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jueves, 16 de noviembre de 2017

1.100 km después


En la película El Olivo de Iciar Bolláin, la protagonista, Alma, emprendía un viaje hacia una utopía. Y lo hacía con esta frase... "A veces te tienes que lanzar de cabeza y la gente te ayuda por el camino".

Hace un par de semanas soñé con llegar más allá de la isla de los Dragones para entregar un abrazo que me ardía. Cuando me lancé a mi utopía encontré la mejor gente. El amigo que sabía lo importante que era ese viaje para mí y me dio el billete de ida y vuelta, la amiga que se pegó el madrugón en su día de descanso para llevarme al aeropuerto, la señora que me cedió el asiento de ventanilla para que pudiera hacer esta foto y recordar el viaje...

Foto by chrisdelospuentes


... los que estuvieron a mi lado todo el día, desde la distancia, escribiéndome y llamando porque no se podían creer lo que les contaba...

1.100 kilómetros después y con los 20 kilómetros que cargué sobre mi pierna el sábado recorrí el camino de vuelta por las calles de Madrid. Necesitaba ese último paseo hasta llegar a mi hogar. Allí me esperaba tanto cariño... con esa llamada para hablar de madrugada porque sabían que yo era incapaz de dormir... con mis vecinos haciéndome el domingo la sesión de terapia... la postal que me enviaron desde Francia semanas antes y que llegó justo ese día como caída del cielo... Me recordaba que cruzar puentes siempre es una experiencia, aunque al otro lado no te espere nadie, aunque te digan que no quieren verte y te quedes con el alma y el abrazo partido.



Cuánto tiempo se tarda en crear un espacio común, un vínculo, unos hábitos? Cuánto tiempo se necesita para construir algo? Por qué los planes hechos se llenan de vacío? Esa manía que tienen las verdades de caerse de medio lado...

Han sido tres meses intensos para mí. Meses de cuidado, de susurros y anhelos, de ilusiones y credos. Hice una apuesta y la perdí. Sabía que tenía muchas posibilidades de salir mal, aunque nunca imaginé que sería de este modo. Con esa negativa a verme, con esa manera de hacer como si no pasara nada y pudiéramos seguir como siempre.

Se me acumulan los interrogantes. No sé no ser yo. Cómo puedo desandar el camino recorrido, amordazar mi corazón o fingir que no me rompí? Cómo podría volver al punto de partida y empezar de nuevo?  Y sobre todo, por qué seguir conociéndonos como propusiste, si no me quieres ver? Dame tú una razón.

Necesito marinar lo sucedido, asimilarlo, entenderlo. Creo que no lo lograré. Pero si tengo que sudarte y limpiar mi piel del rastro que has dejado. 

¿Cuánto tiempo necesitaré para ello? No sé, no tengo ninguna respuesta. Sólo tengo este silencio que nos acompaña ahora... y las ganas.




domingo, 23 de abril de 2017

Mujeres Guadiana


Te esperé tantas noches mientras vivía cada día...

Fueron meses de "me gusta", de palabras, de comentarios en redes sociales, de chateo sobre temas comunes, de acercamientos virtuales que desembocaron en tu petición de quedar. Fue tu empeño por ponernos piel, por mirarnos a los ojos, o tal vez sólo mirar al frente juntas, no sé. Pero tengo claro que fuiste tú la que dio el paso. Ese que mi maldita timidez me niega siempre.

Y después de risas, de paseos, de recuerdos de madera, de hablar sobre las piedras que adornan nuestras calles, una leve promesa de repetir. Si, cumpliste, cumplimos, aún cuando no hacía falta ser adivina para hallar tristeza en tu mirada.

Pero mientras, mi admiración crecía, porque soy mitómana, porque soy gilipollas. Porque a las mujeres que me gustan las observo de cerca y las termino admirando. O quizá porque a las mujeres que admiro me terminan gustando. El caso es que te encontraba especial; extremadamente "polite", tan formal y educada. Te sentía especial. Porque las mujeres que admiro y que me gustan me terminan pareciendo especiales, únicas, con esas habilidades, dones, capacidades, características que las hacen diferentes al resto de mujeres que puedo querer mucho, pero que no me gustan, que no admiro.

Y tú, desde tu altura cultural y física me tenías convencida de que había encontrado un grano entre la paja, una mujer de las que merecía la pena enamorarse. Por suerte no me dio tiempo a hacerlo.

Porque tras varias quedadas tus mensajes se fueron espaciando, los planes languidecieron y las risas cesaron. Porque con la llegada de los días cortos la espera se alargó. Y ya no parecías dispuesta ni tan apuesta.
Y de repente, toda tu educación desapareció tras una mentira, toda tu presencia se ocultó tras ese tiempo que nunca tienes por estar ocupada en tomar una caña con las amigas.

