martes, 22 de diciembre de 2015
Ya no necesito ser Luke
Dice mi madre que cuando yo era pequeña, me llevaron muchas veces al cine a ver películas de dibujos animados. No recuerdo ninguna. De hecho, la primera película que recuerdo haber visto en el cine fue La Guerra de las Galaxias. Debía tener cinco o seis años como mucho pero me causó una gran impresión.
Me flipaba Luke Skywalker, su inocencia y al mismo tiempo la destreza que adquiría. Me flipaba la ropa que vestía y por supuesto el sable láser, que me hubiera encantado tener.
Ya en aquella época empezaba a mostrar confusión con mi identidad de género, aunque no supe concretarla ni verbalizarla hasta mucho después. Cuando salí del cine, recuerdo claramente que le dije emocionada a mi hermano... vamos a jugar... yo me pido ser Luke Skywalker!! Y mi hermano, que también a su corta edad se había dado cuenta de mi negativa a etiquetarme en el género impuesto me dijo... "ya sabía que ibas a decirlo...tú siempre te pides ser el chico". Y lo soltó así, tal cual, delante de unos amigos con los que fuimos a verla y de sus padres, que nos cuidaban. Me quedé avergonzada y callada De hecho, me callé durante años, pero ese no es el tema.
He visto la peli nueva de Star Wars. Y me ha encantado!!! +++ No hay spoilers +++ Me regalé una entrada de cine Vip con butaca enorme. Yo sola en la fila. Mis palomitas, mi botella de agua y todas las ganas del mundo. Se apagó la luz y al poco la película me conectó con mi niña interior, con esa cría que disfrutó tanto de los caballeros Jedi, de las peleas, de los androides y de los ewoks... Me sorprendí sonriendo y diciendo emocionada... Han Solo! R2D2! y animando a los pilotos en sus peleas contra las fuerzas del Primer Orden. Venga!! Dispara!!
Pero lo que más me emocionó con diferencia, fue descubrir que las chicas pueden pilotar naves como el Halcón Milenario, pelear contra soldados imperiales e incluso luchar con sables láser. Si. Lo mejor de Star Wars ahora está protagonizado por una chica.
De repente ya no necesito ser Luke Skywalker. Me basta con ser yo... y seguir soñando.
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domingo, 20 de diciembre de 2015
Y de nuevo Navidades
Este año las fiestas me pillan algo despistada. Llevo desde Octubre muy dispersa,centrando casi todas mis energías en temas familiares. El robo en casa de mis padres y la enfermedad de mi madre han hecho que pase en su casa muuuuuchas horas. Acompaño, ayudo, hago lo que puedo.Y eso me deja poca energía para mí misma.
El trabajo me está absorbiendo demasiado. Espero que para primeros de año se acabe el proyecto que me encargaron y pueda dedicarme más al día a día. De momento nos han trasladado de nuevo a nuestro antiguo lugar de trabajo. Vamos mañana ya para allá. Echaré de menos la tortilla de patatas, el jardín interior, la comodidad de que te recojan y te lleven en autocar... pero la verdad es que tener que volver a ir a trabajar en transporte público hará que me ejercite más cada día y eso me alegra.
Me llegó el lunes una notificación de que me convocaban para la mesa electoral. En principio suplente. Estuve una hora y media haciendo cola en Correos para recoger la notificación. Esta mañana me he pegado el madrugón y he ido con un par de sandwiches en la mochila por si me tocaba pasar todo el día allí. Por suerte, se han presentado todos los de la Mesa y me he podido volver a la cama. Si. Porque ya estaba duchada y todo pero me he vuelto a meter en la cama y no me he despertado hasta las 12 de la mañana. Raro en mí. Pero es que estoy agotada.
Y el remate de la semana ha sido la visita al dentista. Antibiótico y reendodoncia. Desde el miércoles sólo puedo comer por un lado de la boca y hasta el 28 no me lo terminan de arreglar. Me veo cenando una sopa en Nochebuena.
