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viernes, 31 de julio de 2015
Noviembre eras tú
Hay canciones que se alojan en ti. Canciones, películas, poemas, noches... y mujeres. Nada más descubrirlas se hacen un hueco, te erizan el alma y se encaraman a tus orillas convirtiéndose en marea.
Había luna llena cuando la conocí al sur de mis caminos. Al mediodía ya me había enamorado de su acento. Noviembre llegó con luz y calor, con volcanes y melodías, con susurros y amnesias contenidas. Noviembre me llenó de agua, de puntos suspensivos, de una hora demorada, abrazos y latidos.
Noviembre eras tú, intensa como aquella tarde en la penumbra de nuestra piel. Incienso, música, en mis pupilas Benedetti y de mis manos mil caricias. Noviembre lleno de aire fueron silencios, madrugadas y promesas al este de tu vida.
Y noviembre fue esa mujer que se retira.
Un sueño me seguía. Te esperé. Pasó la vida. Cuando volviste, el recuerdo de tu voz ya no dolía.
Noviembre, al norte de la lucha y siempre poesía.
Hay canciones que se alojan en ti... y mujeres que se alejan. Pero hay momentos en que las canciones desglosan los recuerdos. Y cuando escucho la guitarra y la voz rasgada aparece ese noviembre que esta noche ha venido a visitarme.
jueves, 23 de julio de 2015
Aquella playa
No he vuelto a aquella playa desde entonces. Ni a escribir nombres en la arena. Y hace ya cinco años.
No, no he vuelto a aquella playa desde entonces. La arena aún guardaba la huella de su huella. La que depositó el verano anterior cuando fuimos juntas y que aún hay días que duele.
Después llegaría mi enfermedad, el año de baja, el curso de TR, las gatas... después llegarían otras pieles, con sus nombres, sus rizos, mil sonrisas y cien lágrimas, con dudas, lunas, canciones, temores y palabras.
Llegaste tú y no te supe ver. Sólo alcancé a adivinar tu presencia lejana y tu ausencia tan cercana. No te supe ver. Joder... simplemente yo no estaba.
Llegaron otras playas donde recalé, pero ya no he dejado mi huella. Ahora camino descalza, descubriendo la textura de la arena. Arrastrando los pies para evitar que formen letras.
En este tiempo he aprendido que cada una es dueña de lo que siente. Y atesora recuerdos de un pasado que sólo existe entre nieblas. Nos quedamos con lo que nos resuena.
Ahora mi memoria se viste de presentes. Y a veces miro a las mujeres que me rodean. Pienso si alguna es la que tenga que llegar. Si alguna habrá depositado ya su mirada sobre mí. O si ven más allá del afuera.
No, no he vuelto a escribir nombres en la arena. No quiero hacerlo. No creo que pudiera.
sábado, 28 de marzo de 2015
El sentido adormecido
Hoy te he olido. Bueno, no a ti, exactamente. Estaba en un bar, en Lavapiés. Charlaba con unas amigas y de repente me ha llegado un olor que he reconocido al instante. He tratado de seguir el rastro de ese olor y de manera inconsciente te he buscado entre la gente. Pero no, no estabas.
Me he sorprendido al darme cuenta de que no recordaba en absoluto tu olor hasta que lo he olido. Y en ese momento lo he identificado perfectamente contigo. De nuevo he posado mi nariz en tu cuello como hacía al abrazarnos. Y he vuelto a aquel frío colchón y las velas que nos iluminaron aquella noche. He vuelto a las sombras que bailaban sobre la pared mientras nuestros cuerpos ejecutaban la lenta danza del sexo. La habitación guardaba otros olores intensos pero el tuyo me anegaba. Y ese olor se transformaba en mi deseo. Si...cómo te deseaba. Cada célula de mi cuerpo te estuvo buscando durante meses hasta que te encontró. Hasta la tarde de sofá en que se entrelazaron las caderas y dejamos atrás el único sentido que nos incomodaba, el sentido común.
Aquel deseo dolía. Dolía mirarte y verte sonreír. Dolía tocarte y notar al momento las corrientes que me erizaban el vello. Pero sobre todo, dolía saber que calmar aquel deseo nacido de la honestidad, sólo traería silencio. Que la intensidad se diluiría entre líneas y espacios. Que abrirías la veda del reproche. Que mi nariz ya no buscaría tu olor. Hasta esta noche.
