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domingo, 4 de septiembre de 2016

Los años que nos quedan

Admiro profundamente a las personas que pasan el día cuidando de enfermos. Claro, que el otro día hablaba con una amiga que es enfermera en un geriátrico y me decía... pues es lo que estás haciendo tú. Y en menor medida, pero es verdad.

El caso es que termino la semana bastante agotada; física y sobre todo emocionalmente. Llega el fin de semana y me dedico a dormir 10 o 12 horas, algo a lo que no estoy acostumbrada. Pero está claro que me lo pide el cuerpo.

Las relaciones sociales esta temporada son jodidas, porque evidentemente mi prioridad ahora mismo es mi madre y después mis necesidades corporales. Si quedo con alguien y he pasado con mi madre una de esas tardes malas, mi ánimo suele quedar por el subsuelo y no me apetece ver a nadie.

Pero me afano por vivir situaciones que me aten al suelo de la rutina de los demás, salir de la burbuja de la enfermedad y hacer cosas de las normales. Soy consciente de que alguien atado a una enfermedad no es una buena compañía y hablar constantemente de cosas relacionadas con una enfermedad es cansino a más no poder. Así que si alguien me pregunta, lo comento pero intento desahogarme por aquí principalmente. Gracias a las que me leéis.

En ese intento por seguir adelante con las cosas de la vida, ayer tuve un cumpleaños y viví un momento mágico que no me esperaba y me llenó de ilusión.

Con 19 años viví mi primera historia de amor con una mujer. Mi primera novia. La primera mujer de la que me enamoré perdidamente. La primera con la que supe lo que era realmente el sexo entre mujeres, las primeras pellas, las tardes interminables buscando rincones en Madrid donde poder pasear de la mano... Esa primera historia de amor estuvo marcada por una canción de un grupo español que sonaba en la radio.
En aquella época en la que todavía tirábamos de casettes, yo tenía siempre una cinta virgen en el aparato y cuando sonaba alguna canción en la radio que me gustaba, la grababa y luego me pasaba las horas muertas reproduciéndola. Bueno, pues esta ERA la canción. A mí me recordaba a ella y no dejaba de escucharla. Supongo que en casa de mis padres terminarían bastante hartos de la cancioncita.

El caso es que en el cumpleaños, apareció el cantante de este grupo, que es amigo de la que cumplía... y en un momento determinado agarró la guitarra y se puso a cantar canciones de su grupo. Le pedí por favor que cantara la que me emocionaba tanto a mí y aunque le costó un poco terminó accediendo. Allí le tenía, a dos metros de distancia cantando mientras me miraba a los ojos. Terminé con los míos llenos de lágrimas. Sé que era el momentazo friki pero quién se resiste a vivir algo así?

Una amiga me preguntó si pensaba tirarle las bragas. El caso es que el pantalón se me había rajado desde el muslo hasta el culo y podría haber sacado las bragas por el "hueco de ventilación" pero dado que la mujer del cantante estaba presente y que en realidad él a mí no me atrae fisicamente, me parecía pasarme un poco.

Se me hizo curioso. Este hombre lleva 20 años alejado  de la música. Tiene un trabajo que está en las antípodas de su carrera musical. No sé si con nostalgia, mMe estuvo contando cómo compusieron la canción, un poco de la historia del grupo... supongo que me veía emocionada. Me hubiera gustado poder leer sus pensamientos. Será consciente de que esa canción forma parte de la banda sonora de mi vida, de mi educación sentimental? Supongo que en aquella época se le tirarían encima adolescentes suficientes como para que le de igual lo que significa para mí. Pero desde luego me hizo levitar durante un rato y olvidar por completo mi realidad diaria.


martes, 9 de agosto de 2016

Un día cualquiera

Tenía planeado levantarme hoy tarde... bueno, sobre las 10:00 que para mí eso es tarde. Desperezarme tranquilamente, sentarme a desayunar mi zanahoria cruda de cada día y mirar en el ordenador el periódico. Pasar a ver a los gatos de mi vecina que está de vacaciones. Después, escribir algún post con mis últimas ideas o batallitas... pero lo he tenido que adelantar un poco porque, después de dos meses esperando, el obrero me llamó ayer para decirme que hoy, al fin me cambian la ventana de la cocina.
Y como todo se junta, después de tres meses sin aparecer, la regla se estuvo anunciando ayer, con lo que intuyo que hoy será su día grande.

También había pensado ir a cenar con unos amigos a un sitio que me han recomendado. Pero al llamar ayer, la dueña me dijo que con las fiestas y que se van de vacaciones, no tienen toda la carta. Puso tanto énfasis que le tuve que preguntar si realmente no quería que fuéramos a cenar... miedo me da. A saber cómo sale.

La vida empieza un día cualquiera. Puede ser un martes, como hoy, o un miércoles como hace taitantos años.... cuando el cuerpo de mi madre decidió ponerse de parto de un vez, con unos 15-18 días de retraso. Y llegué menuda, con falta de peso. Tan frágil que me tuvieron que sacar de Madrid a toda leche, para evitar que con el calor corriera riesgo de morir. Me llevaron a Galicia, con la familia materna. Y estoy convencida de que mi acento gallego, ese que aparece de vez en cuando, viene de ahí, de lo que aprendí con siete días escasos.Mi acento, mi gusto por lo celta, mi necesidad de ver verde, ese "soy de agua" que siento dentro...

La vida empieza cada día. Ya veis, comienza hoy estrenando ventan. Empieza hoy mismo, con esa cena en la que faltarás tú, si no venzo el miedo a llamarte y decirte... "Ven. Te echo de menos".

