas y tristeza. Días en lo que mis esperanzas caen, resbalan como arena entre los dedos y quedan rendidas a mis pies, desde donde las contemplo bloqueada. Días en los que me digo que quizá, las cosas no deberían ser tan difíciles.

El viernes fue un día de esos en los que por mucha voluntad que pongas, descubres que no es ni remotamente suficiente. La niña interior se frustra y reacciona como una adolescente agarrándose a la cerveza. La resaca del día siguiente te confirma lo que ya sabías... que el alcohol no soluciona nada.

Hay días que empeñarse rima con despeñarse. Días en los que recuerdas que si no disfrutas con lo que haces, es que algo, seguramente tú, estás fallando. Y te replanteas las decisiones y piensas en arrojar la toalla, incapaz como eres de ver el camino.

Por suerte, las cosas suelen mejorar. Ayer, después del bloqueo que me tuvo atontada todo el fin de semana, disfruté de un espectáculo super petardo. Un difícil equilibrio, como el que intento mantener yo algunos días. Jorge Calvo en estado de gracia, mezclando la letra de Mi jacaaaaaa... si, la que galopa y corta el viento camini(sch sch)to de Jereeeeeeez... con la música de Wicked Game de Chris Isaak. Un crak en toda regla, oiga. ¿Por qué las lesbianas no tenemos ese sentido del humor, del espectáculo? ¿Por qué no somos capaces de reirnos de nosotras mismas como hacen los gays? Creo que es nuestra asignatura pendiente.

A lo que íbamos... Si además compartes esos buenos momentos con gente que te hace sentir bien, la alegría es doble. La sensación de calidez se afianza mientras vuelvo a casa oliendo las acacias y jazmines. En mi recuerdo flota la imagen de una despedida dulce, del sabor de ese último beso y nuestra mirada. De tu sonrisa sincera. De mi piel erizada en nuestro abrazo.

Y termino pensando que quiero seguir intentándo lo que me llena estos días, que aún me quedan ganas y fuerzas, que no siento que tenga que abandonar ahora. No es el momento. Sólo tengo que ponerle más mimo y dedicación.

jueves, 1 de mayo de 2014

Pan y quesitos


Me gusta caminar estos días por las calles de mi barrio. Están llenas de robinias, pseudo acacias que le han llegado a dar nombre a alguna calle. Tienen unas flores que derraman un olor que me termina embriagando. Cada año anhelo que llegue la primavera para volver a oler su fragancia.



Me detengo junto a su tronco y por unos momentos cierro los ojos para concentrarme en el olor. Sin embargo, estos días atrás, cuando lo he hecho, me he quedado paralizada. Tenía una profunda sensaciín de haber olvidado algo.

Me lleva sucediendo un par de meses. De repente voy caminando por cualquier lado y me paro porque parece que algo quiere acudir a mi memoria. Algo que no soy capaz de recordar. Me quedo mirando al vacío, o callada... intentando que lo que sea acuda a mí. Pero no sucede. Y continúo con esa profunda sensación de algo que está ahí y no acabo de ver.


Hace años, cuando comencé en la Universidad me exigían que escribiera a diario redacciones, artículos, crónicas... y que además las presentara a máquina. Por aquel entonces todavía no estaba extendido el uso de ordenadores y yo nunca había utilizado nada que no fuera lápiz o boli. Mi madre me dejó una vieja Olivetti con la que mi abuelo escribió desde los años 50 sus editoriales y artículos. La máquina tenía un teclado en el que las letras estaban lo suficientemente separadas como para que al teclear con mi poca maña, los dedos se colaran entre los huecos haciéndome constantemente heridas que sangraban.





Me pasé todo el primer curso peleando con la dichosa máquina para aprender a teclear con una velocidad digna. En mi afán por hacerlo bien llegué a tener durante meses sueños en los que tecleaba lo que escribía. En el sueño veía claramente mis dedos heridos pulsar tecla por tecla hasta que conseguía terminar las frases.  Por suerte, al curso siguiente compramos una máquina de escribir eléctrica con un teclado similar al de los ordenadores. La vieja Olivetti luce ahora como merece en el Museo de la Prensa de Granada y yo no la echo nada de menos.

Algo parecido a lo de la máquina de escribir me ocurre con la percusión. No sólo voy por la calle o en el metro, tocando en el aire diferentes ritmos para conseguir coger la soltura que preciso. Estoy empezando a soñar que agarro las baquetas y toco la caja. Quizá de este modo interiorice mejor el ritmo y pueda tocar igual que mis compañeras. Sé que soy una principiante absoluta y que no lo hago bien. Voy a clase y le echo ganas. Disfruto cuando consigo un sonido uniforme al del resto.

Por contra, hay bastantes veces que me pierdo o el ritmo no sale. Eso me agobia y me desanima algunos días. Me hace plantearme si cambiar de instrumento o dejarlo. Aunque siento que la percusión me enraiza con la tierra y me hace feliz. Porque lo cierto es que cuando toco, estoy muy cerca de recordar eso que he olvidado.

lunes, 28 de abril de 2014

El día después


Ayer hacía algo de frío en Madrid... y sobre todo unas nubes que presagiaban agua. Estuvo cayendo por la mañana y andaba yo preguntándome si nos daría tregua por la tarde.

Pero allí estuvimos... en el acto de conmemoración del día de la Visibilidad Lésbica. Y lo cierto es que lo dimos todo.

Nerviosa como un flan, intenté disfrutar lo más posible y olvidarme de que era de las novatas. Pasito a un lado, pasito al otro... molaba ver entre el público pareja, blogueras, viejas conocidas y hasta gente que me conoció hace años y que al verme se acercaron a saludar.

Como siempre, un montón de curiosos cotilleando mientras nos preparábamos... señoras que nos daban su bendición, señores que se alejaban refunfuñando y presurosos al enterarse que aquello era por las lesbianas, incluso alguna anciana incauta que quería comprar la camiseta que llevabamos, sin entender bien el mensaje que ponía.

Ha sido la primera vez y espero que después vengan muchas más. Gracias, muchas gracias a las que habéis compartido este momento conmigo. Por venir a vernos, por aguantar el chaparrón que al final nos cayó. Por disfrutar de la magia de la percusión...

 
 

miércoles, 23 de abril de 2014

La primera vez


Los primeros pasos, la primera palabra, los primeros regalos de Reyes, el primer día de guardería, la primera vez que ves la nieve, tu primer día en el cole, la primera comunión, la primera acampada, el primer partido de baloncesto, los primeros pantalones, la primera salida con amigos, la primera borrachera, el primer beso, las primeras vacaciones sin padres, la primera novia, la primera vez que haces el amor, el primer trabajo, la salida del armario, la primera ruptura, el primer polvo, el segundo, el tercero....



El sábado de nuevo será una primera vez para mí.... y ya me están temblando las piernas sólo de pensarlo.

Pondré todo mi empeño. Espero tener un día inspirado. Y sería de agradecer que no llueva para no quedar deslucida. Os informaré del resultado.


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