Semanas como esta me dejan con la sensación de ser Superwoman, sólo por salir adelante... Si además esta noche se produce el cambio político que tantos esperamos, me meteré en la cama con una sonrisa de oreja a oreja.
lunes, 14 de diciembre de 2015
No es Little Wing
Vivo en un humilde barrio de Madrid, eso si, con buenas vistas. A los pies de la Catedral. Enfrente tengo un parque con árboles centenarios.Pero mi verdadero contacto con la naturaleza está a cinco minutos andando, cuando atravieso la entrada a la Casa de Campo.
No, esto no es Little Wing ni tengo nada que ver con Henry aunque me ata el amor a la tierra, al sonido de los pájaros que se posan sobre los árboles del parque, a la visión del atardecer sobre el lago, a los ciclos vitales... Tampoco mis amigos son un cantante famoso, un acaudalado broker o un sonado tierno. Pero creo que comparto con estos personajes la sensación de que éramos un nosotros y de repente algo pasó, algo se rompió.
Prevalece la idea de haber vivido momentos, y haber creado espacios comunes. De haber transitado por idénticos caminos a pesar de que cada uno tiene sus vivencias. Pero después de todo, un día abres los ojos y descubres que poco queda de aquel nosotros. Tal vez sólo la nostalgia que nos hace reunir y creer que la Navidad traerá la magia de nuevo.
A veces es tan sencillo como que los caminos se separan, que ya no somos los mismos, que tenemos intereses diferentes. Venga. Va. Dramafree. Sin lágrimas ni suspiros. Pero quizá no sabemos hacerlo así de bien y nos aferramos a los recuerdos de aquellos momentos.
Lo malo de haber llegado hasta aquí, es que empiezas a darte cuenta de lo que ha quedado por detrás de ti. Lo bueno, es que descubres que no todo lo que pierdes supone realmente una pérdida. Y lo vital es que tienes la certeza de que sólo vale la pena cuando los que están cerca le ponen tanto mimo como tú.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Huérfanos de recuerdos
Lo malo de algunas semanas es que no acaban cuando llegan el fin de semana.
Llevaba tiempo sin escribir. No me salía nada. Me quedaba pensando en qué contarme, contaros... y no sabía. Pensé que eso ocurre cuando no ocurre nada. Y me rayaba dándole vueltas a qué ocurre cuando no ocurre nada. Tan lineal que estaba intranquila, con mala sensación.
Me fui de vacaciones. Crucé un montón de puentes (ya pondré las fotos). Conocí bolloblogueras, de las que aún perviven, perdisten. Quizá le moleste que la llame bollobloguera. En cualquier caso fue una verdadera sospresa descubrir a la persona que había tras los escritos. Cálida, muy cálida.
Me reencontré con Siempre Suya y Laquetecuén, que me acogieron y cuidaron. Y ellas me llevaron a reencontrarme con ese mar infinito que absorbe mi mirada.
A la vuelta, el retorno a la rutina gris y a esa linealidad intranquila que os decía y que ahora añoro.
Qué posibilidad hay de que en 15 días entren a robar en las dos casas quw tienen tus padres? Parecen pocas, ínfimas. Pero sucede.
El primero parecìa casi una broma. El segundo nos ha destrozado.
Los malnacidos que han entrado en la casa de Madrid se han llevado todo cuanto de valor han encontrado. No, la televisión, el portatil.... eso sigue ahí, en su lugar. Lo que se han llevado sobre todo han sido esas cosas que tienes de toda la vida, los regalos de boda, de cuando nacimos mi hermano y yo, lo que mis abuelos regalaron a mis padres.
Y así, quedamos huérfanos de recuerdos. Ha desaparecido el legado familiar....muchas cosas, ahora pienso en los gemelos con los que se casó mi padre, mi hermano y que ya estaban destinados a cuando se casara mi posible futuro sobrino.