Llego hasta aquí con el bagaje de todo lo aprendido, de todos los errores que he cometido y con cada experiencia y sentimiento. Llego mucho más tranquila, muy en paz con algunos aspectos que siempre me habían ensombrecido. Con ganas, con ilusiones y sonrisas. Y con el firma propósito de no olvidar que la vida empieza un día cualquiera.



domingo, 29 de mayo de 2016

La vida de los otros


Los domingos, las vidas de los otros siempre parecen más interesantes. Como si las maravillosas fotos que la gente cuelga en Instagram fueran sus calcos y no estuvieran llenas de postureos. Todo es luz, sonrisas, colores vivos, naturaleza y flores o rincones y amigos.

Y hay quien se empeña en pensar que lo suyo es mejor que lo de al lado. Quizá es que necesiten esa excusa para seguir soportando las propias miserias. Los domingos, supongo, hay gente que no se mira en el espejo.

Por eso, cuando mi vecina, la alcohólica, me ha encontrado en la tienda de comidas caseras pidiendo una pechuga de pollo y unas patatas, ella ha pedido lo mismo y me ha dicho eso de... claro, como tú y yo estamos solas, pedimos media ración de patatas. Le he aclarado que yo había pedido una ración entera y ahí se ha entusiasmado contándome que ella sólo pide media ración porque se controla mucho. Toda su charla venía acompañada de un olor a cerveza que se me estaba haciendo insoportable. Me han dado ganas de contestarle que a ver si también se controlaba para luego no tener que subir las escaleras hasta el 3º a gatas, como la he visto alguna vez. Pero da igual. He entendido que la pobre necesita sentir que su vida es mejor que la mía y la he dejado allí toda despeluchá con su media ración.

En otra época la habría contestado, seguro. Pero supongo que en esta época centro muchas energías en intentar ayudar a mi madre. Y en soportar el dolor de espalda que tengo desde que me caí haciendo el puto "humor amarillo" del curro. Ya ves. Intentando desconectar un poco me propuse hacer lo mismo que el resto de mis compañeros. Subirme al toro mecánico, el futbolín humano, los gladiadores y todo eso con unos 15 años más y las lorzas que me adornan. El resultado fue una caída de cabeza desde 2 metros. Y doy gracias de que no ocurrió nada más.

En realidad siempre he pensado que mis dolores físicos más fuertes suelen aparecer para mitigar el dolor del alma. Como cuando me atropelló el coche. Y aquí estoy, dos semanas después, a base de drogas legales.

Hoy domingo, me he mirado en el espejo y he pensado... "Es mi vida y es lo que hay". Sinceramente, no me apetece cambiarla por otra. Ni pedir media ración de patatas.




domingo, 20 de diciembre de 2015

Y de nuevo Navidades


Este año las fiestas me pillan algo despistada. Llevo desde Octubre muy dispersa,centrando casi todas mis energías en temas familiares. El robo en casa de mis padres y la enfermedad de mi madre han hecho que pase en su casa muuuuuchas horas. Acompaño, ayudo, hago lo que puedo.Y eso me deja poca energía para mí misma.

El trabajo me está absorbiendo demasiado. Espero que para primeros de año se acabe el proyecto que me encargaron y pueda dedicarme más al día a día. De momento nos han trasladado de nuevo a nuestro antiguo lugar de trabajo. Vamos mañana ya para allá. Echaré de menos la tortilla de patatas, el jardín interior, la comodidad de que te recojan y te lleven en autocar... pero la verdad es que tener que volver a ir a trabajar en transporte público hará que me ejercite más cada día y eso me alegra.

Me llegó el lunes una notificación de que me convocaban para la mesa electoral. En principio suplente. Estuve una hora y media haciendo cola en Correos para recoger la notificación. Esta mañana me he pegado el madrugón y he ido con un par de sandwiches en la mochila por si me tocaba pasar todo el día allí. Por suerte, se han presentado todos los de la Mesa y me he podido volver a la cama. Si. Porque ya estaba duchada y todo pero me he vuelto a meter en la cama y no me he despertado hasta las 12 de la mañana. Raro en mí. Pero es que estoy agotada.

Y el remate de la semana ha sido la visita al dentista. Antibiótico y reendodoncia. Desde el miércoles sólo puedo comer por un lado de la boca y hasta el 28 no me lo terminan de arreglar. Me veo cenando  una sopa en Nochebuena.

Semanas como esta me dejan con la sensación de ser Superwoman, sólo por salir adelante... Si además esta noche se produce el cambio político que tantos esperamos, me meteré en la cama con una sonrisa de oreja a oreja.


viernes, 4 de septiembre de 2015

La justicia pequeña


Hoy ha ocurrido algo maravilloso. Algo que llevaba esperando muuuucho tiempo. Tanto como 7 años.

Pensaba y hasta sabía que en algún momento llegaría el premio de consolación a una situación en la que me vi inmersa. Una situación por la que tuve una crisis de ansiedad tan fuerte que me vi obligada a estar prácticamente un año de baja. Si de las que me leeis queda alguna de las antiguas blogueras, sabréis por dónde van los tiros. El resto, disculpadme, pero me prometí que nunca contaría un aspecto determinado de mi vida por aquí.

El caso es que después de esos 7 años luchando, peleando y sobre todo resistiendo, hoy ha ocurrido lo que deseábamos desde hace tanto. He pasado la mañana emocionada, llorando a ratos (y aún ahora), incapaz de expresar el torrente de emociones que me llegan.

Nunca, nadie, podrá devolverme aquel año de mi vida perdido. Pero lo bueno de algunas luchas de la vida es que aprendes a no quedarte en el rencor. Tampoco nadie podrá sustituir mi pierna jodida tras el atropello que sufrí hace unos años. Esta mañana, reflexionando sobre lo que acababa de suceder, me he dado cuenta de que en realidad no me alegraba. No creo en la justicia poética. Pero si creo en la justicia pequeña. En esa que con pocas palabras resarcen y dan sentido a todo cuanto has dicho durante los últimos 7 años. La que pone las cosas en el lugar que le corresponden.

