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martes, 7 de noviembre de 2017
Casi 23
Faltaban unos días para cumplir los 23. Me había marchado de vacaciones a Irlanda, yo sola. Fue mi primera vez de muchas cosas. La primera vez que viajé sola, la primera vez que iba a otro país, la primera vez que tuve que enfrentarme al despegue de un avión sola (con el pánico que me dan)...
Hice todo eso, y más cosas.... me recorrí Dublín disfrutando de sus gentes y sus calles pobladas de música. Me fui de excursión a islas abandonadas donde disfrutar de la soledad y el sonido del mar, seguí las huellas de Oscar Wilde y empecé a aceptar algo que llevaba mucho tiempo sucediendo... Todos me confundían con un chico.
He publicado hace un rato una foto en Facebook de aquel viaje. Recuerdo la tarde en que me hice la foto, sentada en un muro, esperando el bus de Wicklow a Dublín. Se acercó un hombre que salió de la taberna cercana y vino a hablar con una amiga. Me miraba muy extrañado y ńo pudo resistirse a preguntar... Are you a boy or a girl? Mi amiga le dijo que yo era una chica, pero el hombre no lo creía e insistió hasta que llegó el bus y le dejamos allí con su duda.
Al ver la foto he abierto la caja de los recuerdos... junto a ella están las fotos de Sis, mi hermana y Edu, de M y JJ... gente tan importante para mí durante años y que ya no están.
Incluso me miro a mí con casi 23 y ya no estoy. La gente que me ha conocido hace poco tiempo no da crédito. La gente que me conoce de más, me pregunta... qué ha pasado? Pasó la vida.
Y es curioso porque al ver esta foto me he reconocido de manera interior. Yo soy la de la foto. Y sé que entonces, era mucho más yo y más libre de lo que me he sentido en cualquier otro momento después. Ahí me atrevía a ser yo aunque eso generase dudas en los demás.
El tiempo, los miedos, las malas experiencias... he ido echando capas sobre esa Chris. Ahora estoy en proceso de muda, de desnudarme, de ir decapando hasta llegar a ser de nuevo quien soy. Sé que habito en mí, que estoy al fondo, que ya he encontrado el camino.
Tengo la suerte de haber dado con dos personas que han aceptado mi verdad, mi identidad. Con la gallega me ha ocurrido eso. Sentí que podía hablarle de mí con honestidad y me devolvió toda la confianza que deposité en ella, en forma de sonrisas y cariño. Sé que ella dirá que no podía reaccionar de otra forma, que no se puede reaccionar de otro modo... pero está ahí y no todo el mundo se queda cuando les cuentas quien eres.
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domingo, 13 de marzo de 2016
Ya se ha acabado la noche
Sucedió hace dos meses. Y aunque no me pareció importante, supongo que mi inconsciente lo guardó y lo ha estado trabajando en silencio.
Volvíamos Alondra y yo en el coche a Madrid. Hablábamos sobre niños transexuales, acoso escolar, lo que cuesta encontrar un lugar en el mundo cuando sientes que tu identidad de género y tu orientación sexual son diferentes a la mayoría,.. la mierda de siempre de las etiquetas...
Me resulta muy fácil hablar con ella. Siempre me escucha con el corazón abierto y nunca me juzga. Sólo te mira desde su profundo azul y después en cinco segundos logra poner en orden todos mis demonios internos...
Así que tras escuchar las consecuencias que conllevan una niñez y adolescencia tan complicada como la mía y lo que aún hoy arrastro, me dijo... "bueno, ya se ha acabado la noche"... Me quedé en silencio asimilando sus palabras. Y desde entonces...
He terminado de leer un libro de más de 700 páginas. No había conseguido volver a leer nada tan largo desde que estuve con la crisis fuerte de ansiedad. Me cuesta mantener la atención mucho rato. He llenado un mini ipod con canciones. Hacía tanto que no escuchaba música... He recuperado canciones que llevaba años sin escuchar y aún hoy soy capaz de cantar parte de ellas!
Y lo más importante, aunque parezca lo más absurdo... ayer, para salir me calcé mis Converse favoritas. Si, esas con las que me pateé por primera vez Nueva York y que no pude volver a utilizar por el dolor de mi pierna atropellada y las puñeteras plantillas que tuve que empezar a usar...
Ya se ha acabado la noche, Alondra. Y aunque el trabajo lo haya hecho mi inconsciente, siento que puedo recuperar parte de quien fui. Ya no necesito alejarla, alejarme de mí. Me puedo incorporar, integrar, puedo recoger esas partes que me gustaban. Como mi "yo con Converse". Me encantaba calzarme las zapas. Tengo unos 6 pares sin poder utilizar por el problema de la pierna, pero recuerdo perfectamente lo feliz que era cuando iba con los vaqueros y las zapas. Me sentía yo. Si. Exacto. Eso es.... ayer, de nuevo me sentí yo. Porque ya se ha acabado la noche. Gracias, Alondra.
Volvíamos Alondra y yo en el coche a Madrid. Hablábamos sobre niños transexuales, acoso escolar, lo que cuesta encontrar un lugar en el mundo cuando sientes que tu identidad de género y tu orientación sexual son diferentes a la mayoría,.. la mierda de siempre de las etiquetas...
Me resulta muy fácil hablar con ella. Siempre me escucha con el corazón abierto y nunca me juzga. Sólo te mira desde su profundo azul y después en cinco segundos logra poner en orden todos mis demonios internos...
Así que tras escuchar las consecuencias que conllevan una niñez y adolescencia tan complicada como la mía y lo que aún hoy arrastro, me dijo... "bueno, ya se ha acabado la noche"... Me quedé en silencio asimilando sus palabras. Y desde entonces...
He terminado de leer un libro de más de 700 páginas. No había conseguido volver a leer nada tan largo desde que estuve con la crisis fuerte de ansiedad. Me cuesta mantener la atención mucho rato. He llenado un mini ipod con canciones. Hacía tanto que no escuchaba música... He recuperado canciones que llevaba años sin escuchar y aún hoy soy capaz de cantar parte de ellas!
Y lo más importante, aunque parezca lo más absurdo... ayer, para salir me calcé mis Converse favoritas. Si, esas con las que me pateé por primera vez Nueva York y que no pude volver a utilizar por el dolor de mi pierna atropellada y las puñeteras plantillas que tuve que empezar a usar...
