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martes, 7 de noviembre de 2017
Casi 23
Faltaban unos días para cumplir los 23. Me había marchado de vacaciones a Irlanda, yo sola. Fue mi primera vez de muchas cosas. La primera vez que viajé sola, la primera vez que iba a otro país, la primera vez que tuve que enfrentarme al despegue de un avión sola (con el pánico que me dan)...
Hice todo eso, y más cosas.... me recorrí Dublín disfrutando de sus gentes y sus calles pobladas de música. Me fui de excursión a islas abandonadas donde disfrutar de la soledad y el sonido del mar, seguí las huellas de Oscar Wilde y empecé a aceptar algo que llevaba mucho tiempo sucediendo... Todos me confundían con un chico.
He publicado hace un rato una foto en Facebook de aquel viaje. Recuerdo la tarde en que me hice la foto, sentada en un muro, esperando el bus de Wicklow a Dublín. Se acercó un hombre que salió de la taberna cercana y vino a hablar con una amiga. Me miraba muy extrañado y ńo pudo resistirse a preguntar... Are you a boy or a girl? Mi amiga le dijo que yo era una chica, pero el hombre no lo creía e insistió hasta que llegó el bus y le dejamos allí con su duda.
Al ver la foto he abierto la caja de los recuerdos... junto a ella están las fotos de Sis, mi hermana y Edu, de M y JJ... gente tan importante para mí durante años y que ya no están.
Incluso me miro a mí con casi 23 y ya no estoy. La gente que me ha conocido hace poco tiempo no da crédito. La gente que me conoce de más, me pregunta... qué ha pasado? Pasó la vida.
Y es curioso porque al ver esta foto me he reconocido de manera interior. Yo soy la de la foto. Y sé que entonces, era mucho más yo y más libre de lo que me he sentido en cualquier otro momento después. Ahí me atrevía a ser yo aunque eso generase dudas en los demás.
El tiempo, los miedos, las malas experiencias... he ido echando capas sobre esa Chris. Ahora estoy en proceso de muda, de desnudarme, de ir decapando hasta llegar a ser de nuevo quien soy. Sé que habito en mí, que estoy al fondo, que ya he encontrado el camino.
Tengo la suerte de haber dado con dos personas que han aceptado mi verdad, mi identidad. Con la gallega me ha ocurrido eso. Sentí que podía hablarle de mí con honestidad y me devolvió toda la confianza que deposité en ella, en forma de sonrisas y cariño. Sé que ella dirá que no podía reaccionar de otra forma, que no se puede reaccionar de otro modo... pero está ahí y no todo el mundo se queda cuando les cuentas quien eres.
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sábado, 14 de octubre de 2017
El azar sobrevenido
Hay noches que se
impregnan en la piel. Suspiros, palabras, caricias dejan costra. Las
risas se adhieren y las miradas a media luz caen de forma
desordenada. Una acá en tu cuello, en la cadera y junto a la
costilla. Todas descienden por tu espalda hasta alcanzar dunas y
tumultos.
Esas noches en que
las breves horas se suspenden y aniquilas madrugadas de penumbras,
con la media voz, con los susurros. Con estrellas y lunas adueñándose
del escaso espacio que dejan los latidos. Con el deseo a tu lado.
Con su acento acariciando tu olvido.
El beso ya no es un
cuadro de Klimt, sino apenas un ruego. Una coordenada que nunca ha
pretendido un rumbo. Un nombre no invitado los miércoles. El momento
que no fue más que azar sobrevenido.
Cierra los ojos.
Están cerrados.
Mis labios se mecen
entre tu clavícula y tus sentidos...
sábado, 7 de octubre de 2017
¿Tan sólo cinco minutos?
Llegó con el viento del este compartiendo imágenes de mujeres enamoradas. Quebró mis miedos y declaré el estado de la palabra.
A mis dedos le seguían su voz. A mi voz le acompañaba su calma
Nuestro carácter fue hecho de Atlánticos y el Mediterráneo nos mediaba. Rompimos las coordenadas y llegué a trazar un mapa.
Quizá fueron apenas ¿cinco minutos? Horas y horas contenidas en días. En simetrías y semejanzas...
La noche no llegaba hasta que me abrazaba en la cama. Su piel a mi espalda.
Algunas veces te quedabas
Años atrás llegué a amar a una isleña tan sólo durante 4 días, pero he descubierto que tú te cerrabas.
Y tu silencio se posó en otra boca. Y mi silencio se quedó sin coartada.
Hay despedidas fugaces sin besos ni abrazos.
Hay recuerdos que te abrasan.
Hay puentes que no te alcanzan.
domingo, 23 de abril de 2017
Mujeres Guadiana
Te esperé tantas noches mientras vivía cada día...
Fueron meses de "me gusta", de palabras, de comentarios en redes sociales, de chateo sobre temas comunes, de acercamientos virtuales que desembocaron en tu petición de quedar. Fue tu empeño por ponernos piel, por mirarnos a los ojos, o tal vez sólo mirar al frente juntas, no sé. Pero tengo claro que fuiste tú la que dio el paso. Ese que mi maldita timidez me niega siempre.
Y después de risas, de paseos, de recuerdos de madera, de hablar sobre las piedras que adornan nuestras calles, una leve promesa de repetir. Si, cumpliste, cumplimos, aún cuando no hacía falta ser adivina para hallar tristeza en tu mirada.
Pero mientras, mi admiración crecía, porque soy mitómana, porque soy gilipollas. Porque a las mujeres que me gustan las observo de cerca y las termino admirando. O quizá porque a las mujeres que admiro me terminan gustando. El caso es que te encontraba especial; extremadamente "polite", tan formal y educada. Te sentía especial. Porque las mujeres que admiro y que me gustan me terminan pareciendo especiales, únicas, con esas habilidades, dones, capacidades, características que las hacen diferentes al resto de mujeres que puedo querer mucho, pero que no me gustan, que no admiro.
Y tú, desde tu altura cultural y física me tenías convencida de que había encontrado un grano entre la paja, una mujer de las que merecía la pena enamorarse. Por suerte no me dio tiempo a hacerlo.