Y así, de la noche a la mañana desapareciste. Te convertiste en una mujer Guadiana, de las que dan media vuelta y en un inexplicable acto mágico desaparecen de tu vida.

Tuve la suerte, Manuela, de que me dejaras una enseñanza. No existe ninguna mujer especial. Te imagino levantándote de la cama un lunes, con resaca y diarrea, los pelos revueltos y el alma erizada. Te imagino camino del trabajo, con ese despiste que tan bien te sienta y me dibujas una sonrisa en el rostro. Porque tu desaparición y la que ha habido después de la tuya, no han mermado mis ganas de salir, transitar, encontrar caminos, sortear mi zona de confort. Porque si vosotras no queréis, yo acepto. Ya llegará el momento. Ya llegará la mujer. Sólo tengo que recordar que no es especial- Nunca más que yo.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Pensé que se detendría


Fui tan tonta que pensé que el verano detendría el tiempo. Contemplé la marea y la luna, salté la fogata y me bañé sobre el reflejo de la luna llena. Pensé que me merecía el descanso después del duro invierno y primavera que pasamos.
Volví a Madrid relajada y al poco la ilusión pintó mi rostro. Pude al fin quedar con Manuela y empezar a conocerla mejor. Brotaron sonrisas y miradas limpias, surgieron palabras y sentimientos y ella se convirtió en el sueño de mis noches.

Hice trampas a las madrugadas buscando su otra vida. Me empapé de la corta historia que conocía y naufragué en la imposibilidad del momento. Pero todo era tan cierto...

... que ahora cuando he vuelto a la realidad, cuando el médico ha sentenciado, he sentido la onda expansiva de la bomba que no vi caer. No. El tiempo no se ha detenido. Ha seguido avanzando y hoy nos han tirado a todos del tobillo para que pongamos los pies en el suelo. Hemos caído arrodillados y no nos atrevemos a movernos.

Mi hermano me ha recordado el poema de Dylan Thomas; "No entres suavemente en esa noche quieta". Somos una montaña rusa emocional, con mi sobrino a punto de nacer y presenciando el ocaso de mi madre sin que podamos hacer nada más que acompañarla.

Y no puedo dejar de sentirme profundamente agradecida a la Vida por haberme dado la oportunidad de pasar estos meses con ella. Por tener la oportunidad de acercarnos, de cuidarla, de poder hablar con ella como nunca hice, de haber podido encontrar ese lenguaje común.


Ingenua de mí, pensé que la Vida se detendría, se suspendería el tiempo en una tarde de verano. Y descubro una vez más que está muy por encima de mis deseos, que es mucho más grande que mi necesidad de que mi madre se quede con nosotros. Así que cierro los ojos, le agradezco una vez más este tiempo que nos está concediendo y me dejo... me dejo ser, me dejo llevar...

Buenas noches.

lunes, 15 de agosto de 2016

El momento que no fue

 
Fragmento de una película. 
"¿Qué probabilidades teníamos de conocernos? ¿Una entre un millón? Una entre dos millones? En el mismo sitio y momento. Puede que nunca me hubieras visto. Nunca nos habríamos conocido. Es una señal. Creo en las señales"




Yo también creo en las señales. Pero por encima de todo creo en los momentos. En esas intersecciones espaciotemporales donde te encuentras o no, donde algo sucede o no, donde todas las circunstancias confluyen o se evaporan para no coincidir nunca.

Creo en el momento, mierda. 5 meses. O tal vez 2 años. Desde febrero intentando encontrarnos. Aunque he descubierto que hace 2 años ya te había mirado. Da igual. Da igual que aquel viernes de febrero le hablara de ti a Alondra mientras esperábamos un tren que se retrasaba por la nieve. O que guarde en mi casa desde hace más de un año unos huesos que te pertenecen. Llevan tu nombre.

Estos días juntas han sido muy lindos. Poder conocerte un poco más, saber qué hay más allá de la piel. Descubrir tus despistes, tu mirada sorprendida, tu acento de todos los lugares. Y las nubes sobre ti. Siento que nuestras miradas reposaban en la otra. Yo sonreía mientras encontraba tu bondad. Tú... quién sabe lo que pensabas.

Sigo esperando que las líneas confluyan aún cuando te has ido lejos. Cada día me levanto con las ganas de saberte feliz y tranquila y con el deseo de que en algún momento pase por tu memoria. Ha desaparecido esa sensación que tengo a veces, de que es imposible que no terminemos juntas. No es que tenga dudas, es simplemente que esa sensación tan física ya no está, como tú. Sé que los caminos corren paralelos, que ahora es tu momento de mirarte por dentro, de estar contigo misma, de relajarte bajo el sol y llenarte de energía. Y mientras haces todo esto, quiero estar cerca, posarme sobre ti sin rozarte apenas. Quiero darte sombra y paz, quiero ser simplemente compañía y sonrisas. Hasta que llegue el momento.


miércoles, 1 de junio de 2016

2 copas de vino blanco después...