Me aferro a que son cosas materiales. A que tuvimos suerte de que mis padres no estuvieran en casa cuando sucedió. Esa maldita buenamala suerte que tengo que invocar cada hora para obligarme a seguir fuerte. Para sostener las lágrimas de mi madre que dice que ya no queda nada de lo que quería dejarnos cuando falte.
De repente se les ha echado la vida encima. Me puede verlos así, derrotados, sin fuerzas para la pelea que queda ahora. Porque a las horas que estamos tardando en recomponer la casa después de cómo la dejaron, está la lucha con la compañía aseguradora, que de momento sólo ha puesto trabas. Echo mano de una paciencia infinita cuando hablo con la señorita de turno que se pone al teléfono cada vez que llamo y que me pide mil disculpas pero no soluciona nada.
Anoche abrazada a mi madre me di cuenta de que cambian los papeles. Ahora son los hijos los que deben convertirse en padres: ocuparse, solucionar, dar apoyo y sufrir tratando de calmar, absorber su dolor y decirles que aunque hayan perdido su Historia de vida nada de eso importa salvo seguir adelante y ser capaces de recuperar ilusiones.
Llevaba tiempo sin escribir. No me salía nada. Me quedaba pensando en qué contarme, contaros... y no sabía. Pensé que eso ocurre cuando no ocurre nada. Y me rayaba dándole vueltas a qué ocurre cuando no ocurre nada. Tan lineal que estaba intranquila, con mala sensación.
Me fui de vacaciones. Crucé un montón de puentes (ya pondré las fotos). Conocí bolloblogueras, de las que aún perviven, perdisten. Quizá le moleste que la llame bollobloguera. En cualquier caso fue una verdadera sospresa descubrir a la persona que había tras los escritos. Cálida, muy cálida.
Me reencontré con Siempre Suya y Laquetecuén, que me acogieron y cuidaron. Y ellas me llevaron a reencontrarme con ese mar infinito que absorbe mi mirada.
A la vuelta, el retorno a la rutina gris y a esa linealidad intranquila que os decía y que ahora añoro.
Qué posibilidad hay de que en 15 días entren a robar en las dos casas quw tienen tus padres? Parecen pocas, ínfimas. Pero sucede.
El primero parecìa casi una broma. El segundo nos ha destrozado.
Los malnacidos que han entrado en la casa de Madrid se han llevado todo cuanto de valor han encontrado. No, la televisión, el portatil.... eso sigue ahí, en su lugar. Lo que se han llevado sobre todo han sido esas cosas que tienes de toda la vida, los regalos de boda, de cuando nacimos mi hermano y yo, lo que mis abuelos regalaron a mis padres.
Y así, quedamos huérfanos de recuerdos. Ha desaparecido el legado familiar....muchas cosas, ahora pienso en los gemelos con los que se casó mi padre, mi hermano y que ya estaban destinados a cuando se casara mi posible futuro sobrino.
Me aferro a que son cosas materiales. A que tuvimos suerte de que mis padres no estuvieran en casa cuando sucedió. Esa maldita buenamala suerte que tengo que invocar cada hora para obligarme a seguir fuerte. Para sostener las lágrimas de mi madre que dice que ya no queda nada de lo que quería dejarnos cuando falte.
De repente se les ha echado la vida encima. Me puede verlos así, derrotados, sin fuerzas para la pelea que queda ahora. Porque a las horas que estamos tardando en recomponer la casa después de cómo la dejaron, está la lucha con la compañía aseguradora, que de momento sólo ha puesto trabas. Echo mano de una paciencia infinita cuando hablo con la señorita de turno que se pone al teléfono cada vez que llamo y que me pide mil disculpas pero no soluciona nada.