Esta noche te he olido. Pero ya no eras tú. Erais todas las mujeres que alguna vez deseé. Éramos nosotras danzando al son de las pieles y de todo lo que hay más allá y casi nunca alcanzo a tocar.
Mi sentido adormecido ha despertado y de la manera más primitiva me ha recordado cuánto te deseé. Algunos olores, como el tuyo, quedan anclados en el subconsciente. Pero no, no vivo de recuerdos. Hace mucho tiempo que vivo de amnesia. Tal vez haya llegado el momento de que todos mis sentidos se activen de nuevo.
Me he sorprendido al darme cuenta de que no recordaba en absoluto tu olor hasta que lo he olido. Y en ese momento lo he identificado perfectamente contigo. De nuevo he posado mi nariz en tu cuello como hacía al abrazarnos. Y he vuelto a aquel frío colchón y las velas que nos iluminaron aquella noche. He vuelto a las sombras que bailaban sobre la pared mientras nuestros cuerpos ejecutaban la lenta danza del sexo. La habitación guardaba otros olores intensos pero el tuyo me anegaba. Y ese olor se transformaba en mi deseo. Si...cómo te deseaba. Cada célula de mi cuerpo te estuvo buscando durante meses hasta que te encontró. Hasta la tarde de sofá en que se entrelazaron las caderas y dejamos atrás el único sentido que nos incomodaba, el sentido común.
Aquel deseo dolía. Dolía mirarte y verte sonreír. Dolía tocarte y notar al momento las corrientes que me erizaban el vello. Pero sobre todo, dolía saber que calmar aquel deseo nacido de la honestidad, sólo traería silencio. Que la intensidad se diluiría entre líneas y espacios. Que abrirías la veda del reproche. Que mi nariz ya no buscaría tu olor. Hasta esta noche.
Esta noche te he olido. Pero ya no eras tú. Erais todas las mujeres que alguna vez deseé. Éramos nosotras danzando al son de las pieles y de todo lo que hay más allá y casi nunca alcanzo a tocar.
Mi sentido adormecido ha despertado y de la manera más primitiva me ha recordado cuánto te deseé. Algunos olores, como el tuyo, quedan anclados en el subconsciente. Pero no, no vivo de recuerdos. Hace mucho tiempo que vivo de amnesia. Tal vez haya llegado el momento de que todos mis sentidos se activen de nuevo.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Ponemos mil excusas
Llevo unos días dándole vueltas al tema del amor, las parejas, las rupturas... Ayer hablando con una amiga de fuera de España le comentaba que la crisis ya no es sólo económica sino que está arrastrando a las personas. Me da la sensación de que se está llevando por delante las esperanzas, las ilusiones....
Cuando estuve en terapia por mi ansiedad, motivada por acoso laboral, la psicóloga me explicaba que los humanos no dejamos de ser primarios en algunos aspectos. Cuando vemos que corren peligro nuestras necesidades más básicas como la comida o el refugio nos sentimos tan amenazados que podemos venirnos abajo o incluso ponernos agresivos...el miedo saca lo peor de nosotrXs.
Y es posible que eso haga que nos centremos en conservar lo que tenemos pero a un nivel totalmente personal. Egocéntrico, en el buen sentido de la palabra. Dicho en castellano burdo...no tenemos el chichi pa' farolillos y no queremos arriesgar de más, que bastante complicada está la vida.
El sábado caminaba con Alondra por el campo. Era una senda preciosa, sobre un meandro que originó el Ebro hace miles de años, con un pueblo lleno de cascadas y casitas de piedra al fondo del valle. Nos paramos y me dijo señalando el horizonte...has visto qué belleza? Me salió de dentro decirle...si, pero también la belleza camina a mi lado... No pretendía ponerme en plan cursi, ni quedar bien...simplemente me salió, de forma natural.
Ayer nos volvimos a ver y recordando lo ocurrido, me decía...Ay, la cieguitaaaaa...
Entendí que igual que yo le había dicho de modo humilde y sin ninguna pretensión que al mirarla contemplo a una mujer bella, ella no puede aceptar el cumplido sin más.
Recordé unos versos de un poema que encontré en Internet hace unos días y que dicen..."Nos dimos mil excusas para evitar querernos"...Si, ultimamente me encuentro con bastantes personas que no quieren complicaciones, que prefieren conservar el "estatus" que tienen, sea bueno o no, en términos objetivos. Quizá la crisis nos ha llevado hasta ese extremo...tenemos pánico a arriesgar nada porque somos incapaces de pensar ahora mismo en lo que podríamos ganar. Sólo podemos centrarnos en no perder, en no pasarlo mal...o peor de cómo estamos ya...puro instinto de supervivencia. Entiendo ese punto pero no puedo evitar sentir tristeza por ello.