Porque tras varias quedadas tus mensajes se fueron espaciando, los planes languidecieron y las risas cesaron. Porque con la llegada de los días cortos la espera se alargó. Y ya no parecías dispuesta ni tan apuesta.
Y de repente, toda tu educación desapareció tras una mentira, toda tu presencia se ocultó tras ese tiempo que nunca tienes por estar ocupada en tomar una caña con las amigas.
Y así, de la noche a la mañana desapareciste. Te convertiste en una mujer Guadiana, de las que dan media vuelta y en un inexplicable acto mágico desaparecen de tu vida.
Tuve la suerte, Manuela, de que me dejaras una enseñanza. No existe ninguna mujer especial. Te imagino levantándote de la cama un lunes, con resaca y diarrea, los pelos revueltos y el alma erizada. Te imagino camino del trabajo, con ese despiste que tan bien te sienta y me dibujas una sonrisa en el rostro. Porque tu desaparición y la que ha habido después de la tuya, no han mermado mis ganas de salir, transitar, encontrar caminos, sortear mi zona de confort. Porque si vosotras no queréis, yo acepto. Ya llegará el momento. Ya llegará la mujer. Sólo tengo que recordar que no es especial- Nunca más que yo.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Cuando la Historia sale a tu encuentro
¿Os ha ocurrido alguna vez que al terminar un libro queréis
saber qué fue de los protagonistas? ¿Os habéis empapado tanto de un relato que os han contado, que querríais
saber qué sucedió al día siguiente?
Hace unos 30 años, me
contaron la historia de un muchacho que quería ser marino. No sé si fue por la
persona que me la contó, porque la
historia desbordaba Atlántico, porque me sentí identificada con el protagonista…
no sé, pero el caso es que Iñaki quedó anclado en mi memoria.
Hace unos días me acordé de él y sentí la necesidad de
ahondar. De saber qué había sido de él. Si se trataba de una ficción más de las
que se inventan algunas personas, o qué parte de verdad había en aquello. Me sorprendió descubrir que Iñaki había
existido en realidad, que desplegó sus velas tan cerca de Santiago y que tras orzar, arribó
demasiado pronto a puerto. Pude ver fotos de los lugares donde transcurrió su Historia, documentos que confirmaban el viaje que emprendió, saber de otros protagonistas del relato, de los
hijos que tuvo…
Así se han fundido pasado y presente. La tradición oral, la
escrita y las nuevas tecnologías que me han permitido seguir su pista.
Nunca se sabe. Tal vez algún día pueda volver a pasear por
aquellas calles de mi infancia que él pisó antes, disfrutar con las aguas
azoradas del puerto, la vista sobre la ría los balandros orientados a barlovento, los
mismos lugares donde se forjaron sus sueños. Entonces el círculo se habrá cerrado.
lunes, 18 de julio de 2016
Me diste media noche
Hace ya algún tiempo, durante mi año de baja por ansiedad, una mujer se enamoró de mí. Yo estaba en el peor momento de mi vida y ella, en cierto modo en el mejor... al fin se permitía abrirse a las mujeres, después de una vida en el armario. Dio conmigo y a lo largo de las muchas horas que hablamos esos meses fue enamorándose de mí.
Yo no podía corresponderla de ninguna manera. No sentía lo mismo. Intenté no herirla. Siempre fui muy sincera con ella porque yo estaba enamorada aún de la activista coqueta, aunque para entonces, nuestra historia estaba acabada.
Hace poco me reencontré con esta mujer y parafraseando a Vanesa Martín, de modo tranquilo la dije... "Pasaste por mi lado y no te supe ver". En realidad, todo se resume en eso...
Llevo días pensando en que se tienen que dar muchas circunstancias para que conozcas a alguien que te atrae de verdad. Pero lo más importante es que coincidas en el momento.
Puedo estar a tu lado en el cine, que se despierte mi olfato y aspire tu perfume, tu olor personal, esa mezcla de colonia y piel. Puedo escuchar tus suspiros y que tú oigas los míos, que nuestras respiraciones profundas se acompasen cuando vemos caricias, o leemos cartas. Puedo sentir tus lágrimas de emoción y tristeza cuando vemos un andén vacío, cuando percibimos que nuestra lucha como mujeres libres se rinde ante el egoísmo de una madre. Podemos morir de rabia, al escuchar que una mujer no es capaz de coger un tren que cambiará su vida, que la llenará de besos y abrazos, de ternura y pasión, que la hará feliz.
Podemos sentarnos frente a frente, en un bar cualquiera y hablar durante horas. Puedo sonreir al sentir la diferencia de acentos, los dos con tendencia marina. Mediterránea tú y Atlántica yo.
Podemos apropiarnos de las calles, sentir que Madrid es nuestro, descubrir las piedras con las que la construyeron. Y hacer planes, puedo proponerte fotografas americanas o artistas japoneses. Habrá tiempo.
Puedo ponerte ante los ojos toda la felicidad tranquila del mundo porque existe, es real, creo en ella.
Pero tal vez no sea tu momento. Tal vez no coincidamos. Tal vez llorabas en el cine recordando el dolor de una ruptura y suspirabas porque aún resonaban los últimos reproches. Tal vez te gustó la carta porque era un medio de ponerse en paz con quien no podía ser. Tal vez me mirabas a los ojos porque en ese momento no habia nada más que mirar. Tal vez... En realidad, no sé qué es lo que pasaba por tu cabeza mientras me sentías a tu lado en el cine, mientras oías mi respiración profunda o mis lágrimas sin disimular. No sé si hubieras querido prolongar el paseo, si me hubieras mostrado la historia de Madrid. No sé si te hubiese gustado que te guiara con mi mejor orientación, no sé si me dejarás algún día que te enseñe mi oeste, mis orillas...
Sólo sé que me diste media noche. Lo único que tal vez puedas darme en este momento. Y en esas horas fui feliz.
Yo no podía corresponderla de ninguna manera. No sentía lo mismo. Intenté no herirla. Siempre fui muy sincera con ella porque yo estaba enamorada aún de la activista coqueta, aunque para entonces, nuestra historia estaba acabada.