Contemplo tu rostro, marcado por esas ojeras profundas. Recorro con la mirada la curva de tus párpados, el delicado perfil de tu pómulo y como siempre me detengo en tu boca. Trazo la misma línea cada vez, de tus ojos a tu boca. Imposible llegar de tu corazón a tus caderas. Tal vez por eso me ciño al rostro. A ese rostro que permanece en mi retina y que llega tras muchas lunas o en algunas olas que he vadeado en todo este tiempo. Mira que han pasado años. Ya no duele. Todo lo más un pellizquito cuando hablamos de las relaciones de nuestras amigas. Porque adivino que tras esa conversación hay aún un muro que nos impide hablar de la nuestra. Desde aquella tarde en el tinao. Cuando descubrí que tu versión y la mía diferían tanto que no merecía la pena siquiera comentar mis pensamientos. Saliste a buscarme junto a la cerca. Allí me había apoyado yo, entre las rocas y el atardecer, para llorar muda por esa maravillosa historia que caía en el olvido. Por esos momentos que al parecer viví sólo yo. Qué distintas son las vivencias, verdad? Por eso quizá, ahora respetamos el muro que construimos aquella tarde y no hablamos de nosotras. O quizá porque ya no tiene sentido. Aunque siempre me quedo con las ganas de decirte muchas cosas. Y más aún cuando me bebo dos copas de vino como hoy y me relajo.Entonces, mi diablillo interior trepa por tu cuello con el firme propósito de llegar a tu boca. Y yo me cruzo de brazos a esperar que se caiga al abismo, mientras mi razón conversa amigablemente contigo. Pienso en esta vida nueva que llevamos cada una, en las pocas veces que coincidimos y en lo que disfruto de los preciosos momentos que compartimos. Y creo que esta vez, las vivencias si que coinciden.

Un beso dulce y rápido en los labios como despedida. Hasta la próxima.

martes, 22 de marzo de 2016

La realidad y la ficción de la mano


Hoy iba en el metro leyendo un libro que hay que abrir con cuidado y he comenzado a pensar en una discusión que tuve hace unos días con un colega del twitter. Salió el tema de Carol y él decía que la peli no valía la pena. No fui capaz de ahondar mucho porque 160 caracteres no me bastan ni de lejos. Cómo explicarte... se me ocurrió decir que si hubiera sido una historia heterosexual me hubiera pasado más desapercibida y entendiste que era por falta de calidad pero no, en absoluto. Sigo pensando que es una historia preciosa. Un proceso de seducción al que no estamos nada acostumbrados. En la heteronormatividad suele darse procesos mucho más rápidos, una seducción mínima desde donde se lanzan a la genitalidad. Pero Carol no, Carol (la historia) surge de la nada y avanza lentamente entre las protagonistas. El proceso de seducción va avanzando, va conformando un espacio de complicidad entre ellas mientras la mujer joven va creciendo lentamente, va aprendiendo lo que no quiere hasta finalmente descubrir cual es el objeto de su deseo. Mientras, la mujer mayor, experimentada, respeta completamente el tiempo que necesita Therese para aclararse y le da espacio suficiente para que pueda vivir su cotidiano. Se acercan pero sin presión, se respetan, se preguntan y se aceptan... y cuando al fin llega el momento de vivir el deseo, es Therese quien le dice a Carol, llévame a la cama, sin que Carol quiera forzar nada. Y si, al fin la historia de dos mujeres enamoradas termina bien

Eso es lo sublime para mí. Ese respeto entre ambas, esa complicidad, ese cuidado que se dan entre mujeres, tan diferente insisto del chicoencuentrachica, chicoseponeplastaconchica hasta que consigue una cita, chicolemetemanoachica... 

Que Nepo no quiera verlo, o no sea capaz de hacerlo para mí es lo de menos. El cine acepta muchas miradas, muchos puntos de vista. No hay absolutos. Habrá quien siga defendiendo que Tarantino es un genio y a mí tanta violencia me parece horrible. Aunque sea en ficción. 

Y sigo pensando que estamos necesitadas de visibilidad, de referentes positivos. Por eso la película es especial para mí. Porque le muestra a todos los que quieran verla cómo puede darse una historia de amor entre dos mujeres con "final feliz".