Anoche abrazada a mi madre me di cuenta de que cambian los papeles. Ahora son los hijos los que deben convertirse en padres: ocuparse, solucionar, dar apoyo y sufrir tratando de calmar, absorber su dolor y decirles que aunque hayan perdido su Historia de vida nada de eso importa salvo seguir adelante y ser capaces de recuperar ilusiones.
martes, 29 de septiembre de 2015
Fuego de campamento
Soy una persona de momentos. Nunca he creído en la felicidad como estado, pero si que creo firmemente en esos momentos en que alcanzas la paz y te invade un sentimiento de felicidad intenso. La certeza de saber que es efímero me hace disfrutar aún más de esos pequeños instantes que me regala la vida. Y eso es lo que me permite continuar adelante cuando tengo el mal rollo que acumulo desde anoche. (Pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento)
Me he vuelto a encontrar con Alondra. El compartir con ella una actividad mensual hace que nuestras tardes juntas sean concentradas e intensas. Que se atropellen las palabras de todo cuanto nos tenemos que decir. A su lado primero me pongo nerviosa, pero después encuentro la calma que irradia el azul de su mirada. Cómo disfruto de los pequeños ratos que compartimos. Y cómo me ayuda a reconectarme. A deshechar la paja de mi vida y quedarme con lo importante. Sabia Alondra.
Recuerdo mis años de scout. Durante los campamentos de verano hacíamos fuego cada noche. Era el momento que esperaba. Allí, junto a los troncos ardiendo, me quedaba mirando fijamente las llamas. Las veía ascender y desprender pequeñas chispas o virutas anaranjadas. Entre cánticos y charlas buscaba el momento de quedarme contemplando el bailar de las llamas. Hipnotizada con su vaivén, conseguía aislarme y alcanzar por unos breves momentos esa ansiada paz que casi nunca tenía. No era capaz de explicarme a mí misma esa profunda necesidad de estar conmigo. De encontrar un minuto al cabo del día en el que pese a estar rodeada de personas y energías, lograra volver la mirada a mi interior. Pero incluso sin llegar a entender esa necesidad, me la concedía en cuanto podía.
Aún hoy la siento. Incluso de un modo más profundo. Y aquí llevo toda la tarde, acariciando mis temores, dando la mano a esta tristeza que ha llegado al despertar, cuando aún no había amanecido. Sé que pasará. De algún modo. Que el agobio que tengo desde hace semanas cederá antes o después. Que no hay mejor compañía que la mirada de mis gatas y el silencio que me concedo.
Y que en pocos días volveré mis sentidos al mar. Me han prometido llevarme a un lugar mágico en el espigón, camino del faro, donde hace tres años quedó mi sombra anclada a las rocas. Allí, cuando baje la marea le hablaré al azul y dejaré que el momento se haga eterno.
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viernes, 18 de septiembre de 2015
Tanto y tan poco tiempo
Tengo la sensación de que los días vuelan. Pasó el verano y yo quería que llegara ya el otoño. Tonta de mí ansiaba los estrenos de cine pendientes. Carol, Sufragette, Freeheld, About Ray... y deseaba sacar el edredón de plumas bajo el que duermo tan a gusto.
Pero de repente algo ha cambiado. No quiero que pase el tiempo tan aprisa. Quiero detenerlo, que se pare. Me angustio al ver el ritmo que ha cogido este año, al notar cómo pasan los días sin que me de cuenta, cómo se desliza el tiempo traicionero y lo veo reflejado en el rostro de quienes quiero.
Ya ni siquiera espero el frío para sacar el edredón de plumas. He descubierto que debajo de la sábana puedo pasar horas dulces.
Han pasado dos años desde la última vez que te vi y esta noche has vuelto en sueños. Despojada ya de olores, aún conservabas el tacto de madera. Tu mirada burlona, como siempre, a medio camino entre no creer nada y aún no saberlo. Me visitabas, al oeste de mi anhelo. Con tantas palabras que aprisionaban mi silencio.
Me has llevado a ese lugar de magia que me descubriste y al que nunca he vuelto. Te he seguido en el laberinto de pasillos, de libros, de velos. Cuánto me ha costado mirar tu mirada, cuánto me ha costado encontrar mi voz y no perder mi acento. Cuánto me ha costado no coger tu mano y acariciarte el pelo...