Y luego están las que mandan a la mierda lo mejor que tenían porque están demasiado preocupadas por su exclusivo y supuesto bienestar. Las personas que se dejan llevar por la crisis y no es que arriesguen, es que juegan a perder.
Señoras...visto el plan...las que nos quieran, que nos quieran... las que no nos quieran, que no nos jodan.
martes, 4 de septiembre de 2012
Sobre los tiempos verbales
Hay días de infinitivos...y esos días
me gustan porque me animan a hacer un montón de cosas. Lo habitual
es que me quede reposando pero los días de infinitivos me pongo las
pilas y empiezo a solucionar temas, a actuar.
Traducido al presente de indicativo;
ando, hablo, cambio, ordeno, envío, limpio...no paro. Aprovecho el
momento del infinitivo para solucionar cosas pendientes.
Y es que yo soy así...veo las cosas de
lejos, me acerco, las pienso, las maduro y de repente un
día...zas...no soporto más y las resuelvo. Recuerdo la estantería
de casa, que la tenía hecha un desastre y estuve meses sentada en el
sofá, enfrente de ella. La miraba y pensaba...tengo que arreglarla,
pero era incapaz de ponerme a ello. De repente, una tarde que estaba
viendo la tele, me fijé en un libro que había, me levanté y
comencé a ordenarla.
No sé qué clase de clik hace mi
cerebro para que salten los infinitivos...ojalá lo supiera para
poder provocarlos...pero es así.
Lo bueno de cumplir años (fue a
primeros de agosto) es que he podido soltar algunas cosas que me
estaban lastrando. Ha supuesto un revulsivo para mí. Ese día algo
hizo clik y un tema que llevaba arrastrando desde...uf!...casi desde
que abrí el blog...de repente apareció con su solución al lado,
saludándome de tal manera que era imposible hacer caso omiso.
Los infinitivos son mis mejores tiempos verbales porque implica acción, movimiento en mí. Pero no sólo el movimiento en si, sino también empezar y terminar. Para alguien dado a la dispersión como es mi caso, se agradece.
Y luego hay días como hoy...que navego
entre los gerundios y los pretéritos perfectos compuestos. Oscilo
entre el “ando” y el “he ...ado”.
Me da por pensar que los gerundios son
de las personas que nunca se rinden, que pelean, Personas a las que
les resultan un poco complicados los infinitivos y tardan en
llevarlos a cabo. Por el contrario, se me ocurre que una persona de
pretéritos perfectos compuestos es alguien que yace agotada, que ha
decidido abandonar la pelea, que renuncia al gerundio para poder
descansar.
Por un lado estoy muy contenta de
cerrar algunos temas que me pesaban. Y por supuesto sigo bregando por
encontrar lo que busco. Pero no voy a seguir escribiendo sin tener la
certeza de que he dado con un camino abierto...
Ya ves...yo que debería ser de
pretéritos perfectos simples....
jueves, 24 de mayo de 2012
Cincuentañeras
Hace dos años o así cuando comencé a
tener más trato con Vito (célebre feminista española) alguien me preguntó que si me enrollaría
con ella. No. Fui tajante en mi respuesta. En primer lugar porque no
me atrae nada fisicamente (ni yo a ella, por supuesto). En segundo
lugar porque es una mujer de cincuenta y tantos y nunca me había
planteado tener sexo con una mujer “tan mayor”. Antes de que
saltéis...tened en cuenta que yo aún no he cumplido los cuarenta...
El caso es que el verano pasado, sin
comerlo ni beberlo, me enrollé con una cincuentañera.
Miento...comimos y bebimos, sobre todo chocolate y coca cola...
Bromas aparte...me refiero a que no me esperaba esa historia en
absoluto. Nunca me había fijado en una mujer de esa edad pero
después me quedé pensando que (veo que saltáis otra vez), para la
edad que tenía, lucía un cuerpo estupendo.
Lo cierto es que de primeras no me fijé
en su cuerpo. Entre nosotras se instaló una corriente de complicidad
en un momento determinado. .Admiraba a esa mujer y la sentía cercana
y tierna, con ganas de darse y de disfrutar a tope de la vida.