Ya se ha acabado la noche, Alondra. Y aunque el trabajo lo haya hecho mi inconsciente, siento que puedo recuperar parte de quien fui. Ya no necesito alejarla, alejarme de mí. Me puedo incorporar, integrar, puedo recoger esas partes que me gustaban. Como mi "yo con Converse". Me encantaba calzarme las zapas. Tengo unos 6 pares sin poder utilizar por el problema de la pierna, pero recuerdo perfectamente lo feliz que era cuando iba con los vaqueros y las zapas. Me sentía yo. Si. Exacto. Eso es.... ayer, de nuevo me sentí yo. Porque ya se ha acabado la noche. Gracias, Alondra.
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martes, 29 de diciembre de 2015
Al sur de tu ausencia
Hace mucho que dejé de creer en la Felicidad. O mejor dicho, ya no creo en ser feliz. Quizá alguna vez lo haya comentado. No, no creo que se pueda ser feliz. Pero creo firmemente en que la vida está llena de momentos en que podemos estar felices...
Tenía tanto miedo de volver a tu casa... miedo ante lo que sentiría cuando entrase en esa habitación donde pasé las mejores noches, miedo de rozar cada rincón donde te amé, miedo de ver el mismo paisaje gris que convertí en alegría, miedo en definitiva a encontrar mis sombras entre tus paredes...
Traspasé el umbral de la puerta y te besé. Un sólo beso, aunque nunca lo recuerdas... y me deslicé dentro de tu medio hogar, tranquila, mientras charlábamos. Así, sin más, nos pusimos a hacer croquetas. Si, croquetas... descubrí que la felicidad es algo tan sencillo como hacer croquetas contigo.
Después llegaron las demás y voló el tiempo.
Tuvo que contarme C que aún resido allí, que entre esas paredes aún se encuentra mi recuerdo, expuesto en blanco y negro en la librería, que mis ojos siguen teniendo esa expresión ensoñadora.... pero quizá ya no soy esa mujer de la foto del 2005.
Sólo soy esta. La mujer que siente escalofríos cuando la preguntas acerca de si te equivocaste al tomar una decisión. La que sigue llenándose de sonrisas cuando habla contigo. La que te echa de menos al sur de tu ausencia. La que te confiesa ser un trocito de pan. La que se llena de ternura estando a tu lado.
Aunque apenas te roce.
Tenía tanto miedo de volver a tu casa... miedo ante lo que sentiría cuando entrase en esa habitación donde pasé las mejores noches, miedo de rozar cada rincón donde te amé, miedo de ver el mismo paisaje gris que convertí en alegría, miedo en definitiva a encontrar mis sombras entre tus paredes...
Traspasé el umbral de la puerta y te besé. Un sólo beso, aunque nunca lo recuerdas... y me deslicé dentro de tu medio hogar, tranquila, mientras charlábamos. Así, sin más, nos pusimos a hacer croquetas. Si, croquetas... descubrí que la felicidad es algo tan sencillo como hacer croquetas contigo.
Después llegaron las demás y voló el tiempo.
Tuvo que contarme C que aún resido allí, que entre esas paredes aún se encuentra mi recuerdo, expuesto en blanco y negro en la librería, que mis ojos siguen teniendo esa expresión ensoñadora.... pero quizá ya no soy esa mujer de la foto del 2005.
Sólo soy esta. La mujer que siente escalofríos cuando la preguntas acerca de si te equivocaste al tomar una decisión. La que sigue llenándose de sonrisas cuando habla contigo. La que te echa de menos al sur de tu ausencia. La que te confiesa ser un trocito de pan. La que se llena de ternura estando a tu lado.
Aunque apenas te roce.
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martes, 22 de diciembre de 2015
Ya no necesito ser Luke
Dice mi madre que cuando yo era pequeña, me llevaron muchas veces al cine a ver películas de dibujos animados. No recuerdo ninguna. De hecho, la primera película que recuerdo haber visto en el cine fue La Guerra de las Galaxias. Debía tener cinco o seis años como mucho pero me causó una gran impresión.
Me flipaba Luke Skywalker, su inocencia y al mismo tiempo la destreza que adquiría. Me flipaba la ropa que vestía y por supuesto el sable láser, que me hubiera encantado tener.
Ya en aquella época empezaba a mostrar confusión con mi identidad de género, aunque no supe concretarla ni verbalizarla hasta mucho después. Cuando salí del cine, recuerdo claramente que le dije emocionada a mi hermano... vamos a jugar... yo me pido ser Luke Skywalker!! Y mi hermano, que también a su corta edad se había dado cuenta de mi negativa a etiquetarme en el género impuesto me dijo... "ya sabía que ibas a decirlo...tú siempre te pides ser el chico". Y lo soltó así, tal cual, delante de unos amigos con los que fuimos a verla y de sus padres, que nos cuidaban. Me quedé avergonzada y callada De hecho, me callé durante años, pero ese no es el tema.
He visto la peli nueva de Star Wars. Y me ha encantado!!! +++ No hay spoilers +++ Me regalé una entrada de cine Vip con butaca enorme. Yo sola en la fila. Mis palomitas, mi botella de agua y todas las ganas del mundo. Se apagó la luz y al poco la película me conectó con mi niña interior, con esa cría que disfrutó tanto de los caballeros Jedi, de las peleas, de los androides y de los ewoks... Me sorprendí sonriendo y diciendo emocionada... Han Solo! R2D2! y animando a los pilotos en sus peleas contra las fuerzas del Primer Orden. Venga!! Dispara!!
Pero lo que más me emocionó con diferencia, fue descubrir que las chicas pueden pilotar naves como el Halcón Milenario, pelear contra soldados imperiales e incluso luchar con sables láser. Si. Lo mejor de Star Wars ahora está protagonizado por una chica.
De repente ya no necesito ser Luke Skywalker. Me basta con ser yo... y seguir soñando.
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viernes, 21 de agosto de 2015
Asalvajada
Odio la sensación de tener n blog Guadiana. No me gusta aparecer y desaparecer. Pero a veces me quedo en silencio. Bueno, eso no es correcto. No hablo mucho y necesito quedarme sin hablar pero hasta cuando no hablo expreso cosas. Necesito el silencio porque es en ese momento cuando mantengo conversaciones conmigo misma.