Como decía más arriba, sabía que iba a llegar este momento por lógica. Pero no me he alegrado. Solamente, me he quedado pensando en lo fuerte que he sido todo este tiempo pese a mi caída. He pensado en cómo he aprendido a soportar lo que no pude en un primer momento, en cómo he aprendido a estar alegre en el peor entorno y a disfrutar de las pequeñas cosas que encontraba hasta en el momento más duro. He llevado estos 7 años con mucha resignación sabiendo que no podía hacer nada y sobre todo con bastante humor. He pasado horas literalmente riendo a costa de la situación tan disparatada. Y he aprendido que la resistencia, o mejor dicho la resiliencia es un arma excepcional para afrontar la vida.


viernes, 21 de agosto de 2015

Asalvajada


Odio la sensación de tener n blog Guadiana. No me gusta aparecer y desaparecer. Pero a veces me quedo en silencio. Bueno, eso no es correcto. No hablo mucho y necesito quedarme sin hablar pero hasta cuando no hablo expreso cosas. Necesito el silencio porque es en ese momento cuando mantengo conversaciones conmigo misma.

Y eso fue lo que ocurrió. En el último post, Cereza me decía que algo me rondaba y me quedé pensando en los post que estaba escribiendo esos días y en lo que me rondaba. Llegué a la conclusión de que por alguna razón, estaba "ajustando cuentas" con personas que pasaron por mi vida y dejaron su huella en mí. La semana siguiente al último post la pasé soñando con gente que ya no tengo cerca por elección propia o por causas de la vida. Familiares muertos, amigas que dejaron de ser y relaciones amorosas fallidas o simplemente fracasadas. Soñé con muchas ellas, con algunas dolía aún. Supongo que es una asignatura que tendré que aprobar en algún momento... el que la gente se va de tu lado cuando ha cumplido su función y no siempre es responsabilidad mía conseguir que se queden.

Pero volviendo al presente... he estado un par de semanas de vacaciones. Asalvajada. Ese ha sido mi estado. Aprovechando los calores madrileños me he ido despojando de ropa hasta ir prácticamente desnuda. Y lo cierto es que me gustaría ir sin ropa por muchos más sitios. No tengo afán exhibicionista pero cada vez me gusta más la sensación de notar el aire sobre mi piel, o el agua... Tenemos un montón de espacio destinado a sentir, muchos centímetros que reciben constantemente información del exterior y creo que nos saboteamos negándonos a hacernos conscientes de toda la información que llega.

Me gusta rascarme, hacerme cosquillitas, recorrer las palmas de mis manos y el contorno de mis dedos. Me gusta sentirme, que mi piel sienta el aire o el agua del que hablaba y el tacto. Somos piel. Y nos tocamos muy poco. A nosotras. A las demás. Desde que cruzamos la adolescencia aprendemos a sentir pudor e incluso rechazo si nos tocan. A muchas nos gustan los abrazos, pero cuántas nos quedamos tranquilamente abrazadas (no a las parejas) más de 5 segundos? ¿Por qué no tocamos a las personas tanto como tocamos a nuestros peluditos?

Durante las vacaciones visité Zamora y estuve por algunos pueblos donde había campos rocosos. Recordé cuando de pequeña, en los campamentos por la sierra madrileña, me descalzaba para subir por las rocas. Me gustaba mucho el tacto rugoso y duro de las rocas en las plantas de los pies. Si había alguna que fuera grande me tumbaba sobre ella intentando que la mayor parte de mi cuerpo estuviera en contacto con la superficie. Era un momento de paz y felicidad absoluta. Un instante pleno antes de seguir saltando con la sensación de ser un Mowgli cualquiera.

sábado, 25 de julio de 2015

Y tú de quién eres?


No sé si recordais que a mediados de mayo hice una entrevista de trabajo en la que lo pasé mal por las puñeteras bragas que llevaba. De resultas, me dije aquello de... "A las diosas pongo por testigas que nunca me volverán a apretar unas bragas!!"

Así que aproveché mi viaje a Nueva York para ir a un almacén que ya conocía y hacer acopio de unas bragas que me gustan y desde luego, no me aprietan. Como me traje un montón de bragas y calcetines, decidí que era el momento de limpiar el cajón de la ropa interior y hoy me he puesto a ello.

He recordado aquella época en que me dio por comprar calcetines de forma casi compulsiva... daba igual si la nevera estaba vacía pero necesitaba un par más de calcetines... si llega una guerra que no me quede descalza! No sé por qué fue aquello... Era tal mi afán por los "chinines" (como los llamaba de pequeña) que hasta le compraba pares a mis parejas o amigas. En fin, ya paso, eaeaea... pero de aquellos polvos, estos lodos y mi cajón está lleno de calcetines tobilleros. He aprovechado para tirar todos los que clarean o tienen pequeños agujeros. Ay!! si supiera coser...

Cuando me he puesto a seleccionar las bragas viejas que quería tirar, he encontrado algunas que no eran mías! Cuatro! cuatro bragas que no reconozco ni por tamaño, forma, ni color. Pero lo mejor de todo es que no tengo ni idea de quién son... Me he quedado mirándolas intentando averiguar a quién pertenecían y oye! es que ni idea... A ver, que mi casa no es un desfile de mujeres constante, ni mucho menos. Ultimamente tampoco recibo muchas visitas, pero es que no sé a quién se le ocurre irse dejando las bragas por ahí. Porque ninguna de las cuatro son de la misma persona. Y se me abren una serie de interrogantes...

- De quién son las susodichas bragas?
- Por qué las dueñas se las han dejado en mi casa?
- Se olvidaron de ellas en el fragor de la batalla o las dejaron a propósito como recuerdo?
- Traían de repuesto o se fueron con aquello al aire?
- Será que Lúa en su afán conquistador las apresaba y las ha ido escondiendo?

