Este fin de semana les devolví la
visita a Siempre Suya y Laquetecuén. Estuvieron para el Orgullo en
el Rincón del Arco Iris y aprovechando mis vacaciones me propusieron
subir a verlas.
La verdad es que antes de ir estaba un
poco acobardada. Anunciaban gota fría con 180 litros por metro
cuadrado. Ays! Si mi abuela meteoróloga levantara la
cabeza...pasamos el fin de semana en manga corta. Tan sólo el
domingo por la tarde llovió con fuerza. Quitando eso hemos visto el
sol la mayor parte del tiempo.
Para recibir a la visita (no solo iba
yo) el viernes 19 Siempre Suya nos preparó "el desarme", comida
típica ovetense consistente en un guiso de bacalao, espinacas y
garbanzos (los callos tuvo la delicadeza de omitirlos). Y de postre
arroz con leche. Hala!! claro, con eso nos dejó desarmadas y
derrotadas, al menos a mí.
El fin de semana ha transcurrido
tranquilo paseando por una ciudad que no conocía y que me ha
resultado preciosa, llena de los colores que me gustan, las piedras
de los restos históricos, el azul del cielo, el verde del mar...
Vi por segunda vez Lo Imposible.
Quería romper a llorar, desahogarme, dejar que las lágrimas
brotaran y rodaran. Pero nada.
Ayer por la mañana, mi anfitriona nos
llevó al espigón de su ciudad. Antes había visto el mar desde
diferentes puntos pero curiosamente en esta ciudad para ir al paseo
marítimo hay que subir, en vez de descender.
Mientras enfilamos en paralelo al
Mediterráneo, vi el mar con el sol incidiendo sobre él. Los
reflejos de la luz...las nubes posadas sobre el cielo, ese color tan
especial...De pronto mis ojos se humedecieron y comprendí que de
alguna manera mi ser interior conecta profundamente con el agua. Pero
no con el agua enlatada de la película, sino con ese mar o cualquier
océano que me presenten. El mar mueve mis emociones y las deja
aflorar de una manera especial. Han sido días de luces y sombras, de acompañar y compartir, de sonreir y llorar. Vivir. Tan sólo vivir. Y al final el mar, siempre el mar...