Y eso fue lo que ocurrió. En el último post, Cereza me decía que algo me rondaba y me quedé pensando en los post que estaba escribiendo esos días y en lo que me rondaba. Llegué a la conclusión de que por alguna razón, estaba "ajustando cuentas" con personas que pasaron por mi vida y dejaron su huella en mí. La semana siguiente al último post la pasé soñando con gente que ya no tengo cerca por elección propia o por causas de la vida. Familiares muertos, amigas que dejaron de ser y relaciones amorosas fallidas o simplemente fracasadas. Soñé con muchas ellas, con algunas dolía aún. Supongo que es una asignatura que tendré que aprobar en algún momento... el que la gente se va de tu lado cuando ha cumplido su función y no siempre es responsabilidad mía conseguir que se queden.
Pero volviendo al presente... he estado un par de semanas de vacaciones. Asalvajada. Ese ha sido mi estado. Aprovechando los calores madrileños me he ido despojando de ropa hasta ir prácticamente desnuda. Y lo cierto es que me gustaría ir sin ropa por muchos más sitios. No tengo afán exhibicionista pero cada vez me gusta más la sensación de notar el aire sobre mi piel, o el agua... Tenemos un montón de espacio destinado a sentir, muchos centímetros que reciben constantemente información del exterior y creo que nos saboteamos negándonos a hacernos conscientes de toda la información que llega.
Me gusta rascarme, hacerme cosquillitas, recorrer las palmas de mis manos y el contorno de mis dedos. Me gusta sentirme, que mi piel sienta el aire o el agua del que hablaba y el tacto. Somos piel. Y nos tocamos muy poco. A nosotras. A las demás. Desde que cruzamos la adolescencia aprendemos a sentir pudor e incluso rechazo si nos tocan. A muchas nos gustan los abrazos, pero cuántas nos quedamos tranquilamente abrazadas (no a las parejas) más de 5 segundos? ¿Por qué no tocamos a las personas tanto como tocamos a nuestros peluditos?
Durante las vacaciones visité Zamora y estuve por algunos pueblos donde había campos rocosos. Recordé cuando de pequeña, en los campamentos por la sierra madrileña, me descalzaba para subir por las rocas. Me gustaba mucho el tacto rugoso y duro de las rocas en las plantas de los pies. Si había alguna que fuera grande me tumbaba sobre ella intentando que la mayor parte de mi cuerpo estuviera en contacto con la superficie. Era un momento de paz y felicidad absoluta. Un instante pleno antes de seguir saltando con la sensación de ser un Mowgli cualquiera.
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domingo, 23 de noviembre de 2014
Peludita
Primero oía sus alegres pasitos en la escalera. Al momento escuchaba sus resoplidos. Sabía que allí estaba ella, intentando oler por debajo de mi puerta. Era la manera que tenía de anunciarse. Entonces le abría y ella comenzaba a correr por el pasillo hasta el fondo de la casa. Se apresuraba por llegar a ese rincón donde yo tenía sus juguetes, aún cuando ya no compartíamos la vida...
Recuerdo la primera noche que durmió en mi casa. Su dueña, mi pareja de aquel entonces, estaba pintando su diminuto apartamento y a pesar de su reticencia la convencí para que dejara que Guaya viniera a pasar el día a mi casa. La idea inicial es que mientras ella pintaba la perra estaría conmigo y volvería con ella para dormir.
Por suerte entró en razón cuando a la hora de la comida vio que ni iba a terminar de pintar ni el olor permitiría que nadie durmiera allí. Guaya había pasado la mañana en mi casa y habíamos jugado, visto la tele, dado un paseo. Al mediodía comencé a hacer la comida. Al rato, mosqueada porque no oía a la perra fui al salón a verla y al pasar por la habitación me encontré con que estaba allí.
Mi ex no quería que la perra se subiera a mi cama y se enfadó bastante pero una vez que lo había hecho, a mí me daba igual y la dejé que se echara su siesta apoyada en el cojín.Por la noche se subió a la cama con nosotras y curiosamente se hizo un burruñito pegada a mi tripa. Me soprendí al darme cuenta de que Guaya y yo estábamos haciendo la cucharita!! Le pasé el brazo por encima y nos quedamos las dos dormidas y quietas.
Meses después, cuando tuvo una pancreatitis que casi muere pasé la noche en vela tratando de calmarla. La medicación le había generado una ceguera temporal y asustada trataba constantemente de tirarse de la cama. Creo que fue entonces cuando descubrí que para mí era parte de mi familia afectiva y tan importante como las personas más cercanas. Tuvimos suerte y tras unas semanas jodidas se recuperó para volver a ser la dulce y juguetona perrita de siempre.
Después vino la ruptura de pareja y descubir cómo los animales pueden ser utilizados para hacer daño al otro, igual que los hijos en los malos divorcios . Muchos días subían la perra y ella hasta mi piso para ver a otra vecina. Desde el otro lado de la puerta escuchaba a Guaya llorar al pasar y querer entrar en mi casa. Fue bastante más duro de llevar no poder ver a Guaya que tener que ver a mi ex (y vecina) todas las semanas.
Cuando la situación se normalizó aprendí a disfrutar de ella las pocas veces en que la encontraba en la calle. Siempre tenía un lametón para mí y su rabito se agitaba contento en cuando me olía.
Poco a poco fui viendo cómo su alma de cachorro, que había mantenido indemne hasta los 11 años, se fue apagando. El último año apenas podía ver y le costaba reconocerme cuando nos encontrábamos en la calle. Hace unos días mi ex decidió dormirla. Me hubiera gustado poder despedirme de ella, de la peludita que me enamoró y enseñó tantas cosas.
Quiero creer que ahora corre por un inmenso campo verde de cesped y se mete en las acequias sin perder el juguete que lleva sujeto en la boca. Seguramente se habrá hecho amiga del peludín de una amiga que partió hace un par de semanas. Qué otoño más horrible.
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lunes, 10 de junio de 2013
Abandono y pérdida
Leo en el periódico una frase que me
resuena... nadie sale ileso de la infancia...
Y me da por pensar que es totalmente
cierto. Que en esa fase de la vida que de alguna manera inconsciente
buscamos perpetuar, todos sufrimos heridas que nos marcarán por
siempre.
Quizá la mayor herida que podemos
sufrir es la de sentirnos abandonados, sentir una pérdida profunda
en cualquiera de sus vertientes. Descubrimos, asumimos, aprendemos de
niños que la pérdida es la medida del amor. Y repetiremos ese
esquema toda la vida.
Estos días reparo más en las personas
que me rodean y que siento que viven marcadas por esas pérdidas.
Pienso en mi amiga V. tan alojada en su propio laberinto que hace
tiempo que dejé de saber cómo ayudarla.