Lo cierto es que si estaban en el cajón de la ropa interior, es que previamente han pasado por la lavadora. Y no sé si agradecer a las susodichas que las dejaran en el cesto de la ropa sucia, o morirme de verguenza porque la mujer que limpia mi casa haya encontrado bragas sucias bajo la cama (o a saber dónde)

Recuerdo un ligue que tuve hace años que se empeñó en dejar un pijama para cuando venía a pasar la noche. Al cortar, no reclamó el pijama y se quedó allí meses hasta que me harté y lo mandé para Cuba con un atillo de ropa. Lógicamente las bragas han ido a la basura, así que si alguna de las que las dejó lo está leyendo... lo siento...

En fin, me temo que este misterio quedará sin resolver, pero no sabéis lo contenta que estoy con mis bragas nuevas!

lunes, 13 de abril de 2015

Okupa-da

Esta mañana cuando salía para trabajar se me ha colado una gata en casa. Debía estar en las escaleras de la Comunidad y en cuanto ha visto que he abierto la puerta ha entrado disparada.

Zoe en ese momento estaba en la puerta de la cocina. Acababa de desayunar y se estaba relamiendo cuando ha visto correr por el pasillo a la minina.

Me imagino que ha pensado...aaaah no! Hasta aquí hemos llegado. Tuve que aguantar hace 3 años que me metieran a la pequeñaja de ojos azules. Pero no paso porque me metan otra!

Se ha ido detrás de la gata bufando como una loca y con ganas de gresca, que se lo he notado yo. En el salón la okupa se ha metido bajo el sofá y no había manera de sacarla. Por otro lado, yo me tenía que marchar porque hoy llegaba el jefe nuevo y no podía retrasarme aduciendo que se me ha metido en casa una desconocida.

Me he encomendado a San Minino y me he marchado pensando en lo que quedaría de mi casa cuando volviera. Por suerte, una amiga se ha podido acercar a  media mañana y hacer que la gata  desconocida y fascinante se fuera a la cocina.

Allí me la he encontrado al volver. Agazapada entre el microondas y el termo con todas las ganas del mundo de bufarme.

La he puesto comida, agua, un arenero improvissado... he puesto carteles en la Comunidad y en los portales de la manzana. De momento no ha habido suerte... Espero que no tarde mucho en aparecer el dueño porque yo no le caigo bien a la okupa y ella no le cae bien a Zoe y Lúa.

Y a ver quién es la guapa que la coge para llevarla al Veterinario... Me he pasado media hora intentando meterla en el transportín para que duerma segura y no ha habido manera... Pongo una foto por si diera la casuelidad de que llegase a alguien que la eche en falta.




lunes, 23 de marzo de 2015

Encuentros, desencuentros y hallazgos

Sigo escribiendo los domingos. No sé cómo lo hago pero es cuando encuentro el remanso de paz que necesito para sentarme al ordenador. El resto de los días me voy liando yo sola.

Han trasladado de centro de trabajo mi departamento. Incluso nos hemos cambiado de ciudad. Ahora, llegar a mi trabajo se convierte en una aventura diaria que a lo tonto me genera estrés. Mi nueva oficina es más amplia y hemos descubierto que en la cafetería dan unos pinchos de tortilla impresionantes a 1 euro. Esto último no sé si meterlo en la lista de pros o contras... El cambio me ha permitido reencontrarme con gente que hacía al menos dos años que no veía. Incluso a algunos que conocí al entrar en la empresa hace ya 21 años. Les veo con la misma cara pero noto el paso de los años. Supongo que quien me recuerde o reconozca pensará lo mismo.

Hoy el el cumpleaños de mi padre. Le preparé de regalo unas galletas que llevaban impresas fotos de su vida. Todo comestible. Le hizo mucha ilusión verlas pero no se las quiere comer. Está pensando en "enmarcarlas" y por más que le digo que se van a poner pochas no hace caso. Con las ganas que tenía yo de comerme su galleta de bebé...

Cuando fui a recoger las galletas pasé por una librería y se me ocurrió entrar. Allí encontré a precio de saldo, el último ejemplar que les quedaba de un maravilloso libro...


Qué posibilidades había de que yo entrara en la tienda ese día, a esa hora y encontrase el último ejemplar?
Casualidad? quizá la misma que me hizo buscar de nuevo unas figuras de Lego que llevaba buscando casi un año. Lego había anunciado oficialmente que no iba a volver a producir las figuras de las mujeres científicas. Removí cielo y tierra y las encontré pero a precio de mírameynometoques. Hace unos días, tras leer el comentario de alguien en facebook, busqué de nuevo y las encontré a la venta en el Corte Inglés a precio de buenovengava!

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Esta tarde fui a un cine madrileño, propiedad de la SGAE donde hacen ciclos de películas. En esta ocasión es un ciclo sobre "Amigas". He visto por primera vez Pepi, Luci, Bom... y a la salida, he visto (en este caso no era la primera ni la segunda vez) a una mujer con la que hace un tiempo tuve una cita muuuuy fallida. Ha pasado por mi lado y ni me ha saludado. Ya ha ocurrido otras veces... digo lo de que esta tía me vea y no me salude. Y no entiendo qué la lleva a hacer como que no me conoce. No sé, últimamente me tropiezo con bastantes tías gilipollas. Alguna incluso lee mi blog, que es lo que más absurdo me parece. 

lunes, 19 de enero de 2015

¿Estas cosas sólo me pasan a mí?


El principio de año ha sido bastante desasosegador. La muerte anunciada de mi tío se produjo la noche del día 6, así que empecé mis vacaciones pendientes del año anterior con un tanatorio y un entierro.

La vuelta al trabajo ha traído consigo la noticia de un cambio en mi centro de trabajo. Nos mudamos a la sede central de la empresa y el cambio en si conllevará una rebaja en el dinero que percibo anualmente así que no estoy muy contenta que digamos.

