viernes, 14 de septiembre de 2012

Este momento

- Un ritual de viernes. Una sola foto. La captura de un momento de la semana. Un simple momento especial, extraordinario. Un momento para hacer una pausa, disfrutar y recordar. (Extendido por Farala)




Sé que llega el otoño cuando Zoe y Lúa prefieren estar en el sofá a estar tumbadas en el suelo*.



*Cambian en cuestión de una semana. En el anterior "este momento" aparecían tumbadas en el suelo

lunes, 10 de septiembre de 2012

Las estrellas fugaces no mienten


Esa noche contemplaba el cielo...hacía mucho tiempo que no tenía tan cerca la osa mayor...quise rozarla con los dedos y extendí las yemas para alcanzar el infinito, aunque lo que más deseaba en el fondo era alcanzarte a ti.

A pesar de que hacía fresco, yo tenía una sensación cálida que me abrigaba...tal vez tu voz al darme las buenas noches antes de dormir...dejé que esa sensación se apoderara por completo de mí...quise retenerla, hacerla ya mía y que calmara los temblores que tu voz me producía...unos temblores que apenas recordaba haber tenido hace tiempo.

Mientras intentaba localizar las constelaciones vi una estrella fugaz que cruzó rauda el firmamento. Comencé a gritar y a manotear como una niña pequeña...quise pensar que el Universo confabulaba conmigo. Pedí un deseo, como dicen que debes hacer al verlas.

Cerré los ojos una milésima de segundo y deseé con todas mis fuerzas ver el Ebro.


No...las estrellas fugaces no mienten Aunque tienen su manera extraña de cumplir tus deseos...
 

En unos días me iré a un valle regado por el Ebro. Un valle con casas de piedra y senderos junto al río. Y no...no es el lugar exacto que deseaba pero es el sitio donde me mimarán y cuidarán un grupo de mujeres maravillosas. Tengo planeado pasear, hablar mucho y hacer masajes a la luz de las velas.
 



Quiero dejar que el otoño me alcance en su compañía, quiero orillar el Ebro y contemplar el valle mientras oigo sus voces y trato de olvidar la tuya. Quiero ver las primeras hojas cobrizas de los árboles y que una ráfaga de viento las arranque de las ramas y las pose sobre mi alma para que se adentren en mí.

Será un viaje precioso... He pasado muchas veces por esa zona y siempre he querido parar por allí. Ahora la vida me regala la posibilidad de hacerlo con parte de mi familia afectiva.



Piedras y tejados, pozas azules, hojas rojas...el río de testigo ante mis ojos y mis manos rozando una ausencia. Llega el otoño.
 
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

De mi ventana a la vuestra


Llevo un par de días con este post en la cabeza...ahí, dándole vueltas. Pero no sé si hacer un post sobre Femicine porque trata de una película o si simplemente aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid (debe ser el río español más nombrado).

Allá voy y que sea lo que las diosas quieran...

El otro día un cine madrileño que no conocía de nada proyectó gratis una peli que tenía muchas ganas de ver desde que la estrenaron. Se trata de una hermosa película con tres mujeres protagonizando tres historias bien diferentes...

No pienso hacer un spoiler de los míos. Pero si quiero deciros, que tiene una fotografía preciosa, una canción increíble y tres actrices que lo bordan.

En un momento de la película, las tres mujeres (cada una en su historia) se cortan el pelo y eso supone un auténtico trauma para ellas. Se aprecia como el corte les supone una “amputación” de su femineidad. De hecho, una de ellas después del corte no quiere que la vea su marido, preso en la cárcel.
Ese corte implica una ruptura, una muerte de las mujeres que son, y de pronto ese pelo se convierte en un personaje más del film. Qué poder de simbolismo para las mujeres representa el pelo...

Esa escena me llevó a pensar después, en la guerra que he tenido durante muchos años con mis padres por mis cortes de pelo. La primera vez que me lo corté yo, por voluntad propia y con el tamaño que me apetecía, fue nada más terminar COU. Me había pasado todos los exámenes sujetando con una mano el largo flequillo que me caía sobre los ojos. Estaba harta de tener que escribir con una mano sujetando semejante melena (si...en aquella época la tenía) y aún me quedaba la selectividad.