Así que hoy, en el metro, he abierto con cuidado el libro  y me he bebido tu relato, Yoya, lo he sorbido casi sin respirar... lo he sentido en mi piel. Y me he alegrado, me he enternecido, me he emocionado, mucho... y después me he enfadado y entristecido. Porque tu relato en cierto modo, no acaba bien. 
Me he acordado de cuando leía los libros de la colección Egales, ansiosa por llegar a un final feliz. Eran historias tontas, ñoñas, pero cumplían su función. Me contaban que entre dos mujeres puede darse una vida placentera, sin miedos ni culpas. una vida normal. Porque hasta hace muy poco tiempo, ni la literatura, ni el cine, nos contaban que pudieran existir relaciones entre mujeres y que estas pudieran ser tan longevas y felices como lo puedan ser las demás.

Qué tontería, no? Esa necesidad de pensar que todo irá bien. Ese querer vivir medio en la fantasía mientras llega alguna realidad. Como si no pudiéramos seguir adelante cada día simplemente con nuestras sonrisas, nuestras rutinas y que precisamente eso nos permitiera saber que todo irá bien. 
Y si al acabar el día, siento tanta añoranza como hoy, descubrir que el echar de menos forma parte de esa realidad que a veces ficcionamos, de esos relatos que estamos escribiendo a cada momento. Sean publicados o no.


sábado, 13 de febrero de 2016

Memento mori


Habíamos planeado vernos hoy, pero no ha podido ser. Una muerte nos ha separado.

Hubiera sido un buen "regalo de San Valentín". Así que en lugar de verte, me he venido para casa y he comenzado a recordar las otras dos veces que te he visto. Me costó cogerte el punto. Al principio me pareciste algo fría.

Pero cuando te vi por segunda vez, más calmada, sin tanta interrupción, comencé a fijarme en tus detalles. Me fijé en la delicadeza que destilabas, en la fuerza que yacía bajo tu sobriedad... y en esos momentos en que se adivinaba tu emoción... fue entonces cuando noté que mi vello se erizaba al mirarte y pensé en el tiempo que llevaba esperándote.

Si, la segunda vez conseguiste emocionarme. Tal vez ese piano que sonaba de fondo, o tu pausada elegancia, la forma que tienes de mostrar tu sentimiento... de recordarme que soy humana y el tiempo huye, que lo importante es lo que dice el corazón...

Tengo ganas de acercarme a ti de nuevo, de quedarme a solas contigo, a oscuras, de escuchar tus susurros y convertirlos en deseos. Tengo ganas de que cada centímetro de mi piel se arrebole. De sentir. De sentir todo contigo. Tengo ganas de ti. Inmensas ganas de ti... Carol





martes, 29 de diciembre de 2015

Al sur de tu ausencia

Hace mucho que dejé de creer en la Felicidad. O mejor dicho, ya no creo en ser feliz. Quizá alguna vez lo haya comentado. No, no creo que se pueda ser feliz. Pero creo firmemente en que la vida está llena de momentos en que podemos estar felices...

Tenía tanto miedo de volver a tu casa... miedo ante lo que sentiría cuando entrase en esa habitación donde pasé las mejores noches, miedo de rozar cada rincón donde te amé, miedo de ver el mismo paisaje gris que convertí en alegría, miedo en definitiva a encontrar mis sombras entre tus paredes...

Traspasé el umbral de la puerta y te besé. Un sólo beso, aunque nunca lo recuerdas... y me deslicé dentro de tu medio hogar, tranquila, mientras charlábamos. Así, sin más, nos pusimos a hacer croquetas. Si, croquetas... descubrí que la felicidad es algo tan sencillo como hacer croquetas contigo.

Después llegaron las demás y voló el tiempo.

Tuvo que contarme C que aún resido allí, que entre esas paredes aún se encuentra mi recuerdo, expuesto en blanco y negro en la librería, que mis ojos siguen teniendo esa expresión ensoñadora.... pero quizá ya no soy  esa mujer de la foto del 2005.

Sólo soy esta. La mujer que siente escalofríos cuando la preguntas acerca de si te equivocaste al tomar una decisión. La que sigue llenándose de sonrisas cuando habla contigo. La que te echa de menos al sur de tu ausencia. La que te confiesa ser un trocito de pan. La que se llena de ternura estando a tu lado.

Aunque apenas te roce.

lunes, 14 de diciembre de 2015

No es Little Wing


Vivo en un humilde barrio de Madrid, eso si, con buenas vistas. A los pies de la Catedral. Enfrente tengo un parque con árboles centenarios.Pero mi verdadero contacto con la naturaleza está a cinco minutos andando, cuando atravieso la entrada a la Casa de Campo.

No, esto no es Little Wing ni tengo nada que ver con Henry aunque me ata el amor a la tierra, al sonido de los pájaros que se posan sobre los árboles del parque, a la visión del atardecer sobre el lago, a los ciclos vitales... Tampoco mis amigos son un cantante famoso, un acaudalado broker o un sonado tierno. Pero creo que comparto con estos personajes la sensación de que éramos un nosotros y de repente algo pasó, algo se rompió.

