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domingo, 20 de mayo de 2012

Final de curso


Durante unas vacaciones de verano en el Puerto de Santa María, tuve la suerte de conocer la playa de Bolonia. Allí viví uno de los mejores días de mi vida. El paisaje, la comida, el agua fresca del Atlántico...todo se unió en mil sensaciones que se anclaron a mi memoria. Guardo un recuerdo precioso de aquel día, de lo que sentí y viví por mí misma.

Cuando volví me pidieron que escribiera sobre todo lo que había sentido. Por primera vez, fui incapaz de encontrar las palabras. Durante días estuve dándole vueltas y terminé escribiendo un post medio obligada que nunca me gustó por no trasmitir toda la intensidad de lo vivido.

Ahora me sucede lo mismo...llevo días dándole vueltas a qué contaros sobre mi último taller. El curso ha finalizado y creo que estoy de duelo. Ha sido un viaje hermoso y delicado de casi dos años. En este tiempo he aprendido a escucharme, a escuchar sin juzgar, a tratarme de forma compasiva, a bien tratarme y a practicar el cuidado y buen trato hacia las mujeres que me acompañaban.
He conseguido enlazar las diferentes parcelas de mi vida en la medida de lo posible y he aprendido a no fustigarme por no ser capaz de hacerlo mejor.

Me quedan cosas por mejorar, claro que si, pero tengo todo el tiempo del mundo por delante. Y tengo, estoy segura, un grupo de heteras que me apoyan, me quieren y permanecen a mi lado aunque a partir de ahora nos cueste más vernos.

Termino el curso con una cierta sensación agridulce. Triste por la finalización pero contenta, muy contenta por saberme plena, por sentir que me he reencontrado al fin, que he conseguido llegar a mi esencia, saber quien soy de verdad y vivir plenamente con la conciencia puesta en mí.

El último taller estuvo lleno de momentos intensos y muy eróticos que no detallaré aquí por respeto a las compañeras. Pero si puedo decir que me ha llenado de ideas que quiero poner en práctica en cuanto me surja la ocasión.

Hicimos una función, un cabaret en el que desarrollamos muchas cosas aprendidas y dimos rienda suelta a nuestra imaginación. En un alarde de valentía y poniendo toda la sensibilidad que llevo dentro, me atreví a cantar...a capela! El sitio de mi recreo...como homenaje particular a Antonio y al hermoso lugar donde estábamos haciendo los talleres. (Lo siento, Antonio, no se repetirá, lo prometo). Había que disfrazarse pero es algo que yo odio. Así que decidí que me iba a poner como realmente me apetecía y como me gustaría vestirme más a menudo. Pantalón, camiseta, tirantes, chaleco y sombrero. Y si, me sentía guapa. Más que guapa me sentía atractiva en mi masculinidad. Queda para la historia el número en el que me convertí en el objeto de deseo de 9 féminas uqe bailaban a mi alrededor y se disputaban mi atención. Guau!!
El fin de semana bailamos, bebimos, cantamos, reímos y... por supuesto... lloramos. Nadie dijo que las despedidas fueran fáciles...

No exagero si digo que el curso ha cambiado mi vida. Me ha cambiado a mí. No de forma radical, ha sido algo paulatino pero lo noto. Me ha permitido crecer mucho como persona, como mujer especialmente. Me ha abierto la mente y me ha enseñado tantas cosas que aún ando asimilándolas.

Pensé que se acababa el camino pero no es cierto. El camino comienza aquí y soy yo la que decido la dirección que quiero seguir.


martes, 7 de febrero de 2012

Escrito en mi cuerpo


Me decía el otro día mi profe de meditación que soy muy sensible a las sensaciones de mi cuerpo. Para lo bueno y lo malo. Si cierro los ojos y me concentro en mí puedo notar bastantes cosas...ir nombrando partes de mi cuerpo donde tengo sensaciones en un momento concreto.

Lo malo de esta sensibilidad es que mi cuerpo acusa más las molestias, los dolores...pero la parte buena y es de esa de la que quiero hablar, es que mi cuerpo disfruta mucho con determinadas sensaciones y las guarda en su memoria. Así, en momentos en que necesito calma puedo cerrar los ojos y retrotraerme...

De pronto estoy flotando sobre el atlántico en la playa de Bolonia, dejando que mi espalda y mi nuca noten el frescor del agua...sintiendo el calor del sol en mis hombros y pecho. Hundo mi cabeza levemente en el agua para escuchar de nuevo el latir de mi corazón. Ya no existe el ruido de la gente que juega en la orilla sólo el sonido de mi sangre fluyendo por las venas y esa calidez que se trasmite por mi piel.

Salto en el tiempo y noto diferentes texturas de piel bajo mis dedos. Con más o menos tersura y unas temperaturas tan diferentes que siento que mis manos acarician estaciones. Primavera madrileña, verano andaluz, otoño isleño y ahora este frío invierno.



De pronto mi estómago se encoge escuchando a Bach o Mozart. Mi vello se eriza y sobre mis brazos el aire posa la historia de la tierra. La sal de adhiere a mi vientre como las frutas enredan mi lengua. La niebla me envuelve y más allá de mí, la lluvia que cae arrastra la humedad que ha nacido previamente en mis ojos. Unos labios fugaces pero suaves posan un no en mi memoria con tal suavidad que aún perdura su huella..

Si, mi cuerpo guarda en su memoria multitud de sensaciones. Son momentos únicos que quedan anclados en sucesivas capas. Emociones que se transformaron en poemas tatuados en mi piel y que me dispongo a visitar en días fríos como hoy.

martes, 7 de septiembre de 2010

Bolonia

Hay sensaciones que no te llegan a través de los sentidos. Olores, colores, texturas que no sólo ves, tocas o hueles Los apresas y aprehendes de otro modo, te llegan a través del Alma y allí los guardas para recuperarlos cuando los necesites.

Llevo días atascada intentando encontrar las palabras que necesito para describir lo que supuso para mí el día que pasé en la playa de Bolonia. Aunque había oído poco acerca de ella nadie me habría podido preparar para lo que sentí estando allí.   

Su luz, la calidez de su lengua de arena, la fuerza y transparencia del agua, que aunque fría me sedujo desde el principio, el ambiente tranquilo, la belleza del entorno a la que no puedes sustraerte...

Fue una experiencia colectiva. Ibamos GuaSa, CaRRa y yo. Por lo que me han dicho fue un día especial para todas pero supongo que para cada una lo fue de un modo distinto.

En mi caso, supuso conectar de nuevo con mi yo interno y poder dedicarme el tiempo que necesitaba. Me bañe´un par de veces sola. Flotando en el agua, con la cara en dirección a los rayos de sol, busqué esa paz que anhelo tanto y que en momentos como ese me inunda. Dejé que las olas jugaran a hacer cosquillas a mi piel. Dejé que mi mirada se perdiera en la lejanía y repasé el perfil de Marruecos. Dejé que mis sentimientos se aferraran a mí como si fueran náufragos, desnudándoles de prejuicios hasta simplificarlos al máximo...









Allí en la playa de Bolonia viví unos de esos momentos en los que logro detener el tiempo y eternizo para saborearlo. Y aquel momento fue tan sabroso como las croquetas de chocos con las que me deleité.

Hoy una amiga me ha preguntado que cómo estoy y no le he podido contestar otra cosa. Estoy bien, muy tranquila y feliz. Y ese estado resultado directo de todo lo que sentí en Bolonia, sólo tiene que ver conmigo. Aunque sea incapaz de explicarlo.


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