Hace poco me reencontré con esta mujer y parafraseando a Vanesa Martín, de modo tranquilo la dije... "Pasaste por mi lado y no te supe ver". En realidad, todo se resume en eso...
Llevo días pensando en que se tienen que dar muchas circunstancias para que conozcas a alguien que te atrae de verdad. Pero lo más importante es que coincidas en el momento.
Puedo estar a tu lado en el cine, que se despierte mi olfato y aspire tu perfume, tu olor personal, esa mezcla de colonia y piel. Puedo escuchar tus suspiros y que tú oigas los míos, que nuestras respiraciones profundas se acompasen cuando vemos caricias, o leemos cartas. Puedo sentir tus lágrimas de emoción y tristeza cuando vemos un andén vacío, cuando percibimos que nuestra lucha como mujeres libres se rinde ante el egoísmo de una madre. Podemos morir de rabia, al escuchar que una mujer no es capaz de coger un tren que cambiará su vida, que la llenará de besos y abrazos, de ternura y pasión, que la hará feliz.
Podemos sentarnos frente a frente, en un bar cualquiera y hablar durante horas. Puedo sonreir al sentir la diferencia de acentos, los dos con tendencia marina. Mediterránea tú y Atlántica yo.
Podemos apropiarnos de las calles, sentir que Madrid es nuestro, descubrir las piedras con las que la construyeron. Y hacer planes, puedo proponerte fotografas americanas o artistas japoneses. Habrá tiempo.
Puedo ponerte ante los ojos toda la felicidad tranquila del mundo porque existe, es real, creo en ella.
Pero tal vez no sea tu momento. Tal vez no coincidamos. Tal vez llorabas en el cine recordando el dolor de una ruptura y suspirabas porque aún resonaban los últimos reproches. Tal vez te gustó la carta porque era un medio de ponerse en paz con quien no podía ser. Tal vez me mirabas a los ojos porque en ese momento no habia nada más que mirar. Tal vez... En realidad, no sé qué es lo que pasaba por tu cabeza mientras me sentías a tu lado en el cine, mientras oías mi respiración profunda o mis lágrimas sin disimular. No sé si hubieras querido prolongar el paseo, si me hubieras mostrado la historia de Madrid. No sé si te hubiese gustado que te guiara con mi mejor orientación, no sé si me dejarás algún día que te enseñe mi oeste, mis orillas...
Sólo sé que me diste media noche. Lo único que tal vez puedas darme en este momento. Y en esas horas fui feliz.
martes, 1 de marzo de 2016
La vida cuando era mía
Aquí sigo, a trompicones desde hace meses. Aparezco y desaparezco cual Guadiana. Será mi sangre andaluza que a veces logra imponerse a ese Atlántico que vive dentro de mí.
Ni sé dónde lo dejé. Sólo sé que las movidas laborales se amontonan. Me restan muchas energías tratar de aunar criterios y mostrar lo que a veces veo sin esfuerzo. Al final me entran ganas de mandar a la mierda a la gente. Si algo estoy aprendiendo cada día es que la generación que va por detrás de la mía está llena de niñatos egoístas que son incapaces de pensar en lo común. Se mueven al grito de sálvesequiénpueda y mariquitaelúltimo. Para ellos la unión no hace la fuerza. La unión sólo hace el montón.
Para desengrasar de tanto mal rollo, me fugué la semana pasada al Mediterráneo.
Ella siempre me regala el mar. Esta vez no fue menos. Y como no pudimos arribar en el espigón (el lugar donde comencé a despedirme de Pena Mexicana y al que siempre siento la necesidad de volver), me llevó a una playa hermosa.
Quizá porque en mi interior sopla el vierto del noroeste, prefiero las playas en invierno. Casi desiertas. Escasamente habitadas por almas vestidas y peluditos juguetones.
Allí dejas que la marea juegue con tu acento y vuele tu alma. Contemplas el atardecer mientras la paz se posa en los rayos de sol que te alcanzan. Y te detienes a pensar en cuándo podrás volver. Inmejorables anfitrionas, estupenda presencia Juliganera y el mar...siempre el mar.
Lo bueno de esta compañera fiel es que a pesar de su balanceo, siempre hace que me ancle a la tierra y pueda dejarme anegar por los sentimientos o incluso las razones. Y al fin puedo poner palabras a esa sensación indeterminada que viene y va desde hace meses. Añoro la vida, cuando era mía. Y anhelo recuperarla.
Ni sé dónde lo dejé. Sólo sé que las movidas laborales se amontonan. Me restan muchas energías tratar de aunar criterios y mostrar lo que a veces veo sin esfuerzo. Al final me entran ganas de mandar a la mierda a la gente. Si algo estoy aprendiendo cada día es que la generación que va por detrás de la mía está llena de niñatos egoístas que son incapaces de pensar en lo común. Se mueven al grito de sálvesequiénpueda y mariquitaelúltimo. Para ellos la unión no hace la fuerza. La unión sólo hace el montón.
Para desengrasar de tanto mal rollo, me fugué la semana pasada al Mediterráneo.
![]() | |
| En esta playa pasé hace años, uno de los mejores días de mi vida |
Ella siempre me regala el mar. Esta vez no fue menos. Y como no pudimos arribar en el espigón (el lugar donde comencé a despedirme de Pena Mexicana y al que siempre siento la necesidad de volver), me llevó a una playa hermosa.
Quizá porque en mi interior sopla el vierto del noroeste, prefiero las playas en invierno. Casi desiertas. Escasamente habitadas por almas vestidas y peluditos juguetones.
Allí dejas que la marea juegue con tu acento y vuele tu alma. Contemplas el atardecer mientras la paz se posa en los rayos de sol que te alcanzan. Y te detienes a pensar en cuándo podrás volver. Inmejorables anfitrionas, estupenda presencia Juliganera y el mar...siempre el mar.