Por razones que no vienen al caso la
historia no duró apenas pero me quedó un grato recuerdo de los
momentos vividos y por supuesto, me hizo reflexionar. Me di cuenta de
que no debía cerrarme a mujeres de ese tipo pensando que la edad
marcaba una diferencia insalvable. Desde ese momento he encontrado a
diferentes mujeres cincuentañeras con las que no me importaría
tener un rollo. Sigo pensando que no quiero una relación seria con
alguien que me saca tantos años pero me atraen lo suficiente como
para compartir momentos intensos y únicos...
Hace unos meses ligué con otra cincuentañera que me parecía atractiva. Fisicamente tenía rasgos que me gustaban mucho. Y me parecía que tenía una gran personalidad y mucho coco. La típica mujer con la que disfrutas conversando. Quedamos, fuimos a cenar y...bueno, la jodió en cuanto abrió la boca. Se pasó toda la noche hablando de su ex y de la mía (a la que tiene la suerte de conocer) Allí se me vino abajo la líbido y aquella cita pasará a la historia como un desastre auténtico. Todavía no he perdonado a Cupida por aquello....
Hace unos meses ligué con otra cincuentañera que me parecía atractiva. Fisicamente tenía rasgos que me gustaban mucho. Y me parecía que tenía una gran personalidad y mucho coco. La típica mujer con la que disfrutas conversando. Quedamos, fuimos a cenar y...bueno, la jodió en cuanto abrió la boca. Se pasó toda la noche hablando de su ex y de la mía (a la que tiene la suerte de conocer) Allí se me vino abajo la líbido y aquella cita pasará a la historia como un desastre auténtico. Todavía no he perdonado a Cupida por aquello....
Alondra tiene 52 años y unos ojos
azules que adivinas el cielo en ellos. Su voz dulce es lo
suficientemente aguda cuando está alegre para expresar toda su
femineidad y lo suficientemente grave cuando se pone trascendental
como para que te llame la atención de inmediato. Con su pelo rizado
en vivos colochos, sus gafas de metal rojo y sus manos pequeñas,
compone un mapa de personalidad atrayente.
Conocía a Alondra de oídas y hasta
hace año y medio no me la presentaron. Desde el principio observé
esa vena maternal que tiene de cuidar de todas las que se encuentran
cerca de ella. Sabe hacer que te sientas a gusto siempre,
preocupándose por tus necesidades. Durante todo este tiempo he
aprendido muchas cosas con ella y me ha servido de guía en momentos
de ofuscación. Tal vez por timidez propia o porque me impone
demasiado, hasta ahora no he sido capaz de saludarla con un pico como
hacen todas sus amigas...
Hoy andábamos charlando sobre
literatura y periodismo. Ella estaba sentada y yo de pie. En un
momento determinado me ha dicho que me sentara encima de ella y no sé
cómo nos hemos puesto a hacer “manitas”. Las manos alzadas y las
palmas encontrándose a medio camino entre la ternura y el juego.
Después me he levantado y hemos continuado la conversación con
otras dos amigas mientras nuestras manos mantenían su propia charla.
Ha sido algo tan espontáneo, inocente y hermoso que en ningún
momento he reparado en que significase nada.
Me he despedido de ella con dos besos
en la mejilla y un pico. Ha sonreído y me ha hecho notar que he sido
yo la que se lo he dado a ella. Claro, la he contestado, después de
hacer manitas una va y se lanza.
No, no creo que haya nada erótico
entre nosotras pero tengo claro que me parece una mujer atractiva. Y
no se trata de una cuestión física, sino de esa mezcla de saber
estar, ternura y diversión que hallo en ella.
Alondra me gana por su simpatía, su dulzura y su sonrisa. Es un imán para mí.
Me preguntaba últimamente qué tendrán
las cincuentañeras que me atraen tanto. Hoy por fin, he encontrado
la respuesta.
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lunes, 16 de abril de 2012
Huellas
Es hermoso saber que el bosque me añora
y que una gota de océano lleva mi nombre.
En los últimos días, una amiga me ha
dedicado palabras muy lindas y más allá de la emoción que me han
provocado, hay una parte, si queréis más objetiva, que me ha hecho
reflexionar. Creo que es inherente a la condición humana la
necesidad de trascender, saber que aunque ahora estamos, un día no
estaremos pero quedará una parte de nosotros.
