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jueves, 18 de agosto de 2016

Al norte del viento del este


Hoy he descubierto que hay un faro junto al mar de esa tierra que nunca quisiste. De repente he sentido la necesidad de llegar hasta él. De que su luz me descubra tus huellas. O alumbre el camino que me pueda llevar hasta ti.

Me he apresurado a escribir a una amiga y me ha prometido que iremos.
Hace un otoño, estuvimos sin que yo lo supiera, a 3 kilómetros al sur del faro. Buscábamos cruzar las rocas donde las olas se resquebrajaban y llegar hasta la playa. Aspiré el olor a salitre y dejé que la espuma me empapara. No pudimos pasar hacia el otro lado. Corríamos el riesgo de caer sobre ese mar poco tranquilo.

Mi vida parece la historia de los faros que no pude tocar. Quizá si hubiera podido llegar hasta ellos no necesitaría cruzar tantos puentes. Quién sabe.

Cuando subí a visitarlo el acceso estaba cerrado por la obra de la remodelación que le hicieron


Paseando con la activista coqueta por el puerto de Santoña, se nos hizo tarde y no pude llegar a tocarlo.
























La carretera cortada. El acceso cerrado.... Pero pude bajar hasta la playa y encontrar un paraje tan hermoso que me dejó sin palabras.










Me encaramé a su muro Pude ver que allí vivía una familia. Me dio miedo saltar la pared encalada por si me veían los niños que jugaban a la pelota.

Volveré este otoño a esa playa donde sopla el viento del este. Acariciaré la marisma y contemplaré el vuelo de los charranes y las gaviotas. Vadearé las dunas y te soñaré con el pelo revuelto teñido de nubes.

El faro me espera. Y yo a ti.


Y  contemplar el atardecer desde el faro...


* todas las fotos han salido de Internet

miércoles, 13 de agosto de 2014

El mundo de las pequeñas cosas


Mientras pasan los días sin que encuentre el modelito que llevaré al bodorrio descubro que hay un puente ya mismo!

Si, soy así de boba. En mi trabajo se curran los festivos y no estoy acostumbrada a fijarme en el calendario. Cuando me enteré que había un viernes festivo y que no me tocaba trabajarlo empecé a dar palmas con las orejas!

La última vez que tuve un puente libre fue en mayo del 2012, hace ya más de dos años... uf! cómo pasa el tiempo. Recuerdo especialmente el último día que pasé en Cambrils, cuando pude disponer de una playa vacía practicamente sólo para mí y la amiga con la que compartí aquel día. Eran momentos de libertad, en los que me sentía tan a gusto conmigo misma, que terminamos desnudas y bañándonos tal cual.

No, ya no son esos tiempos. No he previsto nada para el puente. Me encantaría escaparme y poder volver a tumbarme desnuda sobre la arena. Galicia me está llamando. Ultimamente todo me lleva en pensamientos hasta allí.   N e c e s i t o   e s c a p a r m e  Sueño con coger un tren y poder contemplar el mar de nuevo. Los días de junio me supieron a poco.

Pero me descubro habitando el mundo de las pequeñas cosas, donde frente a mi necesidad de que algo ocurra, imperan los susurros, los sueños soñados en bajito, los leves sentimientos, la belleza de lo sencillo, quizá hasta el anhelo de una soledad compartida con alguien semi desconocido.

Me quedaré estos días por aquí, intentando cortar de una vez los flecos que me lastran. Una vez que tenga el traje podré respirar mucho mejor. Mientras, contemplaré las nubes y disfrutaré con las gatinas del descanso. Comienzo ya a preparar en mi cabeza la lista de lo que necesito para cruzar en pocos días tantos puentes que me esperan.

viernes, 19 de julio de 2013

Necesito vacaciones YA!

Necesito descansar, dormir las horas que me pida el cuerpo y no las que me limite el despertador. Estar tumbada, mirar las nubes pasar, oir el mar, contemplar el profundo azul. Necesito no tener horarios y dejar atrás el aire de la ciudad. No hacer nada que no me apetezca. No tener que hablar si no quiero hacerlo. Que mi rostro llegue tan pausado como mis abrazos, que mi sonrisa aparezca, me sorprenda y se quede a habitar.


Necesito cerrar los ojos para ver, escuchar la sangre discurriendo dentro de las débiles fronteras de mi piel. Quiero volver a sentir la más leve brisa rozándome.