Lo bueno de esta compañera fiel es que a pesar de su balanceo, siempre hace que me ancle a la tierra y pueda dejarme anegar por los sentimientos o incluso las razones. Y al fin puedo poner palabras a esa sensación indeterminada que viene y va desde hace meses. Añoro la vida, cuando era mía. Y anhelo recuperarla.
martes, 29 de septiembre de 2015
Fuego de campamento
Soy una persona de momentos. Nunca he creído en la felicidad como estado, pero si que creo firmemente en esos momentos en que alcanzas la paz y te invade un sentimiento de felicidad intenso. La certeza de saber que es efímero me hace disfrutar aún más de esos pequeños instantes que me regala la vida. Y eso es lo que me permite continuar adelante cuando tengo el mal rollo que acumulo desde anoche. (Pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento)
Me he vuelto a encontrar con Alondra. El compartir con ella una actividad mensual hace que nuestras tardes juntas sean concentradas e intensas. Que se atropellen las palabras de todo cuanto nos tenemos que decir. A su lado primero me pongo nerviosa, pero después encuentro la calma que irradia el azul de su mirada. Cómo disfruto de los pequeños ratos que compartimos. Y cómo me ayuda a reconectarme. A deshechar la paja de mi vida y quedarme con lo importante. Sabia Alondra.
Recuerdo mis años de scout. Durante los campamentos de verano hacíamos fuego cada noche. Era el momento que esperaba. Allí, junto a los troncos ardiendo, me quedaba mirando fijamente las llamas. Las veía ascender y desprender pequeñas chispas o virutas anaranjadas. Entre cánticos y charlas buscaba el momento de quedarme contemplando el bailar de las llamas. Hipnotizada con su vaivén, conseguía aislarme y alcanzar por unos breves momentos esa ansiada paz que casi nunca tenía. No era capaz de explicarme a mí misma esa profunda necesidad de estar conmigo. De encontrar un minuto al cabo del día en el que pese a estar rodeada de personas y energías, lograra volver la mirada a mi interior. Pero incluso sin llegar a entender esa necesidad, me la concedía en cuanto podía.
Aún hoy la siento. Incluso de un modo más profundo. Y aquí llevo toda la tarde, acariciando mis temores, dando la mano a esta tristeza que ha llegado al despertar, cuando aún no había amanecido. Sé que pasará. De algún modo. Que el agobio que tengo desde hace semanas cederá antes o después. Que no hay mejor compañía que la mirada de mis gatas y el silencio que me concedo.
Y que en pocos días volveré mis sentidos al mar. Me han prometido llevarme a un lugar mágico en el espigón, camino del faro, donde hace tres años quedó mi sombra anclada a las rocas. Allí, cuando baje la marea le hablaré al azul y dejaré que el momento se haga eterno.
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viernes, 18 de septiembre de 2015
Tanto y tan poco tiempo
Tengo la sensación de que los días vuelan. Pasó el verano y yo quería que llegara ya el otoño. Tonta de mí ansiaba los estrenos de cine pendientes. Carol, Sufragette, Freeheld, About Ray... y deseaba sacar el edredón de plumas bajo el que duermo tan a gusto.
Pero de repente algo ha cambiado. No quiero que pase el tiempo tan aprisa. Quiero detenerlo, que se pare. Me angustio al ver el ritmo que ha cogido este año, al notar cómo pasan los días sin que me de cuenta, cómo se desliza el tiempo traicionero y lo veo reflejado en el rostro de quienes quiero.
Ya ni siquiera espero el frío para sacar el edredón de plumas. He descubierto que debajo de la sábana puedo pasar horas dulces.
Han pasado dos años desde la última vez que te vi y esta noche has vuelto en sueños. Despojada ya de olores, aún conservabas el tacto de madera. Tu mirada burlona, como siempre, a medio camino entre no creer nada y aún no saberlo. Me visitabas, al oeste de mi anhelo. Con tantas palabras que aprisionaban mi silencio.
Me has llevado a ese lugar de magia que me descubriste y al que nunca he vuelto. Te he seguido en el laberinto de pasillos, de libros, de velos. Cuánto me ha costado mirar tu mirada, cuánto me ha costado encontrar mi voz y no perder mi acento. Cuánto me ha costado no coger tu mano y acariciarte el pelo...
Tal vez algún día, cuando ya no quede rencor y nuestros egos sucumban, podamos decirnos "Hola".Y el cielo de Madrid que tornó en gris, recupere el azul en Ramales. Tal vez ese día el sonido de tus palabras sea sincero.
Qué triste despertar y descubrir que apenas fuimos un sueño.
Pero de repente algo ha cambiado. No quiero que pase el tiempo tan aprisa. Quiero detenerlo, que se pare. Me angustio al ver el ritmo que ha cogido este año, al notar cómo pasan los días sin que me de cuenta, cómo se desliza el tiempo traicionero y lo veo reflejado en el rostro de quienes quiero.
Ya ni siquiera espero el frío para sacar el edredón de plumas. He descubierto que debajo de la sábana puedo pasar horas dulces.
Han pasado dos años desde la última vez que te vi y esta noche has vuelto en sueños. Despojada ya de olores, aún conservabas el tacto de madera. Tu mirada burlona, como siempre, a medio camino entre no creer nada y aún no saberlo. Me visitabas, al oeste de mi anhelo. Con tantas palabras que aprisionaban mi silencio.
Me has llevado a ese lugar de magia que me descubriste y al que nunca he vuelto. Te he seguido en el laberinto de pasillos, de libros, de velos. Cuánto me ha costado mirar tu mirada, cuánto me ha costado encontrar mi voz y no perder mi acento. Cuánto me ha costado no coger tu mano y acariciarte el pelo...
Tal vez algún día, cuando ya no quede rencor y nuestros egos sucumban, podamos decirnos "Hola".Y el cielo de Madrid que tornó en gris, recupere el azul en Ramales. Tal vez ese día el sonido de tus palabras sea sincero.
Qué triste despertar y descubrir que apenas fuimos un sueño.
jueves, 23 de julio de 2015
Aquella playa
No he vuelto a aquella playa desde entonces. Ni a escribir nombres en la arena. Y hace ya cinco años.
No, no he vuelto a aquella playa desde entonces. La arena aún guardaba la huella de su huella. La que depositó el verano anterior cuando fuimos juntas y que aún hay días que duele.