Al peluquero le dije: empieza y ya te aviso yo cuando quiera que pares. Y me lo dejé al 2. A mí me encantaba. Mi madre no me reconoció cuando pasó por mi lado. Mi padre gritó de la impresión y nadie en la familia entendió por qué hacía eso. Después han venido los cortes recurrentes cada dos o tres meses. Y la posterior discusión con mis padres acerca de por qué tengo que cortarme el pelo para parecer una paleta...bueno, mi madre dice...un paleto.

Creo que con los años que llevo cortándolo aún no se han dado cuenta de que para mí ese corte, esa amputación de mi femineidad, es precisamente lo que me permite mostrar mi identidad. Ellos lo viven (creo) desde el rechazo por lo femenino y el que todo el mundo se de cuenta de que soy lesbiana. Yo lo vivo desde el empoderamiento y la asunción de quién soy. Y ya sabéis...lo que opinen los demás está de más.

Claro, este análisis del pensamiento inconsciente de mis padres y las motivaciones conscientes mías lo he desarrollado con los años. Con aquel primer corte de pelo yo sentía que por fin era yo. Coincidió con que salí del colegio de monjas, donde las había pasado canutas por el acoso escolar al que fui sometida durante años por mi lesbianismo. Aún no lo había asumido pero ya era evidente para mis compañeras de colegio. Las monjas se lavaban las manos e hicieron la vista gorda con alguna asignatura que suspendí para que me fuera del colegio. Y salir de aquello para mí supuso una liberación en muchos sentidos.

Ese primer corte de pelo si fue el modo inconsciente de asumir y declarar que no me sentía como las barbies adolescentes de mi colegio. Aquella fue la época en la que comenzaron a confundirme con un chico constantemente. Y me molestaba mucho, reaccionaba airadamente porque no me sentía un chico...claro que tampoco me sentía una chica, aunque ese es otro tema.

El caso es que esta semana, vi una foto que enseñó en facebook una bloguera en la que aparece con 14 años. Ella misma dice que viendo ahora esa foto...cómo en aquella época no le sonaba el término queer...en la foto se ve claramente a un proyecto de mujer lesbiana...el pelo, la camisa lisa de cuello amplio, la seriedad del gesto, el reloj casio negro digital en la muñeca...acariciando a un gato (jeje, esto último es lo menos lesbiano que hay en ella!), vamos, un plumón tremendo... en su inconsciente ya estaba bien plantada la semilla como quien dice y sólo le faltaba tiempo para desarrollarla.


Y pensaba yo, que muchas de nosotras tenemos momentos, o imágenes plasmadas de esos momentos, que al verlas ahora podemos decir...pero si es que era bollo total...aunque en aquel tiempo no pudiéramos o supiéramos verbalizarlo. Aunque nuestro entorno no lo advirtiese...o si.
 
 
Odio los disfraces pero con este me sentía feliz...
claro, podía mostrar mi masculinidad...
 

 
 
 
 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Este momento

{este momento} - un ritual de viernes. Una sola foto, la captura de un momento de la semana. Un simple momento especial, extraordinario. Un momento para hacer una pausa, disfrutar y recordar. (Extendido por Farala)










miércoles, 5 de septiembre de 2012

15 segundos de fama...

Ahora que lo pienso, nunca he dicho eso de "mamá, quiero ser artista"...pero desde mi más tierna infancia he tenido mis coqueteos con los escenarios y las cámaras...Para una persona tan tímida como yo resulta algo chocante...quizá es que ahí es donde más sale la vena "Leo" de mi horroróscopo.


Aquí donde me tenéis...yo fui una niña Barrio Sésamo. Si...aparecía en el programa cada día. Donde ahora está La Vaguada (centro comercial madrileño), en sus tiempos no había más que una inmensa hondonada de tierra. Y allí salíamos a jugar a diario. Una tarde de aquellas, aparecieron unos señores y nos grabaron mientras correteábamos. Y esas imágenes formaron parte de la cabecera del programa durante una temporada.

Todas las navidades ponían un circo enorme en las vaguadas y mis padres, o mi abuela, mi prima...alguien solía llevarme. Recuerdo un día que paseábamos por fuera de la carpa y apareció Torrebruno...en aquel entonces era mi ídolo y achuché a mi abuela hasta que le llamó y hablamos con él. La tarde siguiente fuimos a ver la función y me sacó al escenario con otros niños. Hacía un concurso de cantar y bailar o algo así. Bueno, el caso es que gané y me llevé un tesoro...un disco con sus canciones!!