Prevalece la idea de haber vivido momentos, y haber creado espacios comunes. De haber transitado por idénticos caminos a pesar de que cada uno tiene sus vivencias. Pero después de todo, un día abres los ojos y descubres que poco queda de aquel nosotros. Tal vez sólo la nostalgia que nos hace reunir y creer que la Navidad traerá la magia de nuevo.

A veces es tan sencillo como que los caminos se separan, que ya no somos los mismos, que tenemos intereses diferentes. Venga. Va. Dramafree. Sin lágrimas ni suspiros. Pero quizá no sabemos hacerlo así de bien y nos aferramos a los recuerdos de aquellos momentos.

Lo malo de haber llegado hasta aquí, es que empiezas a darte cuenta de lo que ha quedado por detrás de ti. Lo bueno, es que descubres que no todo lo que pierdes supone realmente una pérdida. Y lo vital es que tienes la certeza de que sólo vale la pena cuando los que están cerca le ponen tanto mimo como tú.


viernes, 21 de agosto de 2015

Asalvajada


Odio la sensación de tener n blog Guadiana. No me gusta aparecer y desaparecer. Pero a veces me quedo en silencio. Bueno, eso no es correcto. No hablo mucho y necesito quedarme sin hablar pero hasta cuando no hablo expreso cosas. Necesito el silencio porque es en ese momento cuando mantengo conversaciones conmigo misma.

Y eso fue lo que ocurrió. En el último post, Cereza me decía que algo me rondaba y me quedé pensando en los post que estaba escribiendo esos días y en lo que me rondaba. Llegué a la conclusión de que por alguna razón, estaba "ajustando cuentas" con personas que pasaron por mi vida y dejaron su huella en mí. La semana siguiente al último post la pasé soñando con gente que ya no tengo cerca por elección propia o por causas de la vida. Familiares muertos, amigas que dejaron de ser y relaciones amorosas fallidas o simplemente fracasadas. Soñé con muchas ellas, con algunas dolía aún. Supongo que es una asignatura que tendré que aprobar en algún momento... el que la gente se va de tu lado cuando ha cumplido su función y no siempre es responsabilidad mía conseguir que se queden.

Pero volviendo al presente... he estado un par de semanas de vacaciones. Asalvajada. Ese ha sido mi estado. Aprovechando los calores madrileños me he ido despojando de ropa hasta ir prácticamente desnuda. Y lo cierto es que me gustaría ir sin ropa por muchos más sitios. No tengo afán exhibicionista pero cada vez me gusta más la sensación de notar el aire sobre mi piel, o el agua... Tenemos un montón de espacio destinado a sentir, muchos centímetros que reciben constantemente información del exterior y creo que nos saboteamos negándonos a hacernos conscientes de toda la información que llega.

Me gusta rascarme, hacerme cosquillitas, recorrer las palmas de mis manos y el contorno de mis dedos. Me gusta sentirme, que mi piel sienta el aire o el agua del que hablaba y el tacto. Somos piel. Y nos tocamos muy poco. A nosotras. A las demás. Desde que cruzamos la adolescencia aprendemos a sentir pudor e incluso rechazo si nos tocan. A muchas nos gustan los abrazos, pero cuántas nos quedamos tranquilamente abrazadas (no a las parejas) más de 5 segundos? ¿Por qué no tocamos a las personas tanto como tocamos a nuestros peluditos?

Durante las vacaciones visité Zamora y estuve por algunos pueblos donde había campos rocosos. Recordé cuando de pequeña, en los campamentos por la sierra madrileña, me descalzaba para subir por las rocas. Me gustaba mucho el tacto rugoso y duro de las rocas en las plantas de los pies. Si había alguna que fuera grande me tumbaba sobre ella intentando que la mayor parte de mi cuerpo estuviera en contacto con la superficie. Era un momento de paz y felicidad absoluta. Un instante pleno antes de seguir saltando con la sensación de ser un Mowgli cualquiera.

viernes, 31 de julio de 2015

Noviembre eras tú


Hay canciones que se alojan en ti. Canciones, películas, poemas, noches... y mujeres. Nada más descubrirlas se hacen un hueco, te erizan el alma y se encaraman a tus orillas convirtiéndose en marea.


Había luna llena cuando la conocí al sur de mis caminos. Al mediodía ya me había enamorado de su acento. Noviembre llegó con luz y calor, con volcanes y melodías, con susurros y amnesias contenidas. Noviembre me llenó de agua, de puntos suspensivos, de una hora demorada, abrazos y latidos.

Noviembre eras tú, intensa como aquella tarde en la penumbra de nuestra piel. Incienso, música, en mis pupilas Benedetti y de mis manos mil caricias. Noviembre lleno de aire fueron silencios, madrugadas y promesas al este de tu vida.