Pienso en Ella, que me ha pedido que no
me vaya. En su mirada había un océano de miedo y tanta pérdida
reflejada, que la sentí niña inundando de tristeza toda mi casa.
Simplemente se me rompió el alma.
Y pienso en mí misma, en cómo cuando
me siento abandonada regreso de forma automática a ser esa niña
perdida, que llora, que no puede razonar y que sobre todo, no
encuentra palabras con las que dialogar...
Si, creo que cuando de adultos sentimos
esos abandonos retornamos a la niñez. Todos nos convertimos en niños
cuando perdemos o sentimos que perdemos a alguien que realmente nos
importaba. Porque de adultos somos capaces de enfrentarnos a todo
menos al abandono.
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jueves, 16 de mayo de 2013
En silencio
Mis lumbares han decidido que hasta aquí han llegado y me lo están haciendo saber a gritos. Así que esta es una tarde de sofá y parche térmico.
Ayer vi una película (con palomitas, of course) que transcurre en Nueva York. Para ir abriendo boca. El protagonista, un niño cuyo padre muere el 11 de septiembre, termina subido en un columpio volando alto. La imagen me recuerda en un primer momento cómo me gustaban de pequeña esos columpios. A continuación, recuerdo que ahora no soporto la sensación de vértigo que me dan.
Y de algún modo, este recuerdo secundario me lleva a resguardarme en mi silencio. Tal vez como preludio de lo poco que voy a hablar en Manhattan. Nunca ha sido fácil para mí hablar y estos días atrás me descubro pensando mucho y hablando menos... o nada.
Para redundar más en la pérdida de palabras, llevo desde el finde jugando con números. Yo que siempre he sido de letras decido que mi número es el 2 amarillo.
Me llaman esta mañana de Iberia para decirme que han cambiado el horario de mi vuelo. Tanto a la ida como a la vuelta. Eso me obliga a avisar a la empresa de traslados, al hostel y a San Pito Pato del cambio de hora. Me temo que mi inglés formal no fluye como debiera, pero no me preocupa estar allí y no poder expresarme mucho. Aunque según me dice Verticana, la gente te habla en cualquier lugar y quizá hable más allí que estos días.
Al fin he sacado la cámara de fotos (de la que no recordaba su existencia y que hallé hace poco entre mis libros) y he puesto a cargar la batería. Me dan ganas de dejarla en Madrid. No hacer fotos del viaje. Guardar cada imagen en mis pupilas agujereadas. Así tal vez cuando vuelva no me quede más remedio que hablar de lo que he visto y recupere la voz.
Pero descubro emocionada que mientras esté allí habrá luna llena. Y eso si que merece un intento de foto de la luna sobre un puente. Y muchas palabras.
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domingo, 6 de enero de 2013
Las palabras perdidas
Hace unos días buscaba un post antiguo
y estuve releyendo lo que escribía por entonces. Me sorprendí
porque independientemente del tema que tratara, notaba que el
lenguaje que utilizaba era diferente al de ahora.
Me parece que entonces era más rico,
más creativo, incluso más hermoso. Ahora, cuando escribo post soy
más directa. Tengo la sensación de utilizar un lenguaje más
terrenal, más cotidiano. No sé si esa es la palabra correcta pero
creo que es la que más se acerca a la sensación que me provoca.
Ayer estuve leyendo unos poemas que me
recordaron a ese lenguaje que he perdido por el camino. Esas palabras
que eran tan mías y que ahora no aparecen. Tal vez es que entonces
estaba enamorada. Quiero pensar que es eso y no que he perdido además
de muchas palabras, la capacidad de trasmitir determinadas cosas. También es cierto que todo lo que me ha sucedido en los últimos meses no ha estado teñido de rosa, precisamente.
Sé que he evolucionado, ya no soy la
que era cuando comencé el blog. Ni siquiera soy la misma mujer que
hace un año o año y medio. Pero ahora siento miedo de que las
palabras se escondan para siempre tras ese esquinazo que no acierto a
doblar desde hace tiempo y se queden allí a vivir.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
De mi ventana a la vuestra
Llevo un par de días con este post en
la cabeza...ahí, dándole vueltas. Pero no sé si hacer un post
sobre Femicine porque trata de una película o si simplemente
aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid (debe ser el río
español más nombrado).
Allá voy y que sea lo que las diosas
quieran...
El otro día un cine madrileño que no
conocía de nada proyectó gratis una peli que tenía muchas ganas de
ver desde que la estrenaron. Se trata de una hermosa película con
tres mujeres protagonizando tres historias bien diferentes...
No pienso hacer un spoiler de los míos.
Pero si quiero deciros, que tiene una fotografía preciosa, una
canción increíble y tres actrices que lo bordan.
En un momento de la película, las tres
mujeres (cada una en su historia) se cortan el pelo y eso supone un
auténtico trauma para ellas. Se aprecia como el corte les supone una
“amputación” de su femineidad. De hecho, una de ellas después
del corte no quiere que la vea su marido, preso en la cárcel.
Ese corte implica una ruptura, una
muerte de las mujeres que son, y de pronto ese pelo se convierte en
un personaje más del film. Qué poder de simbolismo para las mujeres
representa el pelo...
Esa escena me llevó a pensar después,
en la guerra que he tenido durante muchos años con mis padres por
mis cortes de pelo. La primera vez que me lo corté yo, por voluntad
propia y con el tamaño que me apetecía, fue nada más terminar COU.
Me había pasado todos los exámenes sujetando con una mano el largo
flequillo que me caía sobre los ojos. Estaba harta de tener que
escribir con una mano sujetando semejante melena (si...en aquella
época la tenía) y aún me quedaba la selectividad.
Al peluquero le dije: empieza y ya te
aviso yo cuando quiera que pares. Y me lo dejé al 2. A mí me
encantaba. Mi madre no me reconoció cuando pasó por mi lado. Mi
padre gritó de la impresión y nadie en la familia entendió por qué
hacía eso. Después han venido los cortes recurrentes cada dos o
tres meses. Y la posterior discusión con mis padres acerca de por
qué tengo que cortarme el pelo para parecer una paleta...bueno, mi
madre dice...un paleto.
Creo que con los años que llevo
cortándolo aún no se han dado cuenta de que para mí ese corte, esa
amputación de mi femineidad, es precisamente lo que me permite
mostrar mi identidad. Ellos lo viven (creo) desde el rechazo por lo
femenino y el que todo el mundo se de cuenta de que soy lesbiana. Yo
lo vivo desde el empoderamiento y la asunción de quién soy. Y ya
sabéis...lo que opinen los demás está de más.