Qué bonita época en la que yo era rubia y lanzada...Después mi perfil fue haciéndose más plano...(no, no hablo de mi cuerpo). Tal vez es que el sentido del ridículo me podía...aunque en alguna ocasión me convertí en reina del karaoke e incluso en gogó en fiestas privadas! Supongo que una parte de mí siempre ha tenido esa querencia por sentirse protagonista.

Y ahora esas ansias las sacio en la "intimidad"...quiero decir sin que se note demasiado. Lo de cantar en la ducha está más que visto pero os voy a confesar que hay muchos días en los que tengo mis 15 segundos de fama!! Creo que era Warhol el que decía que todo el mundo quiere sus 5 minutos de fama...yo me conformo con 15 segundos, míos...sólo míos...

Por las mañanas, cuando el metro me deja en la estación que hay al lado de mi trabajo, me dispongo a recorrer el largo pasillo que hay hasta la salida. Suelo ir escuchando música en el móvil y como todas somos animales de costumbres (algunas más animales que de costumbres), caen las mismas canciones cada mañana. Cuando llego a la estación suenan las más marchosas y justo al pasar los tornos de salida se producen esas corrientes de aire subterráneas misteriosas.

Entonces, en ese momento, subo el volumen de la música a tope y noto cómo me cuesta avanzar por el pasillo debido a la ráfaga de aire. Y mientras canto ¿en voz baja? la canción, pienso, creo, siento...que soy la estrella de la música y que estoy protagonizando mi propio videoclip, con esos ventiladores potentes que proporcionan chorros de aire y que hacen un efecto visual tan majo...

Si...suena Dancing Queen...y soy Meryl Streep, la reina del baile, arrastrando a tantas mujeres para hacer una coreografía juntas...o Miguel Bosé declarando que nunca fui Gulliver...incluso Zaz diciendo que quiero amor, diversión y morir con la mano en el corazón...


Os diré que en realidad, lo que menos me importa de ese momento, es si soy famosa o no...sino lo genial que me siento!!!

Venga...confesad...estoy segura de que no soy la única que tiene sus 15 segundos de fama íntima...      

martes, 4 de septiembre de 2012

Sobre los tiempos verbales


Hay días de infinitivos...y esos días me gustan porque me animan a hacer un montón de cosas. Lo habitual es que me quede reposando pero los días de infinitivos me pongo las pilas y empiezo a solucionar temas, a actuar.

Traducido al presente de indicativo; ando, hablo, cambio, ordeno, envío, limpio...no paro. Aprovecho el momento del infinitivo para solucionar cosas pendientes.

Y es que yo soy así...veo las cosas de lejos, me acerco, las pienso, las maduro y de repente un día...zas...no soporto más y las resuelvo. Recuerdo la estantería de casa, que la tenía hecha un desastre y estuve meses sentada en el sofá, enfrente de ella. La miraba y pensaba...tengo que arreglarla, pero era incapaz de ponerme a ello. De repente, una tarde que estaba viendo la tele, me fijé en un libro que había, me levanté y comencé a ordenarla.

No sé qué clase de clik hace mi cerebro para que salten los infinitivos...ojalá lo supiera para poder provocarlos...pero es así.

Lo bueno de cumplir años (fue a primeros de agosto) es que he podido soltar algunas cosas que me estaban lastrando. Ha supuesto un revulsivo para mí. Ese día algo hizo clik y un tema que llevaba arrastrando desde...uf!...casi desde que abrí el blog...de repente apareció con su solución al lado, saludándome de tal manera que era imposible hacer caso omiso.

Los infinitivos son mis mejores tiempos verbales porque implica acción, movimiento en mí. Pero no sólo el movimiento en si, sino también empezar y terminar. Para alguien dado a la dispersión como es mi caso, se agradece.

Y luego hay días como hoy...que navego entre los gerundios y los pretéritos perfectos compuestos. Oscilo entre el “ando” y el “he ...ado”.

Me da por pensar que los gerundios son de las personas que nunca se rinden, que pelean, Personas a las que les resultan un poco complicados los infinitivos y tardan en llevarlos a cabo. Por el contrario, se me ocurre que una persona de pretéritos perfectos compuestos es alguien que yace agotada, que ha decidido abandonar la pelea, que renuncia al gerundio para poder descansar.