Dejar huella.
Estos días se agolpan en mi memoria
las huellas que han ido dejando dos o tres personas en los últimos
cuatro años. Exploro esa senda llena de marcas indelebles. Recorro
mil veces los caminos que tracé junto a esas mujeres a lo largo de
los días o tan sólo en cuestión de horas...
En el curso de este fin de semana
hablamos sobre la experiencia del amor, del desamor, los encuentros
eróticos...Recuperé las imágenes de otras dos pieles, pude sentir
a través de mi memoria de nuevo su tacto, su textura, su
olor...todas las sensaciones que me provocaron...
Es curioso, uno de esos cuerpos fui
amándolo poco a poco. Esa mujer me lleva acompañando desde hace más
de tres años. Al principio me gustaba pero con el paso de los meses
esa atracción física fue transformándose en un amor apasionado
primero, lleno de ternura después. Aprendí a trazar mapas de
sensualidad entre sus pliegues, deslicé ondas de poesía en cada
leve roce y conquisté todos los centímetros de su cuerpo al paso
de mis dedos.
Ayer, ella comentó a otras amigas con
una complicidad tierna y divertida nuestro primer beso y al fin me di
cuenta de que aunque ya no somos pareja, guarda los recuerdos de
muchos momentos compartidos. Guarda un precioso recuerdo de tantos
días y noches de pasión. Por fin descubro que una parte de mí
queda en su memoria, que mi imagen vaga en los rincones de sus
recuerdos. No sé si aún la amo. Sé que la quiero y que el hecho de
que guarde ese recuerdo de mí me llena y me hace feliz.
No sé exactamente qué recuerdo guarda
de mí la otra mujer de la que os hablo. Apenas pasamos juntas unos
días. Pero fue como vivir una primavera concentrada en los momentos
de caricias. Si, quizá es la mejor manera de definirlo...la
primavera concentrada en cada una de nuestras caricias.
Soy más bien tímida para tocar a las
personas con las que no tengo mucha confianza pero nada más vernos
me surgió la necesidad de abrazarla y a partir de ahí sentí la
comodidad suficiente como para cogerla de la mano, frotarle la
espalda cuando sentía que tenía frío e incluso abrigarla con mi
cuerpo.
Con ella descubrí que el sexo no se
ciñe sólo al puro acto, que la sexualidad comienza por una mirada,
continúa con una caricia y que el simple sonido de una voz puede
proporcionar tanto placer como otro tipo de sonidos. Nuestro momento
fue el de los sentidos puestos al servicio de los sentimientos. No la
echo de menos como a la mujer con la que compartí tanto tiempo pero
mentiría si no reconociese el impacto que supuso para mí esos pocos
días que coincidimos.
sábado, 18 de febrero de 2012
Hoja de Reclamaciones
Querida y a-do-ra-da Cupida de
mierda...
Te agradezco que me escribieras para
pedirme disculpas. Valoro que hicieras caso de lo que decía
Castafiore de que me merezco una cita en toda regla. Y no te creas,
que tengo en cuenta que estamos en plena crisis y las cosas ya no son
como eran...
Vale que intentaras resarcirme
precisamente con la misma que el destino previamente había negado
que se encontrara conmigo. A veces el destino tiene razón, eh!! Vale que no te encargaras de lo de la
suite y la bañera de hidromasaje. Vale que en vez de las flechas
del amor le tiraras dardos en el culo a mi cita. Pero joder!! yo creo
que precisamente por los puñeteros dardos es por lo que ha venido
revirá.
Que no!! que no me pone agrada que se
pasen la cena hablando de su ex. Que una cosa es que no se partan el
culo con una gracia de las mías y otra que se te queden mirando con
cara de pez. Que cuando digo quedar, me refiero a quedar para charlar
y conocernos...y para mí no es sinónimo de follar.
Vamos, que te has lucido...que no tenía
nada que ver con la muchacha que me has mandado. Que ya estoy harta
de mujeres hechas polvo. Que si hay que escucharlas y apoyarlas lo
hago, pero para una cita no son las candidatas ideales. Y entiendo
que con esto de los recortes, también tu tendrás que gastar menos
en test de compatibilidades, pero cabrona chata, cúrratelo un
poquito más!!
Hala guapa!! a ver si la próxima aciertas me la buscas más adecuada para mí!! Y no tardes!!
jueves, 16 de febrero de 2012
Carta de Cupida
Estimada Chris,
antes de nada quiero pedirte disculpas.
