Supongo que es un pensamiento generalizado a estas alturas del año. Pero en mi caso es la primera vez que lo siento así en muuuuuuchos años. Necesito marcharme, desconectar. Olvidarme de todo lo que hay en Madrid. Recargar pilas para poder volver y seguir adelante.
El viernes por la noche estuve viendo al coro de gospel de Soweto. Un concierto de los de los Veranos de la Villa en la parte de la Casa de Campo que da al Manzanares..
Desde lo alto de la grada tenía una visión increible del otro lado del río. Sobre la colina se alzaban el Palacio Real, la catedral de la Almudena y un poco más a la derecha despuntaba entre los tejados la cúpula de San Francisco el Grande. Una visión de las que te dejan sin palabras. Sólo faltaba la luna llena que había acompañado el concierto de Diana Krall del lunes pero supongo que era mucho pedir.
Mientras el coro cantaba Asimbonanga me giré y contemplé la belleza de las vistas. La ligera brisa que corría me traía el olor a tierra y pinos. Los nombres de Mandela y Biko sonaban como un reclamo de paz. Y ocurrió. Sentí que flotaba a escasos centímetros de la silla donde me hallaba sentada. Que el aire fresco y limpio me sostenía y aligeraba. Durante el tiempo que duró la canción encontré esa paz que persigo incansable. Y es la sensación que necesito mantener durante varios días para relajarme del todo.
Así que voy repasando mentalmente los ingredientes de mis vacaciones...
12 días en el Puerto de Santa María
2 amigas que se ampliarán a 4 o 6 cuando vengas las sevillanas a vernos
playa, piscina y muchas muchas gambitas
ver atardecer sobre el mar
risas y alguna lágrima para tener el menú completo.
Y por la noche prepararemos nuestra caipirinha casera. Ahí va la receta por si alguien quiere pasar un buen rato.
Coger una cacerola. Si no hay cacerola una olla.
Hay que tener en cuenta que no nos vamos a preparar un combinado de terracita a 7 euros el vaso lleno de hielo, no. Nosotras preparamos caipirinha para tomar hasta hartarnos.
Partir 6 limas o limones (al gusto de la acidez) en trozos pequeños. Echar en la cacerola y aplastarlos hasta que salga todo el jugo. Dejar los tropezones en la cacerola que luego darán un toque de color al vaso.
Añadir cachaza (cachaça). La botella la podéis encontrar en supermercados del Corte Inglés o grandes superficies. Os adjunto una foto de la que utilizo yo. Hay otras marcas con la botella amarillenta pero el sabor cambia bastante. Es más amargo. Para 6 personas utilizo media botella de cachaza.
Añadir azúcar en cucharadas soperas. Empezar por ponerle 3 cucharadas, remover bien, probar el sabor e ir añadiendo en función del gusto.
Por último añadir hielo picado en grandes cantidades para que aquello esté fresquito y vaya rebajando el pedo que te coges mientras pruebas lo que preparas.
Si no tenéis utensilios para picar el hielo os cuento la forma casera de hacerlo. Es ideal sobre todo cuando estáis cabreados con algo o el vecino de abajo os cae mal.
Coger los cubitos de hielo y meterlos en un trapo (limpio, a ser posible) Hacer un saco con el trapo atando los extremos o sujetarlos fuertemente. Empezar a golpear el trapo contra el suelo como si estuvierais clavando algo. Aprovechar para cagaros en todo lo imaginable que os agobia.
Respirar profundamente, abrir el trapo y comprobar que el hielo no está demasiado picado. En momentos de gran cabreo se te va la mano y puedes llegar a hacer un frappé increible.
Añadir el hielo picado a la cacerola de caipirinha y repetir las veces necesarias.
Servir con un cazo de sopa en un vaso cuanto más grande mejor y... A DISFRUTARLO!!