Pero entre tanto momento amargo, ha habido un par de situaciones de esas que cuando las recuerdas al cabo del tiempo, terminas riendo bastante.

En mis cortas vacaciones me fui a un spa, a "tomar las aguas". Dejé las cosas en la taquilla que había en el vestuario y corrí presurosa en busca de las burbujas del jacuzzi y los chorros de la piscina. Cuando terminé el circuito, descubrí con horror que la llave de la taquilla había desaparecido de la pulsera de goma que llevaba en la muñeca. Muerta de frñio, en bikini y tapada escasamente por la toalla, tuve que salir a la recepción a decirle al encargado lo que había ocurrido para que me dejara la llave maestra de las taquillas. Mi gozo en un pozo... no existía dicha llave. En un momento me vi como aquella bloguera que se olvidó la toalla y al salir de la piscina tuvo que secarse con su propio abrigo.

El encargado me pidió que esperase a que terminara una gestión y me ayudaría a buscar dentro del spa. Mi acompañante ya estaba seca y vestida y yo seguía tiritando. Al cabo de media hora, apareció la llave en el fondo del jacuzzi. Estaba mimetizada con el fondo azul pero tuve la suerte de que una chica la pisara. Si no, ya me habría sacado algún zaping en la tele como la loca del bikini en enero por la Gran Vía.

Y para rematar el fin de las vacaciones tuve el funeral por mi tío. Metidos en el coche en un atasco de cojones y con los nervios de mis padres a flor de piel descubrí con horror que se me habían roto los pantalones que llevaba. Y no era un agujerito, no... un agujero en la zona baja del pubis, junto a la cremallera,  por donde cabrían dos dedos (no seais mal pensadas) mas una raja que iba descendiendo por la pierna. En ese momento las bragas de colores ya asomaban y era difícil, por no decir imposible, disimular el estropicio.  Así que me callé para no caldear más el ambiente, dejé caer sutilmente el pañuelo que llevaba al cuello y entramos en la Iglesia, directos a un banco de la primera fila con 10 minutos de retraso. Ignoro si alguien percibió mi curiosa forma de avanzar por el pasillo, con un estilo a medio camino entre una gheisa y chiquito de la calzada.

Creo que he acumulado en una semana los momentos surrealistas de todo el año. No more please!!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Navidades en Heterolandia

Un año más han llegado estas fechan tan entrañables para millones de personas. Yo no soy una de ellas.

Son las primeras navidades de mi hermano casado. Su mujer es malagueña y los padres de ella decidieron hacer un viaje relámpago para poder verla en Nochebuena.

Me preocupaba el choque cultural entre los alegres malagueños y el ambiente serio y tenso que suele acompañar a mi familia en estas fiestas. Llegué a pensar que lo nuestro sería un remedo de 8 apellidos vascos. Como siempre me equivoqué. En algunos aspectos fue peor.

He de confesar que la cena transcurrió de modo agradable. Suegros, consuegros, los tortolitos y yo... en apacible serenidad... no se sacó el tema político ni se habló de toros, los regalos fueron todos acertados y la noche parecía avanzar sin sobresaltos. Noté algo extraño cuando mi hermano y mi cuñada hicieron un comentario en plan... dilo tú, no dilo tú... y pensé.. .ay! que se han embarazado o han echado a alguno del trabajo. Pero se marcharon sin decir nada.

La trampa estaba en ese aperitivo que sustituyó a la comida de Navidad. Mientras estábamos atacando el jamoncito y un pastel de verduras, los tortolitos se decidieron a dar la noticia...podrían estar embarazados...Mi hermano no tuvo reparos en mencionar lo reciente que era el percance y cómo había sucedido. Mal empezamos... qué necesidad tenía yo de conocer toda esa información...

Pero aquí la cosa se desmandó. Mi cuñada diciendo que era imposible que se quedara embarazada a la primera... mi madre y mi suegra comentando que no importaba si se quedaba embarazada y mi hermano se vino arriba y sacó su lado más machi(s)to hablando de la calidad y velocidad de sus espermatozoides.

Asistí asombrada y boquiabierta ante una exposición llena de lugares comunes sobre la virilidad masculina y las relaciones heterosexuales. Cuando se marcharon para coger el tren de vuelta a su andalucía natal, le comenté a mi madre que me incomodaba mucho tener que enterarme de cuando tenían relaciones mi hermano y su mujer y si se les pinchaba el condón o no contaban bien los días de ovulación. Mi madre, por supuesto, defendió la conversación diciendo que era perfectamente normal.

Me quedé con ganas de decirle que si mi novia (que no la tengo) y yo comentáramos en la comida de Navidad sobre cuándo follamos y qué posturas son las más beneficiosas para propiciar la eyaculación femenina, por ejemplo... lo encontraría tan normal como lo de mi hermano y participaría alegremente todo el mundo en la conversación...

Por desgracia... ya conozco la respuesta.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Cuestión de matemáticas


Estuvieron el fin de semana en casa Siempre Suya y Laquetecuén. Como siempre, me dejaron esa sensación de calidez que las acompaña. Si además cuando se van te das cuenta que te han colocado lo que había en el lavaplatos, la felicidad es completa!!

Da gusto poder hablar con alguien de lo que sea y sentir que eres escuchada y comprendida. Vernos cada mucho pero sentir que siempre están cerca... Mientras paseábamos por Madrid, pensaba en esas personas que pasan por tu vida y suman.

Son esas personas que sacan la mejor versión de mí misma. Con ellas soy divertida, ocurrente, llena de energía y creatividad... sin dejar de ser la Chris reflexiva, visible y crítica con el sistema, de siempre.