Por un lado estoy muy contenta de cerrar algunos temas que me pesaban. Y por supuesto sigo bregando por encontrar lo que busco. Pero no voy a seguir escribiendo sin tener la certeza de que he dado con un camino abierto...


Ya ves...yo que debería ser de pretéritos perfectos simples....

domingo, 2 de septiembre de 2012

Por valles y montañas


Leyendo la otra noche el post de Farala a propósito de ir de acampada, me vinieron a la cabeza un montón de sensaciones y recuerdos. Lo primero fue pensar...pues si, yo fui scout, una bolloscout visto desde la distancia.


En esa etapa viví los mejores momentos de mi infancia y adolescencia. Mil anécdotas... noches de inmenso frío en la tienda por la sierra de Madrid o de Ávila, cuando nos perdimos haciendo la Ruta del Cares en medio de una inmensa nevada sin más comida que una tableta de chocolate y una cantimplora de agua por persona, (si, fue en aquel campamento volante donde dos lugareños observaron cómo evacuaba junto al río), la araña que me picó y que me provocó que pasara un verano sin poder bañarme, el orgullo de haber construido cabañas, puentes, mástiles enormes...y las últimas noches de los campamentos de verano, en los que dormíamos al raso y me quedaba despierta hasta la madrugada contemplando el cielo estrellado.


Yo fui una niña feliz en los días de acampada. Desarrollé un profundo amor por la naturaleza y una profunda aversión hacia determinados bichos. Pensaréis que es incongruente pero qué se le va a hacer, estoy hecha de contrastes!!


Han pasado los años y aunque he mantenido ese amor por la naturaleza se ve que he evolucionado en la capacidad por adaptarme a dormir en cualquier sitio. No me importa que la superficie esté dura, de hecho prefiero las camas más bien duritas peeeeeero una necesita su espacio.


El fin de semana pasado que nos fuimos a la sierra en plan precario nos avisaron de que no había sábanas y allí que me fui yo a comprar un saco de dormir. Tan contenta con mi saco nuevo, de esos que apenas pesan 600 gramos y que abultan muuu poco. Llegó el momento de dormir y lo extendí sobre el colchón.


Ya a primera vista me parecioooooó...cómo deciros...estrechillo...así...como tipo sarcófago...Tenía una cremallera lateral. Probé a meterme. De primeras me gustó porque era cálido. La cremallera llegaba hasta las espinillas; a partir de ahí se estrechaba mucho más y comencé a notar agobio por no poder abrir la zona de los pies...Inciso...¿Os he comentado alguna vez que me muevo muchísimo por las noches? Me paso el rato dando vueltas sobre mi propio eje.
 



Así que me metí en el saco, cerré la cremallera y noté que ahí dentro me sentía completamente aprisionada. A todo esto...no podía abrir la cremallera y tuve que salir reptando para escaparme de la sensación de agobio...


Las heteras se terminaron los mojitos, cesaron las risas, se fueron durmiendo y yo seguía peleando con el saco...mejor dentro...pero con la cremallera abierta, no, que si la dejo abierta en cuanto me muevo me destapo...pruebo a cerrarla un poco...joder qué agobio...mejor fuera....me pongo el saco por encima...no, vamos a abrirla entera y me tumbo encima...vaya, olvidé que la zona de los pies no se abre...pues los meto...ays que no puedooooooo.


En un momento determinado de la noche me pareció ver que si pasaba mis dedos por el interior del saco aparecían destellos de luz. Pensé que me había quedado dormida por fin y que lo había soñado. Probé a hacerlo para convencerme a mí misma de que era una ilusión y me quedé alucinada al ver que aparecían esos destellos. Eran como mini chispas que saltaban dentro del saco al friccionar...Me acojoné por completo pensando en que si me dormía y movía se generaría una combustión espontánea y moriría quemada. Conseguí dormirme cuando el cielo empezaba a clarear...


Con cuatro horas de sueño, la marcha por el campo del día siguiente fue un infierno y me he pasado toda la semana sin ser persona. Total, que tengo claro que lo de ir de acampada si, pero nada de sacos. Me temo que me he vuelto demasiado comodona.
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