Quiero descalzarme y pisar rocas, sentir el frescor del agua, empaparme de presencias y ausencias, jugar, leer, escribir, reir, crecer.

Acariciar la tierra, abrazar un faro. Dejarme mecer con las olas, que la marea me alcance y me cale el alma. Cobijarme bajos las estrellas y aullar a la luna.


Quiero desnudarme y ser yo.

martes, 23 de octubre de 2012

Al final, siempre el mar


 
Este fin de semana les devolví la visita a Siempre Suya y Laquetecuén. Estuvieron para el Orgullo en el Rincón del Arco Iris y aprovechando mis vacaciones me propusieron subir a verlas.

La verdad es que antes de ir estaba un poco acobardada. Anunciaban gota fría con 180 litros por metro cuadrado. Ays! Si mi abuela meteoróloga levantara la cabeza...pasamos el fin de semana en manga corta. Tan sólo el domingo por la tarde llovió con fuerza. Quitando eso hemos visto el sol la mayor parte del tiempo.
 
 

Para recibir a la visita (no solo iba yo) el viernes 19 Siempre Suya nos preparó "el desarme", comida típica ovetense consistente en un guiso de bacalao, espinacas y garbanzos (los callos tuvo la delicadeza de omitirlos). Y de postre arroz con leche. Hala!! claro, con eso nos dejó desarmadas y derrotadas, al menos a mí.


El fin de semana ha transcurrido tranquilo paseando por una ciudad que no conocía y que me ha resultado preciosa, llena de los colores que me gustan, las piedras de los restos históricos, el azul del cielo, el verde del mar...
 
 

Vi por segunda vez Lo Imposible. Quería romper a llorar, desahogarme, dejar que las lágrimas brotaran y rodaran. Pero nada.

Ayer por la mañana, mi anfitriona nos llevó al espigón de su ciudad. Antes había visto el mar desde diferentes puntos pero curiosamente en esta ciudad para ir al paseo marítimo hay que subir, en vez de descender.

Mientras enfilamos en paralelo al Mediterráneo, vi el mar con el sol incidiendo sobre él. Los reflejos de la luz...las nubes posadas sobre el cielo, ese color tan especial...De pronto mis ojos se humedecieron y comprendí que de alguna manera mi ser interior conecta profundamente con el agua. Pero no con el agua enlatada de la película, sino con ese mar o cualquier océano que me presenten. El mar mueve mis emociones y las deja aflorar de una manera especial.
 

Han sido días de luces y sombras, de acompañar y compartir, de sonreir y llorar. Vivir. Tan sólo vivir. Y al final el mar, siempre el mar...
 
 
 
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Que el cielo se derrumbe




Vuelvo a casa hoy del trabajo y contemplo unas nubes oscuras y preciosas sobre el cielo de Madrid.

He tenido una mañana complicada, lo que en términos coloquiales se llamaría una mañana de cojones.

Y ese cielo, con las nubes de contornos definidos, representa la realidad a día de hoy. Esas nubes son el anuncio de un otoño que no presagia nada bueno.

Hoy tengo el alma cansada y pierdo la fé en las personas. Hoy recuerdo que las sonrisas son efímeras. Hoy siento dolor en los ojos por haber contemplado instantáneas llenas de tristeza.

Y miro el cielo...y sólo quiero que descargue sobre mí, que deje caer el agua y ese agua me anegue. No quiero que me arrastre, no. Sólo quiero quedarme en mitad de la calle y que el cielo se derrumbe sobre mí.  Descubrir de nuevo que estoy viva y que el agua me de el empuje que necesito

Tras el vendaval que hubo la noche del domingo al lunes, quiero sentir el agua azotando mi rostro, las nubes dejando caer litros de agua que inunden este plano que toca vivir hoy. No quiero más que el agua me rodee y ya es bastante.





miércoles, 29 de agosto de 2012

El tinado


He pasado el fin de semana en un tinado en la sierra de Madrid . Subí pensando que sería un cobertizo chapucero donde guardar el ganado y me encontré con una casa de piedra, con un espacio diáfano dentro, en dos alturas y perfectamente preparada para pasar un par de días geniales.



Perdida, en lo alto del cerro de la Mujer Muerta, a unos 500 metros de un camino que conduce a una carretera comarcal...vamos, aislada...sin luz, sin enchufes y con la batería del móvil a punto de acabarse. Si...eso es desconectar de verdad...