Y noviembre fue esa mujer que se retira.

Un sueño me seguía. Te esperé. Pasó la vida. Cuando volviste, el recuerdo de tu voz ya no dolía.

Noviembre, al norte de la lucha y siempre poesía.


Hay canciones que se alojan en ti... y mujeres que se alejan. Pero hay momentos en que las canciones desglosan los recuerdos. Y cuando escucho la guitarra y la voz rasgada aparece ese noviembre que esta noche ha venido a visitarme.

jueves, 23 de julio de 2015

Aquella playa


No he vuelto a aquella playa desde entonces. Ni a escribir nombres en la arena. Y hace ya cinco años.

No, no he vuelto a aquella playa desde entonces. La arena aún guardaba la huella de su huella. La que depositó el verano anterior cuando fuimos juntas y que aún hay días que duele.



Después llegaría mi enfermedad, el año de baja, el curso de TR, las gatas... después llegarían otras pieles, con sus nombres, sus rizos, mil sonrisas y cien lágrimas, con dudas, lunas, canciones, temores y palabras.

Llegaste tú y no te supe ver. Sólo alcancé a adivinar tu presencia lejana y tu ausencia tan cercana. No te supe ver. Joder... simplemente yo no estaba.

Llegaron otras playas donde recalé, pero ya no he dejado mi huella. Ahora camino descalza, descubriendo la textura de la arena. Arrastrando los pies para evitar que formen letras.

En este tiempo he aprendido que cada una es dueña de lo que siente. Y atesora recuerdos de un pasado que sólo existe entre nieblas. Nos quedamos con lo que nos resuena.

Ahora mi memoria se viste de presentes. Y a veces miro a las mujeres que me rodean. Pienso si alguna es la que tenga que llegar. Si alguna habrá depositado ya su mirada sobre mí. O si ven más allá del afuera.

No, no he vuelto a escribir nombres en la arena. No quiero hacerlo. No creo que pudiera.


jueves, 21 de mayo de 2015

A solas con Therese


Hacía tiempo que no lo sentía... la querencia urgente, la necesidad de arrancar minutos al día para tener un pequeño espacio en el que aislarme con un libro.

Si. Porque muy de vez en cuando, un libro me toca de tal manera que necesito seguir leyendo... lo absorbo, prácticamente me lo trago en un frenesí de pasar hojas, de empaparme de la historia, de avanzar con ella... y cuando no encuentro ese tiempo libre, cuando mi vida está ocupada por la rutina del trabajo, o por los momentos que comparto con otras personas... tengo el mono de agarrar de nuevo el libro. Rememoro los fragmentos que más me gustan, me deleito con las imágenes que me provoca y evoco sin cesar esas sensaciones físicas y realmente vividas que me anegan.

Carol... El precio de la sal.... Carol no es un libro. Es mucho más que eso. Carol es un sentimiento, es un momento de mi vida, cuando aún creía que todo era posible. Carol son tardes cálurosas y llenas de luz como entonces. Porque tuve la inmensa suerte de que mi hermana me regalara el libro hace 20 años. No recuerdo de qué manera lo descubrió. Me habló de él y me lo terminó regalando mientras depositaba en mis labios la bella pronunciación del nombre de la protagonista.

Y Carol me poseyó. Se adueñó de mis ensoñaciones como lo está haciendo de nuevo ahora. A través de sus páginas recreé los prolegómenos de una relación. Desde entonces, es la parte de mis relaciones de pareja que más me gusta... cuando todo flota en el aire justo delante de mí y nada se ha dicho. Cuando cada gesto no es casual. Cuando la levedad refleja tanta intensidad que apenas puedes respirar.

Y ahora, después de 20 años, las sensaciones son muy parecidas. Vuelvo a imaginar una flecha atravesando el cielo por primera vez. Vuelvo a ver unas manos extendidas y alguien que llueve sobre mí. Y vuelvo a volar a través de su noche de estrellas de agua.

Me emocioné cuando supe que Todd Haynes había dirigido la película. No podría haber un director mejor para esta historia. Y aunque suene extraño, no soporto la espera para verla. Siento la misma necesidad de ver ya la película, que de seguir zambulléndome en sus páginas estos días. Cuando llego a casa, cierro el libro y me reincorporo a la vida con la ilusión de encontrar otro momento para quedarme a solas con Carol y Therese.

Porque hay historias que se te incrustan en el alma y ya no te abandonan nunca. Te siguen provocando un torrente de emociones aunque hayan pasado 20 años desde que las descubriste.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Seguimos...

... recorriendo este camino común, mirándonos a los ojos y el corazón, como ayer, intentando poner mimo en lo que hacemos y decimos.

Sin saber muy bien dónde nos llevará todo esto, pero convencidas de que es lo mejor que podemos dar ahora.

