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domingo, 24 de enero de 2016

Simplemente silencio


Hay noches en que sueño tan dulce que no quiero despertar.  Luego abro los ojos y viene la Vida...

Hice la foto con el móvil


Recuerdo una tarde de enero de 2009. Nevaba en Madrid de forma intensa. Estaba en casa preparando una tortilla de patatas y esperaba a la activista coqueta. Había quedado con unas amigas y después vendría a mi casa a cenar y a dormir. Miraba por el balcón y veía la calle toda cubierta de nieve. La Catedral tenía un aspecto fantasmal bajo el cielo blanquecino. 


Cuando me avisó de que ya venía, bajé a la calle a esperarla. Quería tirarle una bola de nieve. Pero nada más salir del portal me asombró el silencio que había. Un silencio quedo, únicamente roto por algún coche que pasaba despacio. Subí hasta la esquina de casa para no tener el abrigo de los balcones. Allí levanté mi cara al cielo y extendí los brazos. Dejé que la nieve se posara sobre mí. Los copos descendían raudos y me alcanzaban dejando pequeñas huellas blancas a lo largo de mi cuerpo. Sola en la calle, envuelta en el silencio más hermoso que haya escuchado nunca, tuve la sensación de que el tiempo se detenía. Los árboles del parque y yo éramos testigos de aquel instante perfecto.

Esta mañana he visto unas fotos de Nueva York nevado. Por un momento, me he sentido allí, como si me hubiera trasladado de manera mágica y estuviera junto a la fuente de Bethesda o cruzando el Bow Bridge. He podido sentir de nuevo ese silencio perfecto que a veces logro substraer de la realidad y depositarlo en mí. Porque tras un sueño dulce, viene la Vida. Y entonces necesito quedarme en silencio.


Ambas fotos son de la Agencia AP



viernes, 18 de septiembre de 2015

Tanto y tan poco tiempo

Tengo la sensación de que los días vuelan. Pasó el verano y yo quería que llegara ya el otoño. Tonta de mí ansiaba los estrenos de cine pendientes. Carol, Sufragette, Freeheld, About Ray... y deseaba sacar el edredón de plumas bajo el que duermo tan a gusto.

Pero de repente algo ha cambiado. No quiero que pase el tiempo tan aprisa. Quiero detenerlo, que se pare. Me angustio al ver el ritmo que ha cogido este año, al notar cómo pasan los días sin que me de cuenta, cómo se desliza el tiempo traicionero y lo veo reflejado en el rostro de quienes quiero.

Ya ni siquiera espero el frío para sacar el edredón de plumas. He descubierto que debajo de la sábana puedo pasar horas dulces.

Han pasado dos años desde la última vez que te vi y esta noche has vuelto en sueños. Despojada ya de olores, aún conservabas el tacto de madera. Tu mirada burlona, como siempre, a medio camino entre no creer nada y aún no saberlo. Me visitabas, al oeste de mi anhelo. Con tantas palabras que aprisionaban mi silencio.

Me has llevado a ese lugar de magia que me descubriste y al que nunca he vuelto. Te he seguido en el laberinto de pasillos, de libros, de velos. Cuánto me ha costado mirar tu mirada, cuánto me ha costado encontrar mi voz y no perder mi acento. Cuánto me ha costado no coger tu mano y acariciarte el pelo...

Tal vez algún día, cuando ya no quede rencor y nuestros egos sucumban, podamos decirnos "Hola".Y el cielo de Madrid que tornó en gris, recupere el azul en Ramales. Tal vez ese día el sonido de tus palabras sea sincero.

Qué triste despertar y descubrir que apenas fuimos un sueño.



domingo, 3 de mayo de 2015

Es suficiente


Me gustan estos días previos a que llegue el calor. Las tardes parecen mecerse entre el sol y la brisa, dejando mi barrio lleno del olor a la primavera.
Me gusta pasear y ver cómo caen a mis pies los "quesitos" de los árboles de la Ronda. Contemplo  la quietud del cielo, co alguna nube migrante. Miro los árboles que en cuestión de una semana se han poblado de hojas verdes. Los pájaro retornan al nido que alguno hizo delante del balcón.