A mis pies el valle con el Atazar...Lejos, muy lejos...se percibían los perfiles de Madrid...pero mis ojos se detenían en la extensión de agua al sur y en el cielo azul sobre mi cabeza...En ese paraje sólo el viento rompía el silencio mágico y de vez en cuando el ladrido de las dos perras que guardan el ganado que sube en invierno...




Tan sólo hacía falta mirar en rededor para conocer la historia del lugar...Las láminas de pizarra ancladas a la tierra, peinadas día tras día por el viento, aparecían dispuestas en la misma dirección... Esa pizarra que los lugareños han utilizado durante años para protegerse del frío, del aire, incluso del sol...



Caminamos por el bosque y nos bañamos junto a la presa. Volvimos a ser las de siempre...mis heteras y yo...comentando lo que nos preocupa o sobre lo que nos hace felices ahora mismo...quizá era demasiado pronto para hablarles de lo que me provoca tantas sonrisas estos días...

De noche, cenamos bajo un manto de estrellas, sintiendo la increíble inmensidad del cielo... Y allí, situada frente a mí, sólo necesitaba alargar mi mano para rozar la osa mayor. En ese instante, mientras pensaba en cómo podría capturar la belleza de lo que veía y regalársela a otros ojos...apareció brevemente una estrella fugaz para animarme a pedir un deseo. Y lo hice.

De vuelta al tinado, prendí las velas que había dispuesto en el suelo para llenar de magia y luz aquel lugar, antes inhóspito. El simple cobertizo para el ganado se transformó en una casa cálida donde abandonarse al placer de sentirse viva. La sesión de risas nocturna bañadas con mojitos caseros sirvió de preámbulo para que las 7 enanitas nos echáramos a dormir agotadas.



Esta semana de nuevo en Madrid, con muchas ganas de mimar a Zoe y Lúa, con la ilusión puesta en el puente que cruzaré en las próximas semanas y la confíanza en todas las estrellas que me contemplaban esa noche y que se han confabulado para ordenar mi universo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Soy de colores

Los días que llueve soy de colores. Saco mi enorme paraguas del Circo del Sol y camino por la ciudad bajo el arcoiris que me niega el cielo.



Estos días me vuelvo torpe. Mi estado natural no es llevar paraguas y parezco un tentetieso andante por aceras encharcadas. Doy pasos cortos, evito mojarme los pies y cuando se acerca un vehículo deprisa corro a esconderme detrás de algún árbol para no volver a vivir la experiencia de la "ola urbana"

No sé por qué la gente se empeña en que llueva. El agua se necesita en el campo y donde suele llover más es en las ciudades. Las moles de hormigón gris se vuelven tan torpes como yo cuando están mojadas. A veces pienso que la lluvia en Madrid es una venganza del cielo, harto de la contaminación con la que le obsequiamos. Cuando ya no puede más con el peso de la polución, nos devuelve toda la porquería en forma de lluvia, casi ácida.

Y no es que no me guste el agua. Cuando de pequeña estaba en los campamentos me encantaba oir llover desde dentro de las tiendas de campaña. Nos refugiábamos en la tienda grande y contemplábamos cómo el agua caía mansa. Entonces...el cielo simplemente le devolvía vida a la tierra y esta, agradecida la absorbía.

Solía quedarme en mitad del campo si la lluvia no era fuerte. Extendía mis brazos y miraba al cielo. Hasta me atrevía a abrir la boca para sentir la humedad en mi lengua. Me gustaba notar las gotas cayendo por mi rostro y calando hasta el alma. Al igual que la hierba, recibía agradecida el agua. Entonces no se me ocurría cubrirme con paraguas.


sábado, 17 de marzo de 2012

Lo que pude ver

Antes de ayer volvía a casa después de pasar un día puñetero. En dirección este, al atardecer, unas filas paralelas de nubes poblaban el cielo. A esa hora ya no me molestaba tanto la luz y me levanté las gafas para poder contemplar el espectáculo.

Ordenadas, como si siguieran alguna prescripción ¿divina?, las nubes parecen elementos geométricos o matemáticos del cielo. Pero yo que soy de letras, no puedo dejar de verlas como preciosos trazos de un lienzo enorme, versos dibujados en el aire de los atardeceres.

Volvía a casa y contemplaba el cielo sintiendo que es uno de los mejores regalos que me da la vida casi a diario. intentaba apresar con mi mirada las formas, los colores, los matices...




