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lunes, 2 de octubre de 2017

Todas las flores


Le tenía miedo a esta semana que ahora termina. Me encontré con la agenda llena de actividades por la tarde/noche. Cada día. Y con el madrugón que me doy para ir a trabajar, sabía que me iban a faltar horas de sueño. Y biba de mí, no fui capaz de calcular cuántas iban a terminar siendo.

Mi bendita compañera de trabajo, la que se sienta a mi lado, ha sido testiga de cómo según transcurrían los días acudía más agotada y más sonriente en una mezcla cuando menos curiosa.

Comencé la semana acudiendo a una charla con Jeanette Winterson, cuyo libro Por qué quieres ser feliz cuando puedes ser normal se convirtió hace tiempo en mi libro favorito y lleno de referentes.





"He seguido trabajando con las historias del Grial durante toda mi vida. Son historias de pérdida, de lealtad, de fracaso, de reconocimiento, de segundas oportunidades. A veces tenía que dejar el libro y pasar a la parte donde Perceval buscando el Grial, tiene un día una visión de él, y luego, porque es incapaz de hacer la pregunta crucial, el Grial desaparece. Perceval se pasa 20 años vagando por los bosques, buscando lo que había encontrado, lo que le fue entregado, algo que parecía muy fácil, pero que no lo era.
Más adelante, cuando tenía dificultades en el trabajo, cuando sentía que me había perdido o me alejaba de algo que no era capaz ni de identificar, la historia de Perceval me daba esperanzas. Tenía que haber una segunda oportunidad. De hecho, hay más de dos oportunidades, muchas más. Ahora se, después de 50 años, que le encontrar/perder, olvidar/recordar, marchar/volver, nunca se termina. La vida entera se mueve alrededor de esa otra oportunidad y mientras seguimos vivos, hasta el mismísimo final, siempre hay otra oportunidad."

Este fragmento, que le leí a alguien hace unos días, ha seguido resonando en mi cabeza. Se ha mezclado con los ecos de La Llamada, a cuyo preestreno asistí el martes. Subidón de emoción, de música, de canciones que recuerdo de tantos años atrás... Todas las flores, que salen a embrujar los amores, y despiertan mis ilusiones, dicen que vendrás... y voy a escribirte, una canción de brazos abiertos... Si os apetece pasar un buen rato y reiros, sin preocuparos por lo que pase más allá de la sala de cine, sin tener que pensar en independencias o en cifras del paro... id a verla. Regalaros una tarde de desconexión y disfrutar del inmenso placer de reír sin más.

Para no aburriros, el resto de la semana ha estado lleno de palabras, de voces bienvenidas, de abrazos post veraniegos, de amor... de mucho amor... todo el que me da mi familia elegida y de multitud de sonrisas con las que me he levantado cada día... con las inmensas ganas de que Madrid sea más que nunca, una ciudad que acoja, una ciudad que permita vivir los sueños y que como la vida misma, ofrezca otra oportunidad.

lunes, 18 de julio de 2016

Me diste media noche

Hace ya algún tiempo, durante mi año de baja por ansiedad, una mujer se enamoró de mí. Yo estaba en el peor momento de mi vida y ella, en cierto modo en el mejor... al fin se permitía abrirse a las mujeres, después de una vida en el armario. Dio conmigo y a lo largo de las muchas horas que hablamos esos meses fue enamorándose de mí.
Yo no podía corresponderla de ninguna manera. No sentía lo mismo. Intenté no herirla. Siempre fui muy sincera con ella porque yo estaba enamorada aún de la activista coqueta, aunque para entonces, nuestra historia estaba acabada.
Hace poco me reencontré con esta mujer y parafraseando a Vanesa Martín, de modo tranquilo la dije... "Pasaste por mi lado y no te supe ver". En realidad, todo se resume en eso...

Llevo días pensando en que se tienen que dar muchas circunstancias para que conozcas a alguien que te atrae de verdad. Pero lo más importante es que coincidas en el momento.

Puedo estar a tu lado en el cine, que se despierte mi olfato y aspire tu perfume, tu olor personal, esa mezcla de colonia y piel. Puedo escuchar tus suspiros y que tú oigas los míos, que nuestras respiraciones profundas se acompasen cuando vemos caricias, o leemos cartas. Puedo sentir tus lágrimas de emoción y tristeza cuando vemos un andén vacío, cuando percibimos que nuestra lucha como mujeres libres se rinde ante el egoísmo de una madre. Podemos morir de rabia, al escuchar que una mujer no es capaz de coger un tren que cambiará su vida, que la llenará de besos y abrazos, de ternura y pasión, que la hará feliz.
Podemos sentarnos frente a frente, en un bar cualquiera y hablar durante horas. Puedo sonreir al sentir la diferencia de acentos, los dos con tendencia marina. Mediterránea tú y Atlántica yo.
Podemos apropiarnos de las calles, sentir que Madrid es nuestro, descubrir las piedras con las que la construyeron. Y hacer planes, puedo proponerte fotografas americanas o artistas japoneses. Habrá tiempo.
Puedo ponerte ante los ojos toda la felicidad tranquila del mundo porque existe, es real, creo en ella.
Pero tal vez no sea tu momento. Tal vez no coincidamos. Tal vez llorabas en el cine recordando el dolor de una ruptura y suspirabas porque aún resonaban los últimos reproches. Tal vez te gustó la carta porque era un medio de ponerse en paz con quien no podía ser. Tal vez me mirabas a los ojos porque en ese momento no habia nada más que mirar. Tal vez... En realidad, no sé qué es lo que pasaba por tu cabeza mientras me sentías a tu lado en el cine, mientras oías mi respiración profunda o mis lágrimas sin disimular. No sé si hubieras querido prolongar el paseo, si me hubieras mostrado la historia de Madrid. No sé si te hubiese gustado que te guiara con mi mejor orientación, no sé si me dejarás algún día que te enseñe mi oeste, mis orillas...