Son días de incertidumbre por temas laborales. Días de pensarme mucho y oirme poco. Momentos de respirar y atravesar zonas de confort. El ruido interno contrasta con el sonido del oboe que escucho cuando camino respirando la dulzura de esta estación.

Mayo se adivina lleno de emociones. Mi mes preferido, inundado de luz mágica, me llevará en unos días a la Gran Carpa. Allí me quitaré el disfraz de adulta para que mi junior disfrute con las proezas del Circo del Sol. Después veré a Asier Etxeandia, cumpliendo un deseo musitado. Y si hay suerte, un bonito reencuentro con mi hermana antes de cruzar el charco.

Sólo tego que dejarme ir y preparar mi piel para esas emociones que prometen alterarla.

Si, miro al cielo y pienso... es suficiente.

martes, 21 de abril de 2015

Retazos

Que si... que lo confieso... que os ando poniendo los cuernos. Que ando liada con otro blog. Y soy boba, porque el otro no me da ni una cuarta parte de las alegrías que me da este.

Estoy escribiendo en un blog que he abierto para mi familia con cosas de Nueva York. Como anticipo del viaje que haremos al final de la primavera.

Quizá tampoco escribo mucho aquí porque mi vida ultimamente esta hecha de retazos, de pequeños momentos donde habito en medio de este caos rutinario de vida que llevo. Si, pequeños momentos en que siento al fin que soy yo misma, en los que me siento absolutamente a gusto en medio de otras personas.

Hace unos días iba con unos amigos en coche por la carretera de Valencia. Me dieron ganas de gritarle al bueno del que conducía.... no pares!! Sigue hasta Valencia. Aunque lleguemos de noche... vayamos a ver el mar a la luz de la luna....

Me descubro con unas ganas locas de ver y pisar el mar. Seguro que pensais que es fácil... 4 horas me separan de una playa... pero la necesidad que siento es de escapar... en el amplio sentido de la palabra, no de hacer una viaje planeado. Eso sería una rutina más en mi vida.

Tal vez u8n día de estos me sorprenda a mí misma haciendo cualquier locura... como aquel día en Ctambrils, cuando se suponía que tenía que estar ya en Madrid y andaba tirada en una playa solitaria como dios me trajo al mundo, acompañada de Rizos... aquel fue uno de los mejores días de mi vida por lo que tuvo de espontáneo.

Me he propuesto dejarme llevar y decir que si a cosas a las que antes diría que no. Cambiar la manera hará que cambie el resultado... digo yo. Y de momento me ha servido para llegar a algún lugar desconocido para mí. .. como este...






jueves, 30 de octubre de 2014

Desde la planta 14


Crecí en un barrio al noroeste de Madrid. Desde la ventana de mi habitación se veía una vaguada enorme que nos separaba del siguiente barrio. Aquella vaguada donde yo jugaba de pequeña, se rellenó a primeros de los 80 con un centro comercial enorme y una carretera de varios carriles que pasaba por la esquina de mi fila de bloques.

Recuerdo que prometieron que en aquella esquina colocarían una estatua gigantesca de un hombre desnudo, de unos 20 metros. Imaginaba que miraría por la ventana de mi habitación desde mi planta 14 y vería los huevos de ese hombre. Por suerte, aquella promesa nunca se cumplió.

Desde el otro lado de la casa se divisaba el campo y al fondo las montañas de la sierra. Por la ventana de la cocina veía atardecer mientras cenaba. Si, crecí mirando al cielo. Tenía la inmensa suerte de tenerlo cerca y de vivir en un barrio muy abierto. Desde la altura podía contemplar la Osa Mayor. La buscaba cada noche antes de acostarme para cerciorarme de que seguía allí y que con alzar un poco la mano podría llegar a tocarla.

Atardecer desde la cocina

 

Quizá por eso, cuando me mudé, me enamoré de mi casa. Pese a ser pequeña y estar en el centro de Madrid, se encuentra mirando a un parque y veo el cielo con facilidad. Me di cuenta el otro día, al ir a casa de mis padres.

Me paré en mitad de la calle y lentamente fui girando sobre mí misma. Pensé en lo poco y mucho que ha cambiado. El espacio abierto es el mismo. Por suerte, algo está cambiando y encontré consignas que nunca antes había visto
Al fin algo de sentido común en el barrio

Ahora que lo pienso... mi antigua calle también es cuesta abajo!