Aparecían algunos lunares, en forma de nubecillas más oscuras. Sé que todo el mundo está rogando para que llueva y que es muy necesario. Pero mi parte más egoista necesita la luz natural y los colores pastel. Así que le propongo un trato al cielo...que llueva cada noche y que de día, me deje contemplar imágenes en las que se alternen cielos azules con pequeños trazos de nubes.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fuxir


Recordo cando fuxía ao norte. Alí atopaba o verde que añoraba, a auga que me daba vida, a lúa chea que aparecía entre nubes. Poboaba os meus soños dos cheiros do mar, ancoraba nos meus dedos o tacto dos bosques e arrolábame nos sons dos acentos.

Contemplo desde o balcón os paxaros que emigran. Gustaríame voar con eles e afastarme. Porque hai días que este mundo non o entendo.



viernes, 18 de noviembre de 2011

Fotografías sobre un marco nuevo


Mi periplo hospitalario aún continúa. He tenido que ir al neurólogo. Ya no cabe duda, estoy mal de la cabeza. Sé que acabo de confirmar vuestras peores sospechas. Tranquilas...también las mías...

Pero harta de tanto trajín, médico va, pastilla viene...decidí hace unas semanas regalarme algo para celebrar el aniversario. ¿Qué aniversario? Pues el mío propio. Hace un año que comencé con mi crisis de ansiedad y al paso que voy dejaré en ná la económica!


Pues eso, que aproveché el fin de semana del aniversario y una invitación sureña recibida para lanzarme a la aventura. Normalmente preparo los viajes con mimo y cuidado. Elijo bien el destino, me busco información y mapas y cuando llego casi casi ya lo conozco.  

Ahora bien...esta vez fue completamente diferente. Me dejé llevar por mi intuición y me subí en un avión con mi oboe como único equipaje, rumbo a una isla. Si, una isla de esas que aparecen en los folletos turísticos. Ese destino que promete y garantiza sol y juerga. Pero algo debió suceder durante el sueño que eché en el avión. Estoy segura de que un capitán Garfio moderno secuestró el avión y me llevó a una isla perdida en mitad del océano. Desaparecida de los mapas para que nadie acceda a ella. Si, estoy convencida de que cambiaron mi lugar de destino y me llevaron al lugar más especial de la tierra.

Un lugar mágico, alejado del sol, lleno de nubes, brumas y nieblas. Pero lejos de ser frío, lo habitaban dulces personas. En especial la que me acogió y la que se encargó de llenar mis oídos de música preciosa.

Cómo puedo explicar lo largo que se me ha hecho este viaje... Fueron cuatro días que parecieron meses por todas las vivencias...Quizá es que en vez de recorrer 4.000 kilómetros me fui mucho más lejos. Por momentos pensaba que había llegado al límite del mundo.


Surcamos caminos donde parecía que acababa el planeta que conocemos. Recorrí senderos propios de la Tierra Media, abrí los ojos buscando hobbits y estreché una mano para guiarla ciega por el mundo de los sentidos.  


Más allá de las nubes no cabía definición alguna conocida. Las palabras dejaban atrás sus posibles significados Simplemente fueron días de abrir el alma en canal y dejar que se empapara...con la lluvia horizontal, con las notas de su guitarra, con la mezcla de acentos, con los silencios compartidos, con la belleza de las ballenas, con la textura de los árboles que abrazamos, con el color de su voz, con el gusto del agua salada, del mejor salmón que comí en mi vida, con el sabor del vino afrutado...con la marea verde de su mirada, con el espíritu de Junior prendido en mis pupilas, con cada abrazo en que nos encontrábamos...





He vuelto enamorada de un príncipe amarillo, he llegado con la las nubes que pude atrapar en mi maleta y Silvio en mis oídos. Ojalá...Ojalá nos encontremos de nuevo en algún breve espacio...my huckleberry friend...



jueves, 1 de septiembre de 2011

La suma de los momentos

Qué verano más extraño. Si echo la mirada atrás creo que ha sido mi mejor verano de los últimos años. No es que haya ocurrido ningún suceso que considere asombrosamente especial pero lo afirmo sin ninguna duda. Ha sido mi mejor verano.


Tal vez se deba a que soy una coleccionista de momentos. No creo que exista la felicidad como estado absoluto pero si creo que se puede ser feliz en algunos instantes. Y yo los persigo. Más que perseguirlos en realidad dejo que lleguen y cuando lo hacen, los vivo con intensidad. Sé reconocer aquello que me hace feliz y procuro exprimirlo al máximo. Después lo atesoro en mí, lo anclo a mi Alma para que la sensación de felicidad perdure todo lo que sea posible. Y cuando ese momento acaba, lo dejo marchar por su camino esperando que llegue el siguiente.