Por el contrario, hay otras personas que te restan... supuestas amigas que siempre ponen el punto negativo o crítico a tus actos, que desde una posición pasiva agresiva te menosprecian con sutiles comentarios. Hasta que te hartas y te alejas de esas personas, aún a costa de perder también a las que te suman. Restan las que te roban energía, las que hacen que te enfades, las que te pican por el placer de verte saltar, las que buscan en ti lo malo de tu vida, para sentirse ellas bien con la suya...

Y luego está esa persona que sumaba, que me aportaba tanto y que un buen día, hace un año, dio media vuelta y salió de mi vida sin ni siquiera decir adión, ni darme la oportunidad de despedirme. Me ha costado un año entero (si, soy lenta en mis procesos) digerirlo. He pasado por todas las fases del duelo, la negación, la tristeza, la ira.... hasta que al fin lo he aceptado. Supongo que el hecho de verla de vez en cuando no me ayuda en absoluto y siempre me quedará cierta tristeza y ese poso amargo de no saber qué ocurrió. Pasó de ser una persona que sumaba mucho a una que ha restado todo.

Fuimos Siempre Suya, Laquetecuén y yo el otro día a la bolloparty en Villa Faralaez. La fiesta, como todas las que organiza la anfitriona estuvo llena de buenos momentos, risas y hasta alguna lágrima. En cierto momento de la noche, me quedé mirando a las que allí estaban. En el breve espacio de una cocina se habrían congregado, las que sumaban, la pasivo agresiva que restaba y la que se marchó sin decir adiós. En cierto modo fue como contemplar los 2 o 3 últimos años de mi vida en un mismo escenario...

Me sacó de mis pensamientos Verticana, que se acercó a disculparse por no haber hablado conmigo antes y a preguntarme cómo estaba. No se puede ser más sencilla y amable. Y me dio por pensar que el resultado de la ecuación siempre termina siendo positivo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Caer y levantarse


Decía un tal señor Goldsmith algo así como que nuestra mayor gloria no consiste en no caer jamás, sino en levantarnos cuando caermos. Y si, tiene razón.

Estos días en los que estoy así, flojita, pienso en eso constantemente...

Os comentaba hace unos post algo acerca de un regalo.... llegó... al fin... después de dos años esperando!!! sólo tuve que levantar el teléfono y decirle a Sis... mira, que es que la necesito de verdad. Que como no encontrais el momento de traerla, voy a ir a vuestra casa a buscarla. Y al día siguiente quedamos en vernos.

Subí a la sierra, la abracé y pudimos charlar un rato sobre cómo van las cosas para las dos. De vuelta, me bajé a Madrid esta preciosidad... 




Y he salido ya varios días con ella por Madrid Río para poder ver y atravesar puentes, que es lo mío...

Eso si, ya me he caído dos veces. Pero, volviendo al principio del post... me he levantado como una campeona. El problema radica en que los pedales tienen unos estribos en los que se me encaja el pie cuando freno. Así que, lo que tardo en poner el pie en tierra ya ha caído tooooodo mi cuerpo. Eso si, he de decir que el último día me ayudaron unos señores muy amables a levantarme y se preocuparon por si me había mareado o me encontraba mal. Se ve que hay buena gente por ahí.

Si montais en bici, ya sabéis lo que se clava el sillín en nuestras partes nobles. Decidí comprarme un culotte y oye!! ahora parezco John Wayne andando!  qué sensación tan extraña la de llevar ese relleno entre las piernas. Para las lectoras más veteranas.... me recuerda a las antiguas compresas que llevábamos, que parecía que tenías ahí la misma enciclopedia británica de gordas que eran...

Mientras hago un poco de ejercicio que me viene estupendamente... voy parando junto a los puentes, los cruzo, contemplo alguna piragua en el río... y hasta descubro a amigos pintados en el techo del Puente del Invernadero...



 
 
 
Prosigo el camino, transitando, intentando disfrutar de las vistas... al atravesar un puente miro al cielo y pienso que ojalá las cosas fueran distintas... pero no lo son... y en algún momento lo aceptaré sin más. Mientras, me sigo considerando afortunada por muchas cosas... entre ellas, vivir aquí.
 


Puente de Toledo

Puente de Segovia. Lo cruzo y llego al Rincón del Arco Iris.


martes, 30 de septiembre de 2014

En construcción


Ya pasó el bodorrio. Todo fue en realidad mucho mejor de lo que esperaba. Fui yo, a mi manera. Y hubo gente que no me reconoció.Me dio igual. Bailé como una loca con una amiga de mis padres que fue la única que tuvo el valor de quitarse prejuicios y decirme que iba muy guapa.

Me alegró poder ayudar a mi hermano y a mi padre a engalanarse. De la ceremonia mejor no cuento porque lo del cura no tiene nombre...

Como siempre tuve que poner calma en los momentos previos porque surgieron varios "problemillas" de los que me hice cargo. Y es que me he especializado en mantener la calma y solucionar problemas cuando todo se desborda. Aunque luego me pase factura...

Y no sé si serán esos nervios contenidos lo que se me ha desbordado ahora, o quizá un baño de realidad alternativa que tuve durante el evento... pero la post boda está siendo durita de cojones.

Ando con una sensación de vértigo y de estar totalmente perdida desde que volví de Ronda que me tiene hiperbloqueada. Recordais los dibujos del Correcaminos y el Coyote? Cuando el Coyote perseguía al dichoso pajarraco, siempre había un momento en que era consciente de que no había nada bajo sus pies y que en una décima de segundo comenzaría a caer.Pues yo tengo esa sensación de forma constante desde que he vuelto.



Y aunque en el dibujo quede gracioso y eso, en realidad es un acojone tremendo.