Y aún hay días que me faltas. Aún estoy llena de ganas de acariciarte, de jugar con tu pelo como hacía Lúa, de perderme en tu sonrisa, de abrazarte...

Pero me quedo con estos momentos tranquilos que compartimos... y todos los que vendrán.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Tan sólo una moneda?


Hoy vino a ayudarme en mi limpieza otoñal. Apareció como siempre, con su camiseta de rayas y su sonrisa. Su pelo revuelto, sus ganas de abrazarme, sus sandalias y una bolsa en la mano. Pronto descubrí que esa bolsa contenía parte de nuestra historia. Bueno, más de la mía, pero en cierto modo también de la suya. El puzzle que dejé inacabado, el libro que nunca se leyó y las pelis de la Guerra de las Galaxias.

Ha tenido el detalle de traerme cosas sabiendo que soy incapaz de acercarme a su casa, a ese mar de tranquilidad que nos arrulló tantas mañanas de domingo, a ese patio soleado donde dibujamos mandalas, o charlamos a media voz en mitad del silencio nuclear.

Duele. Duele descubrir que a veces nuestra historia... nuestra HISTORIA, cabe en una bolsa mediana. Duele saber que el puzzle permanecerá inacabado y que el libro que le dejé la primera semana, vuelve sin leer.

Pero en este esfuerzo nuestro por hacer las cosas fáciles, hemos vaciado estanterías, ordenado libros y papeles y hasta hemos reído con nuestras típicas chorradas.

¿Cómo se hace? a veces la vida te presenta el misterio de cómo transformar los sentimientos. Cómo haces para dejar de querer, de desear y a veces hasta de necesitar... cómo haces para que el sencillo acto de contemplar a una persona sea ya algo distinto?

Cuando se ha marchado, he abierto un cajón donde guardo la ropa interior. Buscaba otros calcetines. Y entre los montones de ellos he encontrado algo que dejó hace tiempo allí escondido. Una moneda de chocolate.

No he querido comerla... como otras veces, la contemplo y la vuelvo a dejar en el lugar donde la encontré por vez primera. Porque para mí no es tan sólo una moneda. No es una chocolatina. Es su esencia, el símbolo de su amor por mí. Y todavía no estoy preparada para dejarla marchar.




miércoles, 15 de octubre de 2014

De muros y manos


Ayer en el taller de crisis y duelos que estoy haciendo comentábamos situaciones que nos han ocurrido a todxs alguna vez. De repente alguien con quien tenías buena relación pone un muro entre vosotrxs, se da media vuelta sin mediar palabra y desaparece. Tú te quedas sin saber qué ha ocurrido y sin poder cerrar esa historia.

A veces, simplemente es que esa persona no sabe despedirse. Su camino a tu lado ha terminado por el motivo que sea pero es incapaz de expresarlo y lo hace del modo más abrupto para evitarse la incomodidad o el dolor de despedirse de ti.

Y como en el último año me ha sucedido con alguna persona, no me queda más remedio que aceptarlo, aunque no me guste. Es parte del proceso de duelo. Admitir que esa persona ha sido incapaz de hacer conmigo lo que tanto preconiza. Y dejarla ir.

Ahora, en medio de otro duelo, mucho más doloroso, intento no levantar muros, no dar medias vueltas, no hacer eso que me ha tocado sufrir antes. Y aunque hay situaciones en las que nunca te sabes manejar, intento actuar con todo el cariño que le guardo a ella. Con mimo y cuidado.


Por suerte, la vida nos regala momentos buenos entre estos días malos. Precisamente ayer, en el taller, al empezar nos pusimos en fila india e hicimos a la compañera de dealnte un pequeño masaje en la cabeza, espalda y piernas para tratar de relajar el cuerpo de cara al trabajo del taller.

En el descanso mi compañera vino a comentarme la tremenda energía que había sentido procedente de mis manos y que consideraba que tengo un don. Se empeñaba en que lo utilizara, en que haga algo con ellas. Me recordó lo bien que me siento cuando doy masajes sensitivos pero sigo sin tener claro qué puedo hacer con este don, más allá de darle algún masaje a alguien que lo necesite.

Pero más allá de la anécdota, fue muy agradable poder dejar a un lado el dolor y conectar con el placer por unos momentos. Reencontrarme conmigo, con mi esencia y recordarme a mí misma quién soy y lo mejor que tengo.

viernes, 15 de agosto de 2014

Antonia



Antonia, cariño, ya tú sabes que de vez en cuando me da la ventolera. Así que cuando a las 15:05 te he puesto un wassap y te he dicho, "estoy de vacaciones, paso a recogerte" es porque se me acababa de ocurrir. Que yo andaba pensando en volver a casa con las gatinas y descansar, pero me he dicho... y qué tal si vas a buscar a Antonia, para que salga y haga un poco de ejercicio? y ya de paso podéis ir a la Fnac y compra ese libro que quieres regalarla.

