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sábado, 7 de octubre de 2017
¿Tan sólo cinco minutos?
Llegó con el viento del este compartiendo imágenes de mujeres enamoradas. Quebró mis miedos y declaré el estado de la palabra.
A mis dedos le seguían su voz. A mi voz le acompañaba su calma
Nuestro carácter fue hecho de Atlánticos y el Mediterráneo nos mediaba. Rompimos las coordenadas y llegué a trazar un mapa.
Quizá fueron apenas ¿cinco minutos? Horas y horas contenidas en días. En simetrías y semejanzas...
La noche no llegaba hasta que me abrazaba en la cama. Su piel a mi espalda.
Algunas veces te quedabas
Años atrás llegué a amar a una isleña tan sólo durante 4 días, pero he descubierto que tú te cerrabas.
Y tu silencio se posó en otra boca. Y mi silencio se quedó sin coartada.
Hay despedidas fugaces sin besos ni abrazos.
Hay recuerdos que te abrasan.
Hay puentes que no te alcanzan.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Cuando la Historia sale a tu encuentro
¿Os ha ocurrido alguna vez que al terminar un libro queréis
saber qué fue de los protagonistas? ¿Os habéis empapado tanto de un relato que os han contado, que querríais
saber qué sucedió al día siguiente?
Hace unos 30 años, me
contaron la historia de un muchacho que quería ser marino. No sé si fue por la
persona que me la contó, porque la
historia desbordaba Atlántico, porque me sentí identificada con el protagonista…
no sé, pero el caso es que Iñaki quedó anclado en mi memoria.
Hace unos días me acordé de él y sentí la necesidad de
ahondar. De saber qué había sido de él. Si se trataba de una ficción más de las
que se inventan algunas personas, o qué parte de verdad había en aquello. Me sorprendió descubrir que Iñaki había
existido en realidad, que desplegó sus velas tan cerca de Santiago y que tras orzar, arribó
demasiado pronto a puerto. Pude ver fotos de los lugares donde transcurrió su Historia, documentos que confirmaban el viaje que emprendió, saber de otros protagonistas del relato, de los
hijos que tuvo…
Así se han fundido pasado y presente. La tradición oral, la
escrita y las nuevas tecnologías que me han permitido seguir su pista.
Nunca se sabe. Tal vez algún día pueda volver a pasear por
aquellas calles de mi infancia que él pisó antes, disfrutar con las aguas
azoradas del puerto, la vista sobre la ría los balandros orientados a barlovento, los
mismos lugares donde se forjaron sus sueños. Entonces el círculo se habrá cerrado.
jueves, 14 de julio de 2016
Auditivamente kinestésica
Llevo toda la semana absolutamente descentrada, pensando en lo que pasará en los próximos días. Visualizando, que me han dicho que da resultado...
Así, el martes me tenía que ir a Tres Cantos, a un curso que me iba a dar mi empresa. Pero por aquello de que se me va la olla muymucho, a las 8 estaba sentada en mi puesto de trabajo en Alcobendas. La cara de mi jefe al verme allí sentada fue un poema. La mía cuando me di cuenta del error, mejor no la describo.
Total, fui al día siguiente. En el curso explicaron que hay tres tipos de personas basándose en teorías psicológicas. Visuales, auditivas y kinestésicas. Y por lo que estuvieron comentando, yo tengo gran parte de la tercera, aunque también presento rasgos de la segunda. Por si no conocéis el tema, os diré que las personas kinestesicas tendemos a captar la realidad y a relacionarnos con nuestro alrededor, a través de las sensaciones corporales y las emociones.
Me gusto lo que nos estuvieron comentando, el saberme reconocida y el poder ponerle nombre a cosas que siento. No me atreví a preguntarlo, pero me huelo ademas que mi sinestesia tiene que ver con que sea kinestésica.
Y una vez que le pones nombre a algo, echas la mirada atrás y te das cuenta de que ahí ha estado siempre. Declararme a menudo yonki de sentimientos, mi gusto por los abrazos, por los masajes sensitivos y esa necesidad de vivir momentos especiales como forma de ser feliz.
Hay momentos en mi vida que guardo en esa cajita especial de la memoria. Momentos que aunque desprovistos de importancia objetiva, se han quedados anclados en mi alma como los mejores que he vivido. En muchos de ellos reconozco un rasgo común. Para mí han sido hermosos, han tenido una particular belleza que me ha traspasado la piel y me han llenado de sensaciones físicas y espirituales.