Sólo sé que me diste media noche. Lo único que tal vez puedas darme en este momento. Y en esas horas fui feliz.

martes, 12 de julio de 2016

La espera nunca es dulce

Hace unos días escribía en el facebook esa cita tan conocida.... Cuando yo me muevo, el Universo se mueve conmigo... y añadía, aunque ninguno de los dos sepamos dónde vamos a ir a parar.

Y es cierto, en las dos últimas semanas se han movido muchas cosas en mi vida, para lo estable que suele ser todo. Temas laborales, temas personales.... No sé si sera un simple "remover" para que quede como estaba o si de verdad habrá cosas que cambien.
El caso es que he movido ficha en varios temas y ahora estoy a la espera de que sucedan cosas. Y no, la espera no es dulce. Ni siquiera es una espera calmada.

En estos días que hemos tenido de tormentas en Madrid me he descubierto con ganas de bajar a la calle y empaparme, de dejar que la lluvia descargara sobre mí, simplemente por tener la sensación de que ya me estaba ocurriendo algo. No soporto estar al otro lado. Esperar una llamada, un mensaje, una reacción... nunca se me dio bien esperar cuando actúo.
Me puede la ansiedad, los nervios me terminan pasando factura y suelo terminar cagándola de un modo u otro. Así he conseguido casi dominar el arte de perder.

Ayer, una amiga me afeó un comentario tonto que hice sobre ella. Le dolio lo que dije, pero para hacérmelo ver, utilizó un argumento manipulador que me dolió a mí. La contesté lo mejor que pude y aquí estoy, esperando que diga lo que sea... jodida por estar en el otro lado.

Por que nos cuesta tanto tener una comunicación asertiva? Expresar lo que sentimos.... decir tan sólo... tengo muchas ganas de verte, de ir al cine contigo, de charlar y conocernos mejor....

A veces, supongo que por miedo.... bueno, casi siempre por miedo, sólo esbozamos nuestros deseos... los dejamos caer, disfrazados de comentario jocoso, o de verdad a medias.... si, tengo ganas de volver a ver la película.... tenemos tanto miedo a vivir.... y no nos damos cuenta de que el verdadero miedo que tendríamos que tener es a no haber vivido, a no habernos dado a nosotras mismas la oportunidad de intentar ser felices....

Venga Chris! Lánzate valiente!





martes, 22 de marzo de 2016

La realidad y la ficción de la mano


Hoy iba en el metro leyendo un libro que hay que abrir con cuidado y he comenzado a pensar en una discusión que tuve hace unos días con un colega del twitter. Salió el tema de Carol y él decía que la peli no valía la pena. No fui capaz de ahondar mucho porque 160 caracteres no me bastan ni de lejos. Cómo explicarte... se me ocurrió decir que si hubiera sido una historia heterosexual me hubiera pasado más desapercibida y entendiste que era por falta de calidad pero no, en absoluto. Sigo pensando que es una historia preciosa. Un proceso de seducción al que no estamos nada acostumbrados. En la heteronormatividad suele darse procesos mucho más rápidos, una seducción mínima desde donde se lanzan a la genitalidad. Pero Carol no, Carol (la historia) surge de la nada y avanza lentamente entre las protagonistas. El proceso de seducción va avanzando, va conformando un espacio de complicidad entre ellas mientras la mujer joven va creciendo lentamente, va aprendiendo lo que no quiere hasta finalmente descubrir cual es el objeto de su deseo. Mientras, la mujer mayor, experimentada, respeta completamente el tiempo que necesita Therese para aclararse y le da espacio suficiente para que pueda vivir su cotidiano. Se acercan pero sin presión, se respetan, se preguntan y se aceptan... y cuando al fin llega el momento de vivir el deseo, es Therese quien le dice a Carol, llévame a la cama, sin que Carol quiera forzar nada. Y si, al fin la historia de dos mujeres enamoradas termina bien

Eso es lo sublime para mí. Ese respeto entre ambas, esa complicidad, ese cuidado que se dan entre mujeres, tan diferente insisto del chicoencuentrachica, chicoseponeplastaconchica hasta que consigue una cita, chicolemetemanoachica... 

Que Nepo no quiera verlo, o no sea capaz de hacerlo para mí es lo de menos. El cine acepta muchas miradas, muchos puntos de vista. No hay absolutos. Habrá quien siga defendiendo que Tarantino es un genio y a mí tanta violencia me parece horrible. Aunque sea en ficción. 

Y sigo pensando que estamos necesitadas de visibilidad, de referentes positivos. Por eso la película es especial para mí. Porque le muestra a todos los que quieran verla cómo puede darse una historia de amor entre dos mujeres con "final feliz".

Así que hoy, en el metro, he abierto con cuidado el libro  y me he bebido tu relato, Yoya, lo he sorbido casi sin respirar... lo he sentido en mi piel. Y me he alegrado, me he enternecido, me he emocionado, mucho... y después me he enfadado y entristecido. Porque tu relato en cierto modo, no acaba bien. 
Me he acordado de cuando leía los libros de la colección Egales, ansiosa por llegar a un final feliz. Eran historias tontas, ñoñas, pero cumplían su función. Me contaban que entre dos mujeres puede darse una vida placentera, sin miedos ni culpas. una vida normal. Porque hasta hace muy poco tiempo, ni la literatura, ni el cine, nos contaban que pudieran existir relaciones entre mujeres y que estas pudieran ser tan longevas y felices como lo puedan ser las demás.

Qué tontería, no? Esa necesidad de pensar que todo irá bien. Ese querer vivir medio en la fantasía mientras llega alguna realidad. Como si no pudiéramos seguir adelante cada día simplemente con nuestras sonrisas, nuestras rutinas y que precisamente eso nos permitiera saber que todo irá bien. 
Y si al acabar el día, siento tanta añoranza como hoy, descubrir que el echar de menos forma parte de esa realidad que a veces ficcionamos, de esos relatos que estamos escribiendo a cada momento. Sean publicados o no.


sábado, 13 de febrero de 2016

Memento mori


Habíamos planeado vernos hoy, pero no ha podido ser. Una muerte nos ha separado.