Y siento no haberte dicho hasta más tarde que no había comido. Son los gajes Antonia, del transporte suburbano, que paso mucho tiempo bajo tierra y sin cobertura. Siento haberte dejado sin ese medio plato de arroz que has cocinado, pero me alegro de haberlo podido disfrutar.

Y siento aún más que el libro que quería regalarte ya lo tuvieras. Porque Antonia, hija, eres la leche. El único libro que te has comprado en meses es justo el que yo te quería regalar para que lo leyeras en ese jardín que tanto te gusta.

Pero a lo que vamos, que a lo tonto nos hemos ido a la Fnac y me he comprado un libro de Nueva York y una película Después hemos estado buscando unas zapas para ti y cuando no hemos podido más nos hemos ido a cenar. Comida, conversación y complicidad ¿qué más puedo pedir?

Hemos fluído y todo ha sido sencillo y alegre Antonia. Sé que tú también lo has sentido así. Y eso es el presente, Antonia. Es como flotar, sabes? simplemente te dejas y estás atenta a todo lo bueno que se va presentando para no perdértelo.

Mil gracias por el libro de Flores raras y banalísimas... ya tengo para comparar con la película!!!

No quiero despedirme Antonia, sin dejarte algo que estoy segura que te hará reir....




viernes, 23 de mayo de 2014

Dice...


Al fin viernes!! y ha vuelto el frío. He mirado la previsión del tiempo y este fin de semana llueve. Visto así parece una mierda... pero dice mi espalda que es el plan perfecto.

Mi espalda te echa de menos. Sueña con curvarse bajo el edredón. Amoldarse a tu pecho y tu vientre. Se eriza ante la perspectiva de sentir tu abrazo. Guarda la huella de tu respiración cálida. Se estremece anticipando tus caricias y se ríe con tus cosquillas.



Ya es viernes... y queda por delante todas las horas en que sonríe tu presencia.


lunes, 19 de mayo de 2014

Difícil equilibrio


Hay días que nacen con sonrisas y se despiden con dudas y tristeza. Días en lo que mis esperanzas caen, resbalan como arena entre los dedos y quedan rendidas a mis pies, desde donde las contemplo bloqueada. Días en los que me digo que quizá, las cosas no deberían ser tan difíciles.

El viernes fue un día de esos en los que por mucha voluntad que pongas, descubres que no es ni remotamente suficiente. La niña interior se frustra y reacciona como una adolescente agarrándose a la cerveza. La resaca del día siguiente te confirma lo que ya sabías... que el alcohol no soluciona nada.

Hay días que empeñarse rima con despeñarse. Días en los que recuerdas que si no disfrutas con lo que haces, es que algo, seguramente tú, estás fallando. Y te replanteas las decisiones y piensas en arrojar la toalla, incapaz como eres de ver el camino.

Por suerte, las cosas suelen mejorar. Ayer, después del bloqueo que me tuvo atontada todo el fin de semana, disfruté de un espectáculo super petardo. Un difícil equilibrio, como el que intento mantener yo algunos días. Jorge Calvo en estado de gracia, mezclando la letra de Mi jacaaaaaa... si, la que galopa y corta el viento camini(sch sch)to de Jereeeeeeez... con la música de Wicked Game de Chris Isaak. Un crak en toda regla, oiga. ¿Por qué las lesbianas no tenemos ese sentido del humor, del espectáculo? ¿Por qué no somos capaces de reirnos de nosotras mismas como hacen los gays? Creo que es nuestra asignatura pendiente.

A lo que íbamos... Si además compartes esos buenos momentos con gente que te hace sentir bien, la alegría es doble. La sensación de calidez se afianza mientras vuelvo a casa oliendo las acacias y jazmines. En mi recuerdo flota la imagen de una despedida dulce, del sabor de ese último beso y nuestra mirada. De tu sonrisa sincera. De mi piel erizada en nuestro abrazo.

Y termino pensando que quiero seguir intentándo lo que me llena estos días, que aún me quedan ganas y fuerzas, que no siento que tenga que abandonar ahora. No es el momento. Sólo tengo que ponerle más mimo y dedicación.

miércoles, 9 de abril de 2014

Esta primavera...

... añoro:

- todos los abrazos.
- tu verborrea nocturna para impedir que me duerma.
- el desayuno de los domingos.
- contar los lirios que se han abierto.
- nuestras pequeñas conversaciones en inglés, el mío macarrónico.
- oirte cantar a la Jurado, fatal por cierto.
- tus ojos al mirar las pinzas de colores.
- acariciar tu espalda.
- que me prepares una coca cola con limón.
- ver una peli cogidas de la mano.
- subir a buscarte a la clase de inglés.


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