Tal vez algún día, cuando ya no quede rencor y nuestros egos sucumban, podamos decirnos "Hola".Y el cielo de Madrid que tornó en gris, recupere el azul en Ramales. Tal vez ese día el sonido de tus palabras sea sincero.
Qué triste despertar y descubrir que apenas fuimos un sueño.
Pero de repente algo ha cambiado. No quiero que pase el tiempo tan aprisa. Quiero detenerlo, que se pare. Me angustio al ver el ritmo que ha cogido este año, al notar cómo pasan los días sin que me de cuenta, cómo se desliza el tiempo traicionero y lo veo reflejado en el rostro de quienes quiero.
Ya ni siquiera espero el frío para sacar el edredón de plumas. He descubierto que debajo de la sábana puedo pasar horas dulces.
Han pasado dos años desde la última vez que te vi y esta noche has vuelto en sueños. Despojada ya de olores, aún conservabas el tacto de madera. Tu mirada burlona, como siempre, a medio camino entre no creer nada y aún no saberlo. Me visitabas, al oeste de mi anhelo. Con tantas palabras que aprisionaban mi silencio.
Me has llevado a ese lugar de magia que me descubriste y al que nunca he vuelto. Te he seguido en el laberinto de pasillos, de libros, de velos. Cuánto me ha costado mirar tu mirada, cuánto me ha costado encontrar mi voz y no perder mi acento. Cuánto me ha costado no coger tu mano y acariciarte el pelo...
Tal vez algún día, cuando ya no quede rencor y nuestros egos sucumban, podamos decirnos "Hola".Y el cielo de Madrid que tornó en gris, recupere el azul en Ramales. Tal vez ese día el sonido de tus palabras sea sincero.
Qué triste despertar y descubrir que apenas fuimos un sueño.
viernes, 4 de septiembre de 2015
La justicia pequeña
Hoy ha ocurrido algo maravilloso. Algo que llevaba esperando muuuucho tiempo. Tanto como 7 años.
Pensaba y hasta sabía que en algún momento llegaría el premio de consolación a una situación en la que me vi inmersa. Una situación por la que tuve una crisis de ansiedad tan fuerte que me vi obligada a estar prácticamente un año de baja. Si de las que me leeis queda alguna de las antiguas blogueras, sabréis por dónde van los tiros. El resto, disculpadme, pero me prometí que nunca contaría un aspecto determinado de mi vida por aquí.
El caso es que después de esos 7 años luchando, peleando y sobre todo resistiendo, hoy ha ocurrido lo que deseábamos desde hace tanto. He pasado la mañana emocionada, llorando a ratos (y aún ahora), incapaz de expresar el torrente de emociones que me llegan.
Nunca, nadie, podrá devolverme aquel año de mi vida perdido. Pero lo bueno de algunas luchas de la vida es que aprendes a no quedarte en el rencor. Tampoco nadie podrá sustituir mi pierna jodida tras el atropello que sufrí hace unos años. Esta mañana, reflexionando sobre lo que acababa de suceder, me he dado cuenta de que en realidad no me alegraba. No creo en la justicia poética. Pero si creo en la justicia pequeña. En esa que con pocas palabras resarcen y dan sentido a todo cuanto has dicho durante los últimos 7 años. La que pone las cosas en el lugar que le corresponden.
Como decía más arriba, sabía que iba a llegar este momento por lógica. Pero no me he alegrado. Solamente, me he quedado pensando en lo fuerte que he sido todo este tiempo pese a mi caída. He pensado en cómo he aprendido a soportar lo que no pude en un primer momento, en cómo he aprendido a estar alegre en el peor entorno y a disfrutar de las pequeñas cosas que encontraba hasta en el momento más duro. He llevado estos 7 años con mucha resignación sabiendo que no podía hacer nada y sobre todo con bastante humor. He pasado horas literalmente riendo a costa de la situación tan disparatada. Y he aprendido que la resistencia, o mejor dicho la resiliencia es un arma excepcional para afrontar la vida.
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