Siento que todo es vacío a mi alrededor, que no tengo ningún punto de apoyo, ni físico ni emocional. A veces me descubro con necesidad de hacer cosas con las manos, construir, crear algo que supongo, supla ese vacío que noto en derredor. Y entonces cojo el Lego y monto unas cuantas fichas. Y trato de dar forma a un remedo de lugar donde pueda habitar y sentirme protegida.




viernes, 15 de agosto de 2014

Antonia



Antonia, cariño, ya tú sabes que de vez en cuando me da la ventolera. Así que cuando a las 15:05 te he puesto un wassap y te he dicho, "estoy de vacaciones, paso a recogerte" es porque se me acababa de ocurrir. Que yo andaba pensando en volver a casa con las gatinas y descansar, pero me he dicho... y qué tal si vas a buscar a Antonia, para que salga y haga un poco de ejercicio? y ya de paso podéis ir a la Fnac y compra ese libro que quieres regalarla.

Y siento no haberte dicho hasta más tarde que no había comido. Son los gajes Antonia, del transporte suburbano, que paso mucho tiempo bajo tierra y sin cobertura. Siento haberte dejado sin ese medio plato de arroz que has cocinado, pero me alegro de haberlo podido disfrutar.

Y siento aún más que el libro que quería regalarte ya lo tuvieras. Porque Antonia, hija, eres la leche. El único libro que te has comprado en meses es justo el que yo te quería regalar para que lo leyeras en ese jardín que tanto te gusta.

Pero a lo que vamos, que a lo tonto nos hemos ido a la Fnac y me he comprado un libro de Nueva York y una película Después hemos estado buscando unas zapas para ti y cuando no hemos podido más nos hemos ido a cenar. Comida, conversación y complicidad ¿qué más puedo pedir?

Hemos fluído y todo ha sido sencillo y alegre Antonia. Sé que tú también lo has sentido así. Y eso es el presente, Antonia. Es como flotar, sabes? simplemente te dejas y estás atenta a todo lo bueno que se va presentando para no perdértelo.

Mil gracias por el libro de Flores raras y banalísimas... ya tengo para comparar con la película!!!

No quiero despedirme Antonia, sin dejarte algo que estoy segura que te hará reir....




miércoles, 13 de agosto de 2014

El mundo de las pequeñas cosas


Mientras pasan los días sin que encuentre el modelito que llevaré al bodorrio descubro que hay un puente ya mismo!

Si, soy así de boba. En mi trabajo se curran los festivos y no estoy acostumbrada a fijarme en el calendario. Cuando me enteré que había un viernes festivo y que no me tocaba trabajarlo empecé a dar palmas con las orejas!

La última vez que tuve un puente libre fue en mayo del 2012, hace ya más de dos años... uf! cómo pasa el tiempo. Recuerdo especialmente el último día que pasé en Cambrils, cuando pude disponer de una playa vacía practicamente sólo para mí y la amiga con la que compartí aquel día. Eran momentos de libertad, en los que me sentía tan a gusto conmigo misma, que terminamos desnudas y bañándonos tal cual.

No, ya no son esos tiempos. No he previsto nada para el puente. Me encantaría escaparme y poder volver a tumbarme desnuda sobre la arena. Galicia me está llamando. Ultimamente todo me lleva en pensamientos hasta allí.   N e c e s i t o   e s c a p a r m e  Sueño con coger un tren y poder contemplar el mar de nuevo. Los días de junio me supieron a poco.

Pero me descubro habitando el mundo de las pequeñas cosas, donde frente a mi necesidad de que algo ocurra, imperan los susurros, los sueños soñados en bajito, los leves sentimientos, la belleza de lo sencillo, quizá hasta el anhelo de una soledad compartida con alguien semi desconocido.

Me quedaré estos días por aquí, intentando cortar de una vez los flecos que me lastran. Una vez que tenga el traje podré respirar mucho mejor. Mientras, contemplaré las nubes y disfrutaré con las gatinas del descanso. Comienzo ya a preparar en mi cabeza la lista de lo que necesito para cruzar en pocos días tantos puentes que me esperan.

jueves, 1 de mayo de 2014

Pan y quesitos


Me gusta caminar estos días por las calles de mi barrio. Están llenas de robinias, pseudo acacias que le han llegado a dar nombre a alguna calle. Tienen unas flores que derraman un olor que me termina embriagando. Cada año anhelo que llegue la primavera para volver a oler su fragancia.



Me detengo junto a su tronco y por unos momentos cierro los ojos para concentrarme en el olor. Sin embargo, estos días atrás, cuando lo he hecho, me he quedado paralizada. Tenía una profunda sensaciín de haber olvidado algo.

Me lleva sucediendo un par de meses. De repente voy caminando por cualquier lado y me paro porque parece que algo quiere acudir a mi memoria. Algo que no soy capaz de recordar. Me quedo mirando al vacío, o callada... intentando que lo que sea acuda a mí. Pero no sucede. Y continúo con esa profunda sensación de algo que está ahí y no acabo de ver.


Hace años, cuando comencé en la Universidad me exigían que escribiera a diario redacciones, artículos, crónicas... y que además las presentara a máquina. Por aquel entonces todavía no estaba extendido el uso de ordenadores y yo nunca había utilizado nada que no fuera lápiz o boli. Mi madre me dejó una vieja Olivetti con la que mi abuelo escribió desde los años 50 sus editoriales y artículos. La máquina tenía un teclado en el que las letras estaban lo suficientemente separadas como para que al teclear con mi poca maña, los dedos se colaran entre los huecos haciéndome constantemente heridas que sangraban.





Me pasé todo el primer curso peleando con la dichosa máquina para aprender a teclear con una velocidad digna. En mi afán por hacerlo bien llegué a tener durante meses sueños en los que tecleaba lo que escribía. En el sueño veía claramente mis dedos heridos pulsar tecla por tecla hasta que conseguía terminar las frases.  Por suerte, al curso siguiente compramos una máquina de escribir eléctrica con un teclado similar al de los ordenadores. La vieja Olivetti luce ahora como merece en el Museo de la Prensa de Granada y yo no la echo nada de menos.