Después llegaría mi enfermedad, el año de baja, el curso de TR, las gatas... después llegarían otras pieles, con sus nombres, sus rizos, mil sonrisas y cien lágrimas, con dudas, lunas, canciones, temores y palabras.
Llegaste tú y no te supe ver. Sólo alcancé a adivinar tu presencia lejana y tu ausencia tan cercana. No te supe ver. Joder... simplemente yo no estaba.
Llegaron otras playas donde recalé, pero ya no he dejado mi huella. Ahora camino descalza, descubriendo la textura de la arena. Arrastrando los pies para evitar que formen letras.
En este tiempo he aprendido que cada una es dueña de lo que siente. Y atesora recuerdos de un pasado que sólo existe entre nieblas. Nos quedamos con lo que nos resuena.
Ahora mi memoria se viste de presentes. Y a veces miro a las mujeres que me rodean. Pienso si alguna es la que tenga que llegar. Si alguna habrá depositado ya su mirada sobre mí. O si ven más allá del afuera.
No, no he vuelto a escribir nombres en la arena. No quiero hacerlo. No creo que pudiera.
martes, 21 de abril de 2015
Retazos
Que si... que lo confieso... que os ando poniendo los cuernos. Que ando liada con otro blog. Y soy boba, porque el otro no me da ni una cuarta parte de las alegrías que me da este.
Estoy escribiendo en un blog que he abierto para mi familia con cosas de Nueva York. Como anticipo del viaje que haremos al final de la primavera.
Quizá tampoco escribo mucho aquí porque mi vida ultimamente esta hecha de retazos, de pequeños momentos donde habito en medio de este caos rutinario de vida que llevo. Si, pequeños momentos en que siento al fin que soy yo misma, en los que me siento absolutamente a gusto en medio de otras personas.
Hace unos días iba con unos amigos en coche por la carretera de Valencia. Me dieron ganas de gritarle al bueno del que conducía.... no pares!! Sigue hasta Valencia. Aunque lleguemos de noche... vayamos a ver el mar a la luz de la luna....
Me descubro con unas ganas locas de ver y pisar el mar. Seguro que pensais que es fácil... 4 horas me separan de una playa... pero la necesidad que siento es de escapar... en el amplio sentido de la palabra, no de hacer una viaje planeado. Eso sería una rutina más en mi vida.
Tal vez u8n día de estos me sorprenda a mí misma haciendo cualquier locura... como aquel día en Ctambrils, cuando se suponía que tenía que estar ya en Madrid y andaba tirada en una playa solitaria como dios me trajo al mundo, acompañada de Rizos... aquel fue uno de los mejores días de mi vida por lo que tuvo de espontáneo.
Me he propuesto dejarme llevar y decir que si a cosas a las que antes diría que no. Cambiar la manera hará que cambie el resultado... digo yo. Y de momento me ha servido para llegar a algún lugar desconocido para mí. .. como este...
Estoy escribiendo en un blog que he abierto para mi familia con cosas de Nueva York. Como anticipo del viaje que haremos al final de la primavera.
Quizá tampoco escribo mucho aquí porque mi vida ultimamente esta hecha de retazos, de pequeños momentos donde habito en medio de este caos rutinario de vida que llevo. Si, pequeños momentos en que siento al fin que soy yo misma, en los que me siento absolutamente a gusto en medio de otras personas.
Hace unos días iba con unos amigos en coche por la carretera de Valencia. Me dieron ganas de gritarle al bueno del que conducía.... no pares!! Sigue hasta Valencia. Aunque lleguemos de noche... vayamos a ver el mar a la luz de la luna....
Me descubro con unas ganas locas de ver y pisar el mar. Seguro que pensais que es fácil... 4 horas me separan de una playa... pero la necesidad que siento es de escapar... en el amplio sentido de la palabra, no de hacer una viaje planeado. Eso sería una rutina más en mi vida.
Tal vez u8n día de estos me sorprenda a mí misma haciendo cualquier locura... como aquel día en Ctambrils, cuando se suponía que tenía que estar ya en Madrid y andaba tirada en una playa solitaria como dios me trajo al mundo, acompañada de Rizos... aquel fue uno de los mejores días de mi vida por lo que tuvo de espontáneo.
Me he propuesto dejarme llevar y decir que si a cosas a las que antes diría que no. Cambiar la manera hará que cambie el resultado... digo yo. Y de momento me ha servido para llegar a algún lugar desconocido para mí. .. como este...
martes, 24 de febrero de 2015
Abandono
Qué abandonado te tengo, blog... y qué abandonada me tienen a mí las palabras... Apenas llegan, ya no siento aquel cosquilleo, cuando pugnaban por fluir hacia los dedos y terminar desparramadas por el teclado, buscando un determinado orden. No el habitual de sujeto y predicado, sino el orden preciso de mis pensamientos y sentimientos.
No están. No llegan. Las espero paciente cada día y no acuden a su cita. Y me siento afónica. Sin voz. Sin capacidad para expresar. Sin inspiración. La duda es si esas palabras no llegan debido a la rutina o a la desidia, o tal vez a una falta de esperanza e ilusiones que me supera desde principios de año.
Paso los momentos muertos repitiendo rudimentos de percusión. Me descubro tatareando ritmos y cortes de la batucada. Las notas han sustituido a las palabras pero no puedo entablar un diálogo con ellas. Diálogo.... diálogos...
Vuelvo mi vista a los proyectos que quedaron aparcados hace un par de años por falta de energías mías e implicación ajena. Tengo ganas de sacar adelante al fin esos proyectos tan asociados a la visibilidad de mi propia vida y del colectivo. Tengo claro que la cercanía de Alondra tiene que ver con esa necesidad y esas ganas.
Ella propone, dialoga, acuerda, apoya, actúa. Si, Alondra siempre está y acompaña con su voz y sus actos. Ahora más que nunca.
No están. No llegan. Las espero paciente cada día y no acuden a su cita. Y me siento afónica. Sin voz. Sin capacidad para expresar. Sin inspiración. La duda es si esas palabras no llegan debido a la rutina o a la desidia, o tal vez a una falta de esperanza e ilusiones que me supera desde principios de año.