Claro, este análisis del pensamiento
inconsciente de mis padres y las motivaciones conscientes mías lo he
desarrollado con los años. Con aquel primer corte de pelo yo sentía
que por fin era yo. Coincidió con que salí del colegio de monjas,
donde las había pasado canutas por el acoso escolar al que fui
sometida durante años por mi lesbianismo. Aún no lo había asumido
pero ya era evidente para mis compañeras de colegio. Las monjas se
lavaban las manos e hicieron la vista gorda con alguna asignatura que
suspendí para que me fuera del colegio. Y salir de aquello para mí
supuso una liberación en muchos sentidos.
Ese primer corte de pelo si fue el modo
inconsciente de asumir y declarar que no me sentía como las barbies
adolescentes de mi colegio. Aquella fue la época en la que
comenzaron a confundirme con un chico constantemente. Y me molestaba
mucho, reaccionaba airadamente porque no me sentía un chico...claro
que tampoco me sentía una chica, aunque ese es otro tema.
El caso es que esta semana, vi una foto
que enseñó en facebook una bloguera en la que aparece con 14 años.
Ella misma dice que viendo ahora esa foto...cómo en aquella época
no le sonaba el término queer...en la foto se ve claramente a un
proyecto de mujer lesbiana...el pelo, la camisa lisa de cuello
amplio, la seriedad del gesto, el reloj casio negro digital en la
muñeca...acariciando a un gato (jeje, esto último es lo menos
lesbiano que hay en ella!), vamos, un plumón tremendo... en su inconsciente ya estaba bien plantada
la semilla como quien dice y sólo le faltaba tiempo para
desarrollarla.
Y pensaba yo, que muchas de nosotras
tenemos momentos, o imágenes plasmadas de esos momentos, que al
verlas ahora podemos decir...pero si es que era bollo total...aunque
en aquel tiempo no pudiéramos o supiéramos verbalizarlo. Aunque
nuestro entorno no lo advirtiese...o si.
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| Odio los disfraces pero con este me sentía feliz... claro, podía mostrar mi masculinidad... |
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domingo, 22 de julio de 2012
Cinco años después...
Domingo y las campanas de la Almudena
me han despertado. Se ve que otra vez llego tarde a misa. Si es que
soy un desastre. Mira que cada fin de semana me propongo darle gusto
a Rouco y al forodelapuñeterafamilia, pero fallo estrepitosamente.
Así que mejor me levanto y escribo...
Ayer quedé con mis amigas ROYO. Bonita
pareja longplay...quiero decir, de larga duración. Lo bueno de
quedar con una pareja así es que normalmente no tienes que asistir
al festival de arrumacos que se profesan las parejas recién formadas
y que me hacen sentir pelín incómoda. Además, a ROYO hacía casi
dos meses que no las veía y teníamos que ponernos al día. Allá
que nos fuimos a una terraza de Chueca. Bueno, ellas llegaron antes
porque como había una concentración en Sol el autobús me dejó
bien lejos.
Cómo llegaría que YO me leyó el
pensamiento y le dijo al camarero...una coca cola y un vaso de
agua...Eso mola de conocer a unas amigas desde hace 15 años, que ya
saben en función de la cara que tienes lo que quieres beber jajajaja
El caso es que estábamos charlando y
de repente levanto y la vista y allí está. Si. Ella...bueno, no, no
ella sino ELLA... La mujer con mayúsculas. La mujer de la que me
enamoré justo cuando conocí a ROYO. La mujer por la que perdí la
cabeza totalmente y por la que hice cosas que no he vuelto a hacer en
la vida. Vamos, la mujer de mis sueños!! Se quedó mirándome antes
de reparar en que estábamos juntas el trio tralará. Al verlas se
acercó toda sonriente a saludarnos. Estuvimos charlando unos 10
minutos antes de que se fuera con su pareja y sus amigas.
La última vez que la vi fue en el
Retiro hace justo 5 años. Habían venido mis amigos sevillanos y
quedaron con ella. Recuerdo que al despedirnos ella me
preguntó...¿cuánto hace que no nos veíamos? Cinco años, la
contesté. Bueno, pues entonces hasta dentro de otros cinco...y lo
cumplió.
Tengo ex con las que no me he vuelto a
dirigir la palabra. Sin necesidad de acabar mal simplemente hemos
seguido caminos diferentes y no hemos vuelto a contactar. Ex con las
que mantengo una relación cordial. Ex que después de mucho tiempo
regresan para dar por culo pedirme una escalera y sólo una con la
que me apetece mantener una amistad sana.
A ELLA en su día la apeé del pedestal
que ocupaba y la coloqué donde realmente le correspondía. Sé que
es el tipo de mujer que me encanta, me engancha y a veces hasta me he
llegado a preguntar si mujeres que me han gustado después de ella me
erotizaban por parecerse en el físico y la forma de ser. En realidad
lo que ocurre es que ella es mi “tipo” de mujer...
Ayer se intercambiaron los teléfonos.
Dijeron de quedar pero creo que yo me saltaré ese día. No le
encuentro sentido a vernos de nuevo. No se me ocurre nada que me
apetezca contarle acerca de mí. En cierto modo se me hace extraño
pensar esto, dado que ha sido la mujer de la que más fuertemente me
he enamorado en toda mi vida. Pero forma parte de mi pretérito
imperfecto y creo que es mejor que se quede así.
Y vosotras...¿tenéis relación con
alguna ex? ¿O sois de las que las mandais bien lejos?
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viernes, 6 de julio de 2012
Enredar ilusiones

Llevo días callada y reflexiva. Dejando a un lado el finde del Orgullo en el que la casa se me llenó de mujeres orgullosas, estos días procuro quedarme a solas con las gatas y disfrutar de sus Weeeee y sus Mia! que me dejan pensar sin problemas.
Ha habido muchos cambios a mi alrededor en las últimas semanas. Una amiga ha hecho el atillo y se ha lanzado a vivir el presente allá lejos, donde termina el río. Hay mudanzas a mi alrededor...internas y externas. El verano ha dado paso a nuevas pasiones y yo tengo el corazón achicado.
Vuelvo mi mirada hacia el oeste…ese lugar mágico por donde desciende el sol, donde se encuentra mi tierra prometida. Quedan pocos días para que inicie una nueva década y siento que me falta la plenitud de concederme deseos, de atrapar mis sueños. Así que comenzaré desde ya. En unas semanas partiré desde el Rincón del Arco Iris para contemplar paredes llenas de libros y un hermoso puente que une las letras.