Algo parecido a lo de la máquina de escribir me ocurre con la percusión. No sólo voy por la calle o en el metro, tocando en el aire diferentes ritmos para conseguir coger la soltura que preciso. Estoy empezando a soñar que agarro las baquetas y toco la caja. Quizá de este modo interiorice mejor el ritmo y pueda tocar igual que mis compañeras. Sé que soy una principiante absoluta y que no lo hago bien. Voy a clase y le echo ganas. Disfruto cuando consigo un sonido uniforme al del resto.

Por contra, hay bastantes veces que me pierdo o el ritmo no sale. Eso me agobia y me desanima algunos días. Me hace plantearme si cambiar de instrumento o dejarlo. Aunque siento que la percusión me enraiza con la tierra y me hace feliz. Porque lo cierto es que cuando toco, estoy muy cerca de recordar eso que he olvidado.

lunes, 28 de abril de 2014

El día después


Ayer hacía algo de frío en Madrid... y sobre todo unas nubes que presagiaban agua. Estuvo cayendo por la mañana y andaba yo preguntándome si nos daría tregua por la tarde.

Pero allí estuvimos... en el acto de conmemoración del día de la Visibilidad Lésbica. Y lo cierto es que lo dimos todo.

Nerviosa como un flan, intenté disfrutar lo más posible y olvidarme de que era de las novatas. Pasito a un lado, pasito al otro... molaba ver entre el público pareja, blogueras, viejas conocidas y hasta gente que me conoció hace años y que al verme se acercaron a saludar.

Como siempre, un montón de curiosos cotilleando mientras nos preparábamos... señoras que nos daban su bendición, señores que se alejaban refunfuñando y presurosos al enterarse que aquello era por las lesbianas, incluso alguna anciana incauta que quería comprar la camiseta que llevabamos, sin entender bien el mensaje que ponía.

Ha sido la primera vez y espero que después vengan muchas más. Gracias, muchas gracias a las que habéis compartido este momento conmigo. Por venir a vernos, por aguantar el chaparrón que al final nos cayó. Por disfrutar de la magia de la percusión...

 
 

domingo, 23 de febrero de 2014

¿Casualidades?



Echo la vista atrás y descubro que febrero está lleno de casualidades... Hace tres años quedé con varias mujeres para comentar la historia del lesbianismo español. Entre esas mujeres estaban algunas reconocidas feministas y activistas LGTB.

Guardo un buen recuerdo de aquella tarde. Fue una reunión agradable que tuvo lugar en el Entredós, cuando allí aún no servían coca cola. Una de las activistas y yo quedamos horrorizadas al saber que por convicción se negaban a servir esa marca de refrescos, pero que si tenían otras bebidas de la misma compañía.

Justo un año después, quedé con esa misma activista en una cita que no se llegó a producir porque me dio plantón. Escribí un telegrama a Cupida agraviada por lo sucedido y pidiendo una cita en condiciones. Me respondió una muchacha diciendo que si supiera ligar se animaría a contestar mi telegrama. Fue una bonita manera de decir "no, gracias" a una pregunta que todavía no le había formulado.

Una semana más tarde, al fin se produjo la cita con la activista en cuestión. Una cita que quedará para los anales de la historia como la más desastrosa que he tenido nunca. Terminé cabreada como una mona sorda.

Un 23 de febrero de hace dos años me tatué un triskel en mi tobillo mientras le contaba a la mujer que me hizo el tatuaje, el desastre de aquella cita que ocurrió días antes. La risa y el llevar el tobillo embadurnado de crema anestésica hizo que no doliera apenas. Quedé tan contenta con mi tatuaje que desde entonces pienso que algún día me haré otro.

Hace un año, volvía a tener alguna cita... curiosamente con la muchacha que decía que no sabía ligar.  Esas citas comenzaron en el Entredós. Después se desarrollarían no muy lejos de allí, entre cervezas, palabras y croquetas. En esta ocasión si que me atreví a preguntar... a mi manera, por escrito... y con la mayor delicadeza que pudo dijo de nuevo... "no, gracias".  A diferencia del año anterior, no hubo cabreo, sólo tristeza.

Quizá Cupida quiso resarcirme y unos días después (hace 365 para ser exactos) la muchacha se lo pensó mejor y dijo... "venga, vale".  Cuando ha salido de mi casa hoy, llevaba una sonrisa preciosa en su rostro. Y me ha dejado otra a mí que aún perdura.





sábado, 22 de febrero de 2014

El wassap y un señor de Murcia


Como ya sabréis, el whatsapp está caído y medio planeta desesperado, al borde del suicidio colectivo, incapaz de comunicarse de otra manera.

No me quiero creer el ombligo del mundo pero es que es mucha casuadlidad, no? Veréis... tengo un grupo de whatsapp con unas amigas, algo muy frecuente. Nos pasamos el día diciendo chorradas varias, contando nuestras preocupaciones, alegrías y desesperos varios.

El caso es que hoy, una del grupo, Mamen, nos cuenta que quería comentar algo con otra... Paloma, así que le ha puesto un privado. Y que le ha contestado un señor diciendo que lleva muchas semanas recibiendo nuestros mensajes.

Por este medio, el señor (de Murcia) se ha enterado de que Concha ha estado en Borneo visitando a su hija, que Sara está de reuniones feministas en Madrid, que Chelo nos quiere mucho a todas los días impares y que yo ando con los puñeteros vértigos...  Temas todos de rabiosa actualidad y que suponemos le apasionan.

El caso es que con esta Paloma hemos wasapeado hace 10 días y ahora nos resulta imposible de localizar. Sólo tenemos el número del móvil  Imaginamos que el señor, harto de nuestras pequeñas grandes historias ha decidido tirar del cable y ha desconectado a toa España y parte del extranjero.
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