Paso los momentos muertos repitiendo rudimentos de percusión. Me descubro tatareando ritmos y cortes de la batucada. Las notas han sustituido a las palabras pero no puedo entablar un diálogo con ellas. Diálogo.... diálogos...
Vuelvo mi vista a los proyectos que quedaron aparcados hace un par de años por falta de energías mías e implicación ajena. Tengo ganas de sacar adelante al fin esos proyectos tan asociados a la visibilidad de mi propia vida y del colectivo. Tengo claro que la cercanía de Alondra tiene que ver con esa necesidad y esas ganas.
Ella propone, dialoga, acuerda, apoya, actúa. Si, Alondra siempre está y acompaña con su voz y sus actos. Ahora más que nunca.
domingo, 1 de febrero de 2015
Mis tardes de domingo
Hace muchos años, mis tardes de domingo eran de sesión continua. Eso si, de tele. Después de comer nos sentábamos donde nos correspondía a cada uno. Mis padres y mi hermano en el sofá, yo en el suelo. Y poníamos las películas que iban alternando la 1 y la 2. Cuando terminaban yo me quedaba viendo aquel maravilloso culebrón infantil... Candy Candy, mientras mi padre se iba al salón a leer escuchando de fondo la radio con los resultados del fútbol y mi madre planchaba en la cocina.
Aquellos eran los sonidos que me acompañaban... el programa deportivo de radio y los ruidos de la plancha... el vapor que salía a trompicones y el pequeño golpe que mi madre daba cuando la depositaba en la tabla.
Años después dedicaba los domingos a ir al cine. Sentada en la sala oscura, a solas o acompañada, me relajaba. Dejé de ir tanto al cine porque las salas ya no eran silenciosas y nunca me gustó oír conversaciones de fondo.
Ahora los domingos son días para nada. Sigo viendo mucho cine. Hoy, La teoría del todo, que me ha emocionado como hacía tiempo que una película no me emocionaba. Me ha recordado aquella excursión maravillosa que hice a Cambridge con mi hermana.
Sola en casa, con Lúa tumbada sobre mis piernas y Zoe durmiendo a mi lado, el sonido del domingo ha sido escuchar la respiración contenida de Felicity Jones y el pensamiento constante de Eddie Redmayne en la película. De fondo, las campanas de la Almudena y alguna sirena de ambulancia que la acompañaba. Simplemente, el rumor de la vida que pasa.
miércoles, 13 de agosto de 2014
El mundo de las pequeñas cosas
Mientras pasan los días sin que encuentre el modelito que llevaré al bodorrio descubro que hay un puente ya mismo!
Si, soy así de boba. En mi trabajo se curran los festivos y no estoy acostumbrada a fijarme en el calendario. Cuando me enteré que había un viernes festivo y que no me tocaba trabajarlo empecé a dar palmas con las orejas!
La última vez que tuve un puente libre fue en mayo del 2012, hace ya más de dos años... uf! cómo pasa el tiempo. Recuerdo especialmente el último día que pasé en Cambrils, cuando pude disponer de una playa vacía practicamente sólo para mí y la amiga con la que compartí aquel día. Eran momentos de libertad, en los que me sentía tan a gusto conmigo misma, que terminamos desnudas y bañándonos tal cual.
No, ya no son esos tiempos. No he previsto nada para el puente. Me encantaría escaparme y poder volver a tumbarme desnuda sobre la arena. Galicia me está llamando. Ultimamente todo me lleva en pensamientos hasta allí. N e c e s i t o e s c a p a r m e Sueño con coger un tren y poder contemplar el mar de nuevo. Los días de junio me supieron a poco.
Pero me descubro habitando el mundo de las pequeñas cosas, donde frente a mi necesidad de que algo ocurra, imperan los susurros, los sueños soñados en bajito, los leves sentimientos, la belleza de lo sencillo, quizá hasta el anhelo de una soledad compartida con alguien semi desconocido.
Me quedaré estos días por aquí, intentando cortar de una vez los flecos que me lastran. Una vez que tenga el traje podré respirar mucho mejor. Mientras, contemplaré las nubes y disfrutaré con las gatinas del descanso. Comienzo ya a preparar en mi cabeza la lista de lo que necesito para cruzar en pocos días tantos puentes que me esperan.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Cambio de estación
Son días raros... oscuros y tristes. En el afuera y en el adentro. Hoy Madrid ha amanecido gris, con nubes densas, tal cual las que me pueblan en los últimos días...
Me repliego sobre mí, me encierro y me anclo a los silencios. Se me terminan las palabras y ya ni creo en las canciones. Mi ánimo es tan precario como mi caminar. La fascitis plantar me tiene alojada en un dolor que me despierta de noche y aunque procuro obviarlo, está ahí, bloqueando mis pasos. Siempre he intuído... y de un tiempo a esta parte lo percibo con claridad... que mi cuerpo físico refleja bien mi estado interior. Mis pies no pueden caminar y yo me siento parada, incapaz de moverme, temiendo que cualquier paso haga que me caiga.
Echo de menos a algunas personas y quizá hasta me echo de menos a mí. Alivio mis momentos de ansiedad con lecturas preciosas que me han regalado. La última transcurre en Nueva York. Y vuelvo a allí
Como en ensoñaciones, en mitad del trabajo, en el metro o incluso la calle, me veo caminando por sus calles, subiendo por la 2ª Avenida, acercándome a la ONU o recorriendo la calle Mullberry. Entro en Central Station y me siento en sus escaleras contemplando el ir y venir de las personas. Rehuyo el bullicio de Times Square y me adentro desde Battery Park hacia los campos de juegos donde los niños y padres echan pachangas de baloncesto ajenos al hormiguero que hay al otro lado de la autopista.
Cierro los ojos intentando desconectar de esta realidad anodina. Al abrirlos encuentro otoño.
