Durante unas vacaciones de verano en el
Puerto de Santa María, tuve la suerte de conocer la playa de
Bolonia. Allí viví uno de los mejores días de mi vida. El paisaje,
la comida, el agua fresca del Atlántico...todo se unió en mil
sensaciones que se anclaron a mi memoria. Guardo un recuerdo precioso
de aquel día, de lo que sentí y viví por mí misma.
Cuando volví me pidieron que
escribiera sobre todo lo que había sentido. Por primera vez, fui
incapaz de encontrar las palabras. Durante días estuve dándole
vueltas y terminé escribiendo un post medio obligada que nunca me
gustó por no trasmitir toda la intensidad de lo vivido.
Ahora me sucede lo mismo...llevo días
dándole vueltas a qué contaros sobre mi último taller. El curso ha
finalizado y creo que estoy de duelo. Ha sido un viaje hermoso y
delicado de casi dos años. En este tiempo he aprendido a escucharme,
a escuchar sin juzgar, a tratarme de forma compasiva, a bien tratarme
y a practicar el cuidado y buen trato hacia las mujeres que me
acompañaban.
He conseguido enlazar las diferentes
parcelas de mi vida en la medida de lo posible y he aprendido a no
fustigarme por no ser capaz de hacerlo mejor.
Me quedan cosas por mejorar, claro que
si, pero tengo todo el tiempo del mundo por delante. Y tengo, estoy
segura, un grupo de heteras que me apoyan, me quieren y permanecen a
mi lado aunque a partir de ahora nos cueste más vernos.
Termino el curso con una cierta
sensación agridulce. Triste por la finalización pero contenta, muy
contenta por saberme plena, por sentir que me he reencontrado al fin,
que he conseguido llegar a mi esencia, saber quien soy de verdad y
vivir plenamente con la conciencia puesta en mí.
El último taller estuvo lleno de
momentos intensos y muy eróticos que no detallaré aquí por respeto
a las compañeras. Pero si puedo decir que me ha llenado de ideas que
quiero poner en práctica en cuanto me surja la ocasión.
Hicimos una función, un cabaret en el
que desarrollamos muchas cosas aprendidas y dimos rienda suelta a
nuestra imaginación. En un alarde de valentía y poniendo toda la
sensibilidad que llevo dentro, me atreví a cantar...a capela! El
sitio de mi recreo...como homenaje particular a Antonio y al hermoso
lugar donde estábamos haciendo los talleres. (Lo siento, Antonio, no
se repetirá, lo prometo). Había que disfrazarse pero es algo que yo odio. Así que decidí que me iba a poner como realmente me apetecía y como me gustaría vestirme más a menudo. Pantalón, camiseta, tirantes, chaleco y sombrero. Y si, me sentía guapa. Más que guapa me sentía atractiva en mi masculinidad. Queda para la historia el número en el que me convertí en el objeto de deseo de 9 féminas uqe bailaban a mi alrededor y se disputaban mi atención. Guau!!
El fin de semana bailamos, bebimos, cantamos, reímos y...
por supuesto... lloramos.
Nadie dijo que las despedidas fueran fáciles...
No exagero si digo que el curso ha
cambiado mi vida. Me ha cambiado a mí. No de forma radical, ha sido algo paulatino pero lo noto. Me ha permitido crecer mucho como persona, como
mujer especialmente. Me ha abierto la mente y me ha enseñado tantas
cosas que aún ando asimilándolas.
Pensé que se acababa el camino pero no
es cierto. El camino comienza aquí y soy yo la que decido la
dirección que quiero seguir.