 
Creo que el espacio en que crecí me marcó tanto que de modo inconsciente busqué casi lo mismo. Sólo me falta poder ver amanecer como antes hacía cada día desde la planta 14. Y aunque el horizonte ha cambiado mucho, la verdad es que el cielo de Madrid sigue siendo muy hermoso.



Esta foto la hizo mi padre.

jueves, 9 de octubre de 2014

Lunas distintas


Me ha llegado la pieza de Lego que me faltaba para continuar construyendo. Me aferro a la tonta idea de que cuando termine, algo en mí se sentirá mejor. Y supongo que al menos será la sensación de haber terminado algo que empecé, que a veces me cuesta mucho.

Este mes hay luna de sangre. En esta ocasión no se ha podido ver en España pero si en otras partes del mundo. La primera vez que vi una luna así fue una noche de verano, en un muelle solitario de Lisboa. Desde una barcaza aparentemente vacía llegaba con claridad el sonido de una balada. Bailaba triste abrazada a una mujer, incapaz de entender cómo a ella no se le erizaba la piel al contemplar aquella luna llena y tener el escenario perfecto para aquel baile nuestro.



Erie    EE UU

Antes de ayer recibí un mensaje en el que me preguntaba si había visto la luna. No, no tuve fuerzas para salir por la noche de casa y verla. Pero ayer, cuando volvía de ese taller sobre transitar los cambios que estoy haciendo, la vi resplandeciente en el cielo.

Quizá se trate de eso... de que llega un momento en que ya no miramos el mismo cielo y las lunas que vemos son lunas distintas...  Hoy escuchando a Marino Sáiz descubrí una canción que dice...

"La luna de tu cielo está llena y la mía llora por ser como ella. Y a veces me pregunto si vale la pena. Cielos distintos en esta tierra"

Al menos me reconforta la idea de que la luna siempre estará ahí para mí. Aunque no haya nadie a mi lado que la pueda contemplar al mismo tiempo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Regalos


Algunos días releo post antiguos y me sorprendo de lo conectada que me encontraba. Conectada conmigo misma, quiero decir.  Quiero creer que son épocas que pasas... momentos en los que puedes prestarte más atención, vivir casi por completo en el adentro, y en otros momentos sólo puedes prestar atención al afuera.

Y aunque esta es una época de estar muy en el afuera, tengo la suerte de que la vida me presenta regalos y aún tengo la capacidad de percibirlos y disfrutarlos.

Siempre que puedo, bajo andando desde Sol hasta casa, embriagándome con el olor del jazmín y de las falsas acacias de mi barrio. Estos son días cálidos, llenos de olores y luz. En la esquina de casa, una de estas "noches", cuando el reloj clavaba las 22:00 horas, me encuentré con un cielo espectacular y precioso y me quedé absorta contemplando como el día terminaba.




 


Tengo la inmensa suerte de vivir en una ciudad que adoro, que me hace regalos como este muchos días. Y en la que puedes buscar también regalos para hacerte... como el concierto de Ludovico Einaudi al que voy a ir en unas semanas... la banda sonora perfecta para escucharme y conectar conmigo misma de nuevo...



martes, 22 de abril de 2014

Antes y después de la lluvia


No he tenido vacaciones de Semana Santa. Tan sólo un finde largo en el que me he quedado en Madrid descansando. hubiera necesitado un par de días más para ponerme a tono pero aún así, agradezco el "kit-kat".

Se hace raro una Semana Santa sin lluvia, verdad? Sobre todo cuando tu pareja te dice durante tres días que va a caer la del pulpo porque su móvil anuncia lluvia... Que si, cariño, que ponía que estaba lloviendo a mares y nosotras al solecito... Ahora las aplicaciones del tiempo en los móviles se han convertido en aquellos hombres del tiempo que no atinaban una. Salvo mi abuela y mi padre... ilustres trabajadores del Servicio Meteorológico nacional (cuando reinaba Carolo) y que me contaban de pequeña el significado de las nubes y lo que presagiaban...