Me repliego sobre mí, me encierro y me anclo a los silencios. Se me terminan las palabras y ya ni creo en las canciones. Mi ánimo es tan precario como mi caminar. La fascitis plantar me tiene alojada en un dolor que me despierta de noche y aunque procuro obviarlo, está ahí, bloqueando mis pasos. Siempre he intuído... y de un tiempo a esta parte lo percibo con claridad... que mi cuerpo físico refleja bien mi estado interior. Mis pies no pueden caminar y yo me siento parada, incapaz de moverme, temiendo que cualquier paso haga que me caiga.
Echo de menos a algunas personas y quizá hasta me echo de menos a mí. Alivio mis momentos de ansiedad con lecturas preciosas que me han regalado. La última transcurre en Nueva York. Y vuelvo a allí
Como en ensoñaciones, en mitad del trabajo, en el metro o incluso la calle, me veo caminando por sus calles, subiendo por la 2ª Avenida, acercándome a la ONU o recorriendo la calle Mullberry. Entro en Central Station y me siento en sus escaleras contemplando el ir y venir de las personas. Rehuyo el bullicio de Times Square y me adentro desde Battery Park hacia los campos de juegos donde los niños y padres echan pachangas de baloncesto ajenos al hormiguero que hay al otro lado de la autopista.
Cierro los ojos intentando desconectar de esta realidad anodina. Al abrirlos encuentro otoño.
viernes, 19 de julio de 2013
Necesito vacaciones YA!
Necesito descansar, dormir las horas que me pida el cuerpo y no las que me limite el despertador. Estar tumbada, mirar las nubes pasar, oir el mar, contemplar el profundo azul. Necesito no tener horarios y dejar atrás el aire de la ciudad. No hacer nada que no me apetezca. No tener que hablar si no quiero hacerlo. Que mi rostro llegue tan pausado como mis abrazos, que mi sonrisa aparezca, me sorprenda y se quede a habitar.
Necesito cerrar los ojos para ver, escuchar la sangre discurriendo dentro de las débiles fronteras de mi piel. Quiero volver a sentir la más leve brisa rozándome.
Quiero descalzarme y pisar rocas, sentir el frescor del agua, empaparme de presencias y ausencias, jugar, leer, escribir, reir, crecer.
Acariciar la tierra, abrazar un faro. Dejarme mecer con las olas, que la marea me alcance y me cale el alma. Cobijarme bajos las estrellas y aullar a la luna.
Quiero desnudarme y ser yo.
Necesito cerrar los ojos para ver, escuchar la sangre discurriendo dentro de las débiles fronteras de mi piel. Quiero volver a sentir la más leve brisa rozándome.
Quiero descalzarme y pisar rocas, sentir el frescor del agua, empaparme de presencias y ausencias, jugar, leer, escribir, reir, crecer.
Acariciar la tierra, abrazar un faro. Dejarme mecer con las olas, que la marea me alcance y me cale el alma. Cobijarme bajos las estrellas y aullar a la luna.
Quiero desnudarme y ser yo.
jueves, 11 de julio de 2013
Planes alternativos
... Y al final pasé mucho del Orgullo.
Yo, la que siempre me colocaba en primera fila, sacando codos y defendiendo mi espacio vital para no perderme nada. La que los últimos años había conseguido dejarse de mirar y manifestarse con un buen grupo de amigas y una red de blogueras estupendas.... la que consideraba la Manifestación del Orgullo, el día festivo por excelencia.
No sé si fue el calor, que Madrid ardía aquella tarde. No sé si fue que a pesar de quedar tardísimo la Manifestación transcurría a paso de tortuga. No sé si fue que sólo estábamos tres y eso no da para muchos cachondeos... no sé si es que estoy madurando o que me he desencantado del desfile de chulazos y chicas estupendas que no me representan en absoluto... el caso es que vimos las carrozas de lejos (imposible acercarse) y después nos marchamos a cenar al Patio Maravillas.
Era la primera vez que estaba allí, casi me da verguenza confesarlo... pero qué a gusto... una cena degustación preparada con cariño e ingredientes sanos-sanísimos por cortesía de Mordisquitos.
No hace falta estar en un restaurante de lujo. No hace falta que la vajilla sea de porcelana de Limoges (como en Memorias de África). No hace falta que te deconstruyan un menú. Simplemente basta con que la comida te haga paladear sabores y texturas. Y sobre todo, con que la compañía sea tan agradable como esa noche.
Cuando te sientes tan a gusto que fluyes, cuando te das cuenta de que las demás tienen las mismas ganas de disfrutar el momento, cuando puedes dejar a un lado la idea de que cada cosa que digas tiene que ser la correcta porque has de pasar el examen... entonces simplemente eres tú, la mejor versión de ti misma. Y es genial.
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lunes, 17 de junio de 2013
Entre los sueños y la luz
Mi cuerpo yacía inmovil. En ese breve tiempo entre el sueño y la vigilia, mientras mi mente se desperezaba noté que era incapaz de mover un sólo músculo. La calidez del espacio que ocupaba en la cama me mantenía anclada a esa suave sábana.
Con los ojos entrecerrados pude adivinar que las contraventanas de hierro se encontraban semicerradas. La habitación tenía una luz tenue que me había permitido dormir en mitad de la mañana. Sentí tu presencia cercana pero la languidez me envolvía impidiéndome realizar ningún movimiento.
La brisa se colaba por las rendijas de las contraventanas. Era una brisa leve que se posaba en mi espalda. Descubrí que me habías tapado las piernas con la colcha y sonreí por tu detalle.
No sé por qué, en un momento determinado pensé que estaba en Grecia contigo. Quizá la suma de la luz de mediodía y la brisa, me recordaba a Mykonos. Deseé poder levantarme, asomarme a la ventana y ver un inmenso mar azul junto a ti.
Poco a poco me fui desperezando, comencé a sentir la sangre fluyendo por mis extremidades y pude mover lentamente los dedos de las manos. Mi mente seguía flotando en algún hermoso lugar entre el cielo y la tierra.
Me giré y descubrí que me mirabas, con los ojos chiquitines y la sonrisa depositada en ellos... al instante la ternura se apoderó de mí y de mi mano. Mis dedos aún torpes fueron siguiendo el contorno de tu espalda, bajaron por la columna y jugaron con la cintura. Mis yemas bailaron sobre tus brazos y perfilaron tu rostro... la linea de la barbilla, el laberinto de tus orejas, la gruesa nariz, el latido de tus labios...
