El caso es que el verano pasado, sin
comerlo ni beberlo, me enrollé con una cincuentañera.
Miento...comimos y bebimos, sobre todo chocolate y coca cola...
Bromas aparte...me refiero a que no me esperaba esa historia en
absoluto. Nunca me había fijado en una mujer de esa edad pero
después me quedé pensando que (veo que saltáis otra vez), para la
edad que tenía, lucía un cuerpo estupendo.
Lo cierto es que de primeras no me fijé
en su cuerpo. Entre nosotras se instaló una corriente de complicidad
en un momento determinado. .Admiraba a esa mujer y la sentía cercana
y tierna, con ganas de darse y de disfrutar a tope de la vida.
Por razones que no vienen al caso la
historia no duró apenas pero me quedó un grato recuerdo de los
momentos vividos y por supuesto, me hizo reflexionar. Me di cuenta de
que no debía cerrarme a mujeres de ese tipo pensando que la edad
marcaba una diferencia insalvable. Desde ese momento he encontrado a
diferentes mujeres cincuentañeras con las que no me importaría
tener un rollo. Sigo pensando que no quiero una relación seria con
alguien que me saca tantos años pero me atraen lo suficiente como
para compartir momentos intensos y únicos...
Hace unos meses ligué con otra cincuentañera que me parecía atractiva. Fisicamente tenía rasgos que me gustaban mucho. Y me parecía que tenía una gran personalidad y mucho coco. La típica mujer con la que disfrutas conversando. Quedamos, fuimos a cenar y...bueno, la jodió en cuanto abrió la boca. Se pasó toda la noche hablando de su ex y de la mía (a la que tiene la suerte de conocer) Allí se me vino abajo la líbido y aquella cita pasará a la historia como un desastre auténtico. Todavía no he perdonado a Cupida por aquello....
Hace unos meses ligué con otra cincuentañera que me parecía atractiva. Fisicamente tenía rasgos que me gustaban mucho. Y me parecía que tenía una gran personalidad y mucho coco. La típica mujer con la que disfrutas conversando. Quedamos, fuimos a cenar y...bueno, la jodió en cuanto abrió la boca. Se pasó toda la noche hablando de su ex y de la mía (a la que tiene la suerte de conocer) Allí se me vino abajo la líbido y aquella cita pasará a la historia como un desastre auténtico. Todavía no he perdonado a Cupida por aquello....
Alondra tiene 52 años y unos ojos
azules que adivinas el cielo en ellos. Su voz dulce es lo
suficientemente aguda cuando está alegre para expresar toda su
femineidad y lo suficientemente grave cuando se pone trascendental
como para que te llame la atención de inmediato. Con su pelo rizado
en vivos colochos, sus gafas de metal rojo y sus manos pequeñas,
compone un mapa de personalidad atrayente.
Conocía a Alondra de oídas y hasta
hace año y medio no me la presentaron. Desde el principio observé
esa vena maternal que tiene de cuidar de todas las que se encuentran
cerca de ella. Sabe hacer que te sientas a gusto siempre,
preocupándose por tus necesidades. Durante todo este tiempo he
aprendido muchas cosas con ella y me ha servido de guía en momentos
de ofuscación. Tal vez por timidez propia o porque me impone
demasiado, hasta ahora no he sido capaz de saludarla con un pico como
hacen todas sus amigas...
Hoy andábamos charlando sobre
literatura y periodismo. Ella estaba sentada y yo de pie. En un
momento determinado me ha dicho que me sentara encima de ella y no sé
cómo nos hemos puesto a hacer “manitas”. Las manos alzadas y las
palmas encontrándose a medio camino entre la ternura y el juego.
Después me he levantado y hemos continuado la conversación con
otras dos amigas mientras nuestras manos mantenían su propia charla.
Ha sido algo tan espontáneo, inocente y hermoso que en ningún
momento he reparado en que significase nada.
Me he despedido de ella con dos besos
en la mejilla y un pico. Ha sonreído y me ha hecho notar que he sido
yo la que se lo he dado a ella. Claro, la he contestado, después de
hacer manitas una va y se lanza.
No, no creo que haya nada erótico
entre nosotras pero tengo claro que me parece una mujer atractiva. Y
no se trata de una cuestión física, sino de esa mezcla de saber
estar, ternura y diversión que hallo en ella.
Alondra me gana por su simpatía, su dulzura y su sonrisa. Es un imán para mí.
Me preguntaba últimamente qué tendrán
las cincuentañeras que me atraen tanto. Hoy por fin, he encontrado
la respuesta.