![]() |
| Foto tomada de Google |
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viernes, 20 de abril de 2012
Este (puto) momento
{este momento} - un ritual de Viernes. Una sola foto - sin palabras - la
captura de un momento de la semana. Un simple momento especial, extraordinario.
Un momento recordar. (Inspirado por Soulemama y secundado por Farala)
Deja un comentario o un enlace a tu blog...o las dos cosas...o ninguna...lo que prefieras.
martes, 3 de abril de 2012
Aniversario
Hoy hace 10 años que compré mi casa. Mi pequeño Rincón del Arco Iris...Al principio fue un proyecto de vida. La compré justo enfrente de un parque para que cuando Alex (la de la "excalera") se viniera a vivir conmigo pudiera sacar a pasear a su perra al lado de casa.
Recuerdo el día que vimos esta casa. Nada más entrar nos quedamos prendadas de ella. Nos imaginábamos viviendo aquí. La mudanza se retrasó algunos meses. Me vine y durante los primeros años sería justo decir que pernoctaba aquí pero no llegaba a vivir la casa.
Tuvo que romperse mi historia con Alex, pasar por una obra infernal que me tuvo fuera 10 meses para comenzar a habitar mi casa.
Por sus estancias han pasado muchas mujeres. Amigas, amantes, novias...Sus paredes guardan las huellas de las risas de GuaSa y RoYo, los ladridos de Guaya, los maravillosos encuentros de Bolloblogueras y toda la ternura de la activista coqueta.
El mobiliario apenas ha cambiado, sólo cuando ha sido estrictamente necesario. Sin embargo yo he crecido en este tiempo, he evolucionado y ahora siento que es el hogar que comparto con Zoe y Lúa...aunque ellas no paguen el IBI y lo tasa de basuras!!
He vivido momentos dulces y momentos muy amargos. Los últimos dos años han sido de una soledad terrible pero logré romperla con las visitas que fueron llegando hasta el Ala Norte. Me gusta compartir mi espacio con mujeres que aprecio y que saben valorar lo que les doy.
Hoy es un día algo triste. Quizá es que echo la mirada atrás y percibo los proyectos que no he podido realizar, en especial ese proyecto con la activista coqueta que aún hay días que escuece. En la nevera, como testiga muda del paso del tiempo, yace una botella de Martini, que me regalaron Sis y mi cuñado cuando compré la casa. Está a la mitad. Hace tiempo que no bebo de ella pero me gusta mantenerla para recordar que un día compré una casa. Que lentamente fue transformándose en mi hogar. Y que en ella he vivido con intensidad estos últimos 10 años, con la certeza de que en mi rincón siempre termina por salir el arco iris.
sábado, 14 de enero de 2012
Te debo un sueño
Primera noche que paso fuera del
hospital. En el taller del curso de este mes hemos tratado el tema de
los sueños. Y parece que todo se ha confabulado para que ahora, a
las 4 de la mañana yo esté con los ojos como platos.
Tú, no has querido acudir esta noche a
esa cita que tenemos últimamente. No te convoco pero apareces. Y
entonces charlamos e incluso viajamos. Quizá es que no encuentro
otro modo de hablar contigo ahora. Tal vez es que en el sueño mis
manos se acercan y pueden acariciar tu mejilla o mis ojos pueden
encontrarse con los tuyos sin dolor.
No me quiero engañar. He llegado a
pensar que apareces para paliar esta soledad que durante el día me
pesa demasiado. Pero no, no es cierto. Hoy me he dado cuenta de que
no es cierto. Al menos me debo el ser honesta. Al menos te debo estas
palabras y quizá hasta te deba un sueño.
Antes tenía mis dudas pero todas estas
noches en que has aparecido me han demostrado que sigues ahí,
agarrada a algún resquicio de mi alma. Aferrada a alguna hebra de
los jirones de mi corazón. Te sueño porque quizá no puedo hacer
nada más hermoso contigo ahora mismo. Es la poesía que te recito
algunas noches, es la carta que nunca te llego a entregar, donde te
digo que aún hoy, al menos hasta esta noche...te quiero.
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martes, 13 de diciembre de 2011
¿Cuánto duran los recuerdos?
Ayer te vi. No me quedó otra. Sé que
al menos nos tenemos que ver tres veces al mes. Y ya me resulta
demasiado.
Mañana hará tres meses que todo
terminó. Después de tres largos años. Vaya, me acabo de dar cuenta
de cómo se repite el número tres.
Pues eso, que ayer te vi. Por un lado
me alegré de encontrarte fea. Si, te vi fea. Con ese pelo que te
empieza a crecer de forma desordenada. Pierdes todo el atractivo que
tienes con el pelo muy corto o con melena. Y me gusta verte así,
fea, porque ya no me gustas. Puedo mirarte sin perderme en tus ojos o
en tus labios como me sucedía antes.
Pero aún te echo de menos. El otro día
pensaba en esas noches que llegábamos tan tarde a casa y
preparábamos para cenar un perrito caliente. Era una tontería pero
yo era feliz mientras estábamos en el sofá charlando y cenando ese
perrito. El tuyo con mostaza y ketchup a borbotones. El mío con una
pizquita de ketchup. Y esta noche, que no podía dormir y sentía
frío en la cama, echaba de menos que me abrazaras. Echaba de menos
tu brazo rodeándome, no unos brazos cualquiera.
Son ya tres meses y todavía se me hace
presente el tiempo que pasamos juntas, juntas y revueltas, después
sólo revueltas y al final más revolucionadas que otra cosa.
Todavía me duele el final. Yo no lo
merecía. Y tú tampoco te merecías ese final que me diste pero
supongo que nunca has sabido hacerlo bien.
El otro día en un correo me decías
que me quieres muchísimo y que soy muy importante en tu vida. Lo
comenté con Rosa y atinó de pleno al decir...te quiere muchísimo
pero te quiere mal. Quizá es que no hemos sabido querernos bien, o
tal vez no hemos podido hacerlo.
Y ahora me he alejado porque al fin me
he dado cuenta de que cerca de ti me hacías daño y yo te lo hacía
a ti. Y trato de que esta distancia me ayude a aprender a quererte de
otro modo. Al menos ya no me gustas y eso es un paso enorme porque
ahora puedo estar cerca de ti sin que esa atracción que siempre
tuvimos se interponga.
¿Cuánto duran los recuerdos? ¿Cuánto
tiempo ha de pasar para que dejes de dolerme? En un blog de una mujer
que ha sufrido también una ruptura dolorosa he leído que se da 100
días para olvidarla. Yo voy casi por 90 y no lo consigo. ¿Cómo
hago para llenar una vida que ya está llena de ausencia? De tu
ausencia, de mi lejanía y sobre todo de mi silencio.
Este viernes tengo que verte otra vez.
Ojalá algún día pueda además de verte, mirarte a los ojos sin
rastro de dolor. Quizá ese día podamos sonreírnos y recordar sólo
los tres años y no estos últimos tres meses.
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lunes, 24 de octubre de 2011
La antesala de la lluvia
Qué fin de semana más
intenso...Después de los últimos días llenos de insomnio y de
emociones, me daba miedo que llegara el viernes. Tenía curso y allí
recogemos todas las experiencias vividas en el último mes y las
procesamos.
El curso iba a suponer el reencuentro
con la activista coqueta después del cerrojazo que he pegado. Un mes
si verla ni hablar con ella. Y lo curioso es que este mes lo he
pasado tan ricamente en ese aspecto. Ummmm, está claro que en los
últimos tiempos no la echaba de menos, la echaba de más...
Por otro lado, el tema que íbamos a
tratar este mes prometía...fotobiografía. Sacar fotos de toda tu
vida y analizar el contexto, los lenguajes corporales...qué pedazo
de ejercicio. Es increible. Escribe en un folio un resumen de tu
vida...ya, sin pensarlo previamente...a ver qué sale. Y luego pon
las fotos encima de la mesa y mira a ver si concuerda lo que tú te
has contado a ti misma de tu vida con lo que se ve en las fotos. Tal
vez puedas contextualizar...descubrir que aquello a lo que le dabas
tanta importancia no aparece en las imágenes, o simplemente
corroboren, como es en mi caso, que aquello que me he contado siempre
de mi vida es cierto, ocurrió, y a pesar de que no hablaba de ello,
aparece reflejado a través de las fotos...
Pero lo mejor del fin de semana estaba
por venir...Pena mexicana y su güera habían subido a Madrid y las
tres estábamos invitadas a una fiesta. Me acerqué a la fiesta con
poco cuerpo, la verdad...pero al momento de llegar me sentí genial.
Pude conocer a la Sra. Castafiore que no nos regaló una aria pero
corroboró lo maja que resulta a través de sus ocurrencias.
Reencontrarme con Hester, Hormiga y La Niña, con Vericana y Arponauta (qué
cariñosa que es!!), Lenteja con su alegre carácter y esa facilidad
de palabra...y Bur, que me decía que la estaba sorprendiendo. Claro
muchacha!! si es que lo que tú conociste en navidades era una sombra
de la chris que soy!!
Lo pasé genial...había comida para un
regimiento bollo hambriento. Yo creo que las anfitrionas temerosas de
que Hormiga volviera a invitar a todo el vecindario y a parte de la
fauna madrileña como ya ocurrió en las fiestas del orgullo...se
propusieron no quedar mal y pasaron cocinando toda la semana!! Y
qué forma de cuidarnos, pendientes las dos todo el rato de que no
nos faltase nada de beber...
Yo no estuve al tanto del blanqueamiento del ano que comenta Hormiga, Estaba en el otro lado,
descubriendo lo divertido que puede ser el Ichin de los ovarios.
Quiero agradecer a Bur la paciencia que mostró ante la incredulidad
de las allí presentes y el cachondeo con el que nos lo tomamos
algunas...
La fiesta fue completa cuando llegaron
del teatro Pena y su mujer. Qué rabia no poder compartir más tiempo
con ellas ya que el domingo tuvieron que marcharse por la mañana.
En definitiva...una fiesta perfecta,
con unas anfitrionas maravillosas y una compañía inmejorable. La
reunión fue como una fina capa de agua que refrescó mi alma después
de las emociones intensas de la semana. La antesala de esta lluvia
con la que ha amanecido hoy Madrid.
PD: Lenteja me hizo un feedback preciso
sobre el estilo de mi blog. Espero que con este post “cortito” y
no tan intenso pueda mejorar su percepción :-)
miércoles, 5 de octubre de 2011
Mucho antes que la Duquesa...
María era una mujer fuerte y muy alta
para su época. Con un metro ochenta destacaba cada vez que salía a
comprar por la calle Hermosilla. Las mujeres la miraban con
admiración sin alcanzar a imaginar la dureza de su experiencia
vital.
Como tantas mujeres nacidas a
principios de siglo, apenas había tenido educación. Eso si, el
hecho de haber nacido en León le había conferido un espíritu de
lucha encomiable. Ese espíritu fue el que le ayudó a salir adelante
cuando dejó su pueblo natal y se trasladó a Madrid. Allí trabajó
de costurera y fue al lado del taller donde conoció a Jesús. El amor
surgió fuerte entre los dos jóvenes. Cada tarde Jesús le esperaba
a la salida del taller y le acompañaba hasta su casa. Le contaba sus
clases de medicina y su afán por lograr ser un buen médico. Hacían
planes sobre los hijos que tendrían y dónde vivirían. Pero una
mañana de verano Jesús la llamó al taller para explicarle que su
padre había fallecido y que tenía que viajar ese mismo día a su
pueblo para hacerse cargo de su madre y sus hermanos pequeños.
María esperó en vano su vuelta
durante meses. Cuando se hizo a la idea de que Jesús no podría
volver conoció a Andrés, un hombre apasionado por la política. Era
su tema preferido cuando no estaba trabajando en la fábrica. A María
le gustaban sus facciones morenas y que era casi tan alto como ella.
Pese a no compartir del todo sus ideas le entusiasmaba la pasión que
ponía Andrés en todo lo que hacía. La guerra les sorprendió
recién casados pero Andrés no dudó en marchar al frente a pesar de
que María estaba esperando ya un hijo. Cuando llegó la carta
anunciando que él había muerto fusilado en la cárcel, María
acababa de celebrar el segundo cumpleaños de Andresito.
Para lograr sacar adelante al niño en
la dura posguerra María aceptaba todos los trabajos que le iban
llegando. Su fuerza de voluntad que a veces rozaba la terquedad le
hacía avanzar poco a poco. Con los años consiguió un empleo
inmejorable. Le contrataron como secretaria en un periódico. Allí
conoció a Don Miguel, un hombre mayor que ella, de semblante serio
pero extremadamente amable. María no tardó en darse cuenta de que
Don Miguel le prestaba una atención inusual y poco a poco fue
aprendiendo a querer a aquel hombre bajito de madre francesa y gran
educación. Cuando Don Miguel le propuso matrimonio María sopesó
que era una madre viuda, cercana a los 35 años y que no contaría
con muchas más oportunidades de tener una vida estable. Aceptó
pronto y al año siguiente nació Miguelito.
No hacía falta ser muy lista para ver
que a Andresito no le hizo ninguna gracia la boda de su madre.
Acostumbrado a ser el “hombre de la casa” pese a sus escasos 9
años de vida, ahora llegaba un señor serio y un niño cabezón.
Miguelito se convirtió en el blanco de sus travesuras, incapaz como
era Andrés de aceptar su papel de hermano mayor.
María vivó unos años dorados. Don
Miguel era un reputado fotógrafo y se codeaba con lo mejor de la
sociedad madrileña de los años 50. Los paseos militares o las
recepciones en el palacio de El Pardo a las que tenían que asistir
obligados se llevaban mejor cuando llegaban los domingos y acudían a
los merenderos que estaban situados junto al Manzanares. Allí
Miguelito jugaba con unas gemelas y su hermana mayor ignorando que
algún día harían el papel de tacañonas en el 1,2,3.
Los buenos tiempos acabaron cuando en
1960 Don Miguel falleció de cáncer. María de nuevo se quedaba
sola, esta vez con un adolescente al que sacar adelante. Comenzó a
trabajar en el servicio de Meteorología y eso le ayudó a superar la
muerte de su segundo marido. Nuca le había gustado el término viuda
por lo que solía quedar con sus amigas o sus compañeras de trabajo
para ir a merendar o ver alguna película en el cine.
Miguelito fue creciendo mientras Andrés
se casaba y formaba su propia familia. María ejercía de abuela con
el entusiasmo de la despreocupación. Por primera vez en su vida los
niños pequeños no eran un asunto de supervivencia para ella.
Miguel, ya crecido encontró también
una mujer con la que se casó y tuvo dos hijos. Al igual que con el
resto de los nietos, María les prestaba atención un día a la
semana. Ahora que tenía tiempo para si misma y una cierta
estabilidad económica era el momento de divertirse todo lo que no
habia podido hacerlo en su juventud.
Con lo que no contaba María es con
encontrarse una tarde paseando por el Retiro con Jesús, su primer
amor...su gran amor. El tiempo había pasado para los dos pero se
reconocieron al momento. Jesús tuvo que abandonar sus estudios de
medicina y se había convertido en un humilde practicante. Cuando
supo del primer matrimonio de María se casó con otra mujer. Había
tenido tres hijos pero dos habían fallecido muy jóvenes por
enfermedades. A Jesús le pesaba el no haber podido ayudar a sus
propios hijos.
El amor surgió de nuevo. Esta vez de
un modo sereno, con la calma que dan los años y el dolor sufrido en
la vida. María decidió que quería pasar el tiempo que aún les
quedaba con él. Sabía que le costaría un disgusto en la
familia pero no quería dejar escapar la oportunidad de ser feliz. Por fin no importaba la altura, ni la posición social, ni las profesiones, ni el bando político...Cuando se lo dijo a Andrés se oyeron los gritos en todo el bloque.
Aquel muchacho chapado a la antigua no entendía que su madre, viuda
dos veces, con algo más de 60 años a sus espaldas quisiera pasar
por la iglesia de nuevo. Serían la comidilla de todo el barrio.
¿Qué clase de mujer se enamora con
esa edad? ¿Y para qué quiere dormir con un hombre? A Andrés le
atormentaban esas dudas y corrió a la iglesia para intentar
encontrar las respuestas a través de la oración. Durante horas rogó
a Dios que le hiciera desistir a su madre de aquella locura.
Él fue el que la llevó del brazo el
día de la boda y quién le entregó a Jesús en el altar. Migiel
desde la primera fila de los bancos sonreía.
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miércoles, 4 de agosto de 2010
Click
Me he comprado una cámara de fotos. La que tenía desde hacía 6 años se había estropeado. El año pasado fui tirando con la que tiene la activista coqueta. Pero aprovechando que parece que el apartamento alquilado en Cádiz no es ningún timo (le ha pasado a una compañera de curro) me he liado la manta a la cabeza y me he comprado una esta tarde.
Nada especial, con un porrón de megapixels en comparación con la anterior pero basicamente las mismas funciones.
Dice la mitad del duo GuaSa que hago fotos buenas. Mentira. Y no es falsa modestia. Como digo yo, hago 50 y una es medianamente decente.
Mi abuelo por parte de padre era fotógrafo. Y de los buenos. Mi padre no pudo convivir muchos años con él pero le quedó el gusanillo de la fotografía y hace sus pinitos con las cámaras que se va comprando. Eso si, sólo a nivel familiar, nada fuera de lo corriente.
Le he dicho alguna vez a mi padre que tendríamos que reunir las fotos que conservamos de las que hacía mi abuelo. Y buscar en los archivos de la prensa española de su época para recopilar más. Juntando todas, se puede hacer un retrato perfecto de la sociedad española de la posguerra. Pero es de esas cosas que se van posponiendo y es una pena.
Creo que los fotógrafos hacen las fotos tal cual ven la vida. Me explico. Yo tiendo a fijarme en los detalles. De hecho, muchas veces me fijo en lo que no llama la atención a nadie más.
Recuerdo una sexcapada a Toledo con Chica, la mujer 10 para mí (de no ser porque era infiel por naturaleza). Estábamos en una mezquita y todos los turistas incluida ella miraban las columnas y el techo. Cuando reparó en mí, yo estaba agachada contemplando de cerca los azulejos pequeñitos de colores que había en el suelo.
Con la fotografía me pasa igual. Tiendo al zoom. A fijar la imagen en aquellos detalles que me llaman la atención y que forman parte de una escena mucho más grande. Allá donde otros enfocan el paisaje yo hago clik en esas rocas junto a la orilla que las olas no terminan de cubrir.
Así que me he comprado una cámara con Gran Angular, a ver si así consigo tener una visión más amplia (también de la vida). Ah!! y seguramente podré salir yo de cuerpo entero porque mi figura amenazaba con salirse del encuadre jajaja!!
Pienso hartarme a fotografiar atardeceres desde la terraza del apartamento en Valdelagrana. No sé si podré actualizar desde allí pero a la vuelta tendré material de sobra. Agh!! todavía me quedan 14 días para irme. Y si voy preparando la maleta ya?????
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