Notaba una sonrisa en mi cara y con los ojos fijos en los tuyos dejé suspendida toda la ternura en la palma de la mano...
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martes, 9 de abril de 2013
Razones
Cada mirada al infinito de Zoe, Andrés Suárez cantando a las 6 de la mañana, un paseo junto al lago, la T.R. Nueva York, los cerezos en flor, mi triskel, los "miá" de Lúa, cualquier luna llena, el olor al jazmín del rincón del Jardín del Moro, las escaleras donde me sentaba a leer en el Entredós las tardes de invierno, tantos puentes por cruzar, Zami, las nubes, los tejados de Madrid, las palabras susurradas, los amigos, las tardes de cañas, el Retiro, desafinar mientras Cris y Ana tocaban la guitarra, deslizarme bajo el agua, el sol acariciando mi espalda, cada Orgullo, las blogueras que se han convertido en buenas amigas, el Rincón del Arco Iris...
...y a la mierda el puto trabajo que sólo sirve para pagar la hipoteca!!
PD Edito el post porque el sentido original era con la frase que he añadido.
lunes, 18 de marzo de 2013
Sobre las búsquedas
Hablaba ayer con una amiga sobre la insatisfacción vital que nos asola y las búsquedas constantes que hacemos...muchas veces sin saber realmente el objeto de nuestra búsqueda...
Conozco esa sensación de sentirme vacía, de no encontrar(me) de no sentir(me). Fueron años malos en los que tuve que reinventarme, asumir muchas cosas y descubrir que la vida es un camino lleno de experiencias malas pero apasionante en todo lo que ofrece.
Creo que en muchos de mis post trato de expresar precisamente eso...la pasión por vivir, por sentir, por disfrutar de los momentos que van llegando. Ayer se lo decía a esta amiga, que a falta de encontrar algo grande que te llene...ese concepto que nos han vendido de la felicidad, he aprendido a encontrar pequeños momentos únicos que me llenan de vida y que me alientan a seguir cada día.
He pasado los últimos cinco años moviéndome mucho, conociendo muchas personas...la gran mayoría mujeres. Tratando de encontrar gente que mereciera la pena...¿para qué? pues para todo, para compartir experiencias, para que me acompañaran en el camino....y he tenido que deshechar a muchas de esas personas, convencida de que no me llenarían. Sólo me arrepiento de haber dado muchas oportunidades a algunas que sabía que no me aportarían nada positivo. Eso me ha enseñado a ser más selectiva y a no empeñarme en lo que no puede ser...
Estos días estoy viviendo momentos muy bonitos, llenos de esa sonrisa mía tan difícil de ver.
Me he dado cuenta de que hay algunas personas de las que he conocido en el último año que aún no estando muy cerca, cuando vuelven siguen mereciendo la pena, como el primer día. Hay personas con las que no llegaré nunca a entederme, quizá porque nuestra forma de actuar es radicalmente diferente. Y hay una persona nueva por la que apuesto claramente para compartir muchos momentos y sentimientos.
He leído una cita de Chavela que os dejo aquí:
"Conversé y hablé acerca de mis experiencias, de todo lo difícil que hay en la vida., de todio lo lindo, de la extraña ternura que al final de mi vida emergió para rodear y rodearme. Esa ternura que estaba guardada en el armario de mis recuerdos, a la espera de que alguien lo abriera. Pasé años y años sin entender por qué. Por qué diablos continuaba encerrada, ahí donde estaban mis pensamientos y mis verdades. Ahora lo sé y estoy tranquila. La ternura está en la verdad, en mi verdad, en mis verdades. Ve y diles a todos que ahí se las dejo."
Conozco esa sensación de sentirme vacía, de no encontrar(me) de no sentir(me). Fueron años malos en los que tuve que reinventarme, asumir muchas cosas y descubrir que la vida es un camino lleno de experiencias malas pero apasionante en todo lo que ofrece.
Creo que en muchos de mis post trato de expresar precisamente eso...la pasión por vivir, por sentir, por disfrutar de los momentos que van llegando. Ayer se lo decía a esta amiga, que a falta de encontrar algo grande que te llene...ese concepto que nos han vendido de la felicidad, he aprendido a encontrar pequeños momentos únicos que me llenan de vida y que me alientan a seguir cada día.
He pasado los últimos cinco años moviéndome mucho, conociendo muchas personas...la gran mayoría mujeres. Tratando de encontrar gente que mereciera la pena...¿para qué? pues para todo, para compartir experiencias, para que me acompañaran en el camino....y he tenido que deshechar a muchas de esas personas, convencida de que no me llenarían. Sólo me arrepiento de haber dado muchas oportunidades a algunas que sabía que no me aportarían nada positivo. Eso me ha enseñado a ser más selectiva y a no empeñarme en lo que no puede ser...
Estos días estoy viviendo momentos muy bonitos, llenos de esa sonrisa mía tan difícil de ver.
Me he dado cuenta de que hay algunas personas de las que he conocido en el último año que aún no estando muy cerca, cuando vuelven siguen mereciendo la pena, como el primer día. Hay personas con las que no llegaré nunca a entederme, quizá porque nuestra forma de actuar es radicalmente diferente. Y hay una persona nueva por la que apuesto claramente para compartir muchos momentos y sentimientos.
He leído una cita de Chavela que os dejo aquí:
"Conversé y hablé acerca de mis experiencias, de todo lo difícil que hay en la vida., de todio lo lindo, de la extraña ternura que al final de mi vida emergió para rodear y rodearme. Esa ternura que estaba guardada en el armario de mis recuerdos, a la espera de que alguien lo abriera. Pasé años y años sin entender por qué. Por qué diablos continuaba encerrada, ahí donde estaban mis pensamientos y mis verdades. Ahora lo sé y estoy tranquila. La ternura está en la verdad, en mi verdad, en mis verdades. Ve y diles a todos que ahí se las dejo."
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