Ultimamente ando tan atareada que se me escapó tu ligue. La vi
cuando se encontró con su amor platónico, dudó un momento y cuando
quise dispararle la flecha para que reaccionara ya se había
marchado. Supongo que empiezo a no ser tan ágil. Los años cada vez
me pesan más.
Pero como sé que te he dejado en la
estacada, compuesta y sin cita, permíteme resarcirte. Al día
siguiente no se me escapó y le tiré no una flecha, sino un dardo en
el culo. Creo que estuvo sin poder sentarse en todo el día en su
oficina.
La he estado pinchando a diario hasta
que esta mañana se ha decidido. Ha mandado a paseo a su amor
platónico y quiere quedar contigo. Como te dijo Miss Castafiore, te
mereces una cita en toda regla, así que la he hecho prometerme que
irá, pase lo que pase. Bueno, salvo que estalle una revolución, que
ya sabes cómo son estas lesbianas subversivas.
Ah, lo que pedías de una suite de
hotel y una bañera de hidromasaje tendrás que pedírselo
directamente a ella, que yo ya he hecho mi parte. Ahora te toca
decidir a ti.
Y recuerda, esto no tiene por qué ser
un amor para toda la vida.
martes, 14 de febrero de 2012
Telegrama para Cupida
Se busca mujer para ligar STOP Que no
me deje plantada sin avisarme. STOP Con un buen equipo informático
que no bloquee en la bandeja de salida el mail en el que me
explica que por un problema familiar no puede quedar ese día STOP Y
sobre todo, que cuando vuelva a su casa después de atender el
problema familiar, no se encuentre con su amor platónico, surja la
chispa y se enrollen mientras la espero inutilmente.
domingo, 12 de febrero de 2012
Las sombras del deseo
Entre los mil motivo por los que me
gustan los blogs, uno de los principales es que me mueves.
Reflexiono, pienso, matizo, siento...provocan que dentro de mí algo
entre en ebullición. Algunos me hacen reaccionar al instante. Otros
me clavan frases que interiorizo y que van macerando pensamientos,
marinando ideas que en algún momento saldrán a la superficie. Además, con vuestros comentarios acerca de lo que escribo sumáis argumentos y motiváis más aún mi zona gris.
Leía en un blog hoy acerca del deseo.
Ese anhelo íntimo de que nos deseen y ser deseadas. Quizá podríamos
comenzar por pensarnos deseables y a partir de ahí concretarlo
cuando alguien nos exprese su deseo.
Para las que no somos atractivas en el
nivel más superficial y extendido del término a veces resulta
bastante complicado sentirnos deseables. Qué buscan las demás que
yo puedo tener. Ahí la autoestima juega un factor fundamental y en
momentos de crisis, mantenerla a flote es ya un triunfo. No, no hablo
de la mierda de crisis económica en la que nos encontramos, sino de
una más profunda...esa que te remueve los adentros, la que te hace
preguntarte de la noche a la mañana acerca de ti y tu vida...Si, en
esos momentos de crisis con pensar que merece la pena seguir adelante
basta. Y luego, ya vendrá el momento de ocuparte del tema del deseo.
Ahora ha llegado el momento. ¿Soy
deseable? Cuando obtienes un no por respuesta como me ocurrió hace
tan sólo unos meses sientes que un misil ha impactado en tu línea
de flotación. Sigues con ese proceso de reconstrucción y percibes
claramente que lo que te hace deseable no salta a la vista. Porque el
deseo tiene mil caras pero al igual que la Luna, algunas están
ocultas.
Puedes llegar al deseo a través de los
ojos. Muchas veces a lo largo de nuestra vida nos cruzamos con
mujeres que consideramos atractivas. Son guapas o tienen ese algo que
nos atrae poderosamente. Otras veces llegamos al deseo a través del
oído, por el sonido de una voz o el significado de las palabras que
oímos. En mi caso, accedo al deseo casi siempre a través del
pensamiento, del intelecto. He descubierto que las mujeres que mayor
deseo me provocan son aquellas a las que admiro por algún motivo.
La mayoría de las veces encuentro deseables a mujeres que sin
necesidad de ser atractivas fisicamente me generan admiración por
ser fuertes, luchadoras, porque pelean por un mundo mejor o porque
intelectualmente me despiertan, me retan, me presentan desafíos...