Para San Juan, me fui con mis heteras a casa de una, que se ha mudado a El Campello. Tenia muchas ganas de playita, de sentir el sol y sobre todo el agua. Tuvimos la suerte de que había luna llena para la noche de San Juan y la ocasión propició que cumpliera uno de mis sueños.
De madrugada y tras quemar el papel con lo que quería alejar de mí, decidimos bañarnos. La temperatura del agua era perfecta y junto a nuestra hoguera, se extendía sobre el Mediterráneo, el reflejo de la luna llena. Siempre había pensado que el reflejo de la luz en el agua era ficticio, de los que al acercarte tú, se va alejando... pero no.
Me desnude y me fui adentrando en el agua. Sentí que ese mar me acogía al tiempo que mis ojos apresaban la belleza del momento. Rodeada de amigas, era casi incapaz de articular las palabras que necesitaba. Fue pura belleza, plenitud, comunión con el agua y la luna, elevada justo encima de nosotras. Fue calidez y amor por este planeta y esta vida que me ha sido regalada. Fue magia y marea. Fue murmullo de olas y latidos. Fueron lágrimas ligeras de emoción.
Fui piel.
Así, el martes me tenía que ir a Tres Cantos, a un curso que me iba a dar mi empresa. Pero por aquello de que se me va la olla muymucho, a las 8 estaba sentada en mi puesto de trabajo en Alcobendas. La cara de mi jefe al verme allí sentada fue un poema. La mía cuando me di cuenta del error, mejor no la describo.
Total, fui al día siguiente. En el curso explicaron que hay tres tipos de personas basándose en teorías psicológicas. Visuales, auditivas y kinestésicas. Y por lo que estuvieron comentando, yo tengo gran parte de la tercera, aunque también presento rasgos de la segunda. Por si no conocéis el tema, os diré que las personas kinestesicas tendemos a captar la realidad y a relacionarnos con nuestro alrededor, a través de las sensaciones corporales y las emociones.
Me gusto lo que nos estuvieron comentando, el saberme reconocida y el poder ponerle nombre a cosas que siento. No me atreví a preguntarlo, pero me huelo ademas que mi sinestesia tiene que ver con que sea kinestésica.
Y una vez que le pones nombre a algo, echas la mirada atrás y te das cuenta de que ahí ha estado siempre. Declararme a menudo yonki de sentimientos, mi gusto por los abrazos, por los masajes sensitivos y esa necesidad de vivir momentos especiales como forma de ser feliz.
Hay momentos en mi vida que guardo en esa cajita especial de la memoria. Momentos que aunque desprovistos de importancia objetiva, se han quedados anclados en mi alma como los mejores que he vivido. En muchos de ellos reconozco un rasgo común. Para mí han sido hermosos, han tenido una particular belleza que me ha traspasado la piel y me han llenado de sensaciones físicas y espirituales.
Para San Juan, me fui con mis heteras a casa de una, que se ha mudado a El Campello. Tenia muchas ganas de playita, de sentir el sol y sobre todo el agua. Tuvimos la suerte de que había luna llena para la noche de San Juan y la ocasión propició que cumpliera uno de mis sueños.
De madrugada y tras quemar el papel con lo que quería alejar de mí, decidimos bañarnos. La temperatura del agua era perfecta y junto a nuestra hoguera, se extendía sobre el Mediterráneo, el reflejo de la luna llena. Siempre había pensado que el reflejo de la luz en el agua era ficticio, de los que al acercarte tú, se va alejando... pero no.
Me desnude y me fui adentrando en el agua. Sentí que ese mar me acogía al tiempo que mis ojos apresaban la belleza del momento. Rodeada de amigas, era casi incapaz de articular las palabras que necesitaba. Fue pura belleza, plenitud, comunión con el agua y la luna, elevada justo encima de nosotras. Fue calidez y amor por este planeta y esta vida que me ha sido regalada. Fue magia y marea. Fue murmullo de olas y latidos. Fueron lágrimas ligeras de emoción.
Fui piel.
sábado, 11 de julio de 2015
Adiós W. Hola L!
Tanto, tanto tiempo que no sé ni por dónde empezar.
Me quedé en que había vuelto de Nueva York. Seguía con el ordenador estropeado hasta ayer que pude "arreglarlo". La solución ha pasado por cambiarme a Linux. Y aquí estoy, trasteando. Espero poder escribir más seguido a partir de ahora.