Hay gente a la que le resulta extraño, o simplemente no pueden entender que disfrute tanto con algunas cosas, incluso las que son muy sencillas. Pero como llevo unos días chungos, voy a recordarme a mí misma los momentos de los 3 últimos meses. Esos, que sumados logran que haya sido mi mejor verano.

Voy a dejar que me acaricie el sol en la Huerta de La Bomba y a bañarme desnuda en la piscina junto a mis compañeras de curso, caminaré de nuevo por la Gran Vía en una tarde colorida agitando banderas arco iris, disfrutaré con la presencia en mi casa de Candela, Pena Mexicana, su gûera y Farala. Dejaré que la madrugada transcurra plácida entre conversaciones sin fin...abrazaré a Zoe,a Laika y le agradeceré a Toba que se quede a mi lado algunas noches. Bailaré al ritmo de las canciones del verano haciendo dúos improvisados con Pena o la Gûera, remaré por un río silencioso mientras admiro los reflejos del sol en el agua y contemplaré las nubes en un atardecer del cielo de Granada.

Colgaré de mi noche las estrellas y una vez más la luna llena en tu ausencia. Seguiré haciendo mi vida, una vida en la que ya no estás tú... pero que está llena de mí.  

martes, 14 de septiembre de 2010

Parcialmente nuboso con posibilidad de lluvia

No sé que tiene el cambio de estación que siempre me pilla a contra pié.


Después de la calidez del verano, de sus atardeceres limpios, de dejar que el sol acariciara toda mi piel me sumerjo en la marea de la ciudad y me olvido de los días de paz en menos de lo que tarda el metro en ir de Gran Vía a Sol.



El hombre del tiempo anuncia agua y siento como mis huesos comienzan ya a quejarse. Que no, que no llegue la lluvia, que ya bastante me mojé el invierno pasado. Mi alma se encoge anticipando la imagen de las nubes cerradas y mi corazón pide que asome un arcoiris incluso antes de que caigan las primeras gotas.




miércoles, 14 de julio de 2010

Vuelta a las nubes

Hace unos días, le comentaba a un amigo la importancia para mí de mirar las nubes. Volver mi vista hacia ellas me proporciona una paz increíble. El cielo es donde halla equilibrio mi melancolía o mi furia. Pero en momentos de tensión, o épocas malas, olvido con frecuencia el bienestar que me produce mirar al cielo...

Hoy ha venido a buscarme a casa la activista coqueta. Me traía unas picotas de su pueblo, en el límite entre la comarca de la Vera y el Valle del Jerte. Me voy a poner morada!!





Después hemos ido a buscar a la Abuela Cebolleta. Esta mujer vive en un ático con vistas al Seminario de Madrid, un precioso edificio de finales del siglo XIX.



Mientras contemplaba el edificio de ladrillos a la luz del atardecer, he recordado lo mejor que tenía cuando vivía con mis padres...los diferentes cielos que se podían contemplar al atardecer desde aquel piso 14.....Entre las fachadas de las construcciones horrorosas de los años 70 podía ver asomar nubes, retazos de plumas cosidas al cielo que desfilaban ante mí...



Hace años subía a la azotea de la casa de mis padres, en la hora mágica del atardecer, para contemplar cielos como este.

Desde el piso 15 contemplaba los cielos en llamas, Madrid anocheciendo, e imaginaba cómo sería volar por toda la ciudad. 

Allí... con el mundo a mis pies, en una ciudad que me cruje hasta los huesos pero que no puedo dejar de amar, forjé mis sueños adolescentes llenos de anhelos y querencias.

En aquellas tardes lánguidas soñaba que mundos diferentes eran posibles, y los colores me transportaban hasta universos paralelos auspiciados por banderas arcoiris...

Oía desde la altura el latido de la ciudad y me dejaba seducir por los sonidos subterráneos de otras vidas.

Me empapaba de los colores cambiantes del cielo intentando que mis retinas guardaran para siempre tanta belleza. Hasta que descubrí que los colores nos los guarda la retina, sino que permanecen anclados al Alma para recuperarlos cada vez que los busco con un simple parpadeo.

Un día cerraron el acceso a la azotea, a mi mundo de sueños. Y comencé a pensar que quizá el hacerse adulto implica que te prohiban soñar. 

Pero me queda mi universo de colores... cada atardecer.


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