Hubiera sido un buen "regalo de San Valentín". Así que en lugar de verte, me he venido para casa y he comenzado a recordar las otras dos veces que te he visto. Me costó cogerte el punto. Al principio me pareciste algo fría.

Pero cuando te vi por segunda vez, más calmada, sin tanta interrupción, comencé a fijarme en tus detalles. Me fijé en la delicadeza que destilabas, en la fuerza que yacía bajo tu sobriedad... y en esos momentos en que se adivinaba tu emoción... fue entonces cuando noté que mi vello se erizaba al mirarte y pensé en el tiempo que llevaba esperándote.

Si, la segunda vez conseguiste emocionarme. Tal vez ese piano que sonaba de fondo, o tu pausada elegancia, la forma que tienes de mostrar tu sentimiento... de recordarme que soy humana y el tiempo huye, que lo importante es lo que dice el corazón...

Tengo ganas de acercarme a ti de nuevo, de quedarme a solas contigo, a oscuras, de escuchar tus susurros y convertirlos en deseos. Tengo ganas de que cada centímetro de mi piel se arrebole. De sentir. De sentir todo contigo. Tengo ganas de ti. Inmensas ganas de ti... Carol





martes, 22 de diciembre de 2015

Ya no necesito ser Luke


Dice mi madre que cuando yo era pequeña, me llevaron muchas veces al cine a ver películas de dibujos animados. No recuerdo ninguna. De hecho, la primera película que recuerdo haber visto en el cine fue La Guerra de las Galaxias. Debía tener cinco o seis años como mucho pero me causó una gran impresión.

Me flipaba Luke Skywalker, su inocencia y al mismo tiempo la destreza que adquiría. Me flipaba la ropa que vestía y por supuesto el sable láser, que me hubiera encantado tener.

Ya en aquella época empezaba a mostrar confusión con mi identidad de género, aunque no supe concretarla ni verbalizarla hasta mucho después. Cuando salí del cine, recuerdo claramente que le dije emocionada a mi hermano... vamos a jugar... yo me pido ser Luke Skywalker!! Y mi hermano, que también a su corta edad se había dado cuenta de mi negativa a etiquetarme en el género impuesto me dijo... "ya sabía que ibas a decirlo...tú siempre te pides ser el chico". Y lo soltó así, tal cual, delante de unos amigos con los que fuimos a verla y de sus padres, que nos cuidaban. Me quedé avergonzada y callada De hecho, me callé durante años, pero ese no es el tema.

He visto la peli nueva de Star Wars. Y me ha encantado!!! +++ No hay spoilers +++ Me regalé una entrada de cine Vip con butaca enorme. Yo sola en la fila. Mis palomitas, mi botella de agua y todas las ganas del mundo. Se apagó la luz y al poco la película me conectó con mi niña interior, con esa cría que disfrutó tanto de los caballeros Jedi, de las peleas, de los androides y de los ewoks... Me sorprendí sonriendo y diciendo emocionada... Han Solo! R2D2! y animando a los pilotos en sus peleas contra las fuerzas del Primer Orden. Venga!! Dispara!!

Pero lo que más me emocionó con diferencia, fue descubrir que las chicas pueden pilotar naves como el Halcón Milenario, pelear contra soldados imperiales e incluso luchar con sables láser. Si. Lo mejor de Star Wars ahora está protagonizado por una chica.

De repente ya no necesito ser Luke Skywalker. Me basta con ser yo... y seguir soñando.


jueves, 21 de mayo de 2015

A solas con Therese


Hacía tiempo que no lo sentía... la querencia urgente, la necesidad de arrancar minutos al día para tener un pequeño espacio en el que aislarme con un libro.

Si. Porque muy de vez en cuando, un libro me toca de tal manera que necesito seguir leyendo... lo absorbo, prácticamente me lo trago en un frenesí de pasar hojas, de empaparme de la historia, de avanzar con ella... y cuando no encuentro ese tiempo libre, cuando mi vida está ocupada por la rutina del trabajo, o por los momentos que comparto con otras personas... tengo el mono de agarrar de nuevo el libro. Rememoro los fragmentos que más me gustan, me deleito con las imágenes que me provoca y evoco sin cesar esas sensaciones físicas y realmente vividas que me anegan.

Carol... El precio de la sal.... Carol no es un libro. Es mucho más que eso. Carol es un sentimiento, es un momento de mi vida, cuando aún creía que todo era posible. Carol son tardes cálurosas y llenas de luz como entonces. Porque tuve la inmensa suerte de que mi hermana me regalara el libro hace 20 años. No recuerdo de qué manera lo descubrió. Me habló de él y me lo terminó regalando mientras depositaba en mis labios la bella pronunciación del nombre de la protagonista.

Y Carol me poseyó. Se adueñó de mis ensoñaciones como lo está haciendo de nuevo ahora. A través de sus páginas recreé los prolegómenos de una relación. Desde entonces, es la parte de mis relaciones de pareja que más me gusta... cuando todo flota en el aire justo delante de mí y nada se ha dicho. Cuando cada gesto no es casual. Cuando la levedad refleja tanta intensidad que apenas puedes respirar.

Y ahora, después de 20 años, las sensaciones son muy parecidas. Vuelvo a imaginar una flecha atravesando el cielo por primera vez. Vuelvo a ver unas manos extendidas y alguien que llueve sobre mí. Y vuelvo a volar a través de su noche de estrellas de agua.

Me emocioné cuando supe que Todd Haynes había dirigido la película. No podría haber un director mejor para esta historia. Y aunque suene extraño, no soporto la espera para verla. Siento la misma necesidad de ver ya la película, que de seguir zambulléndome en sus páginas estos días. Cuando llego a casa, cierro el libro y me reincorporo a la vida con la ilusión de encontrar otro momento para quedarme a solas con Carol y Therese.

Porque hay historias que se te incrustan en el alma y ya no te abandonan nunca. Te siguen provocando un torrente de emociones aunque hayan pasado 20 años desde que las descubriste.

lunes, 23 de marzo de 2015

Encuentros, desencuentros y hallazgos

Sigo escribiendo los domingos. No sé cómo lo hago pero es cuando encuentro el remanso de paz que necesito para sentarme al ordenador. El resto de los días me voy liando yo sola.