A finales de junio fue el cumpleaños de Lúa y Zoe... 4 y 12 años respectivamente... .Ya casi hace cuatro añitos que las tengo a las dos y me encantaría tener algún gatete más pero sé que Zoe se estresaría mucho y hoy por hoy me importa mucho más su bienestar que mis ganas gatunas.
Peeeero el destino a veces decide por mí... y Tina, la asombrosa gata escapista apareció de nuevo. Se escapó de su casa y estuvo paseando por mi Bloque llorando como una desesperada durante tres días. Una madrugada desperté y la oí llorar en las escaleras así que salí y la recogí. La pobre estaba muerta de hambre. Tuve que encerrarla en la cocina para evitar que Zoe se peleara con ella. Cuando vino la impresentable de su dueña a recogerla al día siguiente me dijo que no le importaba que se escapase porque estaba en celo y quería que pasase por la experiencia de ser madre... Me quedé tan flipada que no supe qué responderle. Me imagino que no le habrá preguntado a la gata qué es lo que realmente quiere ella.
El finde del Orgullo me fui a la playa. El plan inicial era ir a la Mani pero ya os he dicho que el destino a veces decide por mí... y lo hace de un modo sabio... Necesitaba el mar. Necesito el mar de vez en cuando... y tuve la suerte de que me invitaran...
Sentir el agua que refresca tu piel. El aire, que se cuela entre los pliegues del cuerpo. El sol que se posa en tus pestañas. Y la apacible serenidad de saber que formas parte de un todo. Esa comunión con la mar, la tierra y el aire...
Si, allí, contemplando los reflejos bailarines de la luz sobre el agua, reconecté conmigo. Son esos momentos en que me siento y me hago consciente de toda la belleza que hay, cuando consigo detener la vida un instante... el segundo que necesito para agradecer lo que me rodea y sentirme tan viva...
Gracias, por supuesto, a Rizos y a Ol por poner el marco ideal y los buenos momentos del fin de semana.
Qué bueno contar con esas personas que suman, que sacan lo mejor de ti, que te acompañan en esos viajes del afuera al adentro. Y vuelta.
lunes, 19 de enero de 2015
¿Estas cosas sólo me pasan a mí?
El principio de año ha sido bastante desasosegador. La muerte anunciada de mi tío se produjo la noche del día 6, así que empecé mis vacaciones pendientes del año anterior con un tanatorio y un entierro.
La vuelta al trabajo ha traído consigo la noticia de un cambio en mi centro de trabajo. Nos mudamos a la sede central de la empresa y el cambio en si conllevará una rebaja en el dinero que percibo anualmente así que no estoy muy contenta que digamos.
Pero entre tanto momento amargo, ha habido un par de situaciones de esas que cuando las recuerdas al cabo del tiempo, terminas riendo bastante.
En mis cortas vacaciones me fui a un spa, a "tomar las aguas". Dejé las cosas en la taquilla que había en el vestuario y corrí presurosa en busca de las burbujas del jacuzzi y los chorros de la piscina. Cuando terminé el circuito, descubrí con horror que la llave de la taquilla había desaparecido de la pulsera de goma que llevaba en la muñeca. Muerta de frñio, en bikini y tapada escasamente por la toalla, tuve que salir a la recepción a decirle al encargado lo que había ocurrido para que me dejara la llave maestra de las taquillas. Mi gozo en un pozo... no existía dicha llave. En un momento me vi como aquella bloguera que se olvidó la toalla y al salir de la piscina tuvo que secarse con su propio abrigo.
El encargado me pidió que esperase a que terminara una gestión y me ayudaría a buscar dentro del spa. Mi acompañante ya estaba seca y vestida y yo seguía tiritando. Al cabo de media hora, apareció la llave en el fondo del jacuzzi. Estaba mimetizada con el fondo azul pero tuve la suerte de que una chica la pisara. Si no, ya me habría sacado algún zaping en la tele como la loca del bikini en enero por la Gran Vía.