Ignoro qué despierta el deseo en las
mujeres a las que les gusto, quizá en cada una sea algo diferente.
Ayer me decía una amiga que soy divertida, inteligente y que tengo
chispa. Pues ná, a jugar mis cartas y esperar que algunas mujeres no
se fien tan sólo de lo que aprecian sus retinas. Yo mejor que nadie
sé que la vista es un sentido muy defectuoso.
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sábado, 17 de diciembre de 2011
Seductora seducida
Mientras le voy dando vueltas al tema
de Josefa voy dejando que pase el tiempo. Alguien me proponía
“paciencia” como nombre y ya le he dicho que en realidad es algo
que debo cultivar en mí.
Pues eso, que mientras sale o no sale
esta historia adelante...aún es pronto para decirlo porque no hemos
hecho ná de ná...este finde he tenido una vivencia estupenda.
Ayer y hoy asistí al curso que hago
una vez al mes. El taller previsto tenía que ver con los sueños
pero debido a causas de fuerza mayor hubo que cambiarlo y hemos
trabajado la seducción erótica.
Ya habíamos hablado de la seducción
en el día a día como herramienta natural para la obtención de
aquello que queremos. Pero hoy nos hemos centrado en la erótica.
Hemos experimentado con los ritmos, con los miedos, con los deseos...
Me ha llamado mucho la atención mi
reacción. Llevo unos meses muy cerrada en el plano amoroso y de
forma paralela me he ido cerrando al plano sexual. De hecho, desde el
verano no he querido saber nada de rollos y las propuestas que he
recibido las he rechazado.
Ante el cambio de guión del curso he
pensado que iba a estar pasota y que no participaría de los
ejercicios. Mi sorpresa ha venido cuando al llevar a la práctica lo
que íbamos comentando, me encontraba más abierta de lo que cabía
esperar. En algún ejercicio mi cerrazón se veía claramente en la
posición de las piernas ya que cuando no estamos interesadas en
llegar a la intimidad física con la otra persona, de forma
inconsciente cerramos la forma genital (cruzando las piernas,
poniendo objetos entre medias, alzando las rodillas como elemento
defensivo...)
Ha habido un momento precioso. Un
ejercicio que os recomiendo a las que estais emparejadas o a las que
tenéis mucha confianza con alguna amiga a quien proponérselo.
Sentadas y pegadas por la espalda, sin hablar, se trata de intentar
acoplar las respiraciones, de hacerlas al unísono. Respirar y a la
vez notar en la espalda la respiración de la otra. Al mismo tiempo,
ser consciente de las señales corporales, escucharte tú y escuchar
a la otra...mi ejercicio ha sido mágico, notando la calidez de la
espalda de mi compañera, hallando un espacio común donde compartir
respiraciones tan diferentes como las nuestras, fusionándolas y
después separándolas sin traumas...vuelta al espacio personal aún
cuando manteníamos la espalda pegada. Qué felicidad cuando el
proceso de fusión-separación se produce de forma tan natural y agradable.
Según transcurrían las horas me
sentía más y más cómoda hasta que ha llegado el último
ejercicio. Se trataba de aunar todos los elementos que habíamos
trabajado previamente y tratar de seducir a la mujer que eligieras.
Elegí a una hetero que no me ponía nada para enfrentarme al reto. Y
oye!! que nada más empezar nos encontramos bailando y disfrutando de
nuestras miradas, sonriendo y moviendo nuestros cuerpos al ritmo de
lo que marcaba el deseo. Nos hemos tocado, sonreído, abrazado,
cogido de la mano, acariciado, besado, olido...nos hemos acercado,
separado y vuelta a unir, nos hemos dado piquitos y hemos susurrado en nuestras orejas. Me ha salido todo tan
natural...Esta mujer me ha comentado que hacía mucho que no se
sentía tan a gusto, relajada y deshinibida en un encuentro erótico.
¿la habré conseguido convencer para que cambie de acera? Jajaja No,
eso ya es broma.
Me he sorprendido entrando de lleno en
el papel, sintiéndome tan a gusto...y mi actitud de seductora se ha
ido al carajo con su baile y su mirada, Me ha seducido, si señora. Y
me he dado cuenta de que ha llegado el momento. Que pese a tener el
corazón temblando (cada día mucho menos) mi cuerpo está de nuevo
preparado para disfrutar. Así que escucharé atentamente las
propuestas que reciba a partir de ahora. He vuelto!!
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