Han trasladado de centro de trabajo mi departamento. Incluso nos hemos cambiado de ciudad. Ahora, llegar a mi trabajo se convierte en una aventura diaria que a lo tonto me genera estrés. Mi nueva oficina es más amplia y hemos descubierto que en la cafetería dan unos pinchos de tortilla impresionantes a 1 euro. Esto último no sé si meterlo en la lista de pros o contras... El cambio me ha permitido reencontrarme con gente que hacía al menos dos años que no veía. Incluso a algunos que conocí al entrar en la empresa hace ya 21 años. Les veo con la misma cara pero noto el paso de los años. Supongo que quien me recuerde o reconozca pensará lo mismo.

Hoy el el cumpleaños de mi padre. Le preparé de regalo unas galletas que llevaban impresas fotos de su vida. Todo comestible. Le hizo mucha ilusión verlas pero no se las quiere comer. Está pensando en "enmarcarlas" y por más que le digo que se van a poner pochas no hace caso. Con las ganas que tenía yo de comerme su galleta de bebé...

Cuando fui a recoger las galletas pasé por una librería y se me ocurrió entrar. Allí encontré a precio de saldo, el último ejemplar que les quedaba de un maravilloso libro...


Qué posibilidades había de que yo entrara en la tienda ese día, a esa hora y encontrase el último ejemplar?
Casualidad? quizá la misma que me hizo buscar de nuevo unas figuras de Lego que llevaba buscando casi un año. Lego había anunciado oficialmente que no iba a volver a producir las figuras de las mujeres científicas. Removí cielo y tierra y las encontré pero a precio de mírameynometoques. Hace unos días, tras leer el comentario de alguien en facebook, busqué de nuevo y las encontré a la venta en el Corte Inglés a precio de buenovengava!

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Esta tarde fui a un cine madrileño, propiedad de la SGAE donde hacen ciclos de películas. En esta ocasión es un ciclo sobre "Amigas". He visto por primera vez Pepi, Luci, Bom... y a la salida, he visto (en este caso no era la primera ni la segunda vez) a una mujer con la que hace un tiempo tuve una cita muuuuy fallida. Ha pasado por mi lado y ni me ha saludado. Ya ha ocurrido otras veces... digo lo de que esta tía me vea y no me salude. Y no entiendo qué la lleva a hacer como que no me conoce. No sé, últimamente me tropiezo con bastantes tías gilipollas. Alguna incluso lee mi blog, que es lo que más absurdo me parece. 

domingo, 8 de febrero de 2015

De domingo a domingo


¿De qué sirve ver un montón de pelis si luego pierdo en la porra de los Goya con quien no ha visto ninguna?

Releo libros de hace tiempo y me sorprendo al leerlos de un modo diferente. Qué distinta recordaba alguna historia. El tiempo cambia a las personas y ya no soy la misma que leyó aquellos libros, ahora el acento lo pongo en otras cosas.

Vuelvo a ver películas relacionadas con Nueva York y dejo que la ilusión por mi segundo viaje a Manhattan vaya sembrando su semilla. Despacio. Poco a poco. De momento siento que vamos a ser los Martínez Soria por la Gran Manzana, pero soy incapaz de aventurar lo que ocurrirá una vez que estemos allí.

Contemplo los puentes que me dejé sin recorrer la otra vez. Quizá este año tenga la oportunidad. De momento son los únicos que que podré transitar por ahora. Y es que los que tengo más cerca son todos tibetanos.

Me siento improductiva. No en un sentido laboral, sino personal. Como si los esfuerzos que hago con algunas cosas no sirvieran de nada. Y eso agota mis energías. Improductiva y ajena. Parece que la vida transcurre por un sendero paralelo al que yo recorro. Sensaciones que me dejan un poso amargo y en silencio durante días.

domingo, 1 de febrero de 2015

Mis tardes de domingo


Hace muchos años, mis tardes de domingo eran de sesión continua. Eso si, de tele. Después de comer nos sentábamos donde nos correspondía a cada uno. Mis padres y mi hermano en el sofá, yo en el suelo. Y poníamos las películas que iban alternando la 1 y la 2. Cuando terminaban yo me quedaba viendo aquel maravilloso culebrón infantil... Candy Candy, mientras mi padre se iba al salón a leer escuchando de fondo la radio con los resultados del fútbol y mi madre planchaba en la cocina.

Aquellos eran los sonidos que me acompañaban... el programa deportivo de radio y los ruidos de la plancha... el vapor que salía a trompicones y el pequeño golpe que mi madre daba cuando la depositaba en la tabla.

Años después dedicaba los domingos a ir al cine. Sentada en la sala oscura, a solas o acompañada, me relajaba. Dejé de ir tanto al cine porque las salas ya no eran silenciosas y nunca me gustó oír conversaciones de fondo.

Ahora los domingos son días para nada. Sigo viendo mucho cine. Hoy, La teoría del todo, que me ha emocionado como hacía tiempo que una película no me emocionaba. Me ha recordado aquella excursión maravillosa que hice a Cambridge con mi hermana.


Sola en casa, con Lúa tumbada sobre mis piernas y Zoe durmiendo a mi lado, el sonido del domingo ha sido escuchar la respiración contenida de Felicity Jones y el pensamiento constante de Eddie Redmayne en la película. De fondo, las campanas de la Almudena y alguna sirena de ambulancia que la acompañaba. Simplemente, el rumor de la vida que pasa.





sábado, 31 de enero de 2015

Sin parar

Tengo la sensación de que no paro, de que me paso el día haciendo cosas, que tengo demasiada actividad, para lo que soy yo. Un momento después pienso que en realidad no hago nada, siento un bloqueo tremendo que me impide avanzar, que me deja anclada y enfadada. Y así voy, a trompicones y como los tentetiesos...

Las últimas semanas han estado llenas de malos rollos, historias que me quitan la energía, que hacen que pierda la calma. Al final son gilipolleces que mantienen mi atención en el afuera. Quízá es una manera absurda de defenderme, como lo de pasar tantas tardes fuera de casa, para no quedarme a solas y escucharme... puro escapismo. Estoy hecha una Houdini.