Estos días han sido por suerte días de luz y de colores... Confieso que me quedé embobada mirando el sol que incidía sobre los pétalos de un lirio robado



De vuelta a casa, ayer por la tarde... abrí el balcón y una vez más me embriagó el jazmín del balcón de mi vecina. Ya no tengo que buscarlo por el triángulo de olor del barrio...

Esta mañana amaneció lloviendo todo lo que supuestamente tenía que haber caído los días previos. Madrid se convierte en cuestión de minutos en una ciudad salvaje, no apta para las personas que caminamos sin más. Pero después del día lluvioso me regala un atardecer de los que me reconcilian con la vida...





Me enamoro de mi ciudad viendo estos colores. Y me siento latir entre sus ruidos. Por encima del tráfico, de las voces, de las sirenas... escucho un sonido envolvente y rítmico que me conecta y me enraiza...



 
 
 
Pum pum, pum pum, pum pum, pum pum, pum pum...


viernes, 21 de febrero de 2014

Y que florezcan los almendros


Llevo toda la semana encerraica. Si, mi vértigo del sábado noche (cual John Travolta en la pista de baile) se instaló comodamente y aquí me tiene con la pata quebrá. Que digo yo, que no se estaría alargando tanto si no hubiese sido tan lela de confundir la medicación y tomármela al revés.  :-(

No os quiero contar la cara de gilipollas que se me quedó cuando ayer el médico me empieza a hablar de la sulpirida, la betahistina y al ver mi cara de panoli con la caja de pastillas en la mano me dice... esta es la que te tenías que haber tomado los 3 primeros días. Y sólo faltaban dos pastillas del blister!!

Ay! si es que ahora entiendo a los ancianitos, pobrecillos, que en la farmacia se lían a darles genéricos y ellos ya no saben si la de la tensión es la azul o esa es la de los días de fiesta.

En fin, dejando eso a un lado, la existencia transcurre monótona entre mareo y mareo. Estos días me aburro viendo el curling en casa. Si es que no puedo ni leer! Miro por la ventana y veo cómo los pajarillos se acercan al nido que hay en el árbol situado delante del balcón. El invierno me pesa demasiado. Entre el agua y el aire mi ánimo se va quedando a la altura de las hojas caídas. Cada año me ocurre lo mismo.

Comienzo el otoño con ganas de fresco y para cuando llega febrero, que aún falta para que El Corte Inglés anuncie la primavera yo ya estoy más que necesitada de sol y buena temperatura. Si es que soy como las tortugas... que aparece un rayito y estiro el cuello.

Así que espero con ansias esos días de este mes en que cambia algo el tiempo y yo siento que el mundo renace. El anuncio de lo que está por llegar. Eso días en que el invierno firma la tregua y reconoce que, otro año más, pierde y deberá cesar. Si, echo mucho de menos los días en que todo vuelve a teñirse de colores. Y que florezcan los almendros.

martes, 31 de diciembre de 2013

A lo bonzo

Que si, que es nochevieja. Que se supone que en estos momentos debería estar pensando en el fiestón de esta noche, en las buenas ropas que voy a lucir, en comerme las uvas y empezar el año con buen pie.... Quizá hasta debería estar haciendo un repaso como en años anteriores de los momentazos de este año... de esos hitos positivos que hace que siga adelante y que sonría.

Pero es que llevo un par de semanitas de aupa. Tengo la ansiedad disparada. El domingo, en el concierto de cuencos tibetanos no me podía relajar porque el corazón me iba demasiado rápido. Ni respiración ni leches... aquello no paraba.

Y voy capeando el temporal, comiendo bombones ferrero rocher (papanoel me regaló una caja), intentando reírme cada vez que encuentro la ocasión y mirando los cielos que me sigue regalando mi ciudad.





Soy la osada que me he lanzado a la piscina. Se ve que las 6 horas (¡6!) que pasé montando el puzzle en 3D del Empire State Building no hicieron mella en mi ánimo, ni me autoconvencieron de lo poco mañosa que soy. .Me he autoregalado un puzzle, esta vez en 2D, del puente de la bahía de Sydney... con tan sólo 500 piezas!!!! Ole mis ovarios! El domingo me desperté muy temprano en casa de Zami, me puse a hacerlo y ya tengo casi terminada una fila de piezas :-)



Si... tengo el puzzle en casa de Zami. Porque en mi casa no hay mucho espacio y porque no podría dejarlo encima de una mesa sin que Lúa se fuera llevando una pieza a cada rato para mordisquearla y jugar con ella. Bien pensado quizá ella montaría el puzzle mejor que yo...