Y para rematar el fin de las vacaciones tuve el funeral por mi tío. Metidos en el coche en un atasco de cojones y con los nervios de mis padres a flor de piel descubrí con horror que se me habían roto los pantalones que llevaba. Y no era un agujerito, no... un agujero en la zona baja del pubis, junto a la cremallera, por donde cabrían dos dedos (no seais mal pensadas) mas una raja que iba descendiendo por la pierna. En ese momento las bragas de colores ya asomaban y era difícil, por no decir imposible, disimular el estropicio. Así que me callé para no caldear más el ambiente, dejé caer sutilmente el pañuelo que llevaba al cuello y entramos en la Iglesia, directos a un banco de la primera fila con 10 minutos de retraso. Ignoro si alguien percibió mi curiosa forma de avanzar por el pasillo, con un estilo a medio camino entre una gheisa y chiquito de la calzada.
Creo que he acumulado en una semana los momentos surrealistas de todo el año. No more please!!
jueves, 8 de agosto de 2013
Estrogeniales
Pensaba que con el viaje a Nueva York de hace unos meses, mi cupo de vacaciones estaba cubierto este año. La verdad es que me sentía tan afortunada de haber podido hacer ese viaje que no pensaba en hacer nada más.
Pero la vida me ha sorprendido de nuevo y me ha puesto delante la posibilidad de ir a descansar unos días a la playa. El plan surgió hace cosa de un mes y hasta el último momento no se pudo concretar por incompatibilidad de fechas pero al final las piezas encajaron y he podido escaparme unos días a Levante.
Lo que nadie me había dicho antes de ir, es que me esperaba un resort de lujo en forma de casa ubicada a 10 metros del mar y anfitriona entregada al cuidado de las visitantes.
Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan a gusto compartiendo espacio y tiempo con varias mujeres. Han sido días de estrógenos... de palabras y risas, de llevar cada una su ritmo, de levantarnos y tirarnos a ese Mediterráneo que nos llamaba a practicar el churrismo (dícese de bañarse con un churro que ayuda a la flotación).
Días de spa o de playa nudista y momentos surrealistas al encontrarte con gente que conoces. Ays!! qué esfuerzo por mirar fijamente a los ojos!! Y qué libertad la de bañarte notando que sólo hay agua y piel...
Flotar... flotar dejándote mecer por la marea... y sentir cómo los cuerpos se pueden acoplar en el agua. Encajarme con Zami como piezas de Tetris y dejar que el agua nos llevara...
Disfrutar en tierra firme de mandalas y canasta. Descubrir que Titania entrega sin esperar nada a cambio y ofrecerle un recorrido por su piel... Al fin nuestro primer abrazo, que ya tenía ganas yo...
Cantar como locas en el coche la música de los 80 y descubrirle a Zami la canción Rolling in the deep de Adele. Ni le sonaba!!
Sinergias.
Ha sido un regalo tan hermoso que perdurará en la memoria como unas vacaciones perfectas. Gracias chicas, por haber compartido todos esos momentos... por haberme cuidado y haberos dejado cuidar.
Y ahora... a cual la pido matrimonio???
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martes, 23 de julio de 2013
viernes, 19 de julio de 2013
Necesito vacaciones YA!
Necesito descansar, dormir las horas que me pida el cuerpo y no las que me limite el despertador. Estar tumbada, mirar las nubes pasar, oir el mar, contemplar el profundo azul. Necesito no tener horarios y dejar atrás el aire de la ciudad. No hacer nada que no me apetezca. No tener que hablar si no quiero hacerlo. Que mi rostro llegue tan pausado como mis abrazos, que mi sonrisa aparezca, me sorprenda y se quede a habitar.
Necesito cerrar los ojos para ver, escuchar la sangre discurriendo dentro de las débiles fronteras de mi piel. Quiero volver a sentir la más leve brisa rozándome.
Quiero descalzarme y pisar rocas, sentir el frescor del agua, empaparme de presencias y ausencias, jugar, leer, escribir, reir, crecer.
Acariciar la tierra, abrazar un faro. Dejarme mecer con las olas, que la marea me alcance y me cale el alma. Cobijarme bajos las estrellas y aullar a la luna.
Quiero desnudarme y ser yo.
Necesito cerrar los ojos para ver, escuchar la sangre discurriendo dentro de las débiles fronteras de mi piel. Quiero volver a sentir la más leve brisa rozándome.
Quiero descalzarme y pisar rocas, sentir el frescor del agua, empaparme de presencias y ausencias, jugar, leer, escribir, reir, crecer.
Acariciar la tierra, abrazar un faro. Dejarme mecer con las olas, que la marea me alcance y me cale el alma. Cobijarme bajos las estrellas y aullar a la luna.
Quiero desnudarme y ser yo.
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