Lo bueno es que estoy viendo un montón de pelis, leyendo libros que me apetecían desde hace meses (me ha encantado Canciones de amor a quemarropa) y preparando mi segundo viaje a Nueva York.

La noche de reyes me echaron las cartas. Nunca he creído en eso, pero me dijeron algo que me resonó a propósito de mis relaciones familiares. Y supongo que estoy empeñada en que el viaje familiar a la Gran Manzana sea un recuerdo de esos que pueda guardar siempre con cariño. Aunque en mi imaginario nos veo aterrizando en el JFK como Paco Martínez Soria con la maleta y las gallinas.

domingo, 3 de agosto de 2014

Acompañar


Hace unos días vi en el cine una película  de esas que suelen pasar desapercibidas en las salas. Estrenada al mismo tiempo que simios y vídeos porno caseros en la nube, Las Vidas de Grace tiene todas las papeletas para resistir tan sólo un par de semans en exhibición.

La protagonista es una veinteañera que trabaja en un centro de acogide de menores problemáticos mientras trata de sobrevivir a sus propios traumas. Cuando alguno de los menores decide fugarse, tienen que ir tras ellos. Al mismo tiempo tienen prohibido tocarles una vez que traspasen los límites del recinto. En esta tesitura hacen lo único que pueden hacer... acompañar a los menores en su fuga.

Pero ese acompañar en el caso de Grace, no se limita a seguir a una chica maltratada por su padre por la por la calles, sino que se transforma en un viaje emocional donde comparte los sentimientos de la adolescente, donde decide involucrarse de verdad y desde la consciencia, darle su apoyo a la chica.

Me emocioné descubriendo ese significado del verbo acompañar, que va mucho más allá de lo que estamos acostumbrados a hacer en la vida. Esa consciencia puesta en el acto. Y con la querencia que tengo desde siempre por encontrar y encuadrar la vida en lapsos de tiempo pensé en mis amigas de la TR, y en lo que nos ha ocurrido la última semana. Habíamos preparado una fiesta sorpresa de cumpleaños para una de nosotras. Llevábamos semanas de preparación a escondidas y un par de horas antes de empezar la fiesta, nos avisaron de que había fallecido la madre de Alondra, nuestra incansable cuidadora....  La pilló de viaje en el extranjero y hasta el día siguiente no llegaría a Madrid.

Así que a pesar del golpe, le dimos la sopresa a la compañera y pasamos su día especial sonriendo y tratando de disfrutar al máximo de la fiesta. Juntas. Y al día siguiente, de nuevo juntas, acudimos a acompañar a Alondra a despedir a su madre.

Sentía esa necesidad de abrazarla y cuidarla del mismo modo que hace ella con nosotras. Acariciar su mirada triste y simplemente estar cerca. La veía tranquila, en paz y expresando su necesidad de compañía. Me gustó que nos pidiera algo porque no estamos acostumbradas a que lo haga.

Y me emocioné mucho, de nuevo, contemplando a mis amigas. Porque hemos aprendido a acompañar de verdad y necesitamos hacerlo. Porque más allá de los cines, las cañas, o las excuriones ocasionales, nos acompañamos en la vida (de cerca y de lejos), nos cuidamos las unas a las otras y sabemos que contamos con una red de apoyo maravillosa.



miércoles, 26 de junio de 2013

La caída de los mitos

El domingo fui al cine a ver "El hombre de Acero" No era la película que en principio habíamos elegido pero determinadas circustancias propiciaron que finalmente viéramos esta.

El cine estaba abarrotado, y eso que era en Versión Original. La sala estaba poblada mayoritariamente por gente de mi edad. Imagino que casi todos habíamos visto de pequeños Supermán en el cine y queríamos comparar...

Y comparé. No hay color.... donde esté el Supermán de Christopher Reeve que se quiten todos los espectáculos pirotécnicos que ha habido con posterioridad... La consecución de imágenes plagadas de efectos especiales es tal que no tienes tiempo de asimilar la información. Eso por no hablar de que no han respetado la historia original y que aquí el super héroe se convierte en un hombre apocado, hundido en crisis de identidad y lleno de sombras...

Te das cuenta de que aunque las pelis ahora son perfectas desde un punto de vista técnico, la historia te deja fría. Han pasado los años y ya no te crees lo que ves. Con lo que me emocionaba yo de pequeña viendo esas escenas cutres del hombre volando.... porque Supermán volaba.... este nuevo va dando "salitos!"

Y curiosamente, mientras estaba en el cine, me llegó un mensaje del novio de mi primo. Estaban en Madrid y proponían cenar. Así que al fin, después de dos años se produjo el ansiado encuentro. Había quedado anteriormente con su novio pero a él resulta muy difícil pillarle por banda.

La cena se llenó de risas y chascarrillos sobre los homosexuales y lesbianas. Destilábamos pluma... Pero lo mejor es que hubo también muchos momentos para ponernos serios y hablar de Jesús, de su bondad y de sus sombras. Esa parte que más desconocía yo y que me vino a confirmar que las personas más grandes tienen tantas virtudes como defectos y suelen ser del mismo tamaño.

Me llamó la atención la madurez y la calma con la que mi primo es capaz de hablar de su padre... y sobre todo me llamó la atención descubrir que además de ser los dos miembros LGTBI de la familia, ambos sentimos una fobia terrible a que nos miren o nos toquen los pies. Curioso...

sábado, 4 de mayo de 2013

Tantas sensaciones


Por calmar un poco los nervios del previaje sumados al síndrome premenstrual que se apodera de mí estos días, ayer decidí salir un poco de casa. Quedé con mi fisio para tomar unas cañas y ver en el cine, Tomboy. Desde aquí aprovecho para recomendarla.