La que no está tan juguetona es Zoe... que me tiene preocupada. Hace unos días percibí que los comederos estaban más llenos de lo habitual cuando llegaba de trabajar. Al observarla, me fijé en que si se metía un grano de pienso en la boca, le daba una especie de espasmo y lo escupía. La llevé al veterinario y me dijeron que tenía una pieza mal, la boca inflamada y que por eso no comía. Mi gordi ha adelgazado estos días 300 gramos!! Ya mismo la pongo a desfilar como modelo gatuna!!

Ahora está mejor, pero creo que debe estar enfadada conmigo por untarle un gel en la boca a diario. Es más, me temo que lo que sucedió ayer pudo ser una forma soterrada de protesta gatuna...Se subió a la balda de la estantería donde yo tenía el palosanto quemándose y plantificó su santa panza encima. De repente el salón se iluminó con un flashazo y la gata, quemándose a lo bonzo, salió disparada mientras yo la perseguía por el pasillo. Por suerte, la parte del pelo que se quemó no fue muy extensa. Eso si, toda la tarde noche estuvo oliendo en mi casa igual que cuando me hacía la depilación laser.

Cuando ambas nos tranquilizamos (es un decir), nos tumbamos en la cama y allí nos quedamos mientras le hacía una sesión extra de mimos. Zoe... gordi... que me tienes que durar mucho tiempo!!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Rutas


Hoy paseaba de nuevo por esa zona de Madrid que me gusta tanto... la calle Santiago, la plaza de Ramales, la explanada del Palacio, la Cuesta de la Vega... es un trayecto corto pero que disfruto intensamente... La temperatura era perfecta... ni frío ni calor... y el cielo se hallaba pintado con retazos de nubes que aún permitían contemplar su azul...

Caminaba lentamente intentando apresar el instante y me ha dado por pensar en las rutas... Si, creo que trazamos rutas en nuestras vidas. Me refiero a las físicas... yo escojo recorrer a menudo este camino porque siento que tiene algo especial para mí. Mi cuerpo se relaja y se prepara para absorber las sensaciones físicas placenteras.

Hay caminos en los que sientes que puedes conectar contigo misma de un modo más intenso, mientras que por otros simplemente transitas... te llevan de un punto a otro del camino, sin que te detengas a contemplar la belleza del lugar ni las sensaciones físicas que te provoca.

He pensado que las rutas, despojadas de la magia que tienen, se convierten en simples rutinas... como rutas tan delgadas que pierden toda la importancia que tuvieron un día. Me he quedado un momento triste pensando en eso y en cuanto tiempo tarda algo maravilloso en convertirse en la sombra de lo que era...

Quizá el truco radique en nuestra capacidad para conservar la magia, en mirar siempre con ojos nuevos...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cambio de estación

Son días raros... oscuros y tristes. En el afuera y en el adentro. Hoy Madrid ha amanecido gris, con nubes densas, tal cual las que me pueblan en los últimos días...




Me repliego sobre mí, me encierro y me anclo a los silencios. Se me terminan las palabras y ya ni creo en las canciones. Mi ánimo es tan precario como mi caminar. La fascitis plantar me tiene alojada en un dolor que me despierta de noche y aunque procuro obviarlo, está ahí, bloqueando mis pasos. Siempre he intuído... y de un tiempo a esta parte lo percibo con claridad... que mi cuerpo físico refleja bien mi estado interior. Mis pies no pueden caminar y yo me siento parada, incapaz de moverme, temiendo que cualquier paso haga que me caiga.



Echo de menos a algunas personas y quizá hasta me echo de menos a mí. Alivio mis momentos de ansiedad con lecturas preciosas que me han regalado. La última transcurre en Nueva York. Y vuelvo a allí



Como en ensoñaciones, en mitad del trabajo, en el metro o incluso la calle, me veo caminando por sus calles, subiendo por la 2ª Avenida, acercándome a la ONU o recorriendo la calle Mullberry. Entro en Central Station y me siento en sus escaleras contemplando el ir y venir de las personas. Rehuyo el bullicio de Times Square y me adentro desde Battery Park hacia los campos de juegos donde los niños y padres echan pachangas de baloncesto ajenos al hormiguero que hay al otro lado de la autopista.