Hablando de mi fisio... con esa facilidad que tengo yo para percibir las sensaciones corporales, se me hace muy extraño ir a la consulta y que me coloque vértebras o me saque y movilice la cabeza del peroné. Mi cuerpo guarda todavía en su memoria tisular las sensaciones que me producían las manos de Marta, mi anterior fisio. Y es como si mi cuerpo estuviera esperando que mi nueva fisio hiciera lo mismo, como si en cierto modo anticipara lo que va a ocurrir, en cuanto ella me pone una mano en la espalda o la pierna... y me equivocara. Así que siempre termino con el cuerpo colocadito y en su sitio y una profunda sensación de... esto no ha sido lo que yo esperaba. Supongo que es cuestión de tiempo que me habitúe a su forma de tocar(me).

Volviendo a lo de ayer, aproveché la buena tarde que hacía para bajar andando toda la calle Atocha hasta llegar al lugar donde habíamos quedado. A pesar de que eran más de las ocho, todavía algunos rayos de sol iluminaban la acera por la que caminaba. Y de nuevo ocurrió... si, volvió a sucederme. Y ahora te lo cuento a ti, Zami, en primera persona, porque eres tú la protagonista de esos momentos...

Caminaba mirando al suelo, para no tropezar, como es habitual en mí. El sol bajaba por mi espalda y a pesar del bullicio de la calle de repente el sonido cesó. Levanté los ojos pero vi que todo el mundo seguía caminando y los coches y autobuses pasaban. De hecho nada se había detenido, aunque para mí el sonido de la calle había cesado. Y entonces, en ese justo momento, en ese preciso instante, sentí que te estaba acariciando la mejilla.

Levanté mi mano derecha y miré su reverso para comprobar que no había nada extraño. No sé qué esperaba encontrar, seguramente nada, quizá era tan sólo para cerciorarme de que no había nada físico que provocara realmente esa sensación tan intensa.

Se que no es una imagen que pasa por mi cabeza, ni un deseo, ni una fantasía... es una sensación real,  física, que noto en diferentes partes de mi cuerpo.

No sé qué me provoca esas sensaciones. Es como al principio, ¿recuerdas? cuando todavía mirabas en otra dirección. Entonces había momentos en que yo sentía que me tocabas los hombros o me cogías por la cintura. Era como si todo mi cuerpo estuviera recubierto de una capa de energía (soy incapaz de explicarlo de otro modo) que yo podía percibir fisicamente y aún a distancia de ti, sentía tus manos posadas sobre esa cubierta mía.

Era tan real la sensación, que me resultaba imposible creer que tú no la notaras o que nuestras manos no estuvieran destinadas a entrelazarse durante cualquiera de nuestros abrazos. Y sucedió.

miércoles, 3 de abril de 2013

Pentimento


¿Os ha ocurrido alguna vez que habéis visto una peli, os habéis aburrido, la habéis dejado y al cabo del tiempo le habéis dado una segunda oportunidad?

El domingo, mientras decidía si me ponía el flotador o los manguitos para volver a casa, me dispuse a ver una película antigua. La medio-vi allá por los primeros 90 pero supongo que su estética setentera y sobre todo el personaje masculino me hicieron desistir.

Había leído el libro Pentimento, de Lillian Hellman hacía tan sólo unas semanas y el capítulo de Julia me había emocionado profundamente. Estaba saliendo del armario para mis amigos más cercanos y encontrarme una historia así escrita, con esa sensibilidad me servía de apoyo en aquellos momentos.

"La antigua pintura al oleo, al correr del tiempo, pasa en ocasiones a ser transparente. Cuando esto sucede, es posible, en algunos cuadros ver los trazos originales: aparecerá un árbol a través del vestido de una mujer, un niño abre paso a un perro, un barco grande ya no se ve en un mar abierto. A esto se le llama pentimento, porgue el pintor se 'arrepintió', cambió de idea. Quizá también sería correcto decir que la primitiva concepción, reemplazada por una preferencia posterior, es una manera de ver y luego ver una vez más. Esto es cuanto quiero decir respecto a la gente que aparece en este libro. Ahora la pintura ha envejecido y he querido ver lo que fue para mi una vez, lo que es para mí ahora."

El caso es que la película me decepcionó y apenas debí aguantar 15 minutos. Cuando el domingo la vi entera terminé con lágrimas en los ojos.

Sigo aborreciendo el personaje masculino. No me gusta que enfoquen la trama desde lo político en vez de la relación amorosa que tuvieron Julia y Lillian. He leído por ahí que es un canto a la amistad. La ambigüedad con la que está narrada lleva a esa confusión.

De hecho en el libro no existe tal ambiguedad puesto que Lillian Hellman escribe..."He tenido mucho tiempo para pensar en el amor que sentía por Julia, demasiado fuerte y demasiado complicado para definirlo sólo como los anhelos sexuales de una muchacha por otra. Y, no obstante, existían con toda seguridad."

Descubrir a Vanessa Redgrave de joven, con ese rostro andrógino, esas manos enormes, esa mirada abierta y receptiva....nunca vi una película suya en la que tuviera menos de 50 años y me enamoré de su esencia. Siempre me ha parecido una mujer fuerte y decidida pero en esta película la encontré además muy atractiva.

Hala! otro mito erótico


Creo que el pentimento es un buen ejercicio que deberíamos hacer todos de vez en cuando. Ayuda a poner en perspectiva un montón de situaciones, de personas... Y cómo me gustan las personas que me enfrentan a mis prejuicios y me hacen descubrir maravillas.

No quiero entrar en el debate de si es mejor el libro o la película porque en este caso tengo clara mi preferencia. Pero me gustaría que os animarais a comentarme qué os parecen ambos, si los habéis disfrutado.

Tarde de martes


Como casi cada martes desde hace ¿tres meses? quedo con "la dama de los martes" para tomar café en el Entredós. Tomar café que nunca tomamos, porque ella se da a un té que nunca le entusiasma y yo sigo fiel devota de la coca cola.

En nuestros martes compartidos hablamos de lo divino y lo humano. Con tranquilidad, con esa relajación que proporciona el sentirse a gusto con desconocidos...

Ni siquiera sé exactamente cómo comencé a quedar con la dama de los martes. Pero fue curioso nuestro primer encuentro. Aterricé en Entredós un día y allí estaba. Nada más verla la reconocí de un antiguo blog que tenía. Me acerqué a saludarla y ella confirmó que también me conocía por el blog. Nunca nos habíamos visto, escrito, hablado, comunicado...y sin embargo aquella tarde fue la primera de muchas otras que para mí suponen un remanso de paz, de risas y por qué no, de crecimiento.

La "dama de los martes" es serena en sus formas aunque la surque un torbellino. Sonrisa limpia, verbo cuidado y andar resuelto. Sus manos acompañan en ocasiones su discurso poniendo el acento que el tono de voz apenas deja traslucir.

Hoy me ha dejado en prenda un cuaderno y me ha encargado deberes. Espero poder cumplirlos. No, estoy segura de poder hacerlo. Quedan muchos martes por delante en los que yo estaré con un grupo de lesbianas hablando sobre nuestras sexualidades en un proyecto maravilloso en el que tenía muchas ganas de participar desde que me hablaron de él. Te echaré de menos.

Cuando me he despedido de la dama de los martes me he ido al cine con Zami. Hemos paseado por el centro de Madrid disfrutando de un rato sin lluvia. Por sorpresa, el cine nos ha salido gratis y casi de casualidad hemos escogido la película Amores y letras. Con unas vistas preciosas de Nueva York, del puente de Brooklym y un protagonista que por momentos era un gemelo perdido de Zami. No es una gran peli pero se deja ver muy bien y tiene algún gag gracioso.

Al finalizar la proyección, emocionada por la música de Massenet, toda tierna y con ganas de besarla le he dicho...cariño...a mis brazos....¿qué quiere decir eso?...que vengas pa'cá, coño!

Si...esa soy yo, la de los contrastes...

jueves, 21 de febrero de 2013

TVF


Mi cuerpo rechaza el tomate natural. Creo que es demasiado ácido para mi estómago. No me gusta la miel. Mi madre me la empezó a poner en la leche cuando tenía 7 años. Me pasé semanas vomitando hasta que desistió. Además me dan miedo las abejas. Tengo la sensación de que en cuanto me ven se lanzan a picarme.

Pero...I'm a bee charmer....si, adoro Tomates Verdes Fritos. He visto la película muchas veces y esta noche que la echan en la tele, una vez más. No me canso de ver la historia de Idgie y Ruth. Y casi prefiero el libro que trata de modo abierto la relación entre ellas.

Jamás me atrevería a meter la mano en un panal para sacar la miel que odio pero...desde que vi la película, allá por el 93 adquirí un curioso mantra...

Cuando estoy esperando un tren y llega, aprovechando el ruido del convoy y dependiendo de la gente que tenga alrededor...digo, grito o berrero...towandaaaaaa!! Surge como un susurro, a veces como una alabanza que se abre paso hasta encontrar su propio tono y siempre, siempre me empodera.

Si...yo grito towanda en los andenes. Invoco al espíritu de Idgie Threadgoode, la encantadora de abejas de Alabama. Y a veces hasta cuento historias acerca de lagos...


viernes, 25 de enero de 2013

Amor


Hace un par de días fui a ver la peli Amor de Michael Haneke. Todavía no había visto ninguna película suya y esta me apetecía.

Me acompañaron un par de amigas. Cuando estábamos esperando en la puerta de la sala me fijé que había una panda de señoras mayores. Para mí que hasta habían ido a la peluquería ese mismo día proque llevaban unas permanentes altas que serían la envidia de Marge Simpson.

Le dije a mis amigas que esas señoras se estaban equivocando de película. Seguramente habían oído el título, les habían dicho que iba sobre una pareja mayor y habían dejado correr la imaginación pensando en que sería algo romántico.

Nada más lejos de la realidad. A los veinte minutos de película se marcharon tres de las señoras. Al cabo de unos cuarenta minutos, una de mis amigas, que veía reflejada fielmente la enfermedad de su madre. Detrás de ella otra de las señoras. Las que se marcharon y las que nos quedamos llevábamos ya rato llorando a moco tendido.

No quiero destriparla, sólo diré que radiografía el proceso de una enfermedad incapacitante y cómo la pareja se aisla por completo para vivir esa enfermedad. Presenta el límite cruzado del amor. Cómo pensando que hacemos lo correcto nos perdemos a nosotros mismos. Creo que es la tipica película que suscita debate entre lo que creemos o nos han vendido que es el amor incondicional y lo que debería ser el amor real.

El espacio personal, la escucha de las necesidades del otro, el laberinto de la enfermedad, la soledad, la familia afectiva, el acompañamiento en la muerte, los rituales de despedida...La película es muy rica en contenido aunque las imágenes te atraviesen como dagas. Terrible, pero bella.

domingo, 9 de septiembre de 2012

De mi ventana a la vuestra


Llevo un par de días con este post en la cabeza...ahí, dándole vueltas. Pero no sé si hacer un post sobre Femicine porque trata de una película o si simplemente aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid (debe ser el río español más nombrado).

Allá voy y que sea lo que las diosas quieran...

El otro día un cine madrileño que no conocía de nada proyectó gratis una peli que tenía muchas ganas de ver desde que la estrenaron. Se trata de una hermosa película con tres mujeres protagonizando tres historias bien diferentes...

No pienso hacer un spoiler de los míos. Pero si quiero deciros, que tiene una fotografía preciosa, una canción increíble y tres actrices que lo bordan.

En un momento de la película, las tres mujeres (cada una en su historia) se cortan el pelo y eso supone un auténtico trauma para ellas. Se aprecia como el corte les supone una “amputación” de su femineidad. De hecho, una de ellas después del corte no quiere que la vea su marido, preso en la cárcel.
Ese corte implica una ruptura, una muerte de las mujeres que son, y de pronto ese pelo se convierte en un personaje más del film. Qué poder de simbolismo para las mujeres representa el pelo...

Esa escena me llevó a pensar después, en la guerra que he tenido durante muchos años con mis padres por mis cortes de pelo. La primera vez que me lo corté yo, por voluntad propia y con el tamaño que me apetecía, fue nada más terminar COU. Me había pasado todos los exámenes sujetando con una mano el largo flequillo que me caía sobre los ojos. Estaba harta de tener que escribir con una mano sujetando semejante melena (si...en aquella época la tenía) y aún me quedaba la selectividad.

Al peluquero le dije: empieza y ya te aviso yo cuando quiera que pares. Y me lo dejé al 2. A mí me encantaba. Mi madre no me reconoció cuando pasó por mi lado. Mi padre gritó de la impresión y nadie en la familia entendió por qué hacía eso. Después han venido los cortes recurrentes cada dos o tres meses. Y la posterior discusión con mis padres acerca de por qué tengo que cortarme el pelo para parecer una paleta...bueno, mi madre dice...un paleto.

Creo que con los años que llevo cortándolo aún no se han dado cuenta de que para mí ese corte, esa amputación de mi femineidad, es precisamente lo que me permite mostrar mi identidad. Ellos lo viven (creo) desde el rechazo por lo femenino y el que todo el mundo se de cuenta de que soy lesbiana. Yo lo vivo desde el empoderamiento y la asunción de quién soy. Y ya sabéis...lo que opinen los demás está de más.

Claro, este análisis del pensamiento inconsciente de mis padres y las motivaciones conscientes mías lo he desarrollado con los años. Con aquel primer corte de pelo yo sentía que por fin era yo. Coincidió con que salí del colegio de monjas, donde las había pasado canutas por el acoso escolar al que fui sometida durante años por mi lesbianismo. Aún no lo había asumido pero ya era evidente para mis compañeras de colegio. Las monjas se lavaban las manos e hicieron la vista gorda con alguna asignatura que suspendí para que me fuera del colegio. Y salir de aquello para mí supuso una liberación en muchos sentidos.

Ese primer corte de pelo si fue el modo inconsciente de asumir y declarar que no me sentía como las barbies adolescentes de mi colegio. Aquella fue la época en la que comenzaron a confundirme con un chico constantemente. Y me molestaba mucho, reaccionaba airadamente porque no me sentía un chico...claro que tampoco me sentía una chica, aunque ese es otro tema.

El caso es que esta semana, vi una foto que enseñó en facebook una bloguera en la que aparece con 14 años. Ella misma dice que viendo ahora esa foto...cómo en aquella época no le sonaba el término queer...en la foto se ve claramente a un proyecto de mujer lesbiana...el pelo, la camisa lisa de cuello amplio, la seriedad del gesto, el reloj casio negro digital en la muñeca...acariciando a un gato (jeje, esto último es lo menos lesbiano que hay en ella!), vamos, un plumón tremendo... en su inconsciente ya estaba bien plantada la semilla como quien dice y sólo le faltaba tiempo para desarrollarla.


Y pensaba yo, que muchas de nosotras tenemos momentos, o imágenes plasmadas de esos momentos, que al verlas ahora podemos decir...pero si es que era bollo total...aunque en aquel tiempo no pudiéramos o supiéramos verbalizarlo. Aunque nuestro entorno no lo advirtiese...o si.
 
 
Odio los disfraces pero con este me sentía feliz...
claro, podía mostrar mi masculinidad...
 

 
 
 
 

viernes, 24 de agosto de 2012

La usurpación del papel del poder


Continúo con mis críticas cinematográficas. Antes de seguir, quiero advertir que voy a hacer un spoiler. Este término, muy utilizado en lenguaje televisivo y cinematográfico, es lo que hemos llamado vulgarmente toda la vida “destripar la peli”. Así que si queréis verla podéis leer mi post y en el momento en que vaya a destriparla pondré el aviso de “spoiler”.


Vamos allá...la elegida para comentar hoy es Albert Nobbs. Me habían hablado bien de ella y no me la quería perder. Se trata de la vida de Albert, mayordomo de hotel en la Irlanda del siglo XIX. El papel está interpretado por Glenn Close y su personaje, por una serie de circunstancias se traviste de hombre sin que nadie sospeche que se trata de una mujer. Listo de él, Albert ahorra dinero guardándolo debajo del colchón, como quien dice. Su sueño es tener un negocio propio y pronto advertimos que está enamorado de una de sus compañeras de trabajo.


Una noche se ve obligado a compartir habitación con otro trabajador temporal y este descubre el pastel. A su vez, le confiesa a Albert/Glenn que él, también es una mujer. Le explica que vive con su esposa tan ricamente y que nadie lo sospecha.


Animado por lo que le cuenta su recién amigo comienza a cortejar a la compañera de trabajo que a su vez, está enamorada de otro hombre. Manipulada por este hombre decide aceptar los favores de Albert a cambio de que le pague y le haga costosos regalos. Básicamente esta mujer está vendiendo su compañía para darle el dinero a su “chulo” Ya en este punto la historia me chirría pero todavía aguarda lo “mejor”.
 
El: pues parece que refresca, eh?
Ella: si...menos mal que me he traído la rebequita
 

SPOILER

Un día Albert va a casa de su amigo y la mujer le cuenta que ha muerto por unas fiebres. Desesperado decide lanzarse a vivir su sueño con su amada en una clara mitificación de la pareja heterosexual. Pero al intentar defender a la bella damisela de la agresión del señorito que se la estaba beneficiando, Albert recibe un golpe en la cabeza y muere. Final de la historia.


Termina la película y reconozco que me cuesta un rato sobreponerme. No puedo creer que después
de filmar una historia tan bien ambientada, con unos personajes en algunos casos deliciosos y bien trazados me haya encontrado con esa "vuelta de tuerca" del guión. Las dos mujeres que se atreven a usurpar los “papeles de poder” mueren. Me queda la duda, eso si, de si la muerte es el castigo por hacerse pasar físicamente por hombres o por el hecho de conquistar féminas y arrebatarlos al “verdadero propietario”.


Está claro que para el autor de la novela y los guionistas de Hollywood, la mujer debe ocupar siempre el lugar que le asignan. Aspirar a cambiarlo, querer mostrarse de un modo diferente a como nos imaginan, se castiga duramente.


THE END


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