Cierro los ojos intentando desconectar de esta realidad anodina. Al abrirlos encuentro otoño.

jueves, 6 de junio de 2013

NY a través de los sentidos I


Sólo hacen falta cinco minutos desde que pisas la calle para darte cuenta de que Nueva York es una ciudad que inunda los sentidos. Da igual que quieras o no, la ciudad te dispara andanadas continuas y lo mejor que puedes hacer es aceptarlo para comenzar cuanto antes a intentar procesar toda la información que envía desde el principio.

Me preguntaba María por los colores de Nueva York. Yo he descubierto una ciudad donde predominan el azul, el gris, el amarillo y el verde. A pesar de que la tarde que llegué llovía bastante, los siguientes días pude contemplar un cielo precioso, salpicado de nubes pero que siempre dejaban ver el azul. Quizá no tan intenso como el color del cielo de Madrid pero igualmente brillante.
















Si bajas la vista a la tierra, te topas constantemente con el gris del asfalto y los edificios. Pero en ningún caso es un gris aburrido. Las construcciones son tan diversas que disfruté mucho. Hubo momentos en que me quedaba contemplando algún edificio durante minutos localizando todos sus ornamentos.

Hay una clase de edificios en la isla que no son precisamente grises. Los brownstones, edificios de piedra oscura, construidos hace unos 200 años por los holandeses y que tienen mucho encanto. Otra cosa es cuando te enteras de la intrahistora de este tipo de edificación.

Tratando de cruzar la 5ª avenida a la altura de la calle 42, miré a mi derecha y me sorprendió encontrarme con una gran masa amarilla. Los cuatro carriles por los que circulaban los coches estaban ocupados en ese tramo de la calle exclusivamente por taxis. Conté más de 20! No sé cuántos habrá repartidos por Manhattan pero estoy segura que la proporción con respecto a los coches puede ser de 5 a 1. Por cierto, apenas habré visto unas 20 motos en todo el tiempo que estuve allí. Se me olvidó preguntarle al guía el motivo de que no se utilicen motos en una ciudad con tantísimos atascos.

Desde el primer día percibí que aunque la isla está superpoblada, los americanos se empeñan en buscar momentos de relajación entre el caos diario. Nueva York está salpicada de parques. Pequeños oasis en medio de la ciudad. Y lo de pequeños es literal. Exceptuando Central Park con 4 kilómetros de largo por 1'5 de ancho, el resto son cuadrados o rectángulos que aprovechan huecos para sobrevivir. Eso si, siempre están repletos de gente que acude a descansar, a tomar un café, leer... Me llamó mucho la atención que en varios de estos parques había tumbas. Es decir, que eran cementerios en su día, situados en los terrenos de las iglesias y que utilizan para descansar ahora los vivos!





 





Resumen del azul, el gris y el verde. Coño!! se ha colao un bicho morado!

lunes, 13 de mayo de 2013

Después de la tormenta llega la calma



Uf! sobreviví a la semana... Después de unos días llenos de incertidumbre y miedos, bloqueada, absolutamente bloqueada, he conseguido remontar y hasta sonreir.


Releía hace un rato ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? de la Winterson, tan lleno de claves para mí que me hacen entender todo lo que me ha pasado esta semana.

"La psique es mucho más inteligente de lo que permite la conciencia. Enterramos las cosas tan profundamente que no nos acordamos de que había algo enterrado. Pero nuestros cuerpos recuerdan. Nuestros estados neuróticos recuerdan. Pero nosotros no."


Pero antes de llegar a eso, ha habido momentos buenos, tomando el sol mientras olía el dulzor de las flores, cena con Nueva York como tema central (ya casi, ya casiiiiii), y las familias disfuncionales como elemento de humor.Y palabras, muchas palabras... para verbalizar y empequeñecer lo que dentro de mí era una bola de nieve que se hacía gigante.

Y estos días mi ciudad me regala imágenes preciosas para ayudarme a encontrar ese equilibrio, que tanto necesitaba. Continúo con los atardeceres...






jueves, 9 de mayo de 2013

A partes iguales


Hay días raros en que sonríes y lloras a partes iguales, en los que vives momentos maravillosos y pocos minutos después, momentos horribles.

Y esos días me dejan una sensación de resaca... de miradas, de cielos preciosos, de abrazos, de abrazos y sonrisas, de abrazos sonrisas y besos, de sentir. Pero a la vez tengo la resaca del miedo, de la tristeza, de la sensación de haber metido la pata hasta el fondo...

Y me acabo de zampar un bizcocho de chocolate para desayunar, para intentar mitigar lo negativo, para ver si al tragarlo se me deshace el nudo en la garganta que tengo y rompo a llorar, o al menos consigo salir de este silencio en el que me he sumido. Porque las palabras bullen en mi cabeza, pero no consigo que salgan al exterior.

Vaya semana que llevo entre cosas que se me han perdido, cosas que se me han roto, urgencias hospitalarias nocturnas y malos rollos con personas que aprecio mucho. Menuda mierda.

Pero quiero quedarme con el atardecer que vi ayer en el Templo de Debod y quiero quedarme con la visión de ese atardecer reflejado en los ojos de Zami justo antes de que llegara ese momento "que se abra un agujero en el suelo ahora mismo y me trague la tierra"

viernes, 22 de marzo de 2013

Equinoccio

Recuerdo mi infancia y adolescencia repleta de libros y películas donde los protagonistas vivían historias maravillosas durante un verano concreto. De alguna manera, eran temporadas que propiciaban una catarsis, cambios profundos en sus vidas, emociones, aventuras...


Los 5, Los tres investigadores de Hithcok, Celia y Cuchifritín, Puck, Verano del 42, Matar a un ruiseñor, Stand by me... tantas.

Durante mucho tiempo me pregunté por qué yo no vivía esos veranos, por qué mis estíos no eran más que temporadas lánguidas en las que me movía de forma perezosa y dejaba que transcurrieran los días.

Al hacerme adulta descubrí que mi verano tenía otro nombre y otro color. Que sus días eran algo menos calurosos y que las aventuras locas tornaban en momentos tan especiales como para hacerme sentir profundamente viva.


Primavera... para mí ese término está asociado a la belleza, a la floración de las acacias y jazmines que pueblan mi ciudad y tantos lugares que habitan en mi memoria... a la calma de los paseos descubriendo rincones cálidos, al bullicio de los días de sol tumbada en El Retiro junto a otras lesbianas, disfrutando de largos ratos de charla, de risas, de partidillos de fútbol...


Si... como esas viejas canciones, que cantas después de mucho tiempo y descubres que no has olvidado la letra...Primavera es mi primer beso, mi primera novia...el bañarme desnuda en el Mediterráneo junto a una amiga, el baile lento abrazada a la mujer que amaba, en un atardecer en el Templo de Debod.

Retorna la luz que baña a Madrid estos meses y con ella... vuelvo a ser yo.      

lunes, 4 de marzo de 2013

Orión en mi brazo


Casi todos los momentos felices de mi infancia los tengo asociados a mi experiencia como boy scout. Salir al campo, pasar días en contacto profundo con la naturaleza, descubrir cómo la vida se abre paso a pesar de todo, aprender a contemplar los ciclos vitales...

Dentro de todas esas experiencias que siempre disfruté aunque nos lloviera, nevara o hiciera un frío tremendo, la que más me gustaba posiblemente era la que sucedía menos veces...dormir contemplando las estrellas. Dos o tres veces al año podíamos hacer un vivac. Entonces, mientras el resto de los compañeros se dedicaban a charlar yo me iba fijando en la inmensidad del cielo.

Allí,tumbada en el suelo bajo aquella capa de estrellas me sentía protegida. Me hacía consciente de su magnitud pero nunca me sentí pequeña, sino una parte más del todo. Bajo las estrellas cobraba identidad y respiraba vida. Sentía que de alguna manera me devolvían la mirada y me proporcionaban calidez.

Contemplando la Osa mayor, la Estrella polar, los restos de la Vía Láctea...mi mente se iba relajando hasta que al fin me alcanzaba el sueño y dormía sin pesadillas y sin miedo. Sabía que por unas horas ellas cuidarían mi descanso.

Hace ya tiempo que no duermo bajo las estrellas pero en cuanto salgo de la ciudad, por la noche busco su rastro. Al encontrar sus huellas la sonrisa de mi yo infantil regresa a mi cara. Siguen ahí a la espera de mi mirada.

Esta mañana, cuando me iba a duchar me he fijado que hay en mi brazo unas señales nuevas que añadir a la colección de arañazos y heridas que me producen las gatas sin querer. Son unas marcas extrañas que no he sabido identificar pero que me han hecho sonreir del mismo modo que cuando veo las estrellas. Las marcas están dispuestas como la constelación de Orión. Tengo a Orión en mi brazo y tal vez por eso llevo un par de noches durmiendo tan bien.

domingo, 24 de febrero de 2013

Deja Vu...

 
 
...o la extraña sensación de haber hecho este mismo camino varias veces en poco tiempo...
Os he dicho alguna vez que estoy enamorada del cielo de Madrid? Y que me encanta la zona de Madrid donde vivo? Y que hay una suerte de poesía en las nubes que miramos?
 



 

 
 
 
 




miércoles, 6 de febrero de 2013

Días de sol


Estos son días de paseo por calles estrechas y solitarias. Madrid me regala su cielo y yo disfruto de su compañía.



El atardecer de nuevo deja un rastro de colores pastel en mis ojos.



Noto que la luz va adueñándose segundo a segundo de los días y en mi corazón brotan primaveras violetas.

Ganas, muchas ganas de compartir...

sábado, 22 de diciembre de 2012

Bandas Sonoras


Respiro y sigo leyendo. Mi piel se eriza.

"En mis momentos más inestables buscaba el equilibrio en un libro y los libros me llevaban sobre las mareas de sentimientos que me dejaban empapada y hecha añicos. Sentimientos. No quería sentir.(Hurt myself again today)

Nunca sabía cuando algo invisible iba a golpearme (auch I have lost myself again), y era como un soplo, una especie de viento en el pecho o en el estómago. Cuando lo sentía gritaba de lo fuerte que era.

Enloquecer lleva su tiempo. Recuperar la cordura lleva su tiempo.

Elegir estar viva y comprometerse conscientemente con la vida, en todo su exuberante caos, y su dolor. (be my friend, hold me, wrap me up)."

Esta mañana he descubierto que el libro de Jeanette Winterson tiene banda sonora. Iba leyendo lo que narra acerca de su ruptura amorosa y la terrible crisis vital que tuvo, mientras en los cascos sonaba Breath Me de Sia. La música acompañaba los sentimientos que vertía Winterson y en el momento del crescendo instrumental de la canción, me he encontrado llorando mientras los violines deletreaban su dolor de vivir.

Tal vez la música del viento es la que ha seguido a las palabras que he intercambiado a la hora de la comida. Aunque para ser sincera, mi compañera de mesa y posterior sofá ha sido la que ha llevado el peso de la conversación. En muchos momentos me he limitado a escucharla, relajada como estaba, mientras la comunicación verbal y corporal fluía.

Es curioso, esta misma semana le he dicho que a veces cuando habla, aparecen en mi pensamiento citas literarias. Hoy sus palabras me llegaban con música. Zahara

Y después ese mágico paseo...acompañada por un dolor de espalda que me dificultaba la respiración,  pero que ha propiciado que caminase lentamente por las calles de mi ciudad. Y de nuevo he escuchado su latir, esa percusión que a veces se clava en el alma pero que en atardeceres como hoy suponía un ronroneo. Plaza Mayor, mercado San Miguel, Santiago, calle Espejo, Lazo, Unión, Ramales, la Almudena y la muralla árabe...el cielo de Madrid salpicado de nubes oscuras o pastel. En lo alto una media luna y en mis oídos una nueva canción. Tracy Chapman se ha adueñado de mi pensamiento...Happy
 



 



Si...feliz, porque en un momento determinado me comprometí con la vida, con su exuberante caos y su dolor, pero también con los gestos amables, la calidez de las miradas, las palabras que intercambio, los abrazos y los sentimientos...con todo lo que puedo sentir. Como dice Tracy Chapman... Is all I can feel...Y